Feeds:
Entrades
Comentaris

Archive for the ‘Llibreters de vell’ Category

“Sembla com si fos ara que veig Nèstor Lujàn enfilat a la petita escala de la seva biblioteca. L’escriptor buscava un llibre que es feia pregar. Jo temia que trontollés i vaig gosar afermar-li els turmells amb les meves mans. De sobte exclamà exultant: “Ja el tinc!” Es tractava d’un volum il·lustrat amb uns refinats i subtils aiguaforts d’en Daragnès, el que fou gran gravador i impressor a Montmartre. Volia, Nèstor, deixar-me palès per què havia triat la vida i l’obra d’aquell mestre com a tema de la conferència que li acabava de demanar l’Associació de Bibliòfils de Barcelona. L’encert de la tria es corresponia amb la solemne sessió acadèmica, a la Reial Acadèmia de Bones Lletres, en commemoració del mig segle de vida de la nostra Associació, de la qual Nèstor Lujàn era antic soci. Parlo d’un any i escaig enrere. Nèstor em semblà eufòric, ple de projectes i, a més, feia poc que havia rebut un nou premi literari. Res, ni el més petit senyal, feia pensar que ens deixaria al cap de poc temps.

Confesso que Nèstor Lujàn em produí sempre una gran fascinació. Sent jo un adolescent ja l’havia vist per casa, ja que mantenia una cordial amistat amb el meu pare, amb qui compartia estovalles en una epicúria penya gastronòmica. El pas dels anys m’acostaria a l’ admirat amic a través de la mútua passió pels llibres. Lector impenitent, esdevingué bibliòfil per l’únic camí possible, i ortodox, que no és altre que el de la lectura. El seu cas, entre els més notoris, deixa en fals el moralista La Bruyère, que afirmà, tan panxo, que el “bibliòfil és un individu que mai no llegeix”, sarcasme erroni malgrat que, de vegades, sota el proclamat amor al llibre s’amaguin estrictes bibliòfags o especuladors. Potser Nèstor ja era bibliòfil abans de tenir llibres, quan per poder llegir de veritat havia de recórrer a les ben nodrides biblioteques d’Antoni Vilanova o de Joan Estelrich, la qual cosa ell mai no va ocultar. També és cert que se sentia ufanós de la magnífica biblioteca que formà i que es convertí en font infal·lible de consulta; on els llibres rars eren instrument de treball i alhora preciosos objectes de curiositat. És un record inesborrable i reconfortant haver viscut els entusiasmes de Nèstor, i haver escoltat les seves evocacions, amb algun d’aquests llibres a la mà; uns llibres que bé podien ser el Buscón de Quevedo i el Traité sur la tolèrance de Voltaire en edicions prínceps, bé el deliciós opuscle d’Edouard de Pomiane Vingt plats qui donnent la goutte.

 Reflexionà Marañón: “La librería de un hombre es también su retrato.” La de Nèstor Lujàn reflectia la seva inesgotable curiositat, la seva desbordant cultura i la seva fina sensibilitat. Visqué amb els seus llibres una mena de familiaritat viva i harmoniosa. I aquests l’acompanyaren fins a l’últim moment.

Article:”Record d’un bibliòfil” de Xavier Trias de Bes, Avui, 11 gener 1996.

XQ    XQ   XQ   XQ   XQ   XQ   XQ

.- ““Una de las noticias más conmovedoras, entre cuantas han aparecido durante los últimos días en las páginas periodísticas de sucesos, es sin duda la de ese estudiante colombiano del último curso de medicina, Orlando Velásquez Arango, que en Medellín ha muerto tras el saqueo del palacio arzobispal de París en 1831, los libros que él había catalogado y amado tanto sufrió un desmayo y falleció a los pocos días. El escritor y diplomático mejicano Alfonso Reyes, cuando iba a morir, se hizo trasladar la cama a su magnífica biblioteca y que fuese colocada junto a una de las estanterías, a fin de poder en los últimos momentos, nublada ya la vista, acariciar por lo menos los lomos y tejos de sus queridos libros y por el tacto identificarlos y recordar acaso el contenido de cada uno de los ejemplares.

El bibliotecario don Javier Lasso de la Vega, en una deliciosa publicación sobre el comercio de libros antiguos, refiere cómo esa pasión amorosa por los libros ha impedido a bastantes hombres vivir con holgura y a no pocos los ha llevado a la muerte, como hemos señalado anteriormente. El eminente helenista Turnebe se olvidó de ir a la iglesia el día de su boda, embebido en la lectura de los clásicos. El abate Goujet murió de pena por haberse visto obligado a vender su biblioteca. Nuestro Lope de Vega ( cuyos huesos van a perder ahora el reposo en que han permanecido durante trescientos treinta y tres años) da fe de su gran amor a los libros al escribir estos versos: “Mas tengo un bien en tantos disfavores – que no es posible que la envidia mire: dos libros, tres pinturas, cuatro flores”. Y más adelante nos informa que leyendo se pasaba a veces las noches, hasta que le llegaba la hora de decir misa y consagrar: “Entre los libros me amanece el día, – hasta la hora que del alto cielo – Dios mismo baja a la bajeza mía”.

El amor desmedido a los libros ha llevado a algunos bibliófilos y bibliómanos incluso al hurto de los ejemplares más o menos raros que apetecían poseer. Y no sólo en bibliotecas públicas. Hace ahora cinco años, un ladrón, al que nunca se descubrió, tras penetrar en una vivienda de la avenida Donostiarra, del barrio madrileño de la Concepción, se llevó tan sólo, desdeñando valiosos objetos de fácil transporte que allí había, unos cuantos libros evidentemente elegidos entre los que formaban la biblioteca del domicilio allanado.

Entre las anécdotas más graciosas sobre hurtos de libros figura esta que César González-Ruano cuenta donosamente en “Mi medio siglo se confiesa a medias”: “ compraba lo que podía y robaba ( habla de libros) lo que me era posible. Me acuerdo que dentro de uno de los puestos de la feria de libros ( la de la verja del botánico) estaba yo intentando llevarme alguno que me interesaba, lo que era doblemente difícil porque además del librero, estaba un señor anciano muy distinguido que miraba los libros con lupa y que tenía aspecto de un caballero del Greco. De pronto, este señor pagó algo al librero con un billete grande, y el librero se excusó diciendo que iba a cambiarlo. Yo me fui hacia mi libro elegido, procurando burlar la mirada del caballero, cuando, con gran sorpresa mía, éste empezó como un loco a meterse libros en el bolsillo del gabán y bien claro me dijo: “ ¡Aproveche ahora, aproveche!” Pronto volvió el librero con el cambio del billete, y cuando el señor se marchó le pregunté si le conocía. “ ¿ A ese señor? Es uno de mis mejores clientes. ¿ Es que no sabe usted quién es?” “No” “Pues es el marqués de V.”

El robo de libros debe ser tan frecuente en las librerías de todos los países, que en uno de esos establecimientos, magnífico, de varios pisos, situado frente a la Universidad de Königsberg – bella ciudad hoy sometida al dominio rojo con el nombre de Kaliningrado -, había hace años, junto a la salida, el siguiente letrero: “Si por error se lleva usted un libro sin pagar, le rogamos que lo deposite en este buzón. Así marchará usted tranquilo, más ligero el bolsillo, pero también con menos peso en la conciencia”. Y parece ser que el buzón, de amplio tamaño, casi se llenaba diariamente con esas “devoluciones”.

Por amor pasional a los libros llegó incluso al homicidio un librero anticuario de Barcelona que antes de dedicarse a ese noble negocio había sido monje en Poblet. Aunque tenía valiosos libros raros a la venta, no quería desprenderse de ellos. En algunas ocasiones, ante las tentadoras ofertas de sus clientes, llegaba a enajenarlos. Pero luego mataba a esos mismos clientes para recobrar los preciosos ejemplares de los que él no quería verse desposeído. No se le imputaron aquellos crímenes, que quedaron impunes, mas finalmente cayó en manos de la justicia cuando asesinó a otro librero rival suyo, Agustín Patxot, que en una subasta había logrado adquirir un ejemplar de “Fors e ordinacions de Valencia”, impreso por Palmart en 1482. Este ejemplar era tenido por único en el mundo y siempre lo había anhelado ardientemente el monje exclaustrado, fray Vicente. Por la publicidad que tuvo el asunto, algunos libreros anticuarios hicieron saber que no se trataba de ejemplar único, sino que había varios. Esto produjo gran desazón al asesino, quien reconoció que, en tal caso, se había excedido matando a Patxot.

Por supuesto.el hurto de libros es siempre pecado en el terreno moral y falta o delito en el plano jurídico. Pero el hebraísta valenciano Orchell Ferrer creía justificada la sustracción de libros siempre que concurrieran las circunstancias siguientes: “Primera, que el libro no esté venal en las librerías; segunda, que quien lo posea no sea capaz de vendérmelo, de regalármelo ni aun de prestármelo; tercera, que la posesión del tal libro me sea útil por tratar de mis estudios preferidos; cuarta, que quien lo posea no pueda o no quiera utilizarlo y no saque de él más provecho que sacan los eunucos de las esclavas del serallo, y quinta, que haya ocasión propicia para hurtar el curioso y codiciado libro. Porque, habiéndola y concurriendo las otras cuatro circunstancias, ¡ es probado!: el libro llega a ser mío – decía Orchell – o perderé el buen nombre que tengo. Cosa “nullius” me parece el empecatado volumen y procuro ser su primer ocupante”.

Article:”Por amor a los libros hubo robos, suicidios y asesinatos”, El Libro Español, INLE, març 1968.

Read Full Post »

““El súmmum per a un bibliòfil és aconseguir primeres edicions”, assegura Josep Porter, que de totes maneres s’afanya a fer una distinció crucial en el si del gremi: “De bibliòfil s’hi neix, mentre que de col·leccionista un s’hi fa.” Ell, evidentment, forma part del primer grup. Nascut el 1901 a Montblanc, en el si d’una família humil i del tot illetrada, per una estranya inspiració ja de petit va demostrar una afició desmesurada per la lletra sobre paper, i també pel cant, dues virtuts —així cal entendre-ho a la vista de la seva obra— que no l’han abandonat mai.

 Per complaure les ànsies del fill, els Porter i Rovira es van traslladar a Barcelona, la capital, on Josep Porter va tenir ample camp per triar i remenar. El 1923 va obrir la llibreria que duia el seu nom, aviat famosa entre el públic lector i un dels pocs oasis de cultura de què va gaudir la societat barcelonina durant el franquisme.

 Fruit de la seva activitat com a llibreter, queda un testimoni, avui dipositat a la Biblioteca de Catalunya, de 500.000 cartes amb corresponsals de tot el món. I això a part de les biblioteques temàtiques, com la dedicada al tema del llibre, un dels fons constituents de la Biblioteca Bergnes de les Casas. O també la menor, només de 5.000 volums, sobre la figura de Cristòfor Colom, conservada a la casa pròpia. El llistat és interminable.

“Colom era català, però avui no parlarem d’això. Ni tampoc no hauríem de parlar gaire de mi. L’important són els 50 anys de l’Associació de Bibliòfils de Barcelona, una entitat que l’únic defecte que té és que se’n parla poc.” Porter és l’únic supervivent del grup de fundadors i un vehement defensor del llibre com a objecte d’art: “Salvar textos antics rars, com fan moltes associacions bibliogràfiques espanyoles, està molt bé i és elogiable. Però per si mateix no respon a l’ideal de fer llibres bells.” Seguir aquest ideal ha estat la tasca de l’Associació en els seus cinquanta anys d’història. Des dels inicis, Porter hi ha brillat amb llum pròpia, amb l’optimisme que li és propi i les seves fondes conviccions: “La bibliofília és un confort espiritual que uneix tots els éssers humans, ben allunyat de l’esperit rebel que avui impera al món.” Amb els bibliòfils, però també participant en la fundació de l’Institut d’Estudis Nord-americans, impulsant la creació de l’Orquestra Ciutat de Barcelona i participant des de principis de segle en l’Orfeó Català i l’Ateneu Barcelonès, entre moltes d’altres entitats, Josep Porter té en el seu haver un més que extens historial cívic.

Article:”La fília als llibresd’Ignasi Aragay, Avui, 20 abril 1994.

Dues primeres imatges: Exposició Virtual Miquel Porter i Moix/ Centre de Recursos per a l’Aprenentatge i la investigació . CRAI UB.

XQ    XQ    XQ    XQ    XQ    XQ     XQ

“Librerías de viejo

Al decir librerías “de viejo” ya se sobrentiende que se trata de librerías donde venden libros que se caracterizan por su escasez en el mercado, bien por haber transcurrido bastante tiempo desde que fueron editados, bien por tratarse de una edición limitada que los hace escasos. Lo que sucede es que el libro “viejo” aparece raramente, y a causa de ello las librerías que antes tenían esa exclusiva dedicación, también venden libros actuales, aunque seleccionados a gusto de una clientela determinada – a veces casi exclusivamente extranjera.

