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Archive for the ‘Bibliografia’ Category

“ Prova d’amor a la cultura dóna aquell

que llegint mantes vegades un llibre,

el deixa com nou.

La lectura i el menjar s’assemblen en

què si no s’assimilen no nodreixen.

No acceptis ni rebutgis el que llegeixis;

medita-ho, raona-ho; després decideix.

No dobleguis mai els fulls del llibre.

serveix-te d’aquest marcador.

De la mateixa manera que tries els

teus amics, has de tenir cura de

triar els teus llibres. 

Digue’m el que llegeixes i et diré qui ets. 

Joies? Millors que a les argenteries,

les trobaràs a les llibreries”.

 

Extret d’un punt de llibre editat per llibreries i amb la col.laboració de l’ajuntament de Vilanova i la Geltrú, la Diada de Sant Jordi de 1984, i que reprodueix els aforismes escrits per la Diada del Llibre de 1934 a Vilanova i la Geltrú.

 

                                

“ Suele asociarse libro ‘raro’ con libro ‘antiguo’, y uno y otro con ‘valioso’, ‘caro’, pero son tres conceptos distintos que el bibliófilo de pro nunca confundirá. Hay libros muy antiguos – incluso del siglo XV – que no son nada raros ( aunque puden tener un alto valor comercial), y por otra parte existen libros muy raros que carecen casi totalmente de interés y de valor económico ( por ejemplo, los sermones del siglo XVII).

                En este ‘siglo de siglas’ – posterior al así llamado por Dámaso Alonso – podríamos crear útiles para no estar repitiendo contínuamente ‘libro raro’ o ‘libro antiguo’, sintagmas que por otra parte tampoco designan con exactitud los tipos de libros que el bibliófilo desea ardientemente poseer. Propongo LIBI ( libro de bibliófilo) y LARCU ( libro antiguo, raro o curioso), que si llegaran a generalizarse en el futuro perderían las mayúsculas como tantas siglas de uso común y se convertirían en ‘libi’ o ‘larcu’ “        .

                MENDOZA DÍAZ-MAROTO,  Francisco: El mercado del libro antiguo antiguo en España visto por un bibliófilo, Arco/Libros, Madrid, 009; col. Instrumenta Bibliológica. Pp. 51.

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               “ El col.leccionisme en general ( i el bibliòfil per tant) és individualista, almenys mentre constitueix la col.lecció. En casos extrems, el seu goig fóra tenir un exemplar que fos ell sol a posseir. Però sense arribar a aquest exclusivisme, persisteix, en el bibliòfil de pura sang, un cert egoisme que costa molt de desarrelar. Si uns quants bibliòfils s’associen és per millorar cada un la seva col.lecció. Tard o d’hora, però, els millors d’entre ells tenen un gest magnífic; el de cedir a una biblioteca la seva col.lecció, formada en llargs anys de sacrificis i de recerques, amb una vigilància alerta a totes les subhastes i tots els catàlegs i freqüents visites a les llibreries de vell, les més a propòsit per a la tertúlia. Així la seva tasca abnegada esdevé útil a tots. Quan aquesta donació és feta en vida, no hi ha potser altre sacrifici tan heroic.

              A despit de tot, el sol fet de preservar uns quants bells llibres de la destrucció és prou meritori per passar per alt totes les febleses inherents a la bibliofília, ja que aquesta per ella mateixa pren categoria elevada i eleva el seu adepte”.

Article: “Els XII”, de Just Cabot a ‘La revista nova’, nº 15, de març de 1918.

 

                                        

                “ Otra vez hojas de árboles y hojas de libros en el paseo del Prado. Árboles viejos, a los que no se ha mutilado – como a los trágicos muñones de frente al Museo, más desesperados ahora con sus pobres brotes sin gracia ni eficacia -; libros viejos que conservan, no obstante, algunos, desdeñada virginidad folial.

              Esta tendalera alta, que en pleno paseo del Prado obliga a detenerse gustosamente, había desaparecido, como tantas otras, esparcidas por las calles de Madrid. Protestaban de ello los libreros residenciados en la cuesta de Claudio Moyano. Suponían que tales humildes llamadas a la lectura perjudicaban su negocio, languidecido y aminorado desde que el Ayuntamiento les otorgó el derecho a agruparse, según venían solicitando hace años.

            El librero pomposamente llamado ‘de nuevos’ protesta del librero ‘de viejo’, y éste, metido en su librería o en su barraca, del de quiosco y tendalera al aire libre. Oyendo también a este último se descubre otro enemigo: la biblioteca circulante.

            -No hay público para tanto. Es siempre el mismo. Si compra allí, no compra aquí- dicen unos y otros.

