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Archive for the ‘Old books’ Category

Com parla el llibre al lector:

 1.-No m’ obris per simple curiositat.

 2.-No humitegis la gemma dels dits per voltar-me els fulls. No tussis ni esternudis sobre les meves pàgines. No em toquis sinó amb les mans netes. Medita què, doncs podem trobar-nos novament, et desagradaria de veurem envellit, tacat o trencat. Així, procura conservar-me net i el millor que et sigui possible. En canvi, jo pagaré el teu bon tractament ajudant-te a ser feliç i proporcionant algunes armes per a la lluita per la vida.

 3.-No facis cap senyal o anotació a les meves pàgines ni amb la ploma ni amb el llapis. Escriu les teves anotacions en un quadern ben portat.

 4.-No m’ aixequis en alt prenent-me per alguna de les meves tapes; i quan em llegeixis, no et recolzis en mi amb els colzes ni amb els braços.

 5.-No em llegeixis ficat al llit amb el cap sobre el coixí.

 6.-No em deixis obert ni tornat de l’inrevés, besant amb les meves pàgines la taula o pupitre. No col·loquis mai entre els meus fulls una portaplomes, un llapis ni un altre objecte que sigui més gruixut que un full de paper. Si quan suspenguis la lectura tems no recordar la pàgina, no pleguis el full ni dobleguis els seus angles. Fes servir com a registre una cinta o una tira de paper, que són senyals inofensives.

 7.-Si em prens d’una biblioteca circulant, pensa que no he de acompanyar-te sinó el temps estrictament indispensable, ja que sol·liciten la meva companyia i el meu consell altres lectors. Si em compres, no m’amaguis, com amaga el seu tresor un avar; dóna’m en préstec als que no em coneguin o no em puguin adquirir, o propaga el bo que hagis trobat a les meves pàgines.

 8.-Recorda que sóc el mestre que instrueix sense paraules dures i sense còlera. Si em preguntes, res que sàpiga t’amagaré. I fins i tot si em desconeixes, mai em queixaré.

 9 – Llegeix-me lentament i rellegeix-me, sempre amb el llapis a la mà. Discuteix amb mi procurant posar-te en el meu mateix pla mental, sense que el teu esperit estigui unilateralitzat, ni previngut intel·lectual o afectivament per sistema, i, sobretot, que raonis per esbrinar la veritat, no per a triomfar sobre mi o sobre els que et combatin, ni perquè te n’enfotis per trobar-me defectes i errades.

 10.-Quan em vegis en una vitrina i no sàpigues qui és el meu autor perquè no està precedit de fama, no em menyspreïs. Compram i llegeix-me.

H. Maxon.

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El ratón de biblioteca de Carl Spitzweg, 1850

“Bibliofilia es una palabra que se utiliza para describir el gran amor que algunas personas sienten por los libros. A diferencia del término “bibliomanía”, que describe una obsesión patológica, la bibliofilia no es considerada como un problema psicológico ni trae ningún tipo de problema a las personas que la tienen.

La palabra “bibliófilo” se utiliza a menudo para describir a aquellas personas apasionadas por la lectura. En general, este rasgo correlaciona con la introversión; es decir, con un tipo de personalidad que se caracteriza por la preferencia por situaciones en las que se está a solas. Sin embargo, algunas personas extrovertidas también pueden tener bibliofilia.

Una de las principales diferencias entre la bibliofilia y la bibliomanía es que las personas con la primera característica adoran los libros principalmente debido a su contenido. Por el contrario, un bibliómano quiere acumular una gran cantidad de libros debido a su forma, sin importarle el contenido de los mismos o si tiene varios ejemplares de uno en concreto.

El término “bibliófilo” a menudo también se emplea como eufemismo de otros más peyorativos, como podría ser “ratón de biblioteca”. Sin embargo, describe una realidad que no tiene por qué ser negativa en absoluto. En este artículo te contamos todo lo que tienes que saber sobre la bibliofilia

La bibliofilia, al no ser considerada en absoluto un trastorno psiquiátrico, no tiene síntomas propiamente dichos. Sin embargo, sí que es posible hablar de las características más comunes de las personas con este rasgo de personalidad. A continuación veremos cuáles son las más importantes

La característica principal de la bibliofilia es un gran interés por los libros, mucho más intenso de lo normal. Este interés puede estar relacionado tanto con el contenido de los volúmenes, como por su forma. En el primer caso estaríamos hablando de amantes de la lectura, mientras que en el segundo nos referiríamos a coleccionistas de libros.

El término “bibliófilo” se utiliza normalmente para referirse a una persona con un interés mucho mayor de lo habitual en la lectura. Sin embargo, en épocas como el Renacimiento y la Ilustración, se consideraba que presentaban rasgos de bibliofilia aquellos individuos que coleccionaban libros simplemente por su valor estético y económico.

Los libros se consideraban símbolos de estatus en épocas pasadas, debido a la dificultad que entrañaba conseguirlos. Así, la bibliofilia en el sentido de coleccionismo era habitual entre personas de clase alta, como la nobleza o los mercaderas más acaudalados.

Hoy en día, sin embargo, la facilidad para conseguir libros en cualquier lugar hace que el término se utilice principalmente para describir a aquellos que disfrutan en gran medida con la lectura.



Aunque no sea un requisito imprescindible para decir que alguien es un bibliófilo, lo cierto es que la mayoría de personas con esta característica comparten una serie de rasgos de personalidad y psicológicos concretos

Uno de los más importantes es la introversión. Los individuos con esta característica prefieren realizar actividades en solitario antes que estar con otras personas, siendo la lectura generalmente una de sus preferidas. Esto no implica que no puedan relacionarse de manera adecuada, sino simplemente que se inclinan por no hacerlo.

Por otra parte, los individuos con un amor mayor de lo habitual por la lectura suelen tener una inteligencia superior a la media. Leer se considera una actividad psicológicamente demandante, por lo que en general solo aquellos individuos más inteligentes de lo normal pueden acabar desarrollando un gran interés por este pasatiempo.

Por último, otro rasgo muy común entre las personas con bibliofilia es la curiosidad. La lectura es una de las mejores maneras que existen de aprender, de entender cómo funciona el mundo que nos rodea y de exponerse a nuevas ideas. Este es uno de los principales motivos que llevan a los bibliófilos a admirar tanto los libros.

¿Qué lleva a una persona a desarrollar un interés fuera de lo normal por los libros y la lectura? Como es habitual en la mayoría de temas relacionados con la psicología, no existe una respuesta sencilla a esta pregunta. Normalmente se considera que el amor a la lectura se desarrolla debido tanto a factores genéticos como a las experiencias vividas.

Hoy en día, aún no se ha identificado un “gen de la lectura”. Sin embargo, diversas investigaciones sobre personalidad en niños apuntan a que existe una cierta predisposición innata a disfrutar con la lectura y a mostrar un interés fuera de lo normal en esta actividad.

Els Bibliòfils de Tito Lessi

De hecho, la bibliofilia podría estar relacionada con otros factores predominantemente genéticos como la introversión, la curiosidad o la inteligencia, como ya hemos visto anteriormente. Aun así, también parece que ciertos factores del desarrollo de la persona juegan un papel importante en la aparición de esta característica.

El más importante es el fomento de la lectura por parte de la familia del niño. Si desde la escuela o por parte de los padres se va introduciendo esta actividad poco a poco, es mucho más probable que una persona acabe desarrollando un gran interés en este pasatiempo.

En principio, la inmensa mayoría de las consecuencias de la bibliofilia son positivas. La lectura es una de las actividades que más pueden enriquecer a una persona; y como tal, no solo no es necesario preocuparse si alguien de nuestro entorno muestra un gra interés en los libros, sino que sería bueno fomentarlo

Sin embargo, en algunas ocasiones el amor desmedido por la lectura puede traer ciertas consecuencias negativas. En casos muy aislados, podría desembocar en bibliomanía, que es una forma de trastorno obsesivo compulsivo relacionada con el coleccionismo de libros.

En otros casos, la elección de la lectura sobre cualquier otro tipo de actividad podría ser un indicador de algún problema de tipo social o personal, como por ejemplo una timidez extrema.

Aun así, esto no es lo más habitual, y solo sería necesario preocuparse si el amor por los libros afecta de manera negativa a otras áreas de la vida.

¿Hace falta tratamiento?

Como ya hemos visto, en la mayoría de los casos la bibliofilia no tiene ninguna consecuencia negativa. Aun así, en las ocasiones en las que sí que produce problemas, puede ser útil enseñarle a la persona estrategias que le permitan compatibilizar su amor por la lectura con el desarrollo de una vida plena y satisfactoria.

Bibliofilia síntomas, causas, consecuencias, tratamiento” d’Alejandro Rodríguez Puerta.

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“Qualitats i avantatges dels Bibliòfils, segons Mr. Jules Richard

“… Jo he notat sempre en els homes que estimen els llibres, grans qualitats de cor, instints generosos de sociabilitat i una exquisida cortesia. Generalment, són alhora aquests homes bons menjadors i bevedors; són, a més, galants amb les dones. L’amor al llibre, és el principi de la perfecció “.

“Després d’haver gaudit de tots els béns d’aquest món en la justa mesura dels meus mitjans i forces, jo puc fer constar aquí, sense hipocresia, que de tots els plaers els que proporciona l’amor als llibres, són, si no els més vius, si més no els més duradors i que més fàcilment es renoven.

En el joc, no es guanya sempre; amb la dones la vellesa arriba abans que la sacietat, ¡Hi ha també la taula! … Però, quan s’ha begut i menjat durant dues hores … ja no es pot més. La pesca! La caça! Es dirà. Per pescar es necessita molta paciència i … que hi hagi peix; per caçar cal tenir bones cames i que hi hagi caça.

Per dedicar-se als llibres, només cal tenir llibres “

Jules Richard: “L’art de former uneix Bibliohéque“, Ed, Rouveyre&G. Blond, Paris, 1883.  pp. 128, 152, 153.

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““La Bibliofilia es el amor por los libros; y el bibliófilo es el amante o aficionado a las ediciones de ciertos títulos, a los empastes especiales, al aroma de las páginas, y en general a todo lo que se relacione con mantener una nutrida colección de libros. La bibliofilia, como concepto, surge durante el Renacimiento, época en que los humanistas, reyes, príncipes y grandes señores se dedicaron  a recorrer países de Europa en busca de manuscritos, cartas, autógrafos, incunables, y otros tipos de libros sofisticados. El bibliófilo ama la lectura, así como el admirar y coleccionar libros, por lo que arma una gran y especializada colección. Sabe, además, distinguirlas e identificarlas ya sea por la pureza de su texto, su tipografía, ilustración, la calidad del papel y la encuadernación. Los bibliófilos no necesariamente ansían adueñarse del libro que desean: como alternativa tienen el admirarlos en antiguas bibliotecas. Sin embargo el bibliófilo es frecuentemente un ávido coleccionista, algunas veces buscando erudición  sobre la colección, y otras poniendo la forma por sobre el contenido con un énfasis en libros caros, antiguos,  raros, primeras ediciones, libros con encuadernación inusual, copias autografíadas, etc. Los bibliófilos están organizados: se agrupan sociedades como la prestigiosa «Association Internationale de Bibliophilie» en la que anualmente se reúnen investigadores y  acaudalados coleccionistas. En Chile existe desde 1954  la Sociedad de Bibliófilos Chilenos.