Conforta a los provincianos visitar estas librerías persiguiendo las piezas que uno sabe que existen y que, sin embargo, faltan en la biblioteca particular. Y conforta aún más hallarse con verdaderos libreros “de viejo” – mejor que “de lance” i “de libro usado” – como algunos madrileños, así, por ejemplo, los veteranos Antonio Trelles Graiño, Antonio Guzmán, Ángel Gomis

Antonio Guzmán sabe mucho sobre el libro antiguo; hace años publicó algún artículo en la revista “El Bibliófilo” sobre esta materia. Yo le animo a que escriba sus memorias de librero, y él no renuncia totalmente a hacerlo, dejando abierta la posibilidad de que algún día se decida. Habla poco, pero contesta a todas mis preguntas y lo hace con detalles exhaustivos. Rebusco en su librería y veo la palabra “Belmonte” en un manuscrito; cuando comienzo a sentir un cosquilleo emotivo, me afirma; “ pero es el Belmonte de Cuenca; si fuera el de Asturias ya se lo habría llevado un amigo que tengo en ese lugar”. Clientes suyos fueron las figuras más representativas – dentro de los aficionados a los libros – de la capital; uno de ellos era Gregorio Marañón.¿ Pero aún disponia de tiempo para venir a buscar los libros personalmente?

Tenía tiempo para todo. Y su biblioteca era la mejor que pueda poseerse sobre libros de viajes.

Porque ya se sabe que el aficionado a esta clase de libros suele tener una especialidad: incunables, ediciones del “Quijote”, toros, temas madrileños, Andalucía, bibliofilia, relojes… Y, claro, estas especialidades conllevan de los aficinados una serie de manías de difícil desprendimiento. Hay tal prisa por adelantarse en la adquisición del libro raro que aparece en el mercado y que a uno le falta, que la mayor parte de las veces, apenas verlo en el catálogo anunciador, ya se llama por teléfono al librero para que lo reserve; pero otros van más lejos, así; el librero envía el catálogo a censura, y un empleado de este departamento ya le pide alguna obra – antes de que el catálogo se distribuya -; otros exigen del librero que les muestren las pruebas de imprenta antes de que se imprima el catálogo, para elegir lo que él desea; otro aficionado, nada más recibir el catálogo, se trasladaba en taxi a la librería, y allí iba leyendo las fichas y exigiendo que le apartaran las preferidas. En este sentido, los de provincias estamos desamparados, aunque los libreros madrileños, por cierta concesión, suelen enviar sus catálogos a provincias con cierta antelación, a fin de que sean recibidos por todos sus clientes en la misma fecha.

En una de estas librerías dialogan dos expertos en bibliografía taurina; uno de ellos lo hace con una seguridad pasmosa, y cualquier insinuación del otro la supera él con datos más precisos. Hablaban de los toreros asturianos Casielles y Praderito como si los conocieran de siempre, y, cuando yo, creyendo que proporcionaría un dato poco conocido digo que existe un folleto sobre toros dedicado a Gijón, el “entendido” me dice que hay tres ediciones, que su portada es así, que su color es aseo, que en cierta ocasión sintió la tentación de robarlo, etc.

Cuesta de Moyano

Son bastante diferentes las librerías de viejo madrileñas, diferentes en el sentido de su tamaño, de su ordenamiento, de su contenido. Algunas están perfectamente organizadas, con unos empleados fríos que te contestan burocráticamente, te muestran las fichas que deseas y sanseacabó; otras tienen acumuladas las obras en aparente desorden, digo aparente porque los dueños suelen saber, aunque no siempre, el contenido de cada “montón”. Buscamos en tal acumulación, pero a veces resulta difícil por la inaccesibilidad de algunos libros, dada su altura o dado el peso que sobre los mismos recae. No obstante, cuando tras buscar y rebuscar en estos “montones” o en las hileras rebosantes de títulos hallas un folleto que sacaste de un fondo olvidado y compruebas que no lo tenías, compensa el esfuerzo y las horas baldías que llevabas dedicado al posible hallazgo.

Resulta difícil, en las librerías especializadas en el libro “viejo”, encontrar lo que suele denominarse “ganga”; los libreros saben sobradamente lo que poseen, el interés que por ciertos temas existe, y valoran las obras en relación al verdaderamente interesado, al caprichoso, ese que ha de pagar su afán desmedido por la obra que persigue. Por eso consuela enormemente ver cómo alguna vez en la Cuesta de Moyano aparece un bloque de libros con un letrero; “ a cinco pesetas”, o “ a veinticinco pesetas”; aquello entonces parece una pelea por la lluvia de manos desbrozando el apilamiento de libros sobre el tablero en busca de algo preferido. Son ocasiones raras y supeditadas a una venta global de alguien que ignora el valor de ciertos libros. Lo normal es que alguien posee una buena biblioteca tantee entre los libreros expertos para obtener el mayor beneficio posible.

Article: ”Ya no se encuentran gangas”de Luciano Castañón, El Libro Español, INLE, 1972.

Read Full Post »

“Ja és sabuda l’anècdota del senyor que un dia decideix comprar tres metres de llibres. Comprar llibres a metres, i demanar, a més, que tinguin el llom de color vermell, o verd, perquè «facin joc» amb els mobles o la paret, és considerar els llibres des d’un doble punt de vista: de prestigi i ornamental.

O més exactament, potser: ornament de prestigi. Tot alhora.

 El que ja no és tan «normal» —i em sap greu, ara, no recordar on ho he llegit— és que un senyor que estava greument malalt encarregués als seus hereus abans de morir que compressin llibres i els posessin a la sala d’estar. I no pas per llegir-los, ni per acompanyar les seves últimes hores amb lectures serenes o amenes, sinó perquè quan hagués mort i la casa s’omplís de visites, la presència dels llibres «fes bon efecte». Què haurien pensat d’ell, si no veien llibres a casa seva?

És possible que aquell senyor, mentre estava bo, no hagués rebut mai ningú a casa, o que el seus amics de confiança ja coneguessin el seu desinterès per la literatura; en tot cas, és clar que el fet de no tenir una petita biblioteca no li produïa cap trauma, que es diu ara. Però mai no se sap qui pot comparèixer a casa quan un s’ha mort… La gent té cops amagats, detalls inesperats de cortesia o d’amistat, i fins i tot rampells de tafaneria… Previsor, en un dels darrers moments de lucidesa l’home pot demanar: «Compreu llibres…»

 Ha pogut viure sense llibres durant tota la seva existència, però els necessita per quan sigui mort. Vet aquí si ha arrelat en la nostra societat allò que els experts en diuen «la imatge»! Confio que els hereus no tan sols hauran satisfet el desig del malalt, sinó que hauran tingut la precaució intel·ligent de treure el plàstic que avui dia embolica molts volums perquè no es facin malbé. Almenys que pugui semblar que el difunt va obrir aquells llibres alguna vegada…

Els hereus, però, es devien trobar amb un problema: quins llibres comprem? Seria una mica exagerat, en aquest cas, instal·lar en un prestatge visible una colla de volums de la «Bernat Metge» de clàssics grecs i llatins.

Una «passada» cultural… Una col·lecció de novel·les policíaques? Home, això massa poc… Ja fan bonic, ja, les obres completes d’en Pla, però que tots els llibres siguin del mateix autor… «No ho sabíem —podria dir la gent— que el pobre difunt fos un fanàtic d’en Pla».

 Si m’haguessin encarregat la feina a mi, potser hauria anat a una llibreria de vell i m’hauria endut un quants metres de llibres diversos, bons i dolents, antics i actuals, cars i barats, perquè l’aspecte del prestatge fos més creïble. Perquè una biblioteca personal o familiar, una biblioteca modesta però de debó és sempre una suma irregular de volums que han anat arribant de mica en mica, l’un darrera l’altre. Una biblioteca d’aquestes és bonica, encara que, certament, no fa bonic.

S’han pronunciat – o diuen que s’han pronunciat – abans de morir algunes frases memorables. Des d’aquell “passi-ho bé, senyor Llanas”, que Llanas va dir-se a ell mateix, fins al “més llum!” de Goethe, passant per la divertida frase d’Arrieta, l’autor de Marina.La nit abans de morir, un amic li preguntà com es trobava, i vet aquí la resposta: “Molt malament. Si quan surti el sol em diuen que m’he mort, no m’estranyarà gens”. Ara podem afegir a l’antologia aquest original “compreu llibres!..”

Article: “Llibres post mortem”, Josep M. Espinàs, Avui, 9 gener 1987.

XQ     XQ     XQ     XQ     XQ     XQ     XQ

 “La mañana, redonda y lustrosa como una manzana, cuando marzo marcea y el invierno huye con su capucha de nieblas y de lluvias, y un sol, todavía adolescente, ilumina Madrid.

Cuesta de Claudio Moyano. De ser el día festivo, lo más probable es que hubiera descendido al Campillo del Mundo Nuevo, a la Cuesta de las Descargas, donde Madrid tiene su tercera feria del libro usado. La primera, por su antigüedad, la formas las librerías de viejo de la calle de San Bernardo y adyacentes; la segunda, estos tenderetes, por los que paseo mi curiosidad a derecha e izquierda, pues a un lado están las pequeñas tiendas y al otro los caballetes con revistas y publicaciones con portadas de colorines.

El mercado cultural del Campillo de Mundo Nuevo solamente funciona los días en que los almanaques pintan en rojos sus números, mientras que el adosado a la tapia del Botánico se halla en misión cultural permanente, pues los establecimientos se abren a las diez de la manyana y se cierran “con la hora lunar”, como me dijo uno de los simpáticos industriales, que fue, en su mocedad, pastor en la provincia de Jaén, que llevaba al campo libros en los fondillos de los pantalones, pues ya se hallaba aquejado de la bella manía de la lectura.

Sólo tres días de descanso al año.

Ahora tiene aquí, en la Cuesta, su puesto y no desde ayer precisamente, sino desde el año 1934, disfrutando, como todos los demás libreros de Claudio Moyano, solamente de tres días de asueto al año, el 1 de enero, el 18 de julio, y el primero de mayo, festividad de San José Obrero.

Desde 1924 existe la feria.

Pero no perteneció el antiguo pastor al clan de los fundadores, que fue inaugurado diez años antes, en 1924, haciendo a Madrid más gracioso, más culto, al abaratar la cultura, aunque hayan sido necesarias algunas concesiones a la novelilla insustancial, llamada rosa, pero colocándola fuera del comercio, más al aire libre todavía.

Ni aun allí tiene la Cuesta aspecto de zoco, como sucede en las Descargas, donde las publicaciones esperan al comprador, en el mismo suelo o a bordo de carritos de mano.

De los fundadores, solamente queda uno, el señor Casado, cuarenta y cinco años en la brecha que es el departamento señalado con el número 16. Los demás, en su mayoría, son hijos o parientes de los primitivos dueños, porque rara vez pasan a ser propiedad de otras personas, ajenas a la profesión o que habiendo sido también libreros no se encuentren, de una forma o de otra, vinculados al grupo fundacional.

Al gunos de estos industriales tienen dos o tres puestos aquí mismo, su establecimiento en la calle de San Bernardo o su stock de libros raros o curiosos, en un primer piso de una casa corriente.

El público de la feria.

Por la Cuesta de Claudio Moyano, pasa un mundo tan curioso como los libros de los especializados.

Me lo dijo uno de los comerciantes allí establecidos:

Por aquí desfila toda clase de público, personas cultas, catedráticos, políticos, especialistas y hasta los que pretendiendo hacerse pasar por gente cultivada, nos dicen: Yo me llevaría este Diccionario, pero no tiene índice.

Como frecuentadores de sus puestos me señalan los nombres de dos ministros, los senyores Iturmendi y Fraga Iribarne.

Continúa fijo el recuerdo de tres hobres eminentes, aficionados a curiosear en estos estantes, Baroja, Marañón, “Azorín”. Cuentan en la actualidad con un adalid, excelente periodista, escritor de buenas letras, Juan Sampelayo.

Y no de ahora – me dicen – sino de siempre.

En una ocasión le hicieron un agasajo en un restaurante de Vallecas, y cuando necesitan que se escriba algo en defensa de su pequeña y lírica industria siempre cuentan con Sampelayo dispuesto a hacerlo.

Recientemente falleció uno de nuestro gremio, cuyas circunstancias económics aconsejaban ayudar a los suyos. De la necesidad de hacerlo se hizo eco don Juan, a quien estimamos en lo mucho que vale.

Transformación en los gustos de los lectores

También aquí se observa una transformación en los gustos de los lectores.

Ahora vienen muchos más jóvenes que antes, aunque posiblemente el porcentaje de compradores no haya aumentado ni disminuido en proporción apreciable y lo que suceda sea que ha crecido la población de Madrid, pasando de menos de un millón a mas´de tres millones. Es perceptible el aumento de una clientela juvenil, lo mismo de chicos que de chicas.