            Pero todos viven y aguardan tranquilos al comprador, en una pachorruda inactividad que, cuando más, les induce a leer la novela erótica o el folletín truculento.

            Lo que no hay es bastantes libros. Un puesto en cada esquina debiera consentirse. Y tolerarse aquellas ofertas a bajo precio y a voz en grito de los libros amontonados en cestos y pregonados contra la indiferencia de las multitudes.

            El librero de ‘viejo’ acaba por adoptar el sistema mercantil tan nefasto del librero de ‘nuevo’, limitándose a esperar al comprador, a imponerse los indolentes a los activos obligando al precio único y a reglamentar la competencia con arreglo a los que menos venden o quieren vender. Y lo que importa es dejar a cada uno en libertad de vender donde, como y cuanto quiera; estimular precisamente al que procura poner el libro delante de los ojos y de los pies del transeúnte, obligándole a detenerse y enterarse.       

            Hay que procurar que aumente el ejército de libros contra la invasión, cada día mayor, de analfabetos espirituales. Porque las vístimas propiciatorias de la bibliofilia son escasas. Si preguntáis a los libreros de la cueta de Claudio Moyano, os dirán hasta quince o veinte nombres, siempre los mismos y siempre dispuestos a encontrar demasiado caro lo que saben se compró demasiado barato”.

            Article: “El perfil de los días” de José Frances, a Nuevo Mundo, Madrid, 29 abril 1927.    

             

                   

                                        

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                                      Imatge

              “ Els bibliòfils i les institucions ( les seves biblioteques, concretament) són unaLes biblioteques compren llibres amb certa abundancia i de molta qualitat. Però els materials antics se solen concentrar en determinats tipus de col.leccionistes privats i, generalment, una historia molt més àmplia, la qual cosa motiva unes preferències.

            Alguns autors identifiquen el col.leccionisme, i per tant la bibliofilia, com a joc o com a esport, concretament, el posen en paral-lel a l’art de la munteria. El col.leccionista no només obté plaer en l’estudi de la seva col.lecció, sinó també en la recerca ( cacera) d’exemplars. S’introdueix la sort, la constancia, la perspicacia, el coneixement, en aquesta activitat de recerca que es considera part de l’activitat bibliófila. I també aquí s’exagera ( en la qualitat de l’exemplar o en el preu). Es confon bibliofilia amb bibliomanía i, fins i tot, hi ha alguns autors bibliòfils, com mendoza que les equiparen: ‘Ocurre, simplemente, que el sufijo manía es peyorativo, y filia ennoblece lo que toca; pero es muy difícil ser bibliófilo sin ser maniático’. La bibliofilia com a art pretén la reunió de conjunts harmònics d’exemplars coherents per posseir un o més trets comuns, ja sigui des de la perspectiva del contingut, des de la formal o, fins i tot, de la material. La finalitat és, per tant, lampropietat de l’exemplar que millora les seves pròpies qualitats en formar part d’un conjunt, com ja s’ha dit, harmònic”.

       Art. “Comerç i taxació del llibre antic” de Manuel José Pedraza Gracia,a Item, n. 51, jul-des 2009, p. 121-122.

 ImatgeImatge

“ No hay duda de que el Catálogo de un librero ( ya sea descriptivo, razonado, o meramente marcador de precios), ha constituido en todos los tiempos el índice cultural de una época. Por él sabemos lo que se leía, lo que se vendía, lo que se apreciaba y lo que se despreciaba. Los bibliólogos, con mucha razón y fundamento, dan al Catálogo el valor de un documento histórico. Hay que remontarse al año 1833 para dar con el primer Catálogo razonado que en pasado siglo vió la luz en España. Fue debido a la casa Mallén y Berard, de Valencia, constaba de 200 páginas y fue el antecesor del de Vicente Salvá, que en 1826 y en 1829 había publicado en Londres el suyo. Establecióse este librero después en Paris, en donde desde 1836 a 1861 dio a luz otros catálogos. Con su hijo regresa en 1847 a su patria, en donde empiezan la ordenación y catalogación de su librería particular, que fue una de las más notables en obras españolas y en especial del antiguo reino de Aragón. En 1848 tenía don Vicente preparadas unas trescientas papeletas bibliográficas, pero murió antes de terminar su catálogo. Su hijo don Pedro lo prosigue, y en 1872 logra dar el primer volumen del mismo, muriendo también poco después. Sus hijos junto con Ferrer de Orga, imprimen el segundo tomo, siendo aún hoy día el Catálogo de los Salvá un verdadero arsenal bibliográfico que ningún erudito desdeña”.

            Article de Arturo Masriera: “Los primeros Catálogos”, a La Vanguardia del dia 19 de juny de 1923, pp.14.

