Feeds:
Entrades
Comentaris

Archive for the ‘Fires i Mercats’ Category

Exposició Internacional de 1849 a Paris

L’enquadernació editorial, la indústria aplicada a l’art.

L’enquadernació catalana de començaments de segle no es pot entendre sense contextualitzar-la amb l’enquadernació francesa. El mateix passa si parlem de l’enquadernació editorial o industrial, anomenada en francès de cartonnage. Hem vist com a l’Exposició de París del 1849, l’editor i impressor Didot va fer una defensa dels nous corrents que calia tenir en compte gràcies, principalment, als avenços tècnics i mecànics. Didot ressaltà les qualitats extraordinàries dels cartrons de la Casa Lenègre, els quals afavorien l’exportació del llibre francès. Lenègre fou el primer que amb procediments molt simples va saber aplicar l’ornamentació en color sobre la roba, imitant les enquadernacions que van pertànyer a Francesc I, Enric II i Diana de Poitiers. Papers de colors brillants enganxats sobre la roba feien de mosaics i els seus daurats, de vegades amb or fals, s’obtenien mitjançant una planxa sencera pressionada amb premses de volant i escalfades al vapor. Les enquadernacions que es van presentar en aquesta exposició no valien més de cinc francs i presentaven el mateix atractiu a la vista que les enquadernacions en pell, el cost de les quals hauria anat de 50 a 100 francs.

A mitjan segle aquestes enquadernacions de tipus industrial eren confeccionades, encara, amb màquines molt rudimentàries. L’armadura de l’enquadernació continua sent la mateixa: el plegat dels plecs i el cosit es confeccionen a mà ( la màquina de cosir no apareix fins a l’any 1889). Un mecànic anomenat Massicot idea la primera màquina de tallar els llibres amb rapidesa, i és perfeccionada, anys després, i comercialitzada amb el nom de massicot, tot i que en alguns països, incloent-hi el nostre, l’anomenem guillotina, invent que suposa una multiplicació en la capacitat de tallar els llibres respecte a la màquina que substitueix, l’ingeni. Per aquestes dates apareixen la cisalla per tallar cartró i la premsa per treure caixos, a pedal. Totes elles tenen el mateix efecte: un enorme augment de la productivitat.

Les premses de daurar encara són de fusta i el seu objecte no és altre que prémer la planxa escalfada a part en un fogonet de carbó. A la qual s’enganxava al darrere un cartró per tal que l’aprenent no es cremés els dits. Més tard es va comercialitzar la premsa “Thonnelier”, construïda per Cail et Cie., feta servir a França per a l’encuny de monedes. A Anglaterra es va construir una premsa de daurar amb el nom d`”Imperial Arming Press”, una aplicació de la premsa anterior, tot i que permetia ser escalfada mitjançant tubs de ferro incandescents. Pocs anys més tard, s’arribà a la premsa calenta, escalfada per gas i aire, que perfeccionà el daurat i l’entitat de les planxes fixes a la platina superior.

Hom ha pogut observar que l’enquadernació industrial no fou una manifestació de trencament, sinó un derivat de la necessitat de produir amb més facilitat, a causa de la creixent vulgarització del llibre, sense que aquest perdi l’aspecte d’una obra d’art”.

L’enquadernació editorial: la indústria aplicada a l’art”, de l’article: “Del relligat manual a l’enquadernació industrial i el relligat artístic de bibliòfil”, per Aitor Quiney, en el llibre: L’exaltació del llibre al Vuitcents. Art. Indústria i consum a Barcelona. Pilar Vélez( ed.); Biblioteca de Catalunya, Barcelona, 2008.

XQ      XQ      XQ      XQ      XQ      XQ      XQ

—Recuerdo — le dije — que la primera vez que le vi a usted fue en la librería de ocasión de García Rico Me dijeron que iba usted con mucha frecuencia.

—Si, iba mucho. García Rico fué el librero más importante de mi época.