Sociedad de Bibliófilos Chilenos

Algunos bibliófilos han tenido un papel relevante para el desarrollo académico y cultural de sus países, como por ejemplo Pablo Neruda, Andrés Bello – a quien se le dedicó el Archivo Central Andrés Bello–  el ex Presidente de Chile Arturo Alessandri Palma –quien incluso ejerció como bibliotecario entre los años 1890 y 1893 llegando a ser  el segundo director de la Biblioteca del Congreso Nacional–   y por supuesto José Torobio Medina, célebre bibliófilo, quien tiene a su haber la sala Medina en la Biblioteca Nacional. Cuentan las malas lenguas -en categoría de anécdota, pues no hay referencia al respecto- que el  amor del señor Medina por los libros y manuscritos era tal, que algunas veces los «pedía prestados» en las Bibliotecas, valiéndose de sus ropas para ocultar los textos. Un caso extranjero y poco conocido de bibliofilia es el de Marilyn Monroe, quien llegó a tener una biblioteca con más de 400 títulos. Sin embargo, en mi vida como bibliotecóloga, hasta ahora el único bibliófilo de pura cepa que  he conocido es el señor  Julio Ortúzar, ex Rector y fundador de la Universidad del Pacífico, quien tiene más de 3.800 títulos en una biblioteca especialmente acondicionada. A tanto llega su amor por la lectura, que a los 12 años decidió  pedir permiso al obispo  para leer a Voltaire porque estaba entre los libros prohibidos por la iglesia.

Biblioteca Congreso Nacional de Chile

Actualmente el coleccionismo de libros antiguos es un instrumento que ocupa el tercer puesto en la cifra de negocio de las grandes casas de subastas internacionales, tras la pintura y la escultura. Tanto así, que Christies ha subastado primeras ediciones por hasta USD 8 millones siendo el caso de «Las aves de América», adquirido por un  coleccionista norteamericano. He escuchado a algunas personas señalar que compran una determinada edición sólo por la belleza de las ilustraciones o la delicadeza del empaste, sin que piensen remotamente en leerlo. En esos trances leer es harina de otro costal, sin embargo estimo que la mayoría de los bibliófilos leen el material en el que invierten.

Del llibre Aves de América de John James Audubon

Respecto a publicaciones que traten el tema en español, sólo encontré el «Manual del Bibliófilo Hispanoamericano», publicado originalmente en 1930. Contiene cientos de facsímiles de portadas y primeras páginas de libros antiguos. Conserva cubiertas originales. Es un interesante  trabajo de recopilación, con infinidad de bibliografía de libros hispanoamericanos incunables.

Ahora bien, para conocer el otro caso, y retomar la línea del título de este artículo, puedo contarles que la Bibliomanía es la manía por acumular libros. Esto puede asociarse  con una enfermedad,  pues el fin de acumulación pasa por lo cuantitativo, más que por el contenido o la calidad de la lectura. El Bibliomaníaco tiene el perfil de los acaparadores compulsivos, quienes poseen un número siempre creciente de libros (u objetos) que no necesariamente usan o leen, aunque también se les relaciona con un desorden obsesivo-compulsivo (TOC). Para el bibliomaníaco el criterio de selección  no es la belleza, calidad o exclusividad de la edición, sino que es la acumulación. Gracias a ello logra aplacar su afán, hasta que nuevamente vuelven sus ganas de  conseguir más libros.

Sin embargo, independiente de las descripciones y conceptos, hay un elemento en común: el amor por los libros como un objeto que va más allá del acto de leer. En mi búsqueda de información respecto al tema encontré un término anglosajón que  me interesó bastante:  los «Book Lovers»,  personas a quienes les gusta leer y que además se rodean de un sinfín de objetos relacionados con el ejercicio de la lectura. Pueden ser marcapáginas (destaco la colección de la bibliotecaria Chilena Olga Sotomayor), pins, libretas, collares, aros, tazones, poleras, e incluso muebles como sillones y lámparas hechas a partir de libros. A tanto llega esta afición, que he encontrado buenas sugerencias de regalos para los «Book Lovers» en internet. Personalmente me considero una buena lectora con muchas características de Book Lover.

Amantesde los libros y de la lectura hay por todos los rincones del mundo, y si este amor se relaciona con los objetos y el diseño eso es sólo una prueba más de lo significativo que puede llegar a ser el libro, y las implicancias que ha llegado a tener en la sociedad.

Article: “¿Bibliofilia? ¿Bibliomanía? “, de Claudia Gilardoni a: http://www.leamosmas.com/2012/06/16/que-hace-bibliofilo/

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“El doctor Bohigas va néixer a Vilafranca del Penedès el 1901: l’any 1924 es doctorà en lletres; gaudi d’una beca de l’ajuntament de Barcelona i es dedicà a la preparació de l’edició —que no es dugué a terme— de les cròniques catalanes amb el mecenatge del senyor Patxot; fins el 1939 fou professor de paleografia de la Universitat de Barcelona; durant llargs anys exercí la docència a l’Escola de Bibliotecàries i des del 1931 al 1971 treballà a la Biblioteca de Catalunya com a conservador de manuscrits i reserva. És menbre de l’Associació Internacional de Llengua i Literatura Catalans de la Société Internationale Arthurienne, de la Société Internationale Rencesvais, de l’Asociación Internacional de Hispanistas, de l’Acadèmia de Bones Lletres, del Comitè Internacional de Paleografia i, a més, president de la secció filològica de l’Institut d’Estudis Catalans des del 1961. No esmentarem la seva bibliografia, que va ser elaborada exhaustivament l’any 1971 per J. Morató i M. Oñate. Només com a resum direm que la seva labor, rera uns treballs de joventut sobre folklore —concretats als articles publicats a la revista Penedès i al material recollit per al Cançoner Popular de Catalunya—, ha tingut tres vessants: 1) la codicologia i la bibliologia, 2) la història literària, i 3) la filologia.

 Pere Bohigas mesura cadascuna de les seves paraules que, corroborades per una gesticulació potent i convençuda, s’envigoreixen de mica en mica amb un esguard crític, observador —un xic ingenu — , ombrejat d’un cellam espès, enravenat i canut. També els seus silencis són prou eloqüents. Un bagatge atapeït de coneixements, de records, d’experiències — sensibles o intel·lectuals— l’acompanya tothora i l’empeny amb una vitalitat corprenedora, vernissada pel positivisme dels anys joves i l’avidesa del viure. Parlar amb ell és un plaer.

 Bon conversador, les figures ja fixades per la història recuperen per la parla la seva dimensió humana i, molt especialment, la d’aquells que considera els seus grans mestres: Antoni Rubió i Lluch, Jordi Rubió i Balaquer i Menéndez Pidal. Actualment treballa en una edició crítica de la Faula de Guillem de Torroella —en col·laboració amb el professor i escriptor Jaume Vidal i Alcover—, en una edició de la poesia de Joan Basset, i en una història del llibre. El mundo del libro visto desde España.

 Pregunta. Quins han estat els fets que han configurat majorment la vostra trajectòria?      

Resposta. La meva ha estat una trajectòria força horitzontal. Ja de petit vaig manifestar una propensió cap a l’estudi. A més, he tingut la sort de tenir molt bons amics — Marçal Oliver i Josep Maria de Casacuberta, entre d’altres— que em van influir favorablement. Anys més tard vaig veure que tenia capacitat per a interessar-me per camps allunyats de la meva activitat. Tot això m’ha configurat, i també el fet d’adonar-me, quan ja era adult, d’unes mancances en la meva formació. De fa anys trobo més goig a aprendre que no pas a investigar.

 P. Us vàreu iniciar en el camp del folklore…

 R. Més que una iniciació va ser una influència pairal. Jo sóc de Vilafranca, la pàtria de Milà i Fontanals. Durant el primer curs de carrera — 1917/18— es va escaure el centenari de la seva naixença i el senyor Rubió i Lluch va voler que els seus alumnes ho commemoréssim amb un acte acadèmic. Jo vaig escollir el tema Milà com a folklorista. Aquí va començar la meva relació amb Tomàs Carreras i Artau, Batista i Roca i l’Arxiu d’Etnografia i Folklore de Catalunya. De tota manera, més tard vaig reaccionar potser exageradament contra el folklore, per influència de Les légendes èpiques de Bédier. Vaig conèixer Bédier a París, i vaig assistir als seus cursos al Col·legi de França. Més endavant, de la mà de mossèn Anglès en vaig vincular al Cançoner Popular de Catalunya, el material del qual va reclamar el senyor Patxot.

P. I després…?

R. Vingué l’any 1939. Vaig decidir de quedar-me, i estic content d’haver-ho fet, perquè nosaltres des d’aquí vam assegurar una continuïtat. A la universitat, ja no hi vaig ser — tot i que m’hauria agradat— perquè em van incapacitar durant sis anys per a l’ensenyament… He fet una pluriocupació intel·lectual, perquè aquí som pocs… i si bé això va en perjudici de la intensitat del treball, manté un fil, tènue, fins el moment que arriba la persona adequada que es fa càrrec de la tasca, com s’ha esdevingut ara en l’estudi de la cançó i la poesia popular amb el folklorista Josep Romeu… M’agradaria tornar a començar tot el que he fet perquè la segona vegada sortiria millor que la primera.

 P. Com va ser que us dediquéssiu a la història del llibre?

 R. M’hi vaig dedicar per motius professionals, però sempre, per a mi la romanística ha estat el paradís perdut. Sí, la història del llibre queda vinculada a la Biblioteca i sobretot a l’Escola de Bibliotecàries. Jo era eminentment codicòleg i d’aquí em vaig estendre a la història de la impremta… A proposta del senyor Patxot, l’estiu del 1926, me’n vaig anar a Anglaterra. Continuava allà el Repertori de manuscrits catalans. Hi vaig treballar fins el 1931, que vaig entrar a la Biblioteca. És una obra, molt extensa, que no acabaré, que s’ha de fer en equip, i que tracten de reprendre amb mi els amics Mundó i Soberana. Els materials recollits fins ara són a la Biblioteca de Catalunya.

 P. Ha estat positiu el vostre pas per la Biblioteca de Catalunya?

 R. Sí. En part ha estat una segona llar. Vaig tenir-hi un moment dolent, quan va venir el franquisme i em van suspendre de feina i sou per la depuració. La bibliofília del país em va donar treball, i el doctor Mateu, el director, es va portar molt bé amb tot el personal que va tenir problemes de depuració… Crec que és útil que m’hagi estat a la Biblioteca tots aquests anys perquè he estat un element de continuïtat.

 P. Podríeu parlar-nos de la biblioteca de Pau Font de Rubinat i del seu futur;

 R. Conec la família i crec que la biblioteca ès en bones mans i que no sortirà del país… Fóra una llàstima que aquesta biblioteca es dispersés sense que se n’hagués publicat el catàleg, perquè representa tota la vida d’un home expertíssim en coses de llibres i que treballà amb gran desinterès.