                           Imatge

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                             Bíblia del rei Wenceslau, edició moderna

                   “ La bibliofilia, que fa riure molta gent que no sap què significa la passió pels llibres, és una de les manies més belles que un ésser humà pugui arribar a tenir per oferir-se una alegría permanent. Un bibliòfil ‘singularitza’ un llibre en la mesura que el treu d’un context indistint, i atorga a cada llibre una perdurabilitat i un amor tan llargs com la seva existència. N’hi ha que es fan enterrar amb dues o tres joies per fer-los compañía a l’altre món; però sap greu colgar, posem per cas, una Bíblia de Gutenberg de 1455. Serà difícilque aparegui un dia un nou exemplar d’aquesta Bíblia – jo, la veritat, m’estimaria més tenir la manuscrita i il.luminada ‘del rei Wenceslau’, però es troba a Viena guardada sota molts panys…”.

               Extret del article de Jordi Llovet: “Coses de bibliòfils”, escrit a El País-Extra Sant Jordi 2010, pp.3.

                                       

               “ La edad de oro de la bibliofilia coincide con el notable auge que alcanza el libro francés bajo el reinado de Luis XV. En este siglo pasa el libro a participar, en efecto, de una atmósfera de erotismo frívolo y banal, rodeada de los galanteos y del deslumbrante lujo que floreció en la corte, en la que el pequeño y alado Eros, dios del amor, con sus carnes murillescas de factura algodonada, juguetea picarescamente entre las graciosas guirnaldas de rosas y camelias en flor, que contornan las páginas o ilustran las portadas de los libros y cuyos símbolos legendarios, la venda, el carcaj o las peligrosas flechas, se entrelazan entre la yedra y pululan por cabeceros, iniciales y viñetas: en que la vida pastoril se erige en tema predilecto de la corte en sus más sublimadas expresiones líricas; en que las escenas de un amor tocado de cierto paganismo sensual inspiran con preferencia los pinceles, buriles y canivetes y se convierten, en fin, en el ‘leit-motiv’ de la obra de arte, infiltrándose hasta en los más altos niveles de la política, donde las intrigas de las amantes reales otorgan inexorablemente el favor o producen inevitablemente la caída de los hombres de Estado.

                             

               En primer término, se ponen de moda los libros de viñetas, y su demanda apasionante ofrece trabajo agobiador a los grabadores, que no dan abasto a la demanda. Junto a la afición creciente por esta clase de libros se desarrolla la referente a los de un género frívolo, ligero, por no llamarlo escabroso. El editor Cazim, por ejemplo, se enriqueció, sin duda alguna, a juzgar por el número considerable de obras que editó, ilustradas con imágenes no siempre respetuosas con la decencia, aunque sea de licencia reconocer que están dotadas de un relevante valor artístico. También cunde y se dilata la afición por las obras descriptivas, de viajes, que ofrecen anchas ocasiones para enriquecerlas con magníficas láminas y decoraciones en talla dulce, como el Voyage pittoresque en France, en 12 volúmenes, o el Voyage Pittoresque a Naples et Sicile, para el que el talento de un pintor de talla como Fragonard no se excusó en ofrecer el primor de los pinceles, dotándolo de viñetas, iniciales y pie de lámparas, llenos de vida, emociones y sentimientos”.

            LASSO DE LA VEGA, Javier: Bibliofilia y comercio del libro antiguo; El Bibliófilo, M, 1947; pp. 13-14.

 

 

 

 

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       “ Taxar, col.loquialment, és posar preu a alguna cosa. És evident que, quan l’operació de taxar és efectuada pel propietari d’un objecte, estableix una relació entre un conjunt de factors objectius i subjectius i una quantitat económica. Quan aquesta activitat és feta per un tercer cal justificar aquests factors basant-se en els de carácter objectiu a la vegada que s’ha de reduir al màxim el pes dels subjectius. Es tretén trovar un equilibri entre aquest conjunt de factors ( que se suposen objectius) i una quantitat de diners determinada. La teoría es veu contradita, però, pels professionals quan es planteja l’objectivitat d’aquells que són, a més, part en el negoci.8

            En qualsevol cas, la taxació del llibre, com a activitat profesional, per un expert sobre llibres antics ( pèrit), entra dins del que es pot denominar actuacions pericials. El pèrit afegeix, al seu saber i entendre Fidel, una nova información ( preu, tot i que no només això) sobre un objecte ( llibre) per a algú altre o altres ( comitents) que encarreguen aquesta tasca, ja sigui pel seu propi coneixement, per a la divisió d’una herencia, per petició d’un jutje o una de les parts en un litigi. Però, encara que s’apreciï la influencia determinant de factors propis o relatius al llibre antic en la taxació, aquesta es continua veient com una funció economicocomercial. Cal, per tant, intentar examinar el procés de taxació amb l’objectiu d’albirar si es tracta, en efecte, d’una activitat exclusivament comercial o d’establir la transcendencia del component tècnic, si hi és”.