– ¿ Qué vienen buscando?

Por lo general cosas definidas, no a ver lo que encuentran, y dispuestos a llevarse cualquier obra.

– ¿ Cuáles son esas cosas definidas?

Por una parte obras que traten de filosofía, política, historia y arte. Poco humorismo y poca novela. Por lo que se refiere a los escritores de la generación del 98 o de un poco antes o un poco después los preferidos son Baroja, Valle-Inclán, “Azorín” y Galdós, éste más en las novelas que en los Episodios Nacionales. Algo menos José María de Pereda. No falta doña Emilia Pardo Bazán.

– ¿ Y de poesía?

Salinas, Alberti, Antonio Machado.

Encontré en la permanente feria varios diccionarios rusos.

Me sorprendió que los jóvenes buscasen novelas de Víctor Hugo, con preferencia Los Miserables; menos, que pidieran Guerra y Paz, de Tolstoi, y menos todavía, las prestigiosas obras de anticipación de Julio Verne.

 

Feria permanente del libro usado” per Ángeles Villarta . El Libro Español, INLE, nº 136, abril de 1969.

 

Read Full Post »

Jaume Dubà

“Es una de les llibreries de vell més tronades de Barcelona, però durant els anys trenta i quaranta era plena cada dia d’estudiants, que hi anaven a vendre i a comprar els llibres de text. La va fundar Jaume Dubà. La seva vídua l’ha mantinguda oberta uns quants anys més i ara liquida el negoci. Aquesta setmana serà l’última.

 Cap altre llibreter de vell no s’ha interessat pel local. Diuen que hi posaran un bar. Es troba situat al carrer dels Tallers número 80, al cantó acostat a la plaça de la Universitat. En aquest tram del carrer dels Tallers hi havia hagut tres llibreries de vell. La Conte va desaparèixer fa pocs anys. Quan la llibreria Vídua J. Dubà tanqui, només en quedarà una, la Cervantes, una llibreria molt activa fundada i portada per Ramon Mallafrè, que als seus 85 anys encara es posa cada dia darrere al taulell. El senyor Mallafrè, que fins fa dos anys muntava parada els diumenges al mercat de Sant Antoni, també es va dedicar, aquells anys trenta, quaranta i cinquanta, al llibre de text. “Abans, els catedràtics donaven els mateixos llibres de text any rere any, però ara no. Cada curs els canvien. Fa uns vint anys, pel cap baix, que hem deixat de comprar llibre de text”. Després de la guerra, va fundar una altra llibreria. Però la va obrir lluny de la Universitat, al casc antic. És la Canuda, situada al costat de l’Ateneu Barcelonès i la porten els seus fills.

Ramon i Santi Mallafré

 Els voltants de la plaça de la Universitat, en especial el carrer Aribau, van ser, durant una època, la zona reina de les llibreries de vell. Un germà del senyor Dubà, Rogeli, era un dels més prestigiosos llibreters de vell del carrer Aribau. Quan en època de l’alcalde Porcioles els llibreters dels barracots de Santa Madrona, van haver de tocar el dos, a causa de les obres del Metro de l’estació de les Drassanes, van triar aquesta zona universitària. Es van instal·lar just al darrere de la Universitat, al carrer de la Diputació. Un d’aquests llibreters és Josep Rodés. La parada de Santa Madrona l’havia oberta el seu pare el 1902, any de la creació del mercat estable de llibre vell.

Llibreries carrer Diputació, ja no hi són.

El senyor Rodés va trobar feina de corrector al Diario de Barcelona i va deixar la seva dona al capdavant de la parada del carrer de la Diputació. Acabada la feina al diari, va veure que amb la parada no en tenia prou i va obrir una botiga. S’esdevenia això l’any 1979. La botiga ja no la va obrir al voltant de la Universitat, sinó al casc antic, on ara hi ha una part considerable de les millores llibreries de vell de Barcelona. La va obrir al carrer dels Banys Nous.

Josep Rodés i Dolors Bach

Al casc antic, entre la llibreria Canuda i la llibreria Marca de la plaça de Sant Just, hi ha la Puvill, Gabemet, Batlle, Creus, Balaguer, Costa, Delstre’s, Novecientos, Selvaggio, Violan i la de les germanes Sala, entre altres. Darrerament s’hi han instal·lat dues més, la Rangel del carrer d’en Bot i la que han obert Joan Ignasi Sandoval i M. Àngels Serra, de Santes Creus, al carrer dels Banys Nous. El senyor Sandoval, que va començar a vendre a Barcelona a la fira dels dijous de la Catedral, la va obrir el febrer de l’any passat.

Josep M. Marca

 La llibreria Vídua J. Dubà liquida aquests dies el negoci. La botiga és plena de novel·les rosa, novel·les de l’oest i d’exemplars de la revista Selecciones del Reader’s Digest, llibres i revistes molt envellits, que s’han venut i s’han llogat a baix preu.

Abans, el petit establiment del carrer dels Tallers era ple d’estudiants i no ho era només a principis de curs. L’estudiant acostumava a anar curt d’armilla, en especial l’estudiant que combinava les obligacions de la carrera universitària amb les obligacions de la vida bohèmia, i quan es trobava amb una necessitat urgent i ja s’havia gastat la paga que li donava el seu pare, es venia els llibres de text un divendres i els recuperava un dilluns. En aquells temps, quan els llibres de text eren llibres de text, els volums tenien una utilitat triple. Servien per aprovar el curs, per exercir la bohèmia amb puntualitat i per donar vida a les llibreries de vell.

Mort d’una llibreria de vell”, Lluís Bonada, Avui, 1 de març 1989.

Fernando Selvaggio

XQ     XQ     XQ     XQ     XQ     XQ     XQ

Una vez al año no hace daño; eso dice el refrán que, como la mayor parte de los refranes, tiene dos vertientes: la verdadera y la falsa. Visitar una vez al año – desplazándose del lugar provinciano en que uno reside – las librerías de viejo, de lance, de ocasión, de libro usado… que hay en Madrid puede motivar una indigestión a causa del apresuramiento y, por descontado, cierto agobio originado por la coincidencia, en breves días, del hallazgo de “piezas” perseguidas y que, de intentar adquirirlas, nos ocasionarían un congestivo e indefectible impacto económico. Mas el poseído del vicio de realizar tales visitas no puede eludirlas, tanto por propiciar el oportuno “descubrimiento” como por dialogar con libreros estimados por cuanto pueden informar de datos curiosos relacionados con el libro. Así, por ejemplo, nos aclara uno de ellos la razón del porqué los libros del siglo XVII suelen estar vulgarmente impresos- Obedece ello a que tales libros estaban sujetos a “tasa”, la cual era impuesta por ciertos “tasadores” – meros burócrtas de entonces, no peritos en determinadas calidades estimativas y valorativas del libro -. Dicha tasa imponía a los libros un freno, y ello redundaba en su deficiente confección. De ahí lo ordinario de su impresión, con carencia de gusto editorial, sin exigencias materiales o artísticas.

Me produce amargo regocijo escuchar a un librero cuando manifiesta que se molesta si no vende, pero que también se molesta cuando vende, como si le doliera desprenderse de determinadas obras que posee entre sus fondos. Hasta tal punto es así, que a veces llega una persona preguntando por un concreto libro, y se le dice que no lo hay, cuando la verdad es que sí se tiene. La realidad es que existen obras que podríamos considerar “clave”, y no hay apresuramiento para venderlas, ya que su mercado está asegurado al ser permanente su demanda.

Se hallan libreros que van al negocio con un acentuado interés mercantil; no son censurables; ejercen su profesión y son muy libres de marcar los precis a su albedrío, puesto que la clase de libros que ofrecen nadie está obligado a adquirirlos, y respecto a los mismos suele pagarse más el capricho que la necesidad profesional. Pero si recordamos esto es para traer a colación las añoranzas de algún librero ya maduro de edad; rememora sus años iniciales, cuando ponía libros en el suelo, en espera de que algún transeúnte se dignara pararse, mirar aquellos y luego… regatear. Uno de tales libreros recuerda cuando siendo muchacho de una tienda le encargaron los dueños que fuera a una casa de la cual les habían ofrecido libros. Al llegar quedó asombrado, pues se trataba de un gran salón ostentoso, con las paredes repletas de volúmenes, más otros que había por el piso. Preguntó temeroso por el importe de la tasación y le dijo ( se trataba del administrador de un título nobiliario) que cuatro mil pesetas; el muchacho, aunque apenas entendía de libros dijo – incitado por el sentido común – que sí, que aceptaba el precio. Pero luego fue cohibido a comunicárselo a sus patronos, pues temía que estos le rechazaran la oferta. También aceptaron la adquisición – aunque tuvieron que pedir prestadas las cuatro mil pesetas.

Este mismo librero fue en otra ocasión llamado para ver unos libros que le ofrecían. Tras breve discusión con la anciana, llegó a un acuerdo en el precio a satisfacer por los libros que se veían. Mas, repentinamente, la mujer dijo:

  • Bueno, se los dejo en lo que me ofrece. Pero con una condición: que se lleve usted un montón de libros que tengo en el desván, y que me están estorbando mucho.

Ni que decir tiene que los libros buenos estaban en el “montón” que la mujer no vendía, sino que regalaba con tal de que se los quitaran de casa.

Cajón de sastre

Pregunto si destaca alguna preferencia en las demandas, en las peticiones de los clientes. Me dicen que no. Las solicitudes suelen ser variadísimas temáticamente: Madrid, País Vasco, Galicia, Asturias, toros, heràldica, Cervantes, relojes, sexología, cocina… Durante una mañana oí como una persona reiteraba la misma pregunta en varios puestos; deseaba obras “sobre” Santa Teresa, y puntualizaba que “sobre” Santa Teresa, no “de” Santa Teresa.

Es curioso el confuso ambiente dialéctico que se crea en ocasiones. Entra un cliente en una librería y comienza a hablar con el dueño sin que quienes están allí puedan enterarse de nada a pesar del tono alto y el empleo de términos habituales. Su diálogo resulta incomprensible para el profano en la materia cuando citan autores, ediciones o títulos que son para ellos como símbolos. Los escuchantes ignoramos tales referencias, y resulta sumamente extraño que no hablando los otros de nada esotérico, sino de libros, de autores, de ediciones, de catálogos…, su conversación resulte ininteligible para el oyente.

Me cuentan cómo un muy buen coleccionista de Quijotes los vendió cuando se sintió viejo, por el dolor que le producía sospechar que su familia, al fallecer él, desbarataría su colección. También el placer de don Roque Pidal cuando mostraba el ejemplar de “El Cid” que tenía en una habitación de su casa, metido en una urna de cristal colocada sobre una especie de catafalco,,,

Librerías de viejo. Visita de un provinciano” per Luciano Castañón, El Libro Español, INLE 1974.

Foli 74 recte del Cantar de mio Cid, on es pot llegir el explicit «Qui escrivió aquest llibre de Déu paradís, estimin / Per Abbat li escrivió al mes de maig a era de mil e. CC XLV anys »

Read Full Post »

“Però no s’han fixat vostès quin guirigall s’ha armat amb això del dia del llibre? Com si hagués entrat un gat en un galliner!

 Durant uns dies tot és parlar de si el llibre això; de si Cervantes allò; que els llibres són el menjar espiritual per excel·lència i discursos per aquí, conferències per allà, etc., etc.

 Als impressors això ens ha de alegrar, ja que com més llibres es venguin més probabilitats hi ha que no falti treball a les impremtes: a les impremtes, per descomptat, que es dediquen a imprimir llibres, que no totes estan muntades per a això, i tot i d’aquestes, les que haurien de tocar els resultats de tal propaganda, haurien de ser les que imprimeixen bons llibres i posen en això tot el seu saber i bona voluntat per tal que els lectors s’adonin que els serveix un llibre ben corregit i no un enfilall tal de pífies que no hi hagi estómac sa que els pugui digerir.

 Perquè, senyors, jo estic d’acord amb el que va dir que no hi ha llibre tan dolent que no porti alguna cosa bona i també estic convençut que és difícil que no hi hagi llibre, per ben cuidat que estigui que no tingui algun lunar o en què no s’hagi escapat alguna errada, ja que l’absoluta perfecció, tant en els llibres com en tot el que depèn de la humana naturalesa, és impossible aconseguir-la; no obstant això, quan repasso un llibre i començo a ensopegar amb un continuat descuit de les més elementals regles que em van ensenyar al començar l’ofici de caixista, i això està més estès del que a primera vista sembla, em convenço que hi ha molt a ensenyar i que cada dia endarrerim en comptes d’avançar en el camí de la perfecció tipogràfica.