 P. Sou president de la secció filològica de l’Institut d’Estudis Catalans. Quina és la posició actual de l’Institut en matèria lingüística?

R. Vetllar pel manteniment de l’obra de Fabra. Aquesta és un fet adquirit, decisiu.

 P. Més concretament. Si en un moment donat es planteja un dubte —morfosintàctic, posem per cas — , cal recórrer a Joan Corominas, a les càtedres, a l’Institut…?

 R. S’hi pot recórrer i a altres persones que coneguin bé la llengua. Avui per avui. la millor guia quan es presenten problemes gramaticals són les Converses Filològiques de Pompeu Fabra, publicades per la Barcino i, com a gramàtica, jo recomanaria la gramàtica pòstuma.    

P. Com veieu el moment actual políticament i culturalment?

R. Que hi ha molta feina a fer. Cada dia m’adono més de l’estrall que ha fet el franquisme i com trigarem a refernos-en. Tinc confiança en el nostre món cultural; la recatalanització de la gent i l’assimilació de l’enorme massa d’immigrants exigirà un gran esforç.

 P. Catalunya o Països Catalans?

 R. Crec en els països de llengua catalana Faig meves les paraules de Sanchis Guarner: Catalunya ès una cultura, no ès una ètnia.

Article:”  Pere Bohigas, codicologia i romanística. Bibliòleg, erudit i expert en literatura medieval “ de Joana Escobedo, Avui, 4 març 1981.

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“Sembla com si fos ara que veig Nèstor Lujàn enfilat a la petita escala de la seva biblioteca. L’escriptor buscava un llibre que es feia pregar. Jo temia que trontollés i vaig gosar afermar-li els turmells amb les meves mans. De sobte exclamà exultant: “Ja el tinc!” Es tractava d’un volum il·lustrat amb uns refinats i subtils aiguaforts d’en Daragnès, el que fou gran gravador i impressor a Montmartre. Volia, Nèstor, deixar-me palès per què havia triat la vida i l’obra d’aquell mestre com a tema de la conferència que li acabava de demanar l’Associació de Bibliòfils de Barcelona. L’encert de la tria es corresponia amb la solemne sessió acadèmica, a la Reial Acadèmia de Bones Lletres, en commemoració del mig segle de vida de la nostra Associació, de la qual Nèstor Lujàn era antic soci. Parlo d’un any i escaig enrere. Nèstor em semblà eufòric, ple de projectes i, a més, feia poc que havia rebut un nou premi literari. Res, ni el més petit senyal, feia pensar que ens deixaria al cap de poc temps.

Confesso que Nèstor Lujàn em produí sempre una gran fascinació. Sent jo un adolescent ja l’havia vist per casa, ja que mantenia una cordial amistat amb el meu pare, amb qui compartia estovalles en una epicúria penya gastronòmica. El pas dels anys m’acostaria a l’ admirat amic a través de la mútua passió pels llibres. Lector impenitent, esdevingué bibliòfil per l’únic camí possible, i ortodox, que no és altre que el de la lectura. El seu cas, entre els més notoris, deixa en fals el moralista La Bruyère, que afirmà, tan panxo, que el “bibliòfil és un individu que mai no llegeix”, sarcasme erroni malgrat que, de vegades, sota el proclamat amor al llibre s’amaguin estrictes bibliòfags o especuladors. Potser Nèstor ja era bibliòfil abans de tenir llibres, quan per poder llegir de veritat havia de recórrer a les ben nodrides biblioteques d’Antoni Vilanova o de Joan Estelrich, la qual cosa ell mai no va ocultar. També és cert que se sentia ufanós de la magnífica biblioteca que formà i que es convertí en font infal·lible de consulta; on els llibres rars eren instrument de treball i alhora preciosos objectes de curiositat. És un record inesborrable i reconfortant haver viscut els entusiasmes de Nèstor, i haver escoltat les seves evocacions, amb algun d’aquests llibres a la mà; uns llibres que bé podien ser el Buscón de Quevedo i el Traité sur la tolèrance de Voltaire en edicions prínceps, bé el deliciós opuscle d’Edouard de Pomiane Vingt plats qui donnent la goutte.

 Reflexionà Marañón: “La librería de un hombre es también su retrato.” La de Nèstor Lujàn reflectia la seva inesgotable curiositat, la seva desbordant cultura i la seva fina sensibilitat. Visqué amb els seus llibres una mena de familiaritat viva i harmoniosa. I aquests l’acompanyaren fins a l’últim moment.

Article:”Record d’un bibliòfil” de Xavier Trias de Bes, Avui, 11 gener 1996.

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.- ““Una de las noticias más conmovedoras, entre cuantas han aparecido durante los últimos días en las páginas periodísticas de sucesos, es sin duda la de ese estudiante colombiano del último curso de medicina, Orlando Velásquez Arango, que en Medellín ha muerto tras el saqueo del palacio arzobispal de París en 1831, los libros que él había catalogado y amado tanto sufrió un desmayo y falleció a los pocos días. El escritor y diplomático mejicano Alfonso Reyes, cuando iba a morir, se hizo trasladar la cama a su magnífica biblioteca y que fuese colocada junto a una de las estanterías, a fin de poder en los últimos momentos, nublada ya la vista, acariciar por lo menos los lomos y tejos de sus queridos libros y por el tacto identificarlos y recordar acaso el contenido de cada uno de los ejemplares.

El bibliotecario don Javier Lasso de la Vega, en una deliciosa publicación sobre el comercio de libros antiguos, refiere cómo esa pasión amorosa por los libros ha impedido a bastantes hombres vivir con holgura y a no pocos los ha llevado a la muerte, como hemos señalado anteriormente. El eminente helenista Turnebe se olvidó de ir a la iglesia el día de su boda, embebido en la lectura de los clásicos. El abate Goujet murió de pena por haberse visto obligado a vender su biblioteca. Nuestro Lope de Vega ( cuyos huesos van a perder ahora el reposo en que han permanecido durante trescientos treinta y tres años) da fe de su gran amor a los libros al escribir estos versos: “Mas tengo un bien en tantos disfavores – que no es posible que la envidia mire: dos libros, tres pinturas, cuatro flores”. Y más adelante nos informa que leyendo se pasaba a veces las noches, hasta que le llegaba la hora de decir misa y consagrar: “Entre los libros me amanece el día, – hasta la hora que del alto cielo – Dios mismo baja a la bajeza mía”.

El amor desmedido a los libros ha llevado a algunos bibliófilos y bibliómanos incluso al hurto de los ejemplares más o menos raros que apetecían poseer. Y no sólo en bibliotecas públicas. Hace ahora cinco años, un ladrón, al que nunca se descubrió, tras penetrar en una vivienda de la avenida Donostiarra, del barrio madrileño de la Concepción, se llevó tan sólo, desdeñando valiosos objetos de fácil transporte que allí había, unos cuantos libros evidentemente elegidos entre los que formaban la biblioteca del domicilio allanado.

Entre las anécdotas más graciosas sobre hurtos de libros figura esta que César González-Ruano cuenta donosamente en “Mi medio siglo se confiesa a medias”: “ compraba lo que podía y robaba ( habla de libros) lo que me era posible. Me acuerdo que dentro de uno de los puestos de la feria de libros ( la de la verja del botánico) estaba yo intentando llevarme alguno que me interesaba, lo que era doblemente difícil porque además del librero, estaba un señor anciano muy distinguido que miraba los libros con lupa y que tenía aspecto de un caballero del Greco. De pronto, este señor pagó algo al librero con un billete grande, y el librero se excusó diciendo que iba a cambiarlo. Yo me fui hacia mi libro elegido, procurando burlar la mirada del caballero, cuando, con gran sorpresa mía, éste empezó como un loco a meterse libros en el bolsillo del gabán y bien claro me dijo: “ ¡Aproveche ahora, aproveche!” Pronto volvió el librero con el cambio del billete, y cuando el señor se marchó le pregunté si le conocía. “ ¿ A ese señor? Es uno de mis mejores clientes. ¿ Es que no sabe usted quién es?” “No” “Pues es el marqués de V.”

El robo de libros debe ser tan frecuente en las librerías de todos los países, que en uno de esos establecimientos, magnífico, de varios pisos, situado frente a la Universidad de Königsberg – bella ciudad hoy sometida al dominio rojo con el nombre de Kaliningrado -, había hace años, junto a la salida, el siguiente letrero: “Si por error se lleva usted un libro sin pagar, le rogamos que lo deposite en este buzón. Así marchará usted tranquilo, más ligero el bolsillo, pero también con menos peso en la conciencia”. Y parece ser que el buzón, de amplio tamaño, casi se llenaba diariamente con esas “devoluciones”.

Por amor pasional a los libros llegó incluso al homicidio un librero anticuario de Barcelona que antes de dedicarse a ese noble negocio había sido monje en Poblet. Aunque tenía valiosos libros raros a la venta, no quería desprenderse de ellos. En algunas ocasiones, ante las tentadoras ofertas de sus clientes, llegaba a enajenarlos. Pero luego mataba a esos mismos clientes para recobrar los preciosos ejemplares de los que él no quería verse desposeído. No se le imputaron aquellos crímenes, que quedaron impunes, mas finalmente cayó en manos de la justicia cuando asesinó a otro librero rival suyo, Agustín Patxot, que en una subasta había logrado adquirir un ejemplar de “Fors e ordinacions de Valencia”, impreso por Palmart en 1482. Este ejemplar era tenido por único en el mundo y siempre lo había anhelado ardientemente el monje exclaustrado, fray Vicente. Por la publicidad que tuvo el asunto, algunos libreros anticuarios hicieron saber que no se trataba de ejemplar único, sino que había varios. Esto produjo gran desazón al asesino, quien reconoció que, en tal caso, se había excedido matando a Patxot.

Por supuesto.el hurto de libros es siempre pecado en el terreno moral y falta o delito en el plano jurídico. Pero el hebraísta valenciano Orchell Ferrer creía justificada la sustracción de libros siempre que concurrieran las circunstancias siguientes: “Primera, que el libro no esté venal en las librerías; segunda, que quien lo posea no sea capaz de vendérmelo, de regalármelo ni aun de prestármelo; tercera, que la posesión del tal libro me sea útil por tratar de mis estudios preferidos; cuarta, que quien lo posea no pueda o no quiera utilizarlo y no saque de él más provecho que sacan los eunucos de las esclavas del serallo, y quinta, que haya ocasión propicia para hurtar el curioso y codiciado libro. Porque, habiéndola y concurriendo las otras cuatro circunstancias, ¡ es probado!: el libro llega a ser mío – decía Orchell – o perderé el buen nombre que tengo. Cosa “nullius” me parece el empecatado volumen y procuro ser su primer ocupante”.

Article:”Por amor a los libros hubo robos, suicidios y asesinatos”, El Libro Español, INLE, març 1968.