           8.- CFR. Carlos Clavería, “ Criterios objetivos y subjetivos de tasación”. En: manuel José Pedraza Gracia (ed.), Tasación, valoración y comercio del libro antiguo ( textos y materiales): jaca, 2-6 de septiembre de 2002 ( Zaragoza, P.U.Z., 2002), p. 167-179; p. 179: “ por eso creo que a la hora de comerciar con libros y documentos antiguos no hay tasaciones objetivas o subjetivas: hay gustos, modas, estados de conservación, bellas o lamentables encuadernaciones, libros rarísimos o comunes, autores fundamentales o prescindibles, pero todo parte de la premisa de que uno ha de saber con quién se juega los cuartos. Todas las variables son aleatorias, pero se pueden explicar”.

Art. “Comerç i taxació del llibre antic” de Manuel José Pedraza Gracia,a Item, n. 51, jul-des 2009, p. 122-123.

 

 

 

 

 

               “ También en España, país clásico donde el arte de imprimir, con todos sus adyacentes, ha producido verdaderas joyas, vuelve a renacer, aunque con penosa lentitud, la devoción por las ediciones preciosas. Entre tantos editores que explotan la mercancía del libro y sólo les interesa la cifra de venta y coste, hay algunos, pocos, que cultivan el arte del libro, por lo que tiene de joya, de relicario, de filigrana, en cuanto ha de ser estuche y arca santa del pensamiento y de la emoción, encerrados, como aves temblorosas, en la maravilla de las palabras.

       

           E.C. Ricart per La vida es sueño de Calderón a G. Gili, col. La Cometa

                  Séame permitido citar, entre éstos, a Gustavo Gili. El gran editor de Barcelona, después de haber dedicado muchos afanes a la difusión de lo que llamaríamos el libro útil, consagra ahora su aliento y su entusiasmo a la edición de unos libros exquisitos, deliciosamente ‘inútiles’, como ‘ inútil’ es todo lo bello en el sentido práctico, mercantilista de la palabra, con los cuales pretende reanudar la continuidad de nuestra bibliofilia y acreditar la perfección técnica, la pulcritud y la gracia de que pueden ser capaces los tórculos españoles. Bajo el gentil y sugestivo emblema de ‘La Cometa’ inicia una serie de ediciones pulquérrimas, que son una delicia para la vista y el tacto. Con ellas levanta el rango de nuestra bibliofilia a una perfección desusada. Para mí fue una verdadera sorpresa poder contemplar esas dos joyas de nuestra literatura, que son ‘La Vida es Sueño’, de Calderón, y ‘Semana Santa’, de Gabriel Miró, editadas con un atuendo tipográfico, una nobleza de caracteres y un arte tan consumado en la ilustración como no podía soñarse por ahora entre nosotros, pues parecía sólo reservado a la técnica francesa. Sólo impulsado por una romántica pasión al libro se podía intentar la aventura de editar esos libros espléndidos y de despertar luego – aventura más difícil aún – la atención y el gusto de unos cuantos espíritus selectos y refinados. Sin embargo, si la fe obra prodigios, éste sería uno de ellos, pues no podían haber salido en circunstancias económicas más graves estas lujosas ediciones, y era difícil augurarlas el éxito y la resonancia que han logrado, siempre como es lógico, dentro de este reducido mundo de ‘amateurs’ del libro artístico”.

            Article parlant de les edicions de “ La Cometa” de G. Gili per P. Félix García, a Acción Española del 16 de març de 1934, p. 105-106.

         

                El entierro del Conde de Orgaz – Picasso  Ed. G. Gili, col. La Cometa.

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               “ En qué consisteix qu’una impressió d’En Aldus o d’En Plantin sigui avuy tan buscada, tan disputada, tan ben pagada? El mérit de cuan era actual es ben fácil d’entendre; la majoria d’aquelles edicions son les prínceps de clássichs grechs y romans qu’el renaixement ressucitava, y el ser aleshores el llatí la llengua universal de la civilisació, els donava una importancia y una difusió grandioses. Peró aquella llengua clásica, per excés d’inadaptació, ha mort completament pera la ciencia; y ab tot, aquells llibres, que ningú llegeix, viuen en l’estimació de la gent de gust.