 Perquè jo, com els cridaners de la festa o dia del llibre, estic d’acord amb la propaganda que es fa i que poc o molt contribueix al fet que es comprin més llibres i a què es llegeixi més, i també crec que el llibre ha d’estar ben escrit, que sigui instructiu, moral, etc., però a més de tot això que pertoca a l’autor i de la presentació (paper, gravats, etc.) que va a càrrec de l’editor, deu també pensar-se en que l’impressor ha de lluir les seves habilitats tenint cura que els blancs estiguin ben proporcionats, la tinta amb el mateix to en tot el tiratge i sobretot que es cuidi bé l’espaiat, que no vagin seguits més de tres guions, que no surtin barrejades lletres d’altres caràcters, que l’ interlineat sigui uniforme i en obres il·lustrades, que els gravats no estiguin torts, que el marge d’aquests no sigui desigual, que no s’escapin lletres en els finals de línia i altres petiteses per l’estil.

 Quan arriba a les meves mans un d’aquests llibres que, sota el pretext que són barats, no hi ha per on agafar-los; llibres que comencen per ser traduccions (mal traduïdes en general), mal impresos i pitjor corregits, els quals, per portar una coberta cridanera, són el reclam de gairebé totes les llibreries, i per ser barats (o semblar-ho, perquè el dolent sempre és car), són els que per honrar el dia del llibre tenen més sortida, pregunto jo: ¿no hi hauria manera de què el dia del llibre servís per donar sortida només a llibres bons per tots els conceptes? Això redundaria en benefici (honra i profit) d’autors, editors, llibreters i impressors.

 Del públic que compra no vull ocupar-me per que crec que no té ell la culpa que se li serveixi gat per llebre.

 Què entén el pobre comprador (referint-me a la part tipogràfica), de les mil i una faltes que se li poden passar a un caixista?

Què sap ell (excepte explicades excepcions) d’ interlínies, d’espaiats, de línies tortes, de tipus barrejats, de la importància de cada titular, de lletres tapades, de marges i, en molts casos, d’ortografia.

 Nosaltres, els impressors, som els cridats a honrar el llibre esporgant-lo, llimant-lo i deixant-lo net i agradable, sense distreure el lector amb detalls de mal gust, que està en la nostra mà apartar de la vista del públic.

A  l’establir el legislador, amb molt bon acord per cert, el dia del llibre, segurament que ho va fer amb el sa propòsit de ‘desasnar’ a la major quantitat possible de ciutadans, ja que el públic intel·ligent no necessita, afortunadament, que li assenyalin dia un cop a l’any per comprar els llibres que li proporcionin gaudi espiritual i coneixements generals; però alguna cosa i encara molt podem fer de la nostra part si ajudem tan bones intencions esforçant-nos nosaltres en adquirir els estudis necessaris perquè de les nostres mans surti l’obra tan perfecta possible.

¡Caixistes, impressors, enquadernadors, tots els que integrem les Arts del llibre, a treballar amb fe i entusiasme en aquesta magna empresa, que és de tots i per a tots!

 Que el gran Gutenberg es mostri, en el seu somni etern, orgullós dels seus deixebles! He dit.

Article: “Demano la paraula” de Miguel Pujolar, a La Gaceta de las Artes del Libro y de la Industria del Papel, Barcelona, desembre de 1927.

XQ       XQ      XQ      XQ      XQ      XQ      XQ

“La afición al libro viejo incluye una diversidad tan numerosa de matices y categorías, que pudiera muy bien ser objeto de una clasificación científica fundada en la psicología. La peculiar al coleccionista acaso fuera demasiado elemental para aplicarla al bibliófilo, al bibliómano y al bibliomaníaco, aunque nos ofrecería desde luego algunas generalidades más ó menos utilizables para el caso.

 Por de pronto, el verdadero aficionado á libros viejos suele ser el más apasionado de entre todos los coleccionistas. Frecuentísimo es el caso en que para él no haya otra cosa bajo la bóveda celeste en esta baja tierra que impresione en papel de diversos matices, hojas volantes, folletos, libros en caracteres diminutos, encuademaciones en tafilete, pergaminos, pastas jaspeadas, lisas ó con filetes, cortos rojos, amarillos ó azules., El volumen constituye para aquéllos una obsesión que nada es capaz de desarraigar; una idea fija, en derredor de la cual todas las demás se aminoran y desvanecen, Descuret, en La Medicina de las pasiones, nos hahla de un bibliómano que en los instantes mismos de la muerte ordenó que abrieran la ventana de su alcoba á fin de contemplar por vez postrera un tenderete de libros que había frente á su casa. A este hombre le importaba mucho más dejar los libros en el mundo que á la familia angustiada que le perdía. Es un caso patológico que pudiera designarse con el nombre de “locura voluminosa», por ser el volumen su causa eficiente; hay que advertir que en el fondo de todo bibliófilo se descubre muchas veces un loco pacífico.

Como todas las ideas que germinan en el alma de los grandes hombres, la bibliomanía se inicia en la edad juvenil; á veces en la infancia; llega hasta la extrema vejez y hasta la muerte, como acabamos de ver en el bibliómano Descuret.

Un bibliófilo que empieza á formar su biblioteca en la edad madura carece de las condiciones esenciales de la clase; éste es un hombre apagado, sin impulsos, naturalmente reflexivo, que adquiere libros como compra cuadros y muebles para alhajar su vivienda. Cuéntase de un diestro famoso que al instalar su hogar le advirtió un amigo que allí no veía ningún libro. El maestro, confrme con la necesidad de remediar la falta, encargó dos mil pesetas de libros – sin fijarse en cuáles ni cuántos – á un librero de la Puerta del Sol.

Un aficionado auténtico hubiera sido incapaz de cometer semejante herejía.

Los libreros que se instalan anualmente en la Feria en los primeros días del mes de Septiembre conocen perfectamcnte á la clientela que los favorece con sus adquisiciones.  Los hay tan expertos, que á las primeras palabras de su interlocutor echan de ver que de la transacción iniciada no va á resultar nada práctico, y, en consecuencia, se muestran económicos en obras y palabras. Otros descubren á las primeras de cambio la inclinación del comprador, la índole de sus aficiones; á casi todos los libreros de la Feria les son familiares los buscadores de gangas, que están en mayoría entre los visitantes del mercado, desgraciadamente para la profesión.

 A decir verdad, las gangas escasean notablemonte en el mercado bibliográfico madrileño, habiendo llegado casi al total enrarecimiento.

Sobreabundan allí la Medicina y el Derecho no vigentes; la Teología arcaica y los libros militares anteriores á los gases asfixiantes; las publicaciones oficiales, faltas de mejor empleo, y las novelas y obras históricas que se leyeron con mucho interés en los primeros años de la Restauración alfonsina. También se descubren Diccionarios y enciclopedias extranjeras, escritas éstas en idiomas poco asequibles á las masas (alemán ó inglés). Entre aquellos provechosos repertorios menudean los Calepinos, los Miñanos y, sobre todo,los Madozes — 10 volúmenes en folio, con encuademación de la época y en buen estado de conservación—. El Diccionario de don  Pascual Madoz se asemeja á las obras capitales que la Humanidad  nos ha legado: á la Biblia, La Ilíada, La Divina Comedia y el Quijote, en que es una obra inagotada é inagotable. Quedan Madozes para innumerables generaciones.

 Pero aun cuando en la Feria no se encuentren “libros preciosos” y de singular rareza, como dicen en las cubiertas de sus catálogos los libreros que encomian excesivamente su mercancía, una mano exporta y adiestrada puede descubrir todavía en estos tiempos de escasez universal algunas curiosidades en prosa y verso y hasta manuscritos inéditos que ofrezcan algún invento. Los libros que allí se ven colocados en toscos estantes ó en tarimas donde antaño reposaron ciudadanos ignorados, permanecieron muchos años en lugares poco frecuentados: en desvanes, guardillas, sótanos, bodegas y pajares. El olor denuncia la naturaleza del yacimiento, que va á exponerse con brusca transición al sol, al aire y á la lluvia.

La ignorancia amontonó muchas voces entre la balumba, alguna joya caída en profanas manos, destinada fatalmente á orearse en las saludables brisas del Botánico.

 En tiempos más lejanos, era la Feria frecuentada por insignes personajes: Castelar, Pi y Margall, Cánovas, Carvajal y Menéndez Pelayo, nunca se desdeñaron en revolver infolios polvorientos ni pergaminos ennegrecidos por los años. Verdad es que entonces ofrecía mayor interés la mercancía.

Article:” Bibliófilos y bibliómanos” per C.R. Salamero, a La Esfera, n 457, 7 octubre 1922.

Read Full Post »

“Impremtes marítimes

            La instal·lació d’una impremta a bord d’un vapor es remunta a l’any 1780. La Impremta Reial de l’Esquadra, instal·lada al «Llenguadoc», vaixell insígnia de l’Esquadra francesa, va deixar el port de Brest el dia 2 de maig d’aquell mateix any, portant a bord sis mil homes per tal de reforçar l’exèrcit de George Washington durant la guerra de la Independència. Dos mesos després, exactament el 11 de juliol, va ancorar a Newport (Rhode Island). A la impremta d’aquest vaixell s’imprimien tots els impresos relatius als serveis de l’esquadra, i al tornar a la metròpoli la impremta es va traslladar a terra ferma, i en els seus impresos va figurar aquest peu d’impremta: «A Newport, de la Impremta Reial de l’Esquadra, a prop de Parc de la Marina ».

De les activitats de la que fou la primera impremta marítima, poca cosa s’ha conservat. Es coneix un únic exemplar, molt curiós pel seu contingut, la portada es reprodueix en aquest article. D’una simple full titulat «Declaració a tots els francesos de l’Amèrica Septentrional», se sap pel seu peu d’impremta que aquesta va ser reembarcada i que els mateixos premsistes i tipògrafs que van treballar a terra van reprendre el seu treball en les immensitats de l’oceà. També al «Llenguadoc» li cap l’honor d’haver estat el primer vaixell que ancorés en un port del Nou Món portant una impremta a bord.

             Per descomptat, les impremtes marítimes són les que han aconseguit major desenvolupament i es troben més prodigades per la raó que el medi en què s’instal·len té més disponibilitats, i no estant, per tant, subjectes a restriccions disposen de més espai per a la seva instal·lació.

El desenvolupament de la navegació a vapor i l’organització de les companyies navilieres, va portar com a conseqüència la instal·lació d’impremtes més completes, tot i que encara dotades d’un material rudimentari, però suficient per imprimir les llistes de passatgers, menús i programes de festes. Amb la telegrafia s’incrementa el seu desenvolupament i ja es té necessitat d’imprimir en un full, emulant els periòdics del continent, les notícies rebudes durant el viatge, en lloc de donar-les verbalment o inscriure-les en una pissarra. D’aquesta necessitat havia de sortir la concepció d’un diari marítim, instal·lant en el vaixell millors i més apropiats elements, entre ells una màquina de compondre, per a la instal·lació va caldre superar no poques dificultats i problemes, com l’estabilitat i paral·lelisme de la màquina de compondre en relació amb el vapor.

             En l’actualitat el vapor «Marseillaise», destinat al servei amb l’Extrem Orient està proveït d’una instal·lació que podríem anomenar doble: composició tipogràfica exclusivament a mà i una premsa litogràfica. Aquest és un detall molt digne de tenir en compte i que ennobleix a aquest vaixell, capaç de revaloritzar el que val la litografia, avui en trànsit de desaparèixer, anul·lada pels procediments mecànics moderns. A Espanya

tenim el vaixell-escola «Juan Sebastián Elcano», vaixell-escola en un doble sentit, ja que tots els guardamarinas, a més de instruir-se en les tasques pròpies de la seva professió, col·laboren en el diari que s’edita a la impremta de bord. Cada tripulant té la seva missió, hi ha crítics d’art, de teatre, cinema, música, esports, etcètera, els quals exposen el seu criteri en totes les manifestacions desenvolupades durant el viatge: es tracten també els temes morals i religiosos, problemes sobre la navegació, i estudis sobre marins il·lustres. Els radiotelegrafistes ofereixen una informació detallada de les notícies rebudes de tot el món. Mereix destacar-se la secció «Descobrint la meva província», en la qual cada tripulant mostra a les pàgines del diari les belleses i peculiaritats de la seva enyorada petita pàtria . Evidentment estem molt lluny d’aquells gloriosos impressors que, amb els seus carros tirats per mules, van sembrar enginy i saber per tots els camins d’Europa. Han passat cinc segles. La impremta segueix sent transhumant, però al so de l’època en què vivim. Hem passat als camions-impremta de les firmes subministradores de materialtipogràfic en què mostren les seves innovacions als seus futurs clients al seu propi domicili; els trens impremta i també les impremtes instal·lades en un avió.

La impremta transhumant”, per Felipe Bachs Mensa, Rvta. Ensayo, 14. 1962.