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““El súmmum per a un bibliòfil és aconseguir primeres edicions”, assegura Josep Porter, que de totes maneres s’afanya a fer una distinció crucial en el si del gremi: “De bibliòfil s’hi neix, mentre que de col·leccionista un s’hi fa.” Ell, evidentment, forma part del primer grup. Nascut el 1901 a Montblanc, en el si d’una família humil i del tot illetrada, per una estranya inspiració ja de petit va demostrar una afició desmesurada per la lletra sobre paper, i també pel cant, dues virtuts —així cal entendre-ho a la vista de la seva obra— que no l’han abandonat mai.

 Per complaure les ànsies del fill, els Porter i Rovira es van traslladar a Barcelona, la capital, on Josep Porter va tenir ample camp per triar i remenar. El 1923 va obrir la llibreria que duia el seu nom, aviat famosa entre el públic lector i un dels pocs oasis de cultura de què va gaudir la societat barcelonina durant el franquisme.

 Fruit de la seva activitat com a llibreter, queda un testimoni, avui dipositat a la Biblioteca de Catalunya, de 500.000 cartes amb corresponsals de tot el món. I això a part de les biblioteques temàtiques, com la dedicada al tema del llibre, un dels fons constituents de la Biblioteca Bergnes de les Casas. O també la menor, només de 5.000 volums, sobre la figura de Cristòfor Colom, conservada a la casa pròpia. El llistat és interminable.

“Colom era català, però avui no parlarem d’això. Ni tampoc no hauríem de parlar gaire de mi. L’important són els 50 anys de l’Associació de Bibliòfils de Barcelona, una entitat que l’únic defecte que té és que se’n parla poc.” Porter és l’únic supervivent del grup de fundadors i un vehement defensor del llibre com a objecte d’art: “Salvar textos antics rars, com fan moltes associacions bibliogràfiques espanyoles, està molt bé i és elogiable. Però per si mateix no respon a l’ideal de fer llibres bells.” Seguir aquest ideal ha estat la tasca de l’Associació en els seus cinquanta anys d’història. Des dels inicis, Porter hi ha brillat amb llum pròpia, amb l’optimisme que li és propi i les seves fondes conviccions: “La bibliofília és un confort espiritual que uneix tots els éssers humans, ben allunyat de l’esperit rebel que avui impera al món.” Amb els bibliòfils, però també participant en la fundació de l’Institut d’Estudis Nord-americans, impulsant la creació de l’Orquestra Ciutat de Barcelona i participant des de principis de segle en l’Orfeó Català i l’Ateneu Barcelonès, entre moltes d’altres entitats, Josep Porter té en el seu haver un més que extens historial cívic.

Article:”La fília als llibresd’Ignasi Aragay, Avui, 20 abril 1994.

Dues primeres imatges: Exposició Virtual Miquel Porter i Moix/ Centre de Recursos per a l’Aprenentatge i la investigació . CRAI UB.

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“Librerías de viejo

Al decir librerías “de viejo” ya se sobrentiende que se trata de librerías donde venden libros que se caracterizan por su escasez en el mercado, bien por haber transcurrido bastante tiempo desde que fueron editados, bien por tratarse de una edición limitada que los hace escasos. Lo que sucede es que el libro “viejo” aparece raramente, y a causa de ello las librerías que antes tenían esa exclusiva dedicación, también venden libros actuales, aunque seleccionados a gusto de una clientela determinada – a veces casi exclusivamente extranjera.

Conforta a los provincianos visitar estas librerías persiguiendo las piezas que uno sabe que existen y que, sin embargo, faltan en la biblioteca particular. Y conforta aún más hallarse con verdaderos libreros “de viejo” – mejor que “de lance” i “de libro usado” – como algunos madrileños, así, por ejemplo, los veteranos Antonio Trelles Graiño, Antonio Guzmán, Ángel Gomis

Antonio Guzmán sabe mucho sobre el libro antiguo; hace años publicó algún artículo en la revista “El Bibliófilo” sobre esta materia. Yo le animo a que escriba sus memorias de librero, y él no renuncia totalmente a hacerlo, dejando abierta la posibilidad de que algún día se decida. Habla poco, pero contesta a todas mis preguntas y lo hace con detalles exhaustivos. Rebusco en su librería y veo la palabra “Belmonte” en un manuscrito; cuando comienzo a sentir un cosquilleo emotivo, me afirma; “ pero es el Belmonte de Cuenca; si fuera el de Asturias ya se lo habría llevado un amigo que tengo en ese lugar”. Clientes suyos fueron las figuras más representativas – dentro de los aficionados a los libros – de la capital; uno de ellos era Gregorio Marañón.¿ Pero aún disponia de tiempo para venir a buscar los libros personalmente?

Tenía tiempo para todo. Y su biblioteca era la mejor que pueda poseerse sobre libros de viajes.

Porque ya se sabe que el aficionado a esta clase de libros suele tener una especialidad: incunables, ediciones del “Quijote”, toros, temas madrileños, Andalucía, bibliofilia, relojes… Y, claro, estas especialidades conllevan de los aficinados una serie de manías de difícil desprendimiento. Hay tal prisa por adelantarse en la adquisición del libro raro que aparece en el mercado y que a uno le falta, que la mayor parte de las veces, apenas verlo en el catálogo anunciador, ya se llama por teléfono al librero para que lo reserve; pero otros van más lejos, así; el librero envía el catálogo a censura, y un empleado de este departamento ya le pide alguna obra – antes de que el catálogo se distribuya -; otros exigen del librero que les muestren las pruebas de imprenta antes de que se imprima el catálogo, para elegir lo que él desea; otro aficionado, nada más recibir el catálogo, se trasladaba en taxi a la librería, y allí iba leyendo las fichas y exigiendo que le apartaran las preferidas. En este sentido, los de provincias estamos desamparados, aunque los libreros madrileños, por cierta concesión, suelen enviar sus catálogos a provincias con cierta antelación, a fin de que sean recibidos por todos sus clientes en la misma fecha.

En una de estas librerías dialogan dos expertos en bibliografía taurina; uno de ellos lo hace con una seguridad pasmosa, y cualquier insinuación del otro la supera él con datos más precisos. Hablaban de los toreros asturianos Casielles y Praderito como si los conocieran de siempre, y, cuando yo, creyendo que proporcionaría un dato poco conocido digo que existe un folleto sobre toros dedicado a Gijón, el “entendido” me dice que hay tres ediciones, que su portada es así, que su color es aseo, que en cierta ocasión sintió la tentación de robarlo, etc.

Cuesta de Moyano

Son bastante diferentes las librerías de viejo madrileñas, diferentes en el sentido de su tamaño, de su ordenamiento, de su contenido. Algunas están perfectamente organizadas, con unos empleados fríos que te contestan burocráticamente, te muestran las fichas que deseas y sanseacabó; otras tienen acumuladas las obras en aparente desorden, digo aparente porque los dueños suelen saber, aunque no siempre, el contenido de cada “montón”. Buscamos en tal acumulación, pero a veces resulta difícil por la inaccesibilidad de algunos libros, dada su altura o dado el peso que sobre los mismos recae. No obstante, cuando tras buscar y rebuscar en estos “montones” o en las hileras rebosantes de títulos hallas un folleto que sacaste de un fondo olvidado y compruebas que no lo tenías, compensa el esfuerzo y las horas baldías que llevabas dedicado al posible hallazgo.

Resulta difícil, en las librerías especializadas en el libro “viejo”, encontrar lo que suele denominarse “ganga”; los libreros saben sobradamente lo que poseen, el interés que por ciertos temas existe, y valoran las obras en relación al verdaderamente interesado, al caprichoso, ese que ha de pagar su afán desmedido por la obra que persigue. Por eso consuela enormemente ver cómo alguna vez en la Cuesta de Moyano aparece un bloque de libros con un letrero; “ a cinco pesetas”, o “ a veinticinco pesetas”; aquello entonces parece una pelea por la lluvia de manos desbrozando el apilamiento de libros sobre el tablero en busca de algo preferido. Son ocasiones raras y supeditadas a una venta global de alguien que ignora el valor de ciertos libros. Lo normal es que alguien posee una buena biblioteca tantee entre los libreros expertos para obtener el mayor beneficio posible.

Article: ”Ya no se encuentran gangas”de Luciano Castañón, El Libro Español, INLE, 1972.

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“Ja és sabuda l’anècdota del senyor que un dia decideix comprar tres metres de llibres. Comprar llibres a metres, i demanar, a més, que tinguin el llom de color vermell, o verd, perquè «facin joc» amb els mobles o la paret, és considerar els llibres des d’un doble punt de vista: de prestigi i ornamental.

O més exactament, potser: ornament de prestigi. Tot alhora.

 El que ja no és tan «normal» —i em sap greu, ara, no recordar on ho he llegit— és que un senyor que estava greument malalt encarregués als seus hereus abans de morir que compressin llibres i els posessin a la sala d’estar. I no pas per llegir-los, ni per acompanyar les seves últimes hores amb lectures serenes o amenes, sinó perquè quan hagués mort i la casa s’omplís de visites, la presència dels llibres «fes bon efecte». Què haurien pensat d’ell, si no veien llibres a casa seva?

És possible que aquell senyor, mentre estava bo, no hagués rebut mai ningú a casa, o que el seus amics de confiança ja coneguessin el seu desinterès per la literatura; en tot cas, és clar que el fet de no tenir una petita biblioteca no li produïa cap trauma, que es diu ara. Però mai no se sap qui pot comparèixer a casa quan un s’ha mort… La gent té cops amagats, detalls inesperats de cortesia o d’amistat, i fins i tot rampells de tafaneria… Previsor, en un dels darrers moments de lucidesa l’home pot demanar: «Compreu llibres…»

 Ha pogut viure sense llibres durant tota la seva existència, però els necessita per quan sigui mort. Vet aquí si ha arrelat en la nostra societat allò que els experts en diuen «la imatge»! Confio que els hereus no tan sols hauran satisfet el desig del malalt, sinó que hauran tingut la precaució intel·ligent de treure el plàstic que avui dia embolica molts volums perquè no es facin malbé. Almenys que pugui semblar que el difunt va obrir aquells llibres alguna vegada…

Els hereus, però, es devien trobar amb un problema: quins llibres comprem? Seria una mica exagerat, en aquest cas, instal·lar en un prestatge visible una colla de volums de la «Bernat Metge» de clàssics grecs i llatins.

Una «passada» cultural… Una col·lecció de novel·les policíaques? Home, això massa poc… Ja fan bonic, ja, les obres completes d’en Pla, però que tots els llibres siguin del mateix autor… «No ho sabíem —podria dir la gent— que el pobre difunt fos un fanàtic d’en Pla».

 Si m’haguessin encarregat la feina a mi, potser hauria anat a una llibreria de vell i m’hauria endut un quants metres de llibres diversos, bons i dolents, antics i actuals, cars i barats, perquè l’aspecte del prestatge fos més creïble. Perquè una biblioteca personal o familiar, una biblioteca modesta però de debó és sempre una suma irregular de volums que han anat arribant de mica en mica, l’un darrera l’altre. Una biblioteca d’aquestes és bonica, encara que, certament, no fa bonic.