                              

 

             Y es que tenen quelcom més qu’el llur valor literari, es que tenen alló qu’el vell regent d’impremta d’En Maupassant buscab. Es inútil tractar de donar cos doctrinaria an alló  Alló es l’armonía ¡. Cuan en un llibre hi ha verdaderes proporcions entre la llargaria y l’amplada, el volum y el pes, la mida del paper y son gruix, el pa de composició de les planes y’ls blanchs que’l volten, el tamany de la lletra y l’interliniat, y totes aquestes relacions s’equilibren en una armonía total, el llibre dura y arriba a ser estimat dels bibliófils, si s’hi afegeix la correcció necessaria del tiratge”.

 

            Article: “ Reflexions sobre l’art de fer llibres” de R. Miquel y Planas en el Anuari Oliva, Vilanova i la Geltrú, 1907, pp. 89-90.

                             

 

               “ La época de la galantería fue también en Francia la época de la bibliofilia. La pasión por el Arte del libro llegó a tal extremo, que muchos señores, el rey mismo. Resolvieron aprender el arte tipográfico. Ya en 1718, Luis XV, todavía niño, habíase divertido imprimiendo un ‘ Cours des principaux fleuves de l’Europe’, y la delfina, madre de luis XVI, tenía en Versalles una imprenta, de la cual salió alguna obra que llevaba la indicación: ‘ Imprimé de la main de Madame la Dauphine’; y una tipografía tuvieron, la    duquesa de Borbón, hija natural de Luis XV, el duque de Borgoña, hermano mayor de Luis XVI, y este mismo rey, en 1766, compuso la impresión de las ‘Maximes morales et politiques tirées de Télémaque’. Último resto de este cariño por la imprenta, fua la tipografía que el duque de Luynes, escapado al terror, tuvo en el castillo de Lampierre, a fines de 1810, época en la que un decreto imperial prohibió la tipografía privada”.

 

            Article:”El Arte del libro en el siglo de la galantería”, a la revista de Madrid Alrededor del Mundo, del 29 de noviembre de 1920, pp. 4.

                                

 

 

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               Volia escriur un apunt sobre els diferents tipus de bibliòfils que hi ha arreu, però crec que posant aquí unes quantes línies de llibres  de Mendoza Díaz-Maroto (1), i afegint algunes coses que he trobat en altres llocs sobre diferents bibliòfils serà suficient per aprendre una mica més.. És difícil perquè en alguns llocs hi parlan,  però no diuen masses coses, només els citen i apa, busca’t la vida per saber que volen dir o que significa el nom que donen a diferents amants, o no, dels llibres.

 

            Diu Mendoza:’ pueden señalarse distintos niveles dentro de la bibliofilia, en función del interés por los libros y sobre todo de la cantidad y la calidad de los volúmenes que posee cada uno. Con otros criterios, y un poco de buen humor, entre los bibliófilos podrían distinguirse las mismas variedades que señalaba Nogués entre los coleccionistas: el envidioso, el seudo, el imbécil, el avaro, el económico, el encantado, el chiflado y el vulgar. Un poco más en serio, habría que distinguir en primer lugar al bibliófilo de Pata Negra del de Pata Blanca…’

                                 

 

             Envejós: abunda i en aquest món em sembla normal que alguns bibliòfils sentin enveja dels altres bibliòfils que aconsegueixen llibres desitjats per qualsevol , però crec que és una enveja sana, potser amb algunes excepcions.

 

            Pseudo: crec que es deu referir a aquelles persones que perquè tenen molts llibres o són molt cars es pensen que són bibliòfils i realment no ho són.

 

            Imbècil: no tinc molt clar a quins es refereix, però imagino que deuen ser aquelles persones que compren coses sense tenir en compte o pensar en el que realment estan comprant i ventant-se de fer-ho.

 

            Avar: bibliòfils que comprarien molts llibres, però que no volen gastar masses diners, i això en aquest món es quasi imposible, no tenen que ser rics, però una inversió, més o menys gran s’ha de fer.  

               Econòmic: semblant a l’anterior, però si una cosa li agrada la compra, i, això sí, intentant que li facin alguna rebaixeta, molt mal vista per la majoria dels llibreters.

 

            Encantat: imagino bibliòfils que quan veuen un llibre es queden amb les ganes de comprar-lo quan més aviat millor, es queden a l’aparador de la llibreria abstrets, admirant el llibre, i si passen dins la llibreria i el fullejan, aleshores l’encantament és més gran, i crec que aquest encantament és com una mena de felicitat, però al mateix temps pot ser un contratemps molt gran si no pot endur-se el llibre.

 

            Tocat de l’ala: aquell bibliòfil que compra per comprar, és més un bibliòlatra, compra i compra i després, moltes vegades no fa ni cas del que te a casa.