XQ     XQ   XQ   XQ   XQ   XQ   XQ

 “«Habría que precisar en primer lugar», nos señala el editor Manuel Arroyo, «qué es la bibliofilia; yo creo que podríamos diferenciar entre la bibliofilia clásica; es decir, la encuadrada en el ámbito estricto del libro antiguo, bien hecho, primorosamente elaborado, y la llamada bibliofilia de edidiones facsímiles, ahora muy en boga».Existe, no obstante, en los círculos bibliófilos de Madrid, cuyo eje central son las llamadas «librerías anticuarias o bibliófilas», un marcado sentimiento de recelo, cuando no de desprecio, hacia las ediciones facsímiles. «Eso no es bibliofilia, es un mercado para nuevos ricos. Un mercado con una lista de clientes fabricada de antemano, a los que se convence de que esto es muy bonito y dentro de diez años se triplicará su valor actual», nos manifiesta el dueño de la librería Escalinata, de Madrid

Luis Bardón, siguiendo una ya larga tradición familiar, lleva cuarenta años al frente de la madrileña Librería para Bibliófilos. «Quiero aclarar las diferencias existentes entre un bibliófilo y un bibliomaniaco. El primero jamás se limitará a una mera valoración fetichista del libro, sino que aunará la buena calidad del texto impreso con la calidad del material empleado, es decir, una cuidada encuadernación y una absoluta falta de erratas. Por el contrario, el segundo puede fijarse en un solo punto: libros que midan seis centímetros o encuadernaciones de idéntico color, por ponerse un ejemplo».

            «Naturalmente», explica Luis Bardón, «para un bibliófilo, las ediciones más codiciadas son las llamadas ediciones príncipe, es decir, las primeras. En cuanto a las dedicatorias del autor, la verdad es que son muy difíciles de encontrar, quizá por ese motivo el precio no sube tanto como la gente suele pensar».

En materia de precios, el mutismo es general, «porque se ha exagerado una barbaridad en la Prensa». Sin embargo, grosso modo, se puede afirmar que no es ni mucho menos imposible hallar buenas ediciones a precios asequibles a casi todos los bolsillos.

«Actualmente, y pese a que el interés por la bibliofilia registre un auge continuo, el problema estriba en que cada vez es más difícil hallar un material verdaderamente interesante. Y para colmo no estamos en Francia, en donde todos los días hay subastas, como la del hotel Drouot, en París», se lamenta Luis Bardón. Por el contrario, el propietario de la librería del Prado, especializada fundamentalmente en folklore y literatura de principios de siglo, no se muestra muy amigo de las subastas, «porque los precios se disparan; recuerdo que por un libro que yo estaba vendiendo a seiscientas pesetas se estaba pujando cerca de las 5.000».

            El origen de las subastas públicas de libros hay que situarlo en la ciudad holandesa de Leyden, a principios del siglo XVII, imponiéndose rápidamente en Francia, país bibliófilo por excelencia, donde en 1691 es abierta al público la gran biblioteca del cardenal Mazarin, formada, en su mayor parte, por el bibliófilo francés Gabriel Naudé.         Actualmente, en España vienen celebrándose del orden de unas dos subastas anuales, organizadas por Durán, si bien, la galería Ansórena está comenzando también a promoverlas.

La ley de 1972, que regulaba la exportación de los tesoros bibliográficos, ha supuesto un intento de contener la salida incontrolada del país de verdaderas joyas de nuestro patrimonio. «A pesar de lo cual», nos dice Justo García Morales, director del Tesoro Bibliográfico de la Biblioteca Nacional y uno de los más eminentes bibliófilos de nuestro país, «precisamente por ser este un negocio fructífero y de difícil protección, ha habido demasiadas salidas de España.

            «Actualmente, la bibliofilia en España está cambiando, prácticamente ya han desaparecido aquellas sociedades de bibliofilia del siglo pasado, generalmente formadas por aristócratas que se reunían para hacer ediciones numeradas. En el siglo XIX, gracias a la desamortización, que facilitó a una burguesía en ascenso la adquisición del tesoro bibliográfico de la Iglesia subastado, se consolida el fenómeno bibliofílico en España, formándose así las grandes colecciones privadas».

            La labor del actual director del Tesoro Bibliográfico tiene un claro exponente en las cuatro colecciones bibliofílicas que ha dirigido: Joyas bibliográficas, TorcurumReimpresiones bibliográficasBibliofilia social. La última de las cuales, nos cuenta, «me ha valido, más de una discusión, ya que para algunos bibliófilos mi intento de componer una bibliofilia popular, es decir, crear cuidadas ediciones a un precio asequible, era traicionar el espíritu de la bibliofilia».

            «Esa es precisamente nuestra labor, facilitar a los españoles el inventario de todo lo que hay en España, fotocopiar índices enteros. Ya llevamos cuatro millones de fichas, en las que están reunidas las cuarenta o cincuenta mejores bibliotecas del país. En concreto, le diré que la Biblioteca Nacional posee la colección más completa del mundo del Quijote, incluyendo los ejemplares ilustrados.

            «De todos modos», concluye García Morales, «el presupuesto que nos da el Estado es irrisorio, unos quince millones, y con eso no hay ni para empezar. Tengo aquí mismo todos los planos de los barcos de la Armada Invencible, y sólo eso supone diez millones de pesetas, y estamos asimismo a punto de perder la oportunidad de comprar una de las bibliotecas más importantes de España, la de Zabalburu Heredia Espinosa, de más de 22.000 volúmenes».

            “La bibliofilia, el mundo de las joyas de papel “, Juana Salabert, El País, 12 feb 1981.

Leonardo da Vinci. Tractat d’estática i mecànica (BN)

Read Full Post »

“Cap mestre impressor pot realment dir-se així si no ho és abans en l’art del llibre. Que el llibre ha estat la pedra de toc de tot impressor, ho demostren a bastament les primeres obres impreses no només a Espanya, sinó al món sencer. L’art del llibre imprès va néixer d’un altre art més subtil i més rar: el llibre manuscrit, el llibre que els pròcers de passats segles es feien confeccionar per a si per aquests artistes que va sumir en l’oblit l’aparició de la impremta. Així van ser confeccionats per algun il·lustre personatge cançoners com el de Baena, el d’Estúñiga i tantes altres obres a què el mèrit i el temps s’han convertit ja en joies.

En aquelles èpoques en què el temps no tenia valor, els convents es van convertir en impremtes quan les impremtes no existien encara. Pacients i minuciosos artistes dibuixaven lletra per lletra els textos, enriquint-los amb meravellosos miniats. Unes vegades eren encàrrecs particulars -de quants podria parlar-nos, per exemple, la biblioteca del Marqués de Santillana– i altres llibres d’hores o de devoció dedicats a il·lustres prelats o no menys il·lustres personatges de l’època.

Amb aquesta meravellosa experiència manual estesa per tot el món, la impremta, al posar-se a el servei del llibre, popularitzant-lo, així -el que abans era totalment impossible- es va trobar ja amb una tasca realitzada, ja que no tècnicament, si d’una forma artística . Els primitius impressors que operaven per mitjà d’estampacions tipogràfiques no feien més que seguir el procediment d’aquests foscos i pacients amanuenses que hem parlat. Hi havia, això sí, algunes diferències entre una i altra tasca. Així com l’amanuense dibuixava la lletra sobre pergamí o paper, l’impressor la gravava en planxes de fusta que tenien la mida de les pàgines del llibre. La impremta va ser així fins a l’aparició dels tipus movibles. El dibuix havia passat a ser gravat; les restants operacions, com la de la premsa no eren més que derivacions d’una primitiva tasca ja coneguda i extraordinàriament desenvolupada com era la de la confecció del llibre en si per art i virtut d’anònims mestres.

Quan els tipus movibles van arraconar les planxes xilogràfiques, la impressió de llibres havia donat un gran pas. Els tipus movibles eren un esdeveniment, en el desenvolupament de la impremta: anul·laven al gravador professional, a què podríem anomenar mestre xilògraf. Però la impremta continuava plantejant-se el mateix problema: el de la bellesa del llibre.

Al llarg de totes les estampacions i impressions efectuades des del moment en què la impremta és coneguda a Espanya, podem seguir atentament aquesta mena de vertiginós desenvolupament de l’art d’imprimir llibres. A Espanya comença la decadència en el moment en què Felip II concedeix a Cristòfor Plantin l’exclusiva d’impressió i venda a la nostra pàtria dels llibres litúrgics. L’impressor amberí, amb la seva antiga impremta, que funcionava des de 1550, anomenada «Compàs d’Or, va assumir per a si una bona part de la producció llibretera d’Espanya, a la qual potser es prestava més atenció, com era la dels llibres litúrgics.

La decadència es va agreujar fins que va advenir a el tron ​​l’Infant don Carlos, qui, abans de fer-se càrrec de les destinacions d’Espanya va ser tipògraf practicant. Durant la seva adolescència s’havia ordenat instal·lar un taller al propi Palau Reial on li va ensenyar tipografia l’impressor madrileny Antonio Marín, un dels més famosos del seu temps.

Així vam arribar a el segle XVIII, considerat el del renaixement de les nostres arts gràfiques i, concretament, les del llibre. Tres noms n’hi va haver prou per fixar aquest renaixement: Joaquín Ibarra, Antonio de Sancha, Benito Montfort. Al seu costat, ja que no a la seva ombra es van revelar mestres com Francisco Manuel de Mena, Andrés Ramírez, Benito Cano, Bordaza d’Artazu, Tomás Plans i J. Eudald Pradell, entre tants altres consagrats a l’art de el llibre.

 

Marca de Plantin

Van ser ells els que amb el seu mestratge van fixar els cànons del bon gust en la impressió de llibres. Bé és veritat que els primitius impressors espanyols van ser els seus mestres, però el seu segle era diferent i tenia altres exigències. És possible que aquests cànons puguin avui deduir-se a tres únics postulats que admeten, però, derivacions: 1. ° la selecció de caràcters o tipus, amb la qual cosa determina el que podem anomenar matèria i «fisonomia» tipogràfica; 2. ° habilitat o mestratge en la composició, de la qual depèn el valor expressiu, el «caràcter» del llibre; i l’excel·lència i pulcritud de la confecció, que ofereix el conjunt de la seva arquitectura o la seva «personalitat». La ciència, el mestratge i l’art de l’impressor de llibres és la que dona el secret d’arribar a aquests punts precisos, en què la senzillesa dóna la pauta a seguir, però a la qual no es pot arribar sense que es consideren coneixements previs i essencials. Cada llibre, considerat des del punt de vista del seu contingut, requereix, quan es vol arribar al seu perfeccionament, un amanera de fer, que el resolgui dins de les seves característiques de fisonomia, caràcter i personalitat. Indiscutiblement, la bellesa del llibre consisteix. en descobrir-lo i saber dotar-lo d’aquestes característiques. Bé és veritat que només un mestre, un devot de la professió sap arribar d’una forma precisa a la creació del llibre, com va arribar Ibarra o Sancha. Però això no s’aconsegueix si no és unint la devoció a l’estudi; en una paraula; amb una sòlida formació. Cal viure el llibre com a llibre, de la mateixa manera que l’autor ho va viure com a obra. Si l’autor va viure els personatges, les frases i les paraules, l’impressor ha de viure la seva tipografia i la seva confecció. Cada llibre és una mena d’ésser humà que requereix i exigeix ​​una determinada atenció a la seva estructura i a la seva forma; és a dir, a la seva creació. Perquè no hem d’oblidar que l’impressor de llibres no «treballa en llibres», sinó que els crea. Aquest és el secret. Per què, si no, hauria de dir-se mestre impressor?

Article “La impremta i el llibre” per F. Bachs Mensa. Rvta. Ensayo, Butlletí de l’Escola d’Arts i Oficis Artístics de Barcelona.

Marca de Benito Montfort

XQ     XQ    XQ    XQ    XQ    XQ    XQ

Llibreria García Prieto a Madrid

—Recuerdo — le dije — que la primera vez que le vi a usted fue en la librería de ocasión de García Rico Me dijeron que iba usted con mucha frecuencia

—Si, iba mucho. García Rico fué el librero más importante de mi época

—Y, ¿recuerda usted a muchos «pequeños libreros» de ocasión?