S’han pronunciat – o diuen que s’han pronunciat – abans de morir algunes frases memorables. Des d’aquell “passi-ho bé, senyor Llanas”, que Llanas va dir-se a ell mateix, fins al “més llum!” de Goethe, passant per la divertida frase d’Arrieta, l’autor de Marina.La nit abans de morir, un amic li preguntà com es trobava, i vet aquí la resposta: “Molt malament. Si quan surti el sol em diuen que m’he mort, no m’estranyarà gens”. Ara podem afegir a l’antologia aquest original “compreu llibres!..”

Article: “Llibres post mortem”, Josep M. Espinàs, Avui, 9 gener 1987.

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 “La mañana, redonda y lustrosa como una manzana, cuando marzo marcea y el invierno huye con su capucha de nieblas y de lluvias, y un sol, todavía adolescente, ilumina Madrid.

Cuesta de Claudio Moyano. De ser el día festivo, lo más probable es que hubiera descendido al Campillo del Mundo Nuevo, a la Cuesta de las Descargas, donde Madrid tiene su tercera feria del libro usado. La primera, por su antigüedad, la formas las librerías de viejo de la calle de San Bernardo y adyacentes; la segunda, estos tenderetes, por los que paseo mi curiosidad a derecha e izquierda, pues a un lado están las pequeñas tiendas y al otro los caballetes con revistas y publicaciones con portadas de colorines.

El mercado cultural del Campillo de Mundo Nuevo solamente funciona los días en que los almanaques pintan en rojos sus números, mientras que el adosado a la tapia del Botánico se halla en misión cultural permanente, pues los establecimientos se abren a las diez de la manyana y se cierran “con la hora lunar”, como me dijo uno de los simpáticos industriales, que fue, en su mocedad, pastor en la provincia de Jaén, que llevaba al campo libros en los fondillos de los pantalones, pues ya se hallaba aquejado de la bella manía de la lectura.

Sólo tres días de descanso al año.

Ahora tiene aquí, en la Cuesta, su puesto y no desde ayer precisamente, sino desde el año 1934, disfrutando, como todos los demás libreros de Claudio Moyano, solamente de tres días de asueto al año, el 1 de enero, el 18 de julio, y el primero de mayo, festividad de San José Obrero.

Desde 1924 existe la feria.

Pero no perteneció el antiguo pastor al clan de los fundadores, que fue inaugurado diez años antes, en 1924, haciendo a Madrid más gracioso, más culto, al abaratar la cultura, aunque hayan sido necesarias algunas concesiones a la novelilla insustancial, llamada rosa, pero colocándola fuera del comercio, más al aire libre todavía.

Ni aun allí tiene la Cuesta aspecto de zoco, como sucede en las Descargas, donde las publicaciones esperan al comprador, en el mismo suelo o a bordo de carritos de mano.

De los fundadores, solamente queda uno, el señor Casado, cuarenta y cinco años en la brecha que es el departamento señalado con el número 16. Los demás, en su mayoría, son hijos o parientes de los primitivos dueños, porque rara vez pasan a ser propiedad de otras personas, ajenas a la profesión o que habiendo sido también libreros no se encuentren, de una forma o de otra, vinculados al grupo fundacional.

Al gunos de estos industriales tienen dos o tres puestos aquí mismo, su establecimiento en la calle de San Bernardo o su stock de libros raros o curiosos, en un primer piso de una casa corriente.

El público de la feria.

Por la Cuesta de Claudio Moyano, pasa un mundo tan curioso como los libros de los especializados.

Me lo dijo uno de los comerciantes allí establecidos:

Por aquí desfila toda clase de público, personas cultas, catedráticos, políticos, especialistas y hasta los que pretendiendo hacerse pasar por gente cultivada, nos dicen: Yo me llevaría este Diccionario, pero no tiene índice.

Como frecuentadores de sus puestos me señalan los nombres de dos ministros, los senyores Iturmendi y Fraga Iribarne.

Continúa fijo el recuerdo de tres hobres eminentes, aficionados a curiosear en estos estantes, Baroja, Marañón, “Azorín”. Cuentan en la actualidad con un adalid, excelente periodista, escritor de buenas letras, Juan Sampelayo.

Y no de ahora – me dicen – sino de siempre.

En una ocasión le hicieron un agasajo en un restaurante de Vallecas, y cuando necesitan que se escriba algo en defensa de su pequeña y lírica industria siempre cuentan con Sampelayo dispuesto a hacerlo.

Recientemente falleció uno de nuestro gremio, cuyas circunstancias económics aconsejaban ayudar a los suyos. De la necesidad de hacerlo se hizo eco don Juan, a quien estimamos en lo mucho que vale.

Transformación en los gustos de los lectores

También aquí se observa una transformación en los gustos de los lectores.

Ahora vienen muchos más jóvenes que antes, aunque posiblemente el porcentaje de compradores no haya aumentado ni disminuido en proporción apreciable y lo que suceda sea que ha crecido la población de Madrid, pasando de menos de un millón a mas´de tres millones. Es perceptible el aumento de una clientela juvenil, lo mismo de chicos que de chicas.

– ¿ Qué vienen buscando?

Por lo general cosas definidas, no a ver lo que encuentran, y dispuestos a llevarse cualquier obra.

– ¿ Cuáles son esas cosas definidas?

Por una parte obras que traten de filosofía, política, historia y arte. Poco humorismo y poca novela. Por lo que se refiere a los escritores de la generación del 98 o de un poco antes o un poco después los preferidos son Baroja, Valle-Inclán, “Azorín” y Galdós, éste más en las novelas que en los Episodios Nacionales. Algo menos José María de Pereda. No falta doña Emilia Pardo Bazán.

– ¿ Y de poesía?

Salinas, Alberti, Antonio Machado.

Encontré en la permanente feria varios diccionarios rusos.

Me sorprendió que los jóvenes buscasen novelas de Víctor Hugo, con preferencia Los Miserables; menos, que pidieran Guerra y Paz, de Tolstoi, y menos todavía, las prestigiosas obras de anticipación de Julio Verne.

 

Feria permanente del libro usado” per Ángeles Villarta . El Libro Español, INLE, nº 136, abril de 1969.

 

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Jaume Dubà

“Es una de les llibreries de vell més tronades de Barcelona, però durant els anys trenta i quaranta era plena cada dia d’estudiants, que hi anaven a vendre i a comprar els llibres de text. La va fundar Jaume Dubà. La seva vídua l’ha mantinguda oberta uns quants anys més i ara liquida el negoci. Aquesta setmana serà l’última.

 Cap altre llibreter de vell no s’ha interessat pel local. Diuen que hi posaran un bar. Es troba situat al carrer dels Tallers número 80, al cantó acostat a la plaça de la Universitat. En aquest tram del carrer dels Tallers hi havia hagut tres llibreries de vell. La Conte va desaparèixer fa pocs anys. Quan la llibreria Vídua J. Dubà tanqui, només en quedarà una, la Cervantes, una llibreria molt activa fundada i portada per Ramon Mallafrè, que als seus 85 anys encara es posa cada dia darrere al taulell. El senyor Mallafrè, que fins fa dos anys muntava parada els diumenges al mercat de Sant Antoni, també es va dedicar, aquells anys trenta, quaranta i cinquanta, al llibre de text. “Abans, els catedràtics donaven els mateixos llibres de text any rere any, però ara no. Cada curs els canvien. Fa uns vint anys, pel cap baix, que hem deixat de comprar llibre de text”. Després de la guerra, va fundar una altra llibreria. Però la va obrir lluny de la Universitat, al casc antic. És la Canuda, situada al costat de l’Ateneu Barcelonès i la porten els seus fills.

Ramon i Santi Mallafré

 Els voltants de la plaça de la Universitat, en especial el carrer Aribau, van ser, durant una època, la zona reina de les llibreries de vell. Un germà del senyor Dubà, Rogeli, era un dels més prestigiosos llibreters de vell del carrer Aribau. Quan en època de l’alcalde Porcioles els llibreters dels barracots de Santa Madrona, van haver de tocar el dos, a causa de les obres del Metro de l’estació de les Drassanes, van triar aquesta zona universitària. Es van instal·lar just al darrere de la Universitat, al carrer de la Diputació. Un d’aquests llibreters és Josep Rodés. La parada de Santa Madrona l’havia oberta el seu pare el 1902, any de la creació del mercat estable de llibre vell.

Llibreries carrer Diputació, ja no hi són.

El senyor Rodés va trobar feina de corrector al Diario de Barcelona i va deixar la seva dona al capdavant de la parada del carrer de la Diputació. Acabada la feina al diari, va veure que amb la parada no en tenia prou i va obrir una botiga. S’esdevenia això l’any 1979. La botiga ja no la va obrir al voltant de la Universitat, sinó al casc antic, on ara hi ha una part considerable de les millores llibreries de vell de Barcelona. La va obrir al carrer dels Banys Nous.

Josep Rodés i Dolors Bach

Al casc antic, entre la llibreria Canuda i la llibreria Marca de la plaça de Sant Just, hi ha la Puvill, Gabemet, Batlle, Creus, Balaguer, Costa, Delstre’s, Novecientos, Selvaggio, Violan i la de les germanes Sala, entre altres. Darrerament s’hi han instal·lat dues més, la Rangel del carrer d’en Bot i la que han obert Joan Ignasi Sandoval i M. Àngels Serra, de Santes Creus, al carrer dels Banys Nous. El senyor Sandoval, que va començar a vendre a Barcelona a la fira dels dijous de la Catedral, la va obrir el febrer de l’any passat.

Josep M. Marca

 La llibreria Vídua J. Dubà liquida aquests dies el negoci. La botiga és plena de novel·les rosa, novel·les de l’oest i d’exemplars de la revista Selecciones del Reader’s Digest, llibres i revistes molt envellits, que s’han venut i s’han llogat a baix preu.

Abans, el petit establiment del carrer dels Tallers era ple d’estudiants i no ho era només a principis de curs. L’estudiant acostumava a anar curt d’armilla, en especial l’estudiant que combinava les obligacions de la carrera universitària amb les obligacions de la vida bohèmia, i quan es trobava amb una necessitat urgent i ja s’havia gastat la paga que li donava el seu pare, es venia els llibres de text un divendres i els recuperava un dilluns. En aquells temps, quan els llibres de text eren llibres de text, els volums tenien una utilitat triple. Servien per aprovar el curs, per exercir la bohèmia amb puntualitat i per donar vida a les llibreries de vell.

Mort d’una llibreria de vell”, Lluís Bonada, Avui, 1 de març 1989.

Fernando Selvaggio

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Una vez al año no hace daño; eso dice el refrán que, como la mayor parte de los refranes, tiene dos vertientes: la verdadera y la falsa. Visitar una vez al año – desplazándose del lugar provinciano en que uno reside – las librerías de viejo, de lance, de ocasión, de libro usado… que hay en Madrid puede motivar una indigestión a causa del apresuramiento y, por descontado, cierto agobio originado por la coincidencia, en breves días, del hallazgo de “piezas” perseguidas y que, de intentar adquirirlas, nos ocasionarían un congestivo e indefectible impacto económico. Mas el poseído del vicio de realizar tales visitas no puede eludirlas, tanto por propiciar el oportuno “descubrimiento” como por dialogar con libreros estimados por cuanto pueden informar de datos curiosos relacionados con el libro. Así, por ejemplo, nos aclara uno de ellos la razón del porqué los libros del siglo XVII suelen estar vulgarmente impresos- Obedece ello a que tales libros estaban sujetos a “tasa”, la cual era impuesta por ciertos “tasadores” – meros burócrtas de entonces, no peritos en determinadas calidades estimativas y valorativas del libro -. Dicha tasa imponía a los libros un freno, y ello redundaba en su deficiente confección. De ahí lo ordinario de su impresión, con carencia de gusto editorial, sin exigencias materiales o artísticas.