 

 

               Vulgar: no sé exactament a qui es refereix, però potser són els que es pensen que ho són, i realment no tenen ni idea del que un llibre és, del que un llibre significa, del que un llibre representa, de com es fa un llibre, ni de què és un llibre intons.

 

            De ‘Pata Negra’: és el bibliòfil de veritat ( ¡ ).

 

            De ‘Pata Blanca’: és el bibliòfil fals, seudo o de “mentirijillas”.

 

            Pobres: crec que són aquells bibliòfils que poden comprar llibres amb preus raonables, vull dir, amb preus no massa alts, llibres que malgrat el preu barat són també grans llibres i dels quals es poden aprendre moltes coses. I escriu Mendoza:

 

‘…¿ puede un pobre ser bibliófilo hoy? Desde luego que sí: puede ser un apasionado de los libros incluso quien no posea ninguno anterior al siglo XX, …, pero el bibliófilo de bolsa triste lo tiene hoy mucho más difícil que en el pasado… Hay, sin embargo, diversos grados de pobreza, como existen libros antiguos o raros para todos los bolsillos…’, i també parla dels:

 

            Bibliòfils a la’ violeta’: és un bibliòfil ric, però sense passió ni amb la sensibilitat i la formació consustancials als “bibliòfils de Raça, ‘comme il faut’ o com Deu mana” diu. Nom que treu del llibre de Cadalso : Los eruditos a la violeta (1772), on es parla d’aquells que volen saber molt estudiant poc, i ho de ‘violeta’ ve d’un parfum preferit pels ‘pijos’ de l’època.

                               

                                    

 

 

             Jove: amb pocs recursos i encara menys saber i informació bibliológica, inexpert, que el porta a comprar coses quasi inútils i de vegades a perdre diners.

 

            Madur o ancià: al contrari que l’anterior, ‘perro viejo’, comet pocs errors i aprofita més les oportunitats, veient , trobant i descobrint llibres en llocs insospitats i , de vegades, sorprenents.

 

            Exhibicionista:que disfruta mostrant els seus tresors als amics i coneguts.

 

            Criptòfil: que guarda i amaga els llibres per ell sol, no els ensenya a ningú.

 

                                         

 

 

               Rics: bibliòfils amb molts diners que compren llibres per milers d’euros, que, normalment, s’ajunten a les associacions de bibliòfils i editen llibres per ells i alguns amics, i més coses. ‘A vegades dits ‘Aristobibliòfils’ que compren coses cares moltes vegades enganyats i pensant que compren grans obres’ ( Mendoza).

                         

 

              De ‘campanetes’: semblant a bibliòfil ric, però encara més, que compra una Hypnerotomachia Poliphili de 300.000 euros com aquell que compra un gelat.

 

 

 

              Cagué: bibliòfil oposat a l’anterior, senyor amb possibles, però que a l’hora de la veritat, en una subasta per exemple, no pujant el que molts pensaven que pujaría per aconseguir un llibre .( Així ho explicava un llibreter expert en incunables i altres llibres normalment cars).

 

            Erudit: és aquell bibliòfil que sap moltes coses sobre literatura, enquadernació, impremta, tipografia  i de tot el que te a veure amb el món del llibre, de la bibliologia. Un cas podría ser Ramon Miquel y Planas.

                                       

 

 

              Per acabar un trosset del llibre de Mendoza on parla del ‘bibliófilo filólogo’ i explica:” Cierto exquisito bibliófilo español, siendo estudiante, le pidió al autor de sus días que le prestara 80.000 pesetas, con la promesa de reintegrárselas al cabo de una semana. ¿Para qué las quieres?. Para comprar un manuscrito, porque conozco a otra persona que está dispuesta a pagar 130.000 por él. El padre aflojó la mosca y al cabo de una semana el préstamo le fue devuelto, lo que le llevó a concluir: Ya veo yo que esto de la Filología da dinero”.

 

(1)     MENDOZA DÍAZ-MAROTO,  Francisco: El mercado del libro antiguo antiguo en España visto por un bibliófilo, Arco/Libros, Madrid, 009; col. Instrumenta Bibliológica.

 

MENDOZA DÍAZ-MAROTO, Francisco: La Pasión por los libros. Un acercamiento a la bibliofilia. Espasa, Madrid,2002.

 

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                “ Si té poc sentit que una obra en prosa quedi reclosa dins d’aquestes llustroses arques apergaminades que són els còdexs, antecessors dels actuals llibres, aquest daurat empresonament encara fa menys sentit en el cas de les obres de teatre, pensades per ser representades. Tot i que professo un gran respecte vers la bibliofilia i els bibliòfils, sempre he preferit l’acte revivificador de la lectura per damunt de la veneració llibresca, sense òbviament excloure-la: quin ésser insensible pot substituir el plaer del contacte táctil i visual amb un llibre per l’asèpsia d’unes pàl.lides fotocòpies?.