—Y, ¿recuerda usted a muchos «pequeños libreros» de ocasión?

—Si. A principios de siglo era muy distinta a como es ahora la geografía de las librerías de viejo en Madrid. En la iglesia de San Luis, en la del Carmen y en la de San Sebastián, había una especie de huecos o covachuelas donde se instalaban unas estanterías con libros de lance. En el Teatro Real, en una pequeña cornisa de mármol, tenía Julio Gómez — ese que está ahora en la Feria del Libro — un tenderete con una cuerda. Luego, me acuerdo también de Pepin, un asturiano que se dedicó a la compraventa de libros, a pesar de que — me parece — no ¡sabía leer”.  Ah ¡ , en la calle Preciados había unos escalones por los que bajaba uno a una tiendecilla de libros. Melchor García, que hoy tiene ya en el gremio una bien ganada personalidad, tenía una cervecería en el mismo sitio donde ahora está su librería. Se asoció con uno del Rastro a quien llamaban el Chanela, pero tuvo muchos disgustos con él. También recuerdo a un tal Flias, medio tuerto, que se metía en un cajón, envolviéndose en una manta, los días de Navidad en que apretaba el frío y desde su refugio atendía a la venta de sus libros. Pedro Vindel, el de la calle del Prado, dicen que había sido mozo de cuerda; le tocó dos veces el premio «gordo». Un día, estaba Vindel en el café de San Marcial, entró una chica vendiendo lotería, y pasaba sin pararse, en cada vuelta, ante la mesa

 donde estaba él. Entonces Vindel se enfadó: «Tú crees que no tengo un cuarto y que no merece la pena ofrecerme un décimo. Bueno, pues te voy a comprar un billete, entero». Así lo hizo, y le tócó el «gordo». Y luego, otra vez. En cuanto a Marianito Ortiz, amigo de Azorín, tenia un puesto en los derribos de la Gran Vía.No entendía de libros: si había pagado por uno tres pesetas, pedía cuatro, y en paz. Otro que recuerdo es Bataller, un valenciano vendedor de cacahuetes, rubio, con facha de sabio. Era el marido de doña Pepita, la famosa dueña de la librería de lance por donde han pasado casi todos los estudiantes madrileños. Este Bataller era naturista, llevaba siempre una blusa blanca e inventó el «intercambismo», o sea, como decía él, «la teoría de la supresión de la moneda». «Yo doy un libro, y a mi me dan una berza», ese era su sistema. Como en tiempos de la Guerra Europea anterior se pagaba a elevados precios el papel, Bataller cortaba con una guillotina los márgenes, de los libros, y vendía estos restos a una peseta el kilo. Yo me enfadé con él por el estropicio que causaba en los libros:  Es usted — le dije — el Atila de la librería! » «Se equívoca, señor Baroja — me contestó — yo siento un profundo respeto por la cultura » Fiel a su credo naturista, acabó no comiendo más que cacahuetes. Bataller era socio de Carretero, que tenia una taberna en la calle de Peralta. Este Carretero también era «intercambista». Merece la pena citar a otro librero de viejo, un tal Viñas, establecido en la calle de la Luna, que había sido, sargento en Cuba , vino a Madrid y se desesperaba de haber venido a la «madre patria», como él decía, porque se le ocurrió asistir a un baile de Capellanes (de la calle de éste nombre) y había creído que por ser «de Capellanes» no habría máscaras y sería una cosa seria. Pero si había máscaras, y una de ellas fué una viuda con la que acabó casándose.

—Y, ¿cuándo se sistematizó la profesión ?

—»Lo que más contribuyó a ello fué la publicación, en 1912 ó 1913  del catálogo de García Rico, un grueso volumen preparado por el yerno de este, Ontañón. Era un buen índice para saber el valor de cada libro Había unos 10.000 ó 12.000 títulos. Esto «despejó» a todos los libreros

 — ¿Ha podido usted encontrar muchas «gangas» en las librerías de lance, libros de valor desconocido para el librero?