Me produce amargo regocijo escuchar a un librero cuando manifiesta que se molesta si no vende, pero que también se molesta cuando vende, como si le doliera desprenderse de determinadas obras que posee entre sus fondos. Hasta tal punto es así, que a veces llega una persona preguntando por un concreto libro, y se le dice que no lo hay, cuando la verdad es que sí se tiene. La realidad es que existen obras que podríamos considerar “clave”, y no hay apresuramiento para venderlas, ya que su mercado está asegurado al ser permanente su demanda.

Se hallan libreros que van al negocio con un acentuado interés mercantil; no son censurables; ejercen su profesión y son muy libres de marcar los precis a su albedrío, puesto que la clase de libros que ofrecen nadie está obligado a adquirirlos, y respecto a los mismos suele pagarse más el capricho que la necesidad profesional. Pero si recordamos esto es para traer a colación las añoranzas de algún librero ya maduro de edad; rememora sus años iniciales, cuando ponía libros en el suelo, en espera de que algún transeúnte se dignara pararse, mirar aquellos y luego… regatear. Uno de tales libreros recuerda cuando siendo muchacho de una tienda le encargaron los dueños que fuera a una casa de la cual les habían ofrecido libros. Al llegar quedó asombrado, pues se trataba de un gran salón ostentoso, con las paredes repletas de volúmenes, más otros que había por el piso. Preguntó temeroso por el importe de la tasación y le dijo ( se trataba del administrador de un título nobiliario) que cuatro mil pesetas; el muchacho, aunque apenas entendía de libros dijo – incitado por el sentido común – que sí, que aceptaba el precio. Pero luego fue cohibido a comunicárselo a sus patronos, pues temía que estos le rechazaran la oferta. También aceptaron la adquisición – aunque tuvieron que pedir prestadas las cuatro mil pesetas.

Este mismo librero fue en otra ocasión llamado para ver unos libros que le ofrecían. Tras breve discusión con la anciana, llegó a un acuerdo en el precio a satisfacer por los libros que se veían. Mas, repentinamente, la mujer dijo:

  • Bueno, se los dejo en lo que me ofrece. Pero con una condición: que se lleve usted un montón de libros que tengo en el desván, y que me están estorbando mucho.

Ni que decir tiene que los libros buenos estaban en el “montón” que la mujer no vendía, sino que regalaba con tal de que se los quitaran de casa.

Cajón de sastre

Pregunto si destaca alguna preferencia en las demandas, en las peticiones de los clientes. Me dicen que no. Las solicitudes suelen ser variadísimas temáticamente: Madrid, País Vasco, Galicia, Asturias, toros, heràldica, Cervantes, relojes, sexología, cocina… Durante una mañana oí como una persona reiteraba la misma pregunta en varios puestos; deseaba obras “sobre” Santa Teresa, y puntualizaba que “sobre” Santa Teresa, no “de” Santa Teresa.

Es curioso el confuso ambiente dialéctico que se crea en ocasiones. Entra un cliente en una librería y comienza a hablar con el dueño sin que quienes están allí puedan enterarse de nada a pesar del tono alto y el empleo de términos habituales. Su diálogo resulta incomprensible para el profano en la materia cuando citan autores, ediciones o títulos que son para ellos como símbolos. Los escuchantes ignoramos tales referencias, y resulta sumamente extraño que no hablando los otros de nada esotérico, sino de libros, de autores, de ediciones, de catálogos…, su conversación resulte ininteligible para el oyente.

Me cuentan cómo un muy buen coleccionista de Quijotes los vendió cuando se sintió viejo, por el dolor que le producía sospechar que su familia, al fallecer él, desbarataría su colección. También el placer de don Roque Pidal cuando mostraba el ejemplar de “El Cid” que tenía en una habitación de su casa, metido en una urna de cristal colocada sobre una especie de catafalco,,,

Librerías de viejo. Visita de un provinciano” per Luciano Castañón, El Libro Español, INLE 1974.

Foli 74 recte del Cantar de mio Cid, on es pot llegir el explicit «Qui escrivió aquest llibre de Déu paradís, estimin / Per Abbat li escrivió al mes de maig a era de mil e. CC XLV anys »

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“Però no s’han fixat vostès quin guirigall s’ha armat amb això del dia del llibre? Com si hagués entrat un gat en un galliner!

 Durant uns dies tot és parlar de si el llibre això; de si Cervantes allò; que els llibres són el menjar espiritual per excel·lència i discursos per aquí, conferències per allà, etc., etc.

 Als impressors això ens ha de alegrar, ja que com més llibres es venguin més probabilitats hi ha que no falti treball a les impremtes: a les impremtes, per descomptat, que es dediquen a imprimir llibres, que no totes estan muntades per a això, i tot i d’aquestes, les que haurien de tocar els resultats de tal propaganda, haurien de ser les que imprimeixen bons llibres i posen en això tot el seu saber i bona voluntat per tal que els lectors s’adonin que els serveix un llibre ben corregit i no un enfilall tal de pífies que no hi hagi estómac sa que els pugui digerir.

 Perquè, senyors, jo estic d’acord amb el que va dir que no hi ha llibre tan dolent que no porti alguna cosa bona i també estic convençut que és difícil que no hi hagi llibre, per ben cuidat que estigui que no tingui algun lunar o en què no s’hagi escapat alguna errada, ja que l’absoluta perfecció, tant en els llibres com en tot el que depèn de la humana naturalesa, és impossible aconseguir-la; no obstant això, quan repasso un llibre i començo a ensopegar amb un continuat descuit de les més elementals regles que em van ensenyar al començar l’ofici de caixista, i això està més estès del que a primera vista sembla, em convenço que hi ha molt a ensenyar i que cada dia endarrerim en comptes d’avançar en el camí de la perfecció tipogràfica.

 Perquè jo, com els cridaners de la festa o dia del llibre, estic d’acord amb la propaganda que es fa i que poc o molt contribueix al fet que es comprin més llibres i a què es llegeixi més, i també crec que el llibre ha d’estar ben escrit, que sigui instructiu, moral, etc., però a més de tot això que pertoca a l’autor i de la presentació (paper, gravats, etc.) que va a càrrec de l’editor, deu també pensar-se en que l’impressor ha de lluir les seves habilitats tenint cura que els blancs estiguin ben proporcionats, la tinta amb el mateix to en tot el tiratge i sobretot que es cuidi bé l’espaiat, que no vagin seguits més de tres guions, que no surtin barrejades lletres d’altres caràcters, que l’ interlineat sigui uniforme i en obres il·lustrades, que els gravats no estiguin torts, que el marge d’aquests no sigui desigual, que no s’escapin lletres en els finals de línia i altres petiteses per l’estil.

 Quan arriba a les meves mans un d’aquests llibres que, sota el pretext que són barats, no hi ha per on agafar-los; llibres que comencen per ser traduccions (mal traduïdes en general), mal impresos i pitjor corregits, els quals, per portar una coberta cridanera, són el reclam de gairebé totes les llibreries, i per ser barats (o semblar-ho, perquè el dolent sempre és car), són els que per honrar el dia del llibre tenen més sortida, pregunto jo: ¿no hi hauria manera de què el dia del llibre servís per donar sortida només a llibres bons per tots els conceptes? Això redundaria en benefici (honra i profit) d’autors, editors, llibreters i impressors.

 Del públic que compra no vull ocupar-me per que crec que no té ell la culpa que se li serveixi gat per llebre.

 Què entén el pobre comprador (referint-me a la part tipogràfica), de les mil i una faltes que se li poden passar a un caixista?

Què sap ell (excepte explicades excepcions) d’ interlínies, d’espaiats, de línies tortes, de tipus barrejats, de la importància de cada titular, de lletres tapades, de marges i, en molts casos, d’ortografia.

 Nosaltres, els impressors, som els cridats a honrar el llibre esporgant-lo, llimant-lo i deixant-lo net i agradable, sense distreure el lector amb detalls de mal gust, que està en la nostra mà apartar de la vista del públic.

A  l’establir el legislador, amb molt bon acord per cert, el dia del llibre, segurament que ho va fer amb el sa propòsit de ‘desasnar’ a la major quantitat possible de ciutadans, ja que el públic intel·ligent no necessita, afortunadament, que li assenyalin dia un cop a l’any per comprar els llibres que li proporcionin gaudi espiritual i coneixements generals; però alguna cosa i encara molt podem fer de la nostra part si ajudem tan bones intencions esforçant-nos nosaltres en adquirir els estudis necessaris perquè de les nostres mans surti l’obra tan perfecta possible.

¡Caixistes, impressors, enquadernadors, tots els que integrem les Arts del llibre, a treballar amb fe i entusiasme en aquesta magna empresa, que és de tots i per a tots!

 Que el gran Gutenberg es mostri, en el seu somni etern, orgullós dels seus deixebles! He dit.

Article: “Demano la paraula” de Miguel Pujolar, a La Gaceta de las Artes del Libro y de la Industria del Papel, Barcelona, desembre de 1927.

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“La afición al libro viejo incluye una diversidad tan numerosa de matices y categorías, que pudiera muy bien ser objeto de una clasificación científica fundada en la psicología. La peculiar al coleccionista acaso fuera demasiado elemental para aplicarla al bibliófilo, al bibliómano y al bibliomaníaco, aunque nos ofrecería desde luego algunas generalidades más ó menos utilizables para el caso.

 Por de pronto, el verdadero aficionado á libros viejos suele ser el más apasionado de entre todos los coleccionistas. Frecuentísimo es el caso en que para él no haya otra cosa bajo la bóveda celeste en esta baja tierra que impresione en papel de diversos matices, hojas volantes, folletos, libros en caracteres diminutos, encuademaciones en tafilete, pergaminos, pastas jaspeadas, lisas ó con filetes, cortos rojos, amarillos ó azules., El volumen constituye para aquéllos una obsesión que nada es capaz de desarraigar; una idea fija, en derredor de la cual todas las demás se aminoran y desvanecen, Descuret, en La Medicina de las pasiones, nos hahla de un bibliómano que en los instantes mismos de la muerte ordenó que abrieran la ventana de su alcoba á fin de contemplar por vez postrera un tenderete de libros que había frente á su casa. A este hombre le importaba mucho más dejar los libros en el mundo que á la familia angustiada que le perdía. Es un caso patológico que pudiera designarse con el nombre de “locura voluminosa», por ser el volumen su causa eficiente; hay que advertir que en el fondo de todo bibliófilo se descubre muchas veces un loco pacífico.