                Extret del vlok d’un profesor de grec, hel.lenista vocacional , Ramon Torné, que en  un article parlant de Plaute cita un altre article d’Enric Comas en un diari de Lleida: “Del teatre al circ: Plaute i l’espectacle des de l’antiga Roma al Renaixement”.

http://daidalea.blogspot.com/2007/03/plautus-redivivus-un-nou-espectacle-de.html

 

 

 

                                        

 

               “3. ¡Cómo! ¿ Quizás sabrás esto sin haberlo aprendido?¿ De dónde, por vida mía, a menos que, como aquel pastor, hayas recibido un ramo de laurel de las Musas? Pero presumo que jamás habrás oído hablar del Helicón, donde, según dicen, moran: no has permanecido en él de muchacho, ni te es lícito siquiera acordarte de estas diosas. Ellas no se desdeñaron de aparecerse a un pastor rudo y velloso, de cutis bronceado por el viento; pero a un hombre como tú ( permíteme por Venus libanitida no decirlo ahora todo) estoy seguro de que jamás se han dignado aproximarse. En vez de darte laurel, te hubieran azotado con irto o tallos de malva para que no vinieses a impurificar el manantial de Olmeo o de Hipocrene, destinado a apagar la red de rebaños y pastores de boca no manchada. Podrás ser muy atrevido e imprudente, pero nunca lo bastante para decir que has recibido instrucción, que te has cuidado de mantener relaciones con los libros o que tal ha sido tu maestro y tal tu condiscípulo.

 

              4. Esperas, sin embargo, conseguir todo esto con sólo comprar libros y libros. Pero aunque recojas todas las obras que Demóstenes dejó escritas por su propia mano, y las de Tucídides, bellamente copiadas hasta ocho veces por aquel príncipe de los oradores, y en fin, todas las que Sila envió a Italia desde Atenas, ¿ aumentarás algo tu instrucción, por más que duermas sobre tus libros y te los pegues al cuerpo y los uses como vestidura? Aunque se vista de seda, dice un refrán, la mona, mona se queda. Tienes un libro en las manos y lees continuamente, pero nada entiendes de lo que lees, y eres un asno moviendo la oreja cuando suena la lira. Si la posesión de libros hiciese instruido a su dueño, esa posesión sería de valor inestimable y sólo los ricos podríais ser sabios, pues compraríais ciencia en la plaza y nos hundiríais a los pobres.

 

            ¿Quién, por otra parte, podría competir en instrucción con los comerciantes y libreros que venden y poseen tantos volúmenes? Examínalos, sin embargo, si te place, y verás que tampoco te aventajan gran cosa en conocimientos; su lenguaje es como el tuyo, bárbaro, y su inteligencia nula, como de hombres que jamás disciernen lo bueno de lo malo. Sin embargo, tú sólo tienes quizá los dos o tres libros que les compras, y ellos andan entre libros día y noche.

 

               5. ¿ Más para qué cosa buena se los compras, como no pienses que los estantes de tu biblioteca son también unos sabios en el hecho de contener tantas antiguas copias?…”.

 

            “Contra un bibliómano ignorante” de Llucià de Samosata, traduït per Federico Baraibar y Zumárraga ( 1851-1918), ), trobat a Scribd.

 

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              Més aforismes del llibre Els Cent Aforismes del Bibliòfil de Ramon Miquel y Planas.

VII     D’EDITORS Y LLIBRETERS

79

Quasi sempre’ls editors

són dolents si no pitjors.

80

Quan sentis cants de sirenes

serà que neix un Mecenes. 

81

Pensa en son llibre l’autor

y en guanyarhi l’editor. 

82

El llibreter diligent

es conseller del client.

83

Hi ha llibres que’l llibreter

no diu que’ls vèn: diu que’ls té. 

84

Edicions erraconades

van passant per agotades. 

85

May cap llibre de vell

no ha tingut llana al clatell. 

86

Més de dos grans bibliòpoles

són uns lladres de set sòles.