—Si. A principios de siglo era muy distinta a como es ahora la geografía de las librerías de viejo en Madrid. En la iglesia de San Luis, en la del Carmen y en la de San Sebastián, había una especie de huecos o covachuelas donde se instalaban unas estanterías con libros de lance. En el Teatro Real, en una pequeña cornisa de mármol, tenía Julio Gómez — ese que está ahora en la Feria del Libro — un tenderete con una cuerda. Luego, me acuerdo también de Pepin, un asturiano que se dedicó a la compraventa de libros, a pesar de que — me parece — no «sabía leer.  Ah ¡ , en la calle Preciados había unos escalones por los que bajaba uno a una tiendecilla de libros. Melchor García, que hoy tiene ya en el gremio una bien ganada personalidad, tenía una cervecería en el mismo sitio donde ahora está su librería. Se asoció con uno del Rastro a quien llamaban el Chanela, pero tuvo muchos disgustos con él. También recuerdo a un tal Flías, medio tuerto, que se metía en un cajón, envolviéndose en una manta, los días de Navidad en que apretaba el frío y desde su refugio atendía a la venta de sus libros. Pedro Vindel, el de la calle del Prado, dicen que había sido mozo de cuerda; le tocó dos veces el premio «gordo». Un día, estaba Vindel en el café de San Marcial, entró una chica vendiendo lotería, y pasaba sin pararse, en cada vuelta, ante la mesa  donde estaba él. Entonces Vindel se enfadó: «Tú crees que no tengo un cuarto y que no merece la pena ofrecerme un décimo. Bueno, pues te voy a comprar un billete, entero». Así lo hizo, y le tocó el «gordo». Y luego, otra vez. En cuanto a Marianito Ortiz, amigo de Azorín, tenía un puesto en los derribos de la Gran Vía . No entendía de libros: sí había pagado por uno

Rastro de Madrid (1929)

tres
pesetas, pedía cuatro, y en paz. Otro que recuerdo es Bataller, un valenciano vendedor de cacahuetes, rubio, con facha de
sabio. Era el marido de doña Pepita,
la famosa dueña de la librería de lance por donde han pasado casi todos los
estudiantes madrileños Este Bataller
era naturista, llevaba siempre una blusa blanca e inventó el «intercambismo», o
sea, como decía él, «la teoría de la supresión de la moneda». «Yo doy un libro,
y a mi me dan una berza», ese era su sistema. Como en tiempos de la Guerra Europea anterior se pagaba a
elevados precios el papel, Bataller
cortaba con una guillotina los márgenes, de los libros, y vendía estos restos a
una peseta el kilo. Yo me enfadé con él por el estropicio que causaba en los
libros:  Es usted — le dije — el Atila de la librería! » «Se equívoca,
señor Baroja — me contestó — yo
siento un profundo respeto por la cultura » Fiel a su credo naturista, acabó no
comiendo más que cacahuetes. Bataller
era socio de Carretero, que tenia
una taberna en la calle de Peralta.
Este Carretero también era
«intercambista». Merece la pena citar a otro librero de viejo, un tal Viñas, establecido en la calle de la Luna, que había sido, sargento en Cuba , vino a Madrid y se desesperaba de haber venido a la «madre patria», como
él decía, porque se le ocurrió asistir a un baile de Capellanes (de la calle de éste nombre) y había creído que por ser
«de Capellanes» no habría máscaras y sería una cosa seria. Pero si había
máscaras, y una de ellas fué una viuda con la que acabó casándose

 —Y, ¿cuándo se sistematizó la profesión ?

 —Lo que más contribuyó a ello fué la
publicación, en 1912 ó 1913 
del catálogo de García Rico,
un grueso volumen preparado por el yerno de este, Ontañón. Era un buen índice para saber el valor de cada libro Había
unos 10.000 ó 12.000 títulos. Esto «despejó» a todos los libreros.

 — ¿Ha podido usted encontrar muchas «gangas»
en las librerías de lance, libros de valor desconocido para el librero?

 —No, no — me contesta Baroja, riéndose —, en absoluto. Mire usted, en París andaba yo buscando el «Tablean de l’ inconstance des mauvais anges
et démons
», un libro de Pierre
Delancre
sobre la brujería en el país vasco. Le dije a un librero: «Mil
francos le doy por él». Pero el libro parecía que se lo había tragado la
tierra. Al cabo de dos años, vi que estaba esa obra en un catálogo por 200
francos. Entonces escribí a París,
sin darle mucha importancia a la compra, y me mandaron el libro. El caso es no
demostrar un interés demasiado vivo, como hice en una ocasión anterior mandando
un telegrama para que me enviasen una primera edición del «Examen de Ingenios», de Huarte.
Se dijeron : « ¿ Un telegrama ? Que pague el doble.»

—¿Recuerda
usted algo de los libreros de lance en Barcelona?

—Allí
conocí a un librero anarquista Me regaló unos tangos que editaba él. Una vez
fui, con Junoy al Centro anarquista de la calle de San Pablo, y allí estaba el librero,
estuvimos oyendo los discursos y yo me puse en contra de ellos, «diciéndoles
algunas cosas que se me ocurrieron contra sus teorías. Pues bien, al cabo de 25
años, estando yo en Barcelona,
almorcé un día con Junoy en la Barceloneta, después fuimos a Atarazanas, y Junoy me indicó un puesto de libros viejos «Mire Baroja, ese no quiere vender libros
sobre la guerra porque es anarquista» . Entonces vi con sorpresa que el hombre
me recordaba. Era el librero de veinticinco años antes. Habría que repetir el
tópico de que el mundo es un pañuelo algunas veces. Si, pero otras veces es  una sábana inacabable. R.V.Z. “Entrevista a Pío Baroja”, a la revista Destino, n. 405 del 21 d’abril de 1945.



Feria del Libro, Madrid, 1944

Read Full Post »

““La tradició catalana en relació al llibre ve de molt lluny: no només es va editar a València el primer llibre i a través d’aquestes terres es va introduir la impremta a la península, sinó que l’antecessor del gremi de llibreters es remunta al segle XVI, època en que estava constituït sota el nom de “confraria”. Segles d’arrelament, doncs, té el llibre a Catalunya. No és estrany que la iniciativa de celebrar les fires de llibres naixés també entre nosaltres, ja que se sumava amb la llarga tradició, secular, de les fires de tota mena que tenen lloc a Barcelona de manera constant. La Fira del Llibre Vell1, en concret, és la de més llarga continuïtat: 26 anys sense interrupció, que la situa com la més veterana de les que se celebren en els nostres dies.

Els començaments de la Fira van venir marcats per la competència entre el llibre vell i el nou, que s’establien per igual en les parades que la ciutat muntava per Sant Jordi, dia del llibre. La diferència entre els preus i els descomptes confonien el públic i creaven tensions entre tots dos gremis. La solució va ser salomònica: el llibre nou es quedava amb Sant Jordi, i els llibreters de vell muntaven la seva pròpia fira. La primera va ser l’any 52 i es va establir precàriament a la Plaça Universitat: només unes taules de fusta, el material exposat sobre els taulons i el risc d’haver de “plegar” si plovia. Van participar, en aquella ocasió, vint llibreters. L’experiència va ser positiva i es va repetir en els anys següents, fins que les obres de metro van obligar a canviar d’ubicació. La Fira, amb constància, va anar desfilant per Balmes, Rambla Catalunya, a Gran Via, fins a acabar al Passeig de Gràcia. I, paral·lelament, van anar naixent petites fires permanents, també itinerants a causa de la persecució del metro: primer van ser unes vint parades que es muntaven els diumenges al Paral·lel, després a l’Avinguda Mistral, més tard enfront de les Drassanes – mercat diumenger que va aconseguir gran prestigi – i finalment va quedar establert al Mercat de Sant Antoni, encara que els qui posen allà la seva parada són llibreters aficionats que en dediquen només els diumenges.

 El món de el llibre de vell té una llarga història i va cobrant una clientela progressivament més gran. L’èxit de les fires – muntades sempre al voltant de les Festes de la Mercè – contribueix a popularitzar aquesta especialitat entre el públic lector. Però durant tot l’any, en uns establiments de marcada tipologia, el llibre vell està a l’abast de l’interès cultural del públic. Prestatgeries desordenades, taules atapeïdes de volums groguencs, paquets, pols, donen el marc tòpic per al col·leccionista i el curiós que entra a buscar un llibre editat fa cinquanta anys o un exemplar determinat o una revista modernista que li falta per completar la col·lecció. El material de les llibreries ve generalment de les biblioteques que es posen a la venda quan el propietari mor o quan el trasllat de casa fa impossible emportar-se els llibres. Després, ordenats els volums queden a l’abast d’un públic també particular. El llibreter vell generalment ho és per tradició familiar. No obstant això, en la majoria dels casos, els fills obren el seu propi negoci. Aquesta continuïtat generacional en la professió és deguda a la passió que envolta el món de el llibre i qui es dedica a això té un veritable amor pels volums atrotinats, per la “troballa”, i l’ambient sol contagiar als seus descendents. Quan un llibreter compra un lot de llibres, el revisa acuradament: coneix cada volum i pot comentar-ho amb el possible comprador, es queda per a la seva pròpia biblioteca els que li interessen. Això dóna a les llibreries de vell unes característiques pròpies, un ambient de bohèmia cultural que es manté al llarg dels anys. No és estrany que encara es formin espontàniament tertúlies en els establiments. El comprador comença el diàleg molt més amistós que el que pot produir-se en una llibreria de “nous” -, algú se suma a la conversa i ja està format el cercle: s’asseuen sobre un paquet de llibres, perquè les cadires solen estar ocupades per piles de volums, i els temes llibrescs deriven cap a xerrades culturals o polítiques. Els participants habitualment no es coneixen, ni la tertúlia té una hora fixa. Sorgeix de manera natural i acaba sempre amb la compra de llibres.

El públic és tan heterogeni com el material que s’ofereix. Hi ha el col·leccionista que busca un tema concret: vaixells, aviació, automòbils. O la senyora que recorda les novel·les que llegia en la seva joventut i que vol tornar a tenir a mà. (La Creu de Caravaca, llibre sobre superstició, és el gran èxit de vendes entre aquest tipus de client). Està també el col·leccionista que paga preus elevats per peça antiga o de gran qualitat. Entre la gent jove té enorme importància la revista cultural, els còmics o els gravats antics. No obstant això, la font d’alimentació del llibreter de vell – les biblioteques venudes en bloc – s’està esgotant, perquè difícilment les famílies es desprenen d’elles o perquè la tradició de la biblioteca cultural de qualitat també està desapareixent.

El llibreter de vell ha jugat, també, un paper important durant el franquisme i ha estat un puntal de la resistència cultural i ideològica. En dos sentits: d’una banda, perquè tenia a la venda edicions “d’abans del 36”, d’autors prohibits després per la dictadura. Així, els que sabien cercar, podien llegir a Marx o comprar els poemes de Miguel Hernández. En el cas de la cultura catalana, perseguida pel franquisme, aquesta permanència del llibre català en moments en què era impossible editar-lo, va tenir una incidència fonamental. Les velles edicions solien salvar les inspeccions per ser considerades “folklore” i clàssics com Ausiàs March compartien els prestatges amb perseguits com Salvat-Papasseit. El mateix passava amb el teatre, i eren freqüents els centres culturals que acudien a buscar obres catalanes per representar-les a porta tancada per cercles reduïts. L’altre aspecte d’aquesta resistència sobrepassava els límits estrictes del llibre: era la venda dels títols prohibits. “Ruedo Ibérico” o “Edicions Catalanes de París” tenien les seves boques de sortida en les “rebotigues” d’aquests establiments desordenats i polsosos. La relació amb els clients, les llargues converses, creaven la confiança necessària per demanar un títol o per oferir l’última novetat arribada des de l’altre costat dels Pirineus. Hi ha qui fins i tot ha fet bons negocis amb el gènere eròtic, molt abans de l’actual obertura.

Com es fixa el preu d’un llibre? Sempre és a discreció del llibreter, que jutja la qualitat del material que posa a la venda. En aquest tipus de llibreries solen vendre les restes d’edició d’obres relativament noves i els exemplars són de preu reduït. Els llibres antics, en canvi, es cotitzant segons els seus anys, la seva edició i la seva existència. Les obres de bibliòfil – edicions reduïdes, numerades, amb aiguaforts o gravats de fusta – poden arribar a qualsevol preu. Són exemplars per a col·leccionistes i en aquesta edició de la Fira n’hi ha que costen prop de 100.000 pessetes. Però valen la pena: una edició de la “Divina Comèdia“, un incunable, obres veritablement úniques que són avui una inversió rendible. Les obres dedicades per l’autor també es cotitzen més. L’oferta i la demanda també juguen el seu paper en la fixació dels preus. Però és norma en aquest tipus de tractes el regateig entre client i venedor, en el qual sol guanyar aquest últim.

Aquest món en certa manera fascinant té la seva actual expressió a la Fira instal·lada al Passeig de Gràcia. Dels 110 llibreters registrats a Barcelona, ​​uns 80 han muntat el seu “stand” en l’artèria barcelonina. El fluir de públic, de tota edat i condició, és constant, la qual cosa assegura l’èxit dels dos objectius de la Fira: l’econòmic i el de promoció del llibre. La clientela de les llibreries augmenta a mesura que la gent descobreix l’aventura de “remenar” entre els vells volums. Tant és així que el mateix gremi considera que sense la Fira seria molt difícil la subsistència del negoci.