Como todas las ideas que germinan en el alma de los grandes hombres, la bibliomanía se inicia en la edad juvenil; á veces en la infancia; llega hasta la extrema vejez y hasta la muerte, como acabamos de ver en el bibliómano Descuret.

Un bibliófilo que empieza á formar su biblioteca en la edad madura carece de las condiciones esenciales de la clase; éste es un hombre apagado, sin impulsos, naturalmente reflexivo, que adquiere libros como compra cuadros y muebles para alhajar su vivienda. Cuéntase de un diestro famoso que al instalar su hogar le advirtió un amigo que allí no veía ningún libro. El maestro, confrme con la necesidad de remediar la falta, encargó dos mil pesetas de libros – sin fijarse en cuáles ni cuántos – á un librero de la Puerta del Sol.

Un aficionado auténtico hubiera sido incapaz de cometer semejante herejía.

Los libreros que se instalan anualmente en la Feria en los primeros días del mes de Septiembre conocen perfectamcnte á la clientela que los favorece con sus adquisiciones.  Los hay tan expertos, que á las primeras palabras de su interlocutor echan de ver que de la transacción iniciada no va á resultar nada práctico, y, en consecuencia, se muestran económicos en obras y palabras. Otros descubren á las primeras de cambio la inclinación del comprador, la índole de sus aficiones; á casi todos los libreros de la Feria les son familiares los buscadores de gangas, que están en mayoría entre los visitantes del mercado, desgraciadamente para la profesión.

 A decir verdad, las gangas escasean notablemonte en el mercado bibliográfico madrileño, habiendo llegado casi al total enrarecimiento.

Sobreabundan allí la Medicina y el Derecho no vigentes; la Teología arcaica y los libros militares anteriores á los gases asfixiantes; las publicaciones oficiales, faltas de mejor empleo, y las novelas y obras históricas que se leyeron con mucho interés en los primeros años de la Restauración alfonsina. También se descubren Diccionarios y enciclopedias extranjeras, escritas éstas en idiomas poco asequibles á las masas (alemán ó inglés). Entre aquellos provechosos repertorios menudean los Calepinos, los Miñanos y, sobre todo,los Madozes — 10 volúmenes en folio, con encuademación de la época y en buen estado de conservación—. El Diccionario de don  Pascual Madoz se asemeja á las obras capitales que la Humanidad  nos ha legado: á la Biblia, La Ilíada, La Divina Comedia y el Quijote, en que es una obra inagotada é inagotable. Quedan Madozes para innumerables generaciones.

 Pero aun cuando en la Feria no se encuentren “libros preciosos” y de singular rareza, como dicen en las cubiertas de sus catálogos los libreros que encomian excesivamente su mercancía, una mano exporta y adiestrada puede descubrir todavía en estos tiempos de escasez universal algunas curiosidades en prosa y verso y hasta manuscritos inéditos que ofrezcan algún invento. Los libros que allí se ven colocados en toscos estantes ó en tarimas donde antaño reposaron ciudadanos ignorados, permanecieron muchos años en lugares poco frecuentados: en desvanes, guardillas, sótanos, bodegas y pajares. El olor denuncia la naturaleza del yacimiento, que va á exponerse con brusca transición al sol, al aire y á la lluvia.

La ignorancia amontonó muchas voces entre la balumba, alguna joya caída en profanas manos, destinada fatalmente á orearse en las saludables brisas del Botánico.

 En tiempos más lejanos, era la Feria frecuentada por insignes personajes: Castelar, Pi y Margall, Cánovas, Carvajal y Menéndez Pelayo, nunca se desdeñaron en revolver infolios polvorientos ni pergaminos ennegrecidos por los años. Verdad es que entonces ofrecía mayor interés la mercancía.

Article:” Bibliófilos y bibliómanos” per C.R. Salamero, a La Esfera, n 457, 7 octubre 1922.

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“Sembla indubtable que els progressos de la indústria, a l’abaratir la producció, la fan assequible a totes les fortunes. Però no sempre l’abaratiment porta aparellada l’afició a un producte i, per conseqüència, un consum major proporcionat als preus que van disminuir. Al menys això s’adverteix a Espanya pel que fa al Llibre. Estudiem dues èpoques: l’Espanya musulmana i l’Espanya dels nostres dies.

 Els àrabs comencen per abaratir la producció llibretera desterrant els papirs i pergamins i emprant el paper de pasta per confeccionar els llibres (2), que produeixen en grans quantitats; però, no poden prescindir del cal·lígraf o escrivà que traslladi al paper les idees: per cada llibre cal fer nou motlle; tants d’aquests s’hauran d’escriure tantes siguin les còpies o exemplars que es desitgin; i si bé és cert que l’ocupació d’amanuense mai va estar retribuïda amb esplendidesa, les còpies costarien bastant. Al-Hàkam II, gran bibliòfil cordovès, paga més de 20.000 duros per obtenir una primera còpia que fa conèixer a Espanya abans de ser-ho a Pèrsia, pàtria de l’autor que concep el llibre. Vol dir-se que en l’Espanya musulmana els llibres no es produïen barats. I, no obstant això, existia gran afició a ells, fins donar-se el cas que a Còrdova hi havia multitud de biblioteques notables, fins i tot en llars modestes.

Manuscrit 1 de la Biblioteca Al-Qarawiyyin de Fez
procedent de la biblioteca del califa al-Hak
em II

 És tal l’afició als llibres en aquella època, que rarament els presten els seus propietaris; perquè també llavors existia el costum de no tornar-los. No hi ha obsequi que més estimi el monarca Al-Hàkam II, que un llibre ben escrit i enquadernat, i els seus súbdits, quan volen congraciar-se amb ell, li ofrenen els més bells exemplars.

 No n’hi ha prou per a satisfer l’afició dels bibliòfils musulmans amb la producció llibretera espanyola, i hi ha bon nombre d’agents que recorren el món comprant novetats literàries a preus fabulosos. Al Caire, Bagdad, Damasc, Alexandria i altres punts hi ha llibreters encarregats de remetre a Espanya totes les produccions musulmanes que es publiquen. Alguna biblioteca (3), que desgràcies de família van obligar a posar en venda, va ser adquirida en 40.000 monedes d’or casemíes, que representen avui uns quatre milions de pessetes! I el venedor ni tan sols pertanyia a la família regnant; era un súbdit particular, encara que bé es comprèn que adinerat.

Cànon de Medicina d’Avicena

 No és només a Còrdova on hi ha notables i copioses biblioteques; n’hi ha a Granada, a Sevilla, a Màlaga, a València, a Saragossa, a Jaén, a Múrcia, a Toledo, a Guadalajara … En pobles com Tortosa, Carmona i Jimena hi ha llibreters-copistes que s’enriqueixen expenent còpies. Són nombrosos els individus que dediquen la seva activitat  al comerç de llibres (4), i tots viuen amb gran folgança: alguns fins construeixen edificis per muntar la seva indústria i comerç amb notable esplendor.

 L’aparició de la Impremta, que permet treure totes les còpies que es vulguin d’un mateix motlle, abarateix el llibre fins a un punt no somiat; i com les Arts Gràfiques estan en constant desenvolupament progressiu, cada dia es produeixen els llibres a més baix preu. Arribem al moment actual amb màquines per compondre i rotatives per imprimir ràpidament milers d’exemplars de cada nou llibre; ha desaparegut el gravat en fusta, il·lustració costosa, i ocupa el seu lloc el fotogravat, el preu permet il·lustrar els llibres amb poca despesa. Tot això sembla que, a l’abaratir el llibre, hauria d’haver fet un bibliòfil de cada espanyol de mitjana cultura; cosa que no succeeix, ja que comparant època amb època i preu amb preu, s’adverteix un grau menor d’afició cap al llibre que el notat en l’Espanya musulmana.

Lubna de Còrdova, copista d’Al-Hàkam II

És cert que hi ha moltes i notables biblioteques- de caràcter oficial la majoria -; però no en la gran proporció deguda; cert també que s’adquireixen llibres a preus elevats; mes són llibres antics, incunables, obres rares. Edicions artístiques només apareixen de tant en tant. No s’adverteix l’afició progressiva que hauria d’existir cap al llibre d’haver continuat les corrents que es van iniciar durant la dominació musulmana.

 És que menyspreem el que vam adquirir a baix preu? És que no es presenten els llibres en forma que mereixin ser conservats? És difícil respondre amb encert. Potser hi hagi un tant de culpa a la manca d’educació; potser no s’inculca als nens l’amor als llibres; i d’aquí la desafecció, el desafecte que se’ls té. Sol passar que es reprèn als nens, que se’ls castiga si trenquen una joguina comprada per això: per jugar amb ell i trencar-lo; en canvi, no se’ls diu res quan omplen els llibres de gargots o destrueixen els fulls per fer corbates de llacet.

Alcorà de al-Àndalus

No només són els nens: hi ha gent gran, i algunes que es tenen per cultes, que pinten «ninots» en els llibres, dobleguen els fulls per saber on van acabar la lectura … Potser són regustos de la infantesa. Tenint en compte el progrés cultural que hagués d’existir entre l’Espanya musulmana i l’Espanya dels nostres dies, ens sembla que hauria d’haver tal afició als llibres que els consideréssim qual preuades relíquies. I si això fos així, començaríem per desterrar radicalment aquesta absurda costum, tan arrelada al nostre país, de prestar els llibres … que ja no tornen a les nostres mans. També es prestaven antany; però eren exemplars únics i perquè traguessin còpies d’ells; no hi havia possibilitat d’adquirir-los en moltes ocasions (5).

 Seria curiós trobar una estadística del consum de llibres en l’Espanya musulmana i una altra dels nostres dies; potser ens sorprenguéssim al comparar-les. De totes maneres, no sembla aventurat suposar que en aquella època el nombre d’analfabets havia de ser enorme; però serenament considerat aquest assumpte, és menester confessar, per molt que ens dolgui, que en lloc d’avançar, hem retrocedit en l’afició i l’amor als llibres.