 

 

 

 

 

               “ Los artistas del dibujo y del grabado que habíanse dedicado largamente a ornamentar tarjetas, invitaciones, papeles de carta, participaciones y otras labores de parecida índole, cuando fueron llamados a decorar el libro. Lo efrectuaron con la mayor riqueza y profusión, desplegando un gusto y un poder imaginativo originales y sin precedentes. Todo el reinado de Luis XV fue para el libro el triunfo de la ornamentación; las figuras llenaron las páginas, los adornos las encuadraron, las cabeceras ornaron los principios de los capítulos y los ‘ culs-de-lampe’ los finales. Pocas obras osaron presentarse al público sin que pintores y grabadores colaboraran en ellas con su arte, a tal punto, que muchos libros impresos en aquel tiempo se salvan todavía hoy del olvido, sólo porque sabedores los bibliófilos apasionados de que contienen magníficas viñetas los buscan ávidamente. Un ‘Tratado de cálculo diferencial’ y una ‘Demostración de las propiedades de nla cieloide’, publicados en París hacia mediados del siglo XVII, son libros cuyo precio de venta es al presente bastante caro a causa de estar ilustrados con hermosas figuras de Cochin, y que demuestran cómo no se quería renunciar a la gracia del arte ni en las obras de texto necerariamenta árido”.

 

            Article:”El Arte del libro en el siglo de la galantería”, a la revista de Madrid Alrededor del Mundo, del 29 de noviembre de 1920, pp. 4.

                                         

 

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               Més aforismes del llibre Els Cent Aforismes del Bibliòfil de Ramon Miquel y Planas.

 

 

 

V    DEL US Y TRACTE DELS LLIBRES

 

56

 

De ton seny sabré’l calibre

veyent com tractes un llibre.

 

57

 

Es cosa que fa pietat

 

veure un llibre estropellat. 

 

58

 

Qui no enquaderna amatent

 

el llibre a full va perdent. 

 

59

 

Guarda de póls y humitats

 

tos llibres, ben ayrejats. 

 

60

 

En l’obra qu’es molt llegida

 

els corchs no hi tenen la vida.

 

61

 

En mans d’infant les tisores

 

són al llibre armes traydores.

 

62

 

No hi ha dret a manllevar

 

llibre que’s pugui comprar.

 

63

 

Qui dexa llibres, ben cert

 

que no’s pot plànyer si’ls pert.

 

64

 

Es un pecat… molt petit

 

l’endurse’n un llibre al llit.

 

65

 

Llibre ben catalogat

 

prest entre mil es trobat.

 

66

 

No’s fan bons bibliotecaris

 

tan sols endreçant armaris.

 

 

 

 

               “ En el mismo sentido dice Laboulaye: ‘ Estos libros espléndidos y curiosos no están hechos para aquellos que los leen; pertenecen, por razón del dinero que han costado, a aquellos que de Boileau, no han retenido ni un sólo verso de memoria; los que han practicado toda su vida:

 

            Cinco y cuatro hacen nueve: quitando dos, quedan siete.

 

            Adiós, por tanto, obras maestras de Padeloup, de Derome, de Niedrée, de Duru, de Capé, de Bauzonet, bellos libros que yo he admirado, pero que no he osado tocar, tan resplandecientes de oro y seda¡ Acostumbrados a obtener el favor de la fortuna, os habéis convertido en volubles y pérfidos como ella.¡Cuánto más valdríais bajo una modesta cobertura de badana o de pergamino¡ Vosotros no seríais entonces esas joyas que adquieren los ricos, esas rarezas que los aficionados cubren de oro. Nadie os envidia, carecéis de precio en el mercado; no sois sino la voz de la Humanidad, esa voz que a través de los siglos divierte nuestra infancia, consuela y dirige nuestra edad madura y, después de habernos enseñado a vivir bien, nos ayudan a morir piadosamente… Quedos conmigo, pobres libros de mi juventud, margaritas santas que yo he recogido bajo mi techo. Vosotros no serviréis después para mi sino para volver a los parapetos del muelle de donde yo os he sacado; allí esperaréis a algún maestro igualmente oscuro como yo, pero que también os amará, por todo lo que le dirán estas páginas que la lectura ha fatigado. Vosotros no me habéis traído ni la riqueza, que no os he pedido, ni la gloria que a los veinte años me era permitido soñar; pero me habéis facilitado, fieles amigos, que cada día me son más familiares y más queridos. Un Cicerón, un Dante, un Shakespeare, un Milton, un Corneille, un Goethe, bellas y nobles figuras, grandes corazones todavía más que grandes espíritus; maestros siempre dispuestos a guiarnos y a sostenernos en medio de los desfallecimientos y de las duras pruebas de la vida, que al mostrarnos lo que ellos han sufrido nos llevan también a odiar a aquellos que ellos han maldecido, a querer a los que ellos han amado, y nos enseñan, en fin, por sus ejemplos y lecciones, que el amor a las letras no es en manera alguna un gusto estéril, sino, bajo otro nombre, el amor a la justicia y a la verdad”.

 

            LASSO DE LA VEGA, Javier: Bibliofilia y comercio del libro antiguo; El Bibliófilo, M, 1947,pp.15-16.

 

 

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