 —No, no — me contesta Baroja, riéndose —, en absoluto. Mire usted, en París andaba yo buscando el «Tablean de l’ inconstance des mauvais anges et démons», un libro de Pierre Delancre sobre la brujería en el país vasco. Le dije a un librero: «Mil francos le doy por él». Pero el libro parecía que se lo había tragado la tierra. Al cabo de dos años, vi que estaba esa obra en un catálogo por 200 francos. Entonces escribí a París, sin darle mucha importancia a la compra, y me mandaron el libro. El caso es no demostrar un interés demasiado vivo, como hice en una ocasión anterior mandando un telegrama para que me enviasen una primera edición del «Examen de Ingenios», de Huarte. Se dijeron : « ¿ Un telegrama ? Que pague el doble.»

—¿Recuerda usted algo de los libreros de lance en Barcelona? ,—Allí conocí a un librero anarquista Me regaló unos tangos que editaba él. Una vez fui, con Junoy al Centro anarquista de la calle de San Pablo, y allí estaba el librero, estuvimos oyendo los discursos. y yo me puse en contra de ellos, diciéndoles algunas cosas que se me ocurrieron contra sus teorías. Pues bien, al cabo de 25 años, estando yo en Barcelona, almorcé un día con Junoy en la Barceloneta, después fuimos a Atarazanas, y Junoy me indicó un puesto de libros viejos «Mire Baroja, ese no quiere vender libros sobre la guerra porque es anarquista» . Entonces vi con sorpresa que el hombre me recordaba. Era el librero de veinticinco años antes. Habría que repetir el tópico de que el mundo es un pañuelo algunas veces. Si, pero otras veces es  una sábana inacabable

Entrevista a Pío Baroja per R.V.Z., a la revista Destino, n. 405 del 21 d’abril de 1945.

Read Full Post »

GASETA MUNICIPAL DE BARCELONA, núm. 5, 20-II-1987

SEGONA TINÈNCIA D’ALCALDIA

Departament d’Ordenançes Fiscals i ingressos

Concedir l’exempció de les taxes per aprofitaments especials de la via pública meritades amb ocasió de la celebració de la 9a Fira del Llibre de Barcelona, donant de baixa l’expedient núm. 31351, rebut núm, 28081; i anul·lar el procediment de constrenyiment en tràmit.

…/…

TERCERA TINÈNCIA D’ALCALDIA

Negociat de Relacions Públiques

Denegar l’exempció en el pagament de taxes de la via pública, a l’empara dels articles 6.1 de l’Ordenança Fiscal núm. 1, de conformitat amb l’art. 439 de la Llei de Règim Local, sol·licitada pel Sr. Josep Pi i Caparrós en la seva qualitat de legal representant del Gremi de Llibreters de Vell de Catalunya, per raó de la XXXV Fira del Llibre d’Ocasió Antic i Modern que es va celebrar al passeig de Gràcia entre la plaça de Catalunya i el carrer de la Diputació, ambdós costats, del 18 de setembre al 4 d’octubre.

El Sr. de Nadal fa avinent la contradicció aparent entre aquest dictamen i l’assenyalat amb el núm. 13, tot considerant que caldria unificar criteris quant a les exempcions de taxes de la via pública. El Sr. Martínez Fraile estima correcta l’exempció per a la IX Fira del Llibre, en la qual es varen complir totes les condicions imposades per l’Ajuntament, mentre que no es donaren en el cas de la XXXV Fira del Llibre d’Ocasió Antic i Modern donat que no respon a les exigències de qualitat i promoció del llibre antic i s’ha convertit en una Fira especialment dedicada a la liquidació de saldos sobrants de les Editorials. S’obre un debat i s’arriba a la conclusió que en les noves edicions del certamen, caldrà prendre mesures per restituir les característiques inicials d’una Fira promotora del llibre de qualitat, a la qual l’Ajuntament pugui donar el seu suport.