(1) M’inspira aquest article la lectura d’un profund treball d’erudició històrica, a causa del savi arabista D Julián Ribera Tarragó, que es titula Bibliòfils i Biblioteques en l’Espanya musulmana. Aquest treball va ser llegit a la Facultat de Medicina i Ciències de la Universitat de Saragossa, reproduït diverses vegades en forma d’opuscle i ara s’insereix en la col·lecció d’obres del Sr. Ribera que publiquen els seus deixebles i amics com a homenatge afectuós a qui tant va fomentar els estudis aràbics. Alguna cosa hi ha també per la meva part d’homenatge al bondadós amic, al mestre eminent, al publicar aquestes mal embastades línies.
 (2) Van ser instal·lades les fàbriques a Toledo i a Xàtiva.
(3) La d’Abeufotáis, de Còrdova.
(4) El llibreter musulmà generalment s’encarregava de reproduir els llibres per mitjà de l’escriptura i després els venia; i tant més gran era el seu negoci com amb més perfecció els presentava. Van existir alguns exemplars notabilíssims per les meravelles cal·ligràfiques i dibuixos que contenien. També hi havia copistes dedicats a treballar a sou per a particulars i fins i tot per mercaders de llibres.
(5) Com una prova del que dic i també de l’afició al llibre en l‘Espanya musulmana, reprodueixo el que diu el Sr. Ribera en el seu citat treball respecte a un humil mestre d’escola, Abenbázam: “Aquest individu es manté ensenyant als iniciats, tasca en la qual l’ajuden un fill seu, encarregat dels nens, i una filla, encarregada de les nenes. Els pocs estalvis que aconsegueix els dedica a la compra de llibres, al mateix temps que les hores lliures de classe les fa servir amb afany a copiar els que els seus amics li ofereixen. Tot i que no poden permetre el luxe de mantenir bibliotecari, no per això la seva llibreria està desarreglada, ni deixa de tenir el seu valor. Alguna vegada els mateixos literats de Còrdova li envegen la correcció dels seus còdexs i la preciositat d’alguns, únics, que va portar d’un viatge que va fer per Orient amb aquest objecte. Mal vestit i mal menjat se li podia veure, però la seva biblioteca mostra clarament on pot arribar l’amor als llibres fins a persones d’escassos havers »

 “L’afició als llibres” d’Estanislao Maestre. La Gaceta de las Artes del Libro y la Industria del Papel , Barcelona, desembre 1927.

El Consell de Poesia a la cort d’Al-Hakem II, califa de Còrdova

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“Impremtes marítimes

            La instal·lació d’una impremta a bord d’un vapor es remunta a l’any 1780. La Impremta Reial de l’Esquadra, instal·lada al «Llenguadoc», vaixell insígnia de l’Esquadra francesa, va deixar el port de Brest el dia 2 de maig d’aquell mateix any, portant a bord sis mil homes per tal de reforçar l’exèrcit de George Washington durant la guerra de la Independència. Dos mesos després, exactament el 11 de juliol, va ancorar a Newport (Rhode Island). A la impremta d’aquest vaixell s’imprimien tots els impresos relatius als serveis de l’esquadra, i al tornar a la metròpoli la impremta es va traslladar a terra ferma, i en els seus impresos va figurar aquest peu d’impremta: «A Newport, de la Impremta Reial de l’Esquadra, a prop de Parc de la Marina ».

De les activitats de la que fou la primera impremta marítima, poca cosa s’ha conservat. Es coneix un únic exemplar, molt curiós pel seu contingut, la portada es reprodueix en aquest article. D’una simple full titulat «Declaració a tots els francesos de l’Amèrica Septentrional», se sap pel seu peu d’impremta que aquesta va ser reembarcada i que els mateixos premsistes i tipògrafs que van treballar a terra van reprendre el seu treball en les immensitats de l’oceà. També al «Llenguadoc» li cap l’honor d’haver estat el primer vaixell que ancorés en un port del Nou Món portant una impremta a bord.

             Per descomptat, les impremtes marítimes són les que han aconseguit major desenvolupament i es troben més prodigades per la raó que el medi en què s’instal·len té més disponibilitats, i no estant, per tant, subjectes a restriccions disposen de més espai per a la seva instal·lació.

El desenvolupament de la navegació a vapor i l’organització de les companyies navilieres, va portar com a conseqüència la instal·lació d’impremtes més completes, tot i que encara dotades d’un material rudimentari, però suficient per imprimir les llistes de passatgers, menús i programes de festes. Amb la telegrafia s’incrementa el seu desenvolupament i ja es té necessitat d’imprimir en un full, emulant els periòdics del continent, les notícies rebudes durant el viatge, en lloc de donar-les verbalment o inscriure-les en una pissarra. D’aquesta necessitat havia de sortir la concepció d’un diari marítim, instal·lant en el vaixell millors i més apropiats elements, entre ells una màquina de compondre, per a la instal·lació va caldre superar no poques dificultats i problemes, com l’estabilitat i paral·lelisme de la màquina de compondre en relació amb el vapor.

             En l’actualitat el vapor «Marseillaise», destinat al servei amb l’Extrem Orient està proveït d’una instal·lació que podríem anomenar doble: composició tipogràfica exclusivament a mà i una premsa litogràfica. Aquest és un detall molt digne de tenir en compte i que ennobleix a aquest vaixell, capaç de revaloritzar el que val la litografia, avui en trànsit de desaparèixer, anul·lada pels procediments mecànics moderns. A Espanya

tenim el vaixell-escola «Juan Sebastián Elcano», vaixell-escola en un doble sentit, ja que tots els guardamarinas, a més de instruir-se en les tasques pròpies de la seva professió, col·laboren en el diari que s’edita a la impremta de bord. Cada tripulant té la seva missió, hi ha crítics d’art, de teatre, cinema, música, esports, etcètera, els quals exposen el seu criteri en totes les manifestacions desenvolupades durant el viatge: es tracten també els temes morals i religiosos, problemes sobre la navegació, i estudis sobre marins il·lustres. Els radiotelegrafistes ofereixen una informació detallada de les notícies rebudes de tot el món. Mereix destacar-se la secció «Descobrint la meva província», en la qual cada tripulant mostra a les pàgines del diari les belleses i peculiaritats de la seva enyorada petita pàtria . Evidentment estem molt lluny d’aquells gloriosos impressors que, amb els seus carros tirats per mules, van sembrar enginy i saber per tots els camins d’Europa. Han passat cinc segles. La impremta segueix sent transhumant, però al so de l’època en què vivim. Hem passat als camions-impremta de les firmes subministradores de materialtipogràfic en què mostren les seves innovacions als seus futurs clients al seu propi domicili; els trens impremta i també les impremtes instal·lades en un avió.

La impremta transhumant”, per Felipe Bachs Mensa, Rvta. Ensayo, 14. 1962.

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 “«Habría que precisar en primer lugar», nos señala el editor Manuel Arroyo, «qué es la bibliofilia; yo creo que podríamos diferenciar entre la bibliofilia clásica; es decir, la encuadrada en el ámbito estricto del libro antiguo, bien hecho, primorosamente elaborado, y la llamada bibliofilia de edidiones facsímiles, ahora muy en boga».Existe, no obstante, en los círculos bibliófilos de Madrid, cuyo eje central son las llamadas «librerías anticuarias o bibliófilas», un marcado sentimiento de recelo, cuando no de desprecio, hacia las ediciones facsímiles. «Eso no es bibliofilia, es un mercado para nuevos ricos. Un mercado con una lista de clientes fabricada de antemano, a los que se convence de que esto es muy bonito y dentro de diez años se triplicará su valor actual», nos manifiesta el dueño de la librería Escalinata, de Madrid

Luis Bardón, siguiendo una ya larga tradición familiar, lleva cuarenta años al frente de la madrileña Librería para Bibliófilos. «Quiero aclarar las diferencias existentes entre un bibliófilo y un bibliomaniaco. El primero jamás se limitará a una mera valoración fetichista del libro, sino que aunará la buena calidad del texto impreso con la calidad del material empleado, es decir, una cuidada encuadernación y una absoluta falta de erratas. Por el contrario, el segundo puede fijarse en un solo punto: libros que midan seis centímetros o encuadernaciones de idéntico color, por ponerse un ejemplo».

            «Naturalmente», explica Luis Bardón, «para un bibliófilo, las ediciones más codiciadas son las llamadas ediciones príncipe, es decir, las primeras. En cuanto a las dedicatorias del autor, la verdad es que son muy difíciles de encontrar, quizá por ese motivo el precio no sube tanto como la gente suele pensar».

En materia de precios, el mutismo es general, «porque se ha exagerado una barbaridad en la Prensa». Sin embargo, grosso modo, se puede afirmar que no es ni mucho menos imposible hallar buenas ediciones a precios asequibles a casi todos los bolsillos.

«Actualmente, y pese a que el interés por la bibliofilia registre un auge continuo, el problema estriba en que cada vez es más difícil hallar un material verdaderamente interesante. Y para colmo no estamos en Francia, en donde todos los días hay subastas, como la del hotel Drouot, en París», se lamenta Luis Bardón. Por el contrario, el propietario de la librería del Prado, especializada fundamentalmente en folklore y literatura de principios de siglo, no se muestra muy amigo de las subastas, «porque los precios se disparan; recuerdo que por un libro que yo estaba vendiendo a seiscientas pesetas se estaba pujando cerca de las 5.000».

            El origen de las subastas públicas de libros hay que situarlo en la ciudad holandesa de Leyden, a principios del siglo XVII, imponiéndose rápidamente en Francia, país bibliófilo por excelencia, donde en 1691 es abierta al público la gran biblioteca del cardenal Mazarin, formada, en su mayor parte, por el bibliófilo francés Gabriel Naudé.         Actualmente, en España vienen celebrándose del orden de unas dos subastas anuales, organizadas por Durán, si bien, la galería Ansórena está comenzando también a promoverlas.

La ley de 1972, que regulaba la exportación de los tesoros bibliográficos, ha supuesto un intento de contener la salida incontrolada del país de verdaderas joyas de nuestro patrimonio. «A pesar de lo cual», nos dice Justo García Morales, director del Tesoro Bibliográfico de la Biblioteca Nacional y uno de los más eminentes bibliófilos de nuestro país, «precisamente por ser este un negocio fructífero y de difícil protección, ha habido demasiadas salidas de España.

            «Actualmente, la bibliofilia en España está cambiando, prácticamente ya han desaparecido aquellas sociedades de bibliofilia del siglo pasado, generalmente formadas por aristócratas que se reunían para hacer ediciones numeradas. En el siglo XIX, gracias a la desamortización, que facilitó a una burguesía en ascenso la adquisición del tesoro bibliográfico de la Iglesia subastado, se consolida el fenómeno bibliofílico en España, formándose así las grandes colecciones privadas».

            La labor del actual director del Tesoro Bibliográfico tiene un claro exponente en las cuatro colecciones bibliofílicas que ha dirigido: Joyas bibliográficas, TorcurumReimpresiones bibliográficasBibliofilia social. La última de las cuales, nos cuenta, «me ha valido, más de una discusión, ya que para algunos bibliófilos mi intento de componer una bibliofilia popular, es decir, crear cuidadas ediciones a un precio asequible, era traicionar el espíritu de la bibliofilia».

            «Esa es precisamente nuestra labor, facilitar a los españoles el inventario de todo lo que hay en España, fotocopiar índices enteros. Ya llevamos cuatro millones de fichas, en las que están reunidas las cuarenta o cincuenta mejores bibliotecas del país. En concreto, le diré que la Biblioteca Nacional posee la colección más completa del mundo del Quijote, incluyendo los ejemplares ilustrados.

            «De todos modos», concluye García Morales, «el presupuesto que nos da el Estado es irrisorio, unos quince millones, y con eso no hay ni para empezar. Tengo aquí mismo todos los planos de los barcos de la Armada Invencible, y sólo eso supone diez millones de pesetas, y estamos asimismo a punto de perder la oportunidad de comprar una de las bibliotecas más importantes de España, la de Zabalburu Heredia Espinosa, de más de 22.000 volúmenes».

            “La bibliofilia, el mundo de las joyas de papel “, Juana Salabert, El País, 12 feb 1981.

Leonardo da Vinci. Tractat d’estática i mecànica (BN)

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