Però darrere d’aquesta bulliciosa presència al Passeig de Gràcia, s’amaga la trama de la deficient estructura cultural de l’Estat i, per tant, també de Catalunya. La Fira costa – des de les instal·lacions que realitza una empresa privada fins als actes oficials que comporta – més de cinc milions de pessetes. Cada llibreter paga el seu propi “estand”, triant l’espai que vol ocupar per a la seva parada. En els 26 anys que porta la Fira, les subvencions oficials han estat escassíssimes. L’Ajuntament col·labora indirectament, oferint les cartelleres per a la promoció i atorgant l’excedència del cànon municipal a la venda al carrer. La Diputació, que aquest any no ha donat cap subvenció, va aportar l’any 75 la vergonyosa quantitat de 25.000 pessetes. La responsabilitat més gran en aquest tipus d’ajudes recau, sens dubte, sobre l’Institut del Llibre. La seva aportació econòmica no ha passat mai de les 150.000 pessetes, que no cobreixen ni l’1% de les despeses que ocasiona el muntatge de la Fira. No obstant això, la mateixa institució va brindar dos milions i mig de pessetes per a la Fira de Llibres nous, que es va realitzar l’any passat, en vistes de l’èxit aconseguit per la Fira del Llibre de Vell. Aquesta discriminació és inexplicable i ha causat una forta tensió entre el gremi i l’Institut. Cal destacar, també, que la decisió no ve de la delegació a Barcelona, ​​sinó que – visca el centralisme! – ve de Madrid. Les relacions entre el gremi i l’Institut poden acabar si la col·laboració no es fa més “ostensible” …

L’èxit de la Fira barcelonina ha fet sentir la necessitat de muntar una semblant a Madrid, amb participació de llibreters de tot l’Estat. La primera es va dur a terme aquest any, amb un resultat molt satisfactori, encara que amb una participació encara reduïda. Pel que fa a la de Barcelona – a la qual també estan convidats llibreters d’altres punts de l’Estat – hi ha la intenció de convertir-la en internacional en futures edicions, a través dels contactes establerts ja amb organismes europeus. Malgrat aquest reiterat èxit, la majoria dels llibreters coincideixen que la cultura segueix estant desprotegida oficialment i que les iniciatives sempre parteixen dels estaments privats. Amb una excepció històrica: la de la Generalitat, durant la República. Com molts altres sectors del nostre país, posen la seva esperança en el pròxim període autonòmic i ja pensen en reconstruir organismes existents llavors, com la Càmara del Llibre, que va ser dissolta amb la dictadura i reemplaçada per l’Institut del Llibre. Mentre esperen aquesta “bona època” i aquesta necessària protecció a la cultura, van desenvolupant la seva activitat i tirant endavant les seves iniciatives. Gràcies a moltes coses com aquestes, Catalunya ha pogut resistir els quaranta anys de silenci “.

Article: “El món de les pàgines grogues” de Patricia Gabancho, a la Rvta. Destino del 29 de setembre de l’any 1977; p-30-31.

  1. Va ser la Fira(1977) amb més llibreters, 80.  Les dues anterios van tenir 70 llibreries i les Fires següents van començar a anar a la baixa. 1978: 53; 1979: 59; 1980:61…)

XQ     XQ    XQ    XQ    XQ    XQ    XQ



“El decálogo
del bibliófilo

1.
Sé cauto en la elección de tus libros y no emplees tu dinero en la adquisición
de obras mediocres y mucho menos nocivas, porque la vida es corta aun para
hojear parte de los libros buenos.

2.
Ten presente que el valor de una biblioteca no consiste en el número, sino en
la calidad de sus obras, y que el problema más difícil que tiene que resolver
un bibliófilo es el de formarse una biblioteca selecta con el menor número de
libros posible.

3.
No te fíes en tus adquisiciones únicamente de catálogos y boletines de
libreros; guíate por las opiniones de críticos serios y mejor aún por los
consejos de eruditos y especialistas.

4.
No vistas un libro de un peso con pasta de diez, y viceversa, ni lo entregues
en manos de cualquier artesano, porque una mala encuadernación hace rebajar y
hasta perder el mérito del libro más precioso.

5.
No estampes tu sello o firma en las hojas de tus libros; la mejor marca de
propiedad es el ex-libris, que en vez de afearlos los adorna.

6.
No guardes tus libros en cómodas o estantes cerrados, porque el aire les es
necesario para su conservación y procura tenerlos a cubierto del sol, del
polvo, de la humedad y de los animales, y lejos del agua, del fuego, del aceite
y de toda suciedad.

7.-
Trata los libros con el cuidado que exige todo objeto precioso y delicado; no
mutiles ninguna de sus partes; abre sus pliegos con una plegadera y no con
otros objetos; no coloques sobre ellos, cuando estén abiertos, otros libros; no
los emplees en usos ajenos a su objeto, y menos los profanos sentándose sobre
ellos.

8.-
Úsalos con toda delicadez y respeto, anótalos con discreción; jamás los tomes
con las manos sucias; no te mojes los dedos para voltear sus hojas; no
introduzcas entre ellas lápices u otros objetos, no dobles sus esquinas a guisa
de señales.

9.
Sé tu propio bibliotecario y haz por tu mano el inventario y el catálogo de tus
libros, lo que te dará mejor conocimiento de ellos y te facilitarà notablemente
su consulta.

10.
No pongas tus libros en manos de enfermos, porque son transmisores de
enfermedades, ni tampoco los prestes, porque si acaso vuelven a tu poder, serán
maltratados y estropeados.

En el llibre: El libro: epítome de bibliología, IGUÍNIZ, Juan B., Porrúa, México, 1998.



 

Read Full Post »

Llotja

“Al mes d’octubre últim, es va celebrar a Barcelona una interessant exposició de gravats en fusta a tot color, que va ser oportunament visitada pels alumnes de la Classe de Gravat del grup de les Arts de el Llibre de la nostra Escola, als que va acompanyar el qual subscriu.

 Els gravats que es mostraven en aquesta exposició, que va patrocinar l’Excm. Ajuntament i el que va tenir lloc al local de l’antiga capella de l’Hospital de la Santa Creu, procedien de l’Exposició Internacional de Xilografies en Color, organitzada pel Museu Victòria i Albert de Londres, que després va ser recorrent diverses ciutats angleses, transportada després a Europa continental, on va ser exhibida a Brussel·les, París, Roma, Praga i Barcelona i finalment ha estat enviada a Amèrica del Nord, on així mateix recorrerà les principals ciutats.

Va ser Barcelona afavorida amb l’enviament d’aquest notable conjunt internacional de xilografia en color, per haver estat únicament artistes barcelonins els espanyols que van concórrer a l’esmentada exposició, i gràcies, com ja he dit, haver-la patrocinat l’Ajuntament de la nostra ciutat.

 Es van exposar 209 obres degudes a 120 artistes de 25 països diferents corresponents a les cinc parts de món, el que atorgava a aquesta exposició el legítim dret a titular-se mundial.

 En aquesta important reunió d’obres xilogràfiques, les havia de molt variats conceptes i tècniques, abastant des del realisme clàssic el més abstracte decorativisme, passant per l’expressionisme, el surrealisme i molts altres ismes menys definits, sent aplicades les tècniques, des del més ortodox ofici xilogràfic al més lliure «aconsegueix-lo com puguis».

Indubtablement va ser de gran interès poder contemplar i estudiar detingudament tanta varietat de procediments, aplicats tots a aconseguir l’estampa xilogràfica a tot color.

 La primera impressió davant tal varietat era una cosa desconcertant, sobretot per als no iniciats en les grans possibilitats del gravat en fusta, però pel mateix era incitant i en extrem alliçonador el seu estudi acurat.

 Resumirem breument les deduccions resultants de les nostres visites.

 Es podria dividir el gran conjunt en dos grups essencials: el que posava tot l’esforç en el gravat de les planxes per aconseguir amb elles un nombre determinat de proves exactament iguals, i el que recolzant-se en unes planxes a penes desbastades per les eines de gravar, fiava el principal a la feina d’estampació, de manera que, a causa d’una gran intervenció de l’atzar, es limitava enormement la missió del gravat, de donar nombroses proves exactes.

 No obstant en l’exposició tenien aclaparadora majoria les obres pertanyents a aquest segon grup.

 Dels països orientals, Xina exposava obres de nou autors que mantenien dignament la tradició de les seves estampes, amb interpretació poètica del paisatge i encapritxat tracte dels més humils elements de la natura, utilitzant el gravat a ganivet i l’estampat a l’aigua amb tècniques tradicionals , si bé manejades amb mes llibertat, que al costat de certs temes d’actualitat com «la construcció del dipòsit de Kuan Ting, de Wang Chi, donaven el conjunt la justa nota de modernitat.

 En canvi l’enviament del Japó s’allunyava completament de les seves genuïnes estampes que tanta fama li van donar. Res indicava que aquests gravadors nipons fossin els successors de Kironaga, Sharaku, Hokusai, Hiroshique, i tants altres mestres que amb els seus subtils però intenses interpretacions de l’home i del paisatge van arribar a influir granment en les directrius de l’art europeu de finals de segle passat i el record del qual encoratja encara en les produccions dels seus veïns de la Xina. Per contra, són les modernes tendències europees i nord-americanes, especialment les abstractes, les que donen peu als moderns xilògrafs japonesos per les seves estampes de grans formats a força de taques de color, seguint de vegades ritmes geomètrics amb deixos de cubisme, i en ocasions amb un tímid suggeriment figuratiu. Així mateix l’art de l’estarnpació manual a l’aigua de què eren mestres inimitables ha estat menyspreat i substituït pel usat per la majoria dels estampadors nord-americans a força de superposició de tintes mats i brillants, transparents i opaques, més amb una fi simplement decorativa d’impacte objectiu i satisfacció materialista, ben diferent del gaudi íntim i profund derivat de la contemplació de les seves antigues estampes, tan racials, tan delicades i deliciosament suggestives.

 Els Estats Units i Canadà, amb Gran Bretanya, Holanda i altres països nòrdics, formaven el conjunt més nombrós en aquest apartat d’extrem modernisme, sense voler dir que en els altres països no es donessin casos de semblant orientació, ni que entre les obres dels citats no es pogués trobar més d’una, d’arrel clàssica encara que fos aconseguida sota conceptes i recursos tècnics moderns.

 Espanya, Itàlia, França i països centreeuropeus on han existit nuclis de producció i d’ensenyament del gravat donaven el major contingent de gravadors coneixedors de l’ofici, i els seus enviaments, en general de menors dimensions, eren en canvi veritables lliçons del bé gravar la fusta i de perfecte estampat.

 Hem de tenir present que l’exposició la constituïen gairebé únicament, estampes, amb exclusió, descomptats pocs casos, de la il·lustració del llibre.

 L’estampa lliure no exigeix ​​naturalment amb tant rigor com la il·lustració del llibre, l’exactitud de les proves, que solen a més reduir-se a un nombre exigu. Per això el procediment tant del gravat de les planxes com el d’estampat pot ser així mateix molt més lliure, permetent recursos extrems com l’ocupació de diferents fustes i tot de diferents materials com fusta i linòleum o material plàstic i tintes de naturalesa contradictòria com les transparents i opaques en una mateixa prova.

 Per la mateixa raó poden aprofitar-se en l’estampat manual recursos derivats de la qualitat porosa o irregular de les matrius gravades sotmetent-les a diferents pressions o simples i encara parcials fregaments que eleven a infinits efectes possibles, tot i que molt difícil per no dir impossible d’aconseguir dues vegades iguals, el que dóna a les estampes així tractades caràcter gairebé de monotip.

La lliçó principal que donava l’exposició que comentem, era indubtablement més que d’ordre tècnic, tot i ser aquest molt important, d’ordre estètic.

Les orientacions canvien, se succeeixen modes i maneres però és evident que sempre produeixen obres interessants i obres vulgars, obres belles i obres repel·lents, siguin quins siguin els conceptes que les informin i les tècniques que s’utilitzin. Hem, doncs, acceptar tota mena de recerca en els terrenys conceptuals i tècnics i procurar adaptar el resultat a la nostra manera de sentir, evitant en el possible la pèrdua sensible de personalitat i sobretot evitant el culte repulsiu del tremendisme que a tants excessos ha portat als artistes, ja siguin comesos amb fórmules acadèmiques o revolucionàries.

El bon gust ha de prevaler si en realitat es pretén fer obra d’art.

            “Gravats xilogràfics en color”, per A. Ollé Pinell, Ensayo, 7, 1956.

XQ    XQ   XQ   XQ   XQ   XQ   XQ

“Todos hemos tenido esa época de fiebre, de locura por el libro, precisamente en los años que los medios económicos no están en relación con nuestro afán desmedido de leer y, rara es la biblioteca de los hombres sin fortuna, donde no abundan los libros adquiridos por “muy poco dinero” en los mercados de lance.