Atorgar l’exempció en el pagament de taxes de la via pública, a l’empara dels articles 6.2.H de l’Ordenança Fiscal núm. 1, sol·licitada pel Sr. Joan Melchor i Deuloder en la seva qualitat de legal representant del Gremi de Restauració de Barcelona, per raó de la VII Mostra de Cuina Barcelonina que es va celebrar a la Rambla de Catalunya entre la Gran Via de les Corts Catalanes i el carrer de la Diputació, del 20 al 28 de setembre…

[Acta de la sessió del 9 de gener de 1987, aprovada el 12 de febrer de 1987. Al Saló de la Reina Regent de la Casa de la Ciutat de Barcelona, el nou de gener de mil nou-cents vuitanta-set, es reuneix el Consell Plenari sota la presidència de l’Excm. Sr. Alcalde, Pasqual Maragall i Mira, i hi concorren els ll·lms  Srs. Tinents d’Alcalde, Jordi Parpal  i Marfà, Joaquim de Nadal i Caparà, i Raimon Martínez i Fraile, … Ramon Trias i Fargas..., M. Aurèlia Capmany i Farnés, Eulàlia Vintró i Castells, Joan Clos i Matheu, … Antoni Dalmau i Ribalta, Mercè Sala i Schnorkowski, Jordi Vallverdú i Gimeno, … Xavier Valls i Serra,… Antoni Comas i BaldellouJordi Bonet i Agustí, etc. etc.]

( uns si i altres no).

XQ      XQ      XQ      XQ      XQ      XQ      XQ

Galeries Syra a la Casa Batlló de Barcelona, 1940

Es muy de lamentar que entre  nosotros, pasan prácticamente inadvertidos los esfuerzos de nuestros artistas que se dedican a la decoración del libro. Nuestra sensibilidad artística se detiene demasiado exclusivamente en el cuadro y, aún éste, si es pintado al óleo, porque cuando de acuarela o de dibujo se trata, el interés del público desciende, de una manera vertiginosa como si se tratara de géneros inferiores que no merecen mayor atención.

En el caso del grabador sobre madera o sobre cobre el problema se agrava porque, naturalmente, las planchas van destinadas a este tipo de edición especial poco asequible por su limitada tirada. Sin embargo, en otros países la obra de un buen aguafuertista es seguida y admirada, no sólo por los bibliófilos que poseen las pruebas de su arte, sino también por un público más extenso que las aprecia en exposiciones especiales o, sino, en la mesa de una biblioteca pública. Por todos estos motivos debe considerarse como de buen augurio la actual exposición en las Galerías Syra, cuya finalidad no es otra que ofrecer al publico unas muestras de la actividad callada pero importantísima de los artistas del libro.