Con clamor de gratitud, hemos de reconocer que a esos libros debemos en mucha parte, el gran favor de la cultura adquirida, pero es innegable que, cuanto ganamos en conocimientos y ecomomía, estuvimos expuestos a derrocharlo en salud. Si hubiéramos refrenado nuestra avidez de lectores con la serenidad meditativa del buen sentido, sin menos prisas y con poca diferencia de monedas, nuestro hubiera sido siempre el goce del libro nuevo, refinamiento intelectual que tanto agrada al espíritu. Se me podrá objetar, que el libro de lance es fácil para las manos con más polvo de pobreza; que sin ellos, la cultura sería privilegio de la gente adinerada, y que, gracias a las ferias de los libros cochambrosos, es como el proletariado ha podido iniciar su evolución en el orden cultural. Contra estas afirmaciones que no carecen de lógica, podemos permitirnos la réplica sensata de que, para el no pudiente, el Estado dispone de bibliotecas donde sin ningún dispendio se crean masas lectoras. Pero de esta manera, también se le priva al pobre la modesta propiedad de lo que lee y el placer del libro virgen que es nuestro punto de bien. Si España fuera una nación gobernada con afanes de cultura verdadera y el tópico del analfabetismo, más que banderín político, fuese máxima vergüenza colectiva, del mismo modo que el Estado y los municipios cuentan con hospitales, casas de socorro y farmacias para atender a los necesitados, debieran disponer de librerías, en las que con la “receta de pobre”, el enfermo de sanas curiosidades, pudiese curar su espíritu del cáncer de la ignorancia. Desgraciadamente, esto no deja de ser una fantasía luminosa, y planeando en la realidad, creemos que, a más de las bibliotecas, para que el lector sin medios guste el momento feliz de abrir su secreto al libro, más que la prenda de lance, le interesa la módica suscripción, que le dará el libro nuevo, limpio de oscuros contactos. Un libro nuevo, desde que brinca del estante a nuestra mano ya es algo íntimo que nos acompañará hasta nuestro fin y será más tardes sombra de continuación por el respeto con que los hijos han de tratarlo después. Por sobrevivirnos ellos, alargarán la sombra de nuestro paso en materia. Con nosotros empezará su historia y solo a nuestros dedos agradecerá efusivo – entre el revuelo de hojas -, la delicada ternura puesta en su desfloración. Cuando adquirimos el libro de lance, alguna vez hemos tenido idéntico pensamiento: “ ¿ Quién fué su dueño anterior?” Y sin proponerlo, hilvanamos una sucesión de reflexiones amargas, intentando bucear en el enigma histórico del libro, que juega en escalones de preguntas: “¿ Qué gesto de miseria le habrá vendido por un puñado de cobre?! “ ¿ Cuántos zigzags ha trazado de ida y vuelta al mercadillo con servidumbre de esclavo viejo?” “ ¿ En qué mesa ha dormido?” “ ¿ Lo acarició un enfermo?” “ ¿ Lo estrelló contra la pared un loco?” El libro usado viene con crucifixión de notas, de manchas, de páginas dobladas por sus cantos, de nombres rubricados por personas que nunca conoceremos, de hojas secas que un día pudieron ser signos amorosos y ahora son un incubador de microbios… Nos costó barato el libro, pero traía aroma repugnante de humedad y tufo rancio de vejez. Lo hojeamos sin alegría, y aunque amamos su lectura, al darle meta de fin – ¡era tan poco su precio! – en el estante peor, ganó un sepulcro de olvido. El libro nuevo: el que abrimos nosotros y gustamos el placer indiscutible de adquirirlo con esfuerzo, nunca puede quedar huérfano de instintivas atenciones. Por lograrlo, hemos sacrificado otro capricho y si su letra impresa nos seduce haciéndonos esclavos de sus líneas, gustaremos la compra con sabor de golosina interminable. No es desprecio a la humildad de los libros derrotados. También tuvieron la época feliz de juventud y sabe Dios cuántas inteligencias iluminaron sus páginas amarillas. Pero nuestra seña de hoy, habiéndole al lector del goce del libro nuevo y del peligro del viejo, no encierra mayor cuestión que un aviso de buen gusto y una reflexión de higiene.

          Article: “Goce de los libros nuevos”, d’Alfredo Sendin Galiana, a la revista Gaceta del Libro ( València), nº 12 d’octubre de l’any 1935.

 

Read Full Post »

“EL gust dels vells papers pintats, de les guardes dels llibres no está gaire despert. Es molta la gent — àdhuc la més cultivada d’esperit — que agafa un llibre vell, un exemplar segle XVIII, sense dar-se el goig d’anar descobrint, tot acaronant-les amorosament, les secretes belleses que’l llibre conté, per la seva relligadura, per la impressió, per la matèria del paper i de la pasta, que pot fer gaudir una sensació agradosa al tacte, el sentit que més despert hauríem de tenir, el sentit més vital de tots, que posa en contacte amb la vida aquell que manca de vista, d’oïd i de paraula. Agafar un llibre i saber-lo saborejar abans de llegir-lo és una bona preparació per a l’exercici espiritual de la lectura; és posar l’ánima contenta i jove per a que pugui rebre més amorosament les impressions que hem de rebre; és avivar la intel·ligència amb un goig estètic: desperta els sentiments. I avivant el sentit de la vista i del tacte s’aviva la comprensió de l’enteniment.

 El cultiu d’aqueix gust — com de tals altres—depura l’esperit; però devegades dona lloc a que el gust es transformi en fetitxisme. l tot fetitxisme és i ha estat sempre una aberració. Qualque vegada trobem la incongruencia de qui ja tant sols vol el llibre no pel séu contingut espiritual, sinó per la presentació del séu continent. No saboreja les perfeccions tipogràfiques i l’encís de la decoració de la relligadura per a preparar- se a bé llegir, no. Es aqueix el que vol l’art per l’art, sense cap més trascendencia. I limita el camp de la seva activitat a l’entusiasme de la contemplació.

 Entre les sorpreses que’ns guarden els llibres, aquests llibres vells que tenen el caire de les fulles pintat de groc, que tenen el llom repelat, hi ha la dels papers pintats de les guardes. Ara moltes vegades són blanques, o bé són papers pintats amb mitjans industrials ràpids, no sempre molt encertada la decoració. La guarda del llibre, que és el primer i l’últim full de paper que posa l’enquadernador a cada volum, ha estat objecte d’un treball especial, havent creat un art, donant vida a una indústria.

Segurament que aqueixos papers pintats per a les guardes dels llibres — que teníen una gran boga, singularment en el segle XVIII— procedeixen dels papers pintats de les decoracions murals. Paper que’s devía utilitzar, per a facilitar els treballs, de retalls i desperdicis del paper de pared, i que després, anant-se extenent el costum, convertint- se en necessitat, va especialitzar-se donant lloc a un art propi, que ha sofert, com totes les arts, períodes d’evolució, de manera que avui podem distingir entre els papers per a les guardes, obres de primitius, obres clàssiques i obres acadèmiques; mostres de mà mestra, altres d’un període floreixent i altres de tendència; refinaments de bon gust i expressions de grolleria. Un sentit rudimentari, primer, de la decoració, que a poc a poc es va formant i complicant fins que arriba a un alt lloc d’opulència munífica.

El paper per a les guardes de llibre té, com tot paper pintat, un origen xinès. Des del segle XVI importat a Europa per hol·landesos i espanyols fins avui ha corregut una gran trajectoria. Primer es pinta a mà, grollerament; després s’estilitza un poc, i la industria de l’home inventa la trepa per anar repetint els motius i per a facilitar la feina. El paper pintat es converteix en una gran indústria, que anirà floreixent a les darreríes del segle XVIII, a Anglaterra, a França, amb Reveillon, a l’arrabal de Sant Antoni, a Bixheim, a Metz, a Lyó, a Epinal, a Mons. L’extensió del paper pintat ens va acostant vers la democràcia i l’art popular. Primer sols podíen cobrir els panys de pared els grans magnats i prínceps, amb cuiros policromats, amb tapisseries. El paper pintat s’estén arreu, i cobreix tota la nuesa de les pareds fredes. El primer assaig de decoració es un motiu tímid, molt poruc, molt; després acaba amb un gros esclat de detalls botànics, de vegetació tropical, amb un gran sentit de la composició general. La flora i la fauna donen pretextes als artistes. I per últim les històries d’amor i de guerra. En part, dintre d’un cercle reduit, se segueix la mateixa marxa que per a les grans composicions dels tapissos. Els episodis, com en algunes teles — de Pau i Virgínia — abunden i es repeteixen amb una profusió realment meravellosa.

Peró parlem dels llibres. Com hem dit, la decoració del paper per a guardes dels llibres va constituir una especialitat. En alguns punts, com a Alcoy, a Espanya, els començos de la decoració són veritablement primitius i rudimentaris. Es comença per l’esponjat. L’obrer, no en podem dir encara l’artista, aixopa una esponja en colors, i amb ella, sense cap art, surti el que’s vulgi, va pintant el paper, obtenint devegades efectes inesperats. Després l’obrer rudimentari va despertant el séu enginy; amara un full de paper de pintura, i amb una pua de fusta fa cercles concèntrics, que s’ajunten, que se separen, amples i estrets, gruixuts i prims. I es dona una nova varietat a la decoració. Després venen els jaspiats i s’utilitza el fel de bou. I per últim els gravadors al boix van complicant el motiu decoratiu fent- lo més ple, més complet. I venen després els ferres. I venen els ors i les riqueses.

 I anant fullejant aquestes guardes de llibres, o una col·lecció — com per exemple la d’En Alexandre de Riquer, que és de les més completes que’s coneixen — es pot veure, es pot anar seguint tot l’estat de la cultura i de la civilització dels pobles a travers d’una època. Mirem les darreríes del segle XVIII i trobem aquests pobrets papers d’Alcoi, o catalans, amb esponjats, amb decoracions de pua de fusta. I comparem -los amb l’esplèndida opulència dels papers austriacs per a les guardes dels llibres, esplèndids, rics, fets amb art de pur refinament, amb àligues imperials, amb escuts de noblesa. No és que aqueix art de luxe faci despreciar l’altre pobre. Moltes vegades ens encisarà més un rudimentari motiu de decoració d’un gravadet al boix que tot un opulent paper amb motius d’argent i d’or.

Vells papers : “Guardes de llibres” per  R. J., a Vell i Nou, núm. 33, 15 set 1916.

XQ   XQ XQ   XQ  XQ  XQ  XQ

XQ    XQ    XQ    XQ    XQ    XQ    XQ

“Nada hay nuevo sobre la tierra,—Hé aquí una sentencia mil veces y en mil idiomas repetida y que no dejará de estrañar á los lectores de nuestra pequeña revista, amigos, por ende, de lo nuevo, de lo avanzado de lo modernísimo.—Y sin embargo, la sentencia es tan verdadera como antigua: lo propiamente nuevo, lo original en absoluto, lo sin precedentes ni abolengo está todavía por descubrir. Desde los primeros chinos civilizados acá, todos los géneros literarios, todas las formas artísticas se han intentado. Como si quisiera el hombre demostrar el poder de su inteligencia soberana  ha cerrado ya el círculo de sus universales conocimientos, apoyándose en lo que sabe para adivinar lo que ignora.—Se ha dormido el hombre del pasado durante la noche, pero en sus labios se dibuja una sonrisa, anunciándonos que ha previsto la aurora del porvenir. Podréis vosotros gozarla de un modo más adecuado, podréis analizar los colores de sus nubes y sentir la frescura de sus rocíos, pero la impresión estética de aquel incendio triunfante, la íntima satisfacción del que descubre la luz, la sintieron ellos, los hombres del pasado, vuestros buenos abuelos, lo mismo que vosotros, hombres del presente, abuelos á vuestra vez de nietos sapientísimos y de hombres modernos por venir.

 Tomaos la molestia de repasar algunos libros viejos: no es una faena desagradable, os lo aseguro. El pergamino de las cubiertas que cruje y se retuerce como la piel seca de una momia; las hojas blandas, húmedas siempre; la impresión extraña y de un negro atenuado en rojo, sobre el papel amarillento, la ortografía caprichosa y pintoresca; todo el pequeno volumen, en fin, tiene un aire tan cándido, tan sencillo, tan de abuelo desengañado y poco figurón, que convida á leerlo, que seduce y obsesiona ligeramente. —Y una vez leído, y una vez estudiado y una vez vuestra alma de hombre moderno puesta en comunicación con el alma vieja del autor del libro viejo  ¿qué descubrís? Hablando sinceramente ¿os sentís superiores al que escribió el libro de Job? ¿La poesía es más grande hoy que en tiempo de Homero? ¿Somos más sutiles y refinados que Horacio? ¿Verlaine resulta más obscuro, más misterioso que Persio? ¿Es Apuleyo menos escatológico que Zola?— He aquí, pues, la gran enseñanza que trasciende de la lectura de libros viejos. Una ecuanimidad, una indiferencia tranquila y una serenidad de espíritu que confortan y regeneran.—El lector profundo de libros viejos deseará ver, aunque no logre hacerse ver; desengañado del estilo, se irá derecho al fondo y procurará como los autores que he citado dormirse en la noche del pasado, pero con la confiada sonrisa del que ha presentido y abarcado el porvenir. Un libro viejo es como un vino rancio, bebido á sorbos junto á un buen fuego: nos conforta y nos inspira sueños

Article: “Los libros viejos”, en el periòdic Luz de desembre de 1898.

Read Full Post »

« Newer Posts - Older Posts »