Afortunadamente, contamos ya con un pequeño núcleo de artistas especialízados en la talla sobre madera o en el grabado sobre bronce. Este grupo de artistas no es aún muy numeroso, pero es indiscutible que tiene una calidad que puede competir con la de otros paises de tradición más firme y robusta en este tipo de realizaciones artísticas. Por otra parte, el hecho de que algunas de nuestras editoriales se interessen cada dia más por la edición de bibliófilo, significa que existen entre nosotros suficientes posibilidades para que llegue a un desarrollo normal el cultivo de unas técnicas que en mucho pueden influir en nuestra general disciplina artística. En esta actual exposición se exhiben bellísimas muestras del arte actual del libro. Los artistas representados son Ramón de Capmany, Edouard Chimot, Andrés Lamben, Antonio Ollé Pinell, Marta Ribas y Enrique C. Ricart . Sus obras representan el núcleo de esta Exposición, si bien hay que consignar que en vitrinas apene y como complemento documental, los organizadores de esta Exposición han tenido el acierto de exponer alguna bella edición francesa o española de otros artistas, como por ejemplo, de Daragoes, Picasso, Nogués, Grau Sala, etc., asi como algunas muestras de excelentes encuadernaciones debidas a los maestros barceloneses Brugalla y Montserrat. Ateniéndonos a las obras de los principales expositores, debemos corroborar, aunque sea en pocas líneas, la buena impresión que producen el conjunto de ellas y cada una en particular. Ramón de Capmany, con lo que exhibe, nos ilustra suficientemente sobre el desarrollo de algunos de sus admirables aguafuertes. Así vemos un dibujo original de una obra en preparación, varias series de pruebas de estado de sus aguafuertes e incluso los colores originales con la prueba final del frontispicio de su edición de San Juan de la Cruz. Ramón de Capmany, empezó a grabar en el año 1943, y es realmente extraordinario ver como en tan poco tiempo ha llegado a realizar una obra que cumpliendo todas las exigencias técnicas, tiene el enorme interés de ofrecernos íntegramente aquella fina sensibilidad artística que le proporcionó un sólido prestigio entre el grupo de nuestros mejores pintores contemporáneos. Edouard Chimot es un artista francés que reside actualmente en Barcelona. Tiene una obra copiosísima de grabador que le ha valido una situación previlegiada en París, donde residía habitualmcnte.

Su dominio de todos los recursos del aguafuerte, es realmente excepcional. Técnicamente, es un verdadero maestro y débense admirar la pulcritud y precisión de sus resultados en el tipo especial de ilustración que habítualmente cultiva. Andrés Lamben, suizo, con una obra abundantísima de grabador, acuarelista, retratista y dibujante ha realizado las ilustraciones en aguafuerte del “Celoso extremeño”, de Miguel de Cervantes. Su arte minucioso y detallista se complace en una orfebrería realmente sugestiva, siguiendo el texto con pulcritud y verismo. Ollé Pinell, dedicado desde hace muchos años al grabado al boj, posee, aparte de su técnica depurada, una verdadera sensibilidad en la manera de adaptarse a las especiales circunstancias de cada texto.

Nos aparece acentuando un matiz arcaizante en su ilustraciones de “La leyenda de Fray Garín”, solemne en las de “La Atlántida”; lleno de fantasía en sus grabados al boj a varias tintas destinados a la reciente y admirable edición del “Primer viaje de Cristóbal Colón». La jugosidad de estas últimas ilustraciones, donde el procedimiento llega a la máxima eficacia expresiva, acreditan no sólo un oficio sino también una sensibilidad. Marta Ribas es una joven artista que merece especial atención, teniendo en cuenta las relevantes posibilidades que se observan en sus actuales resultados. Empezó como ilustradora, habiéndose dedicado últimamente al cultivo del aguafuerte que domina ya con una gracia muy personal. Los aguafuertes para la edición de “El Pobrecito hablador», de Mariano José de Larra, de inminente publicación, son de una pastosidad y delicadeza que nos define exactamente la atmótfera de los tiempos del gran romántico. Enrique C. Ricart, otro de nuestros grandes bojistas. posee un sentido decorativo, verdaderamente excepcional. Sus ilustraciones tienen una rotundidad que se hermana íntimamente con la noble tipografía que debe acompañarlos Tiene ilustradas muchísimas obras, entre ellas. «Don Quijote of la Mancha» y «Antony and Cleopatra» (The limíted Edítion Club New York). Expone especialmente varios grabados en madera de los que ilustran «El diablo cojuelo». Es admirable en este artista el vivo juego ornamental, el dinamismo plástico que sabe injertar a sus personajes. Sí el propósito de los organizadores de esta exposición era, además de rendir tributo al arte de todos estos artistas, llamar la atención sobre lo que representa la edición especial ilustrada, nos parece que sin duda alguna ha sido logrado con singular decoro. Repetimos una vez más que la calidad de lo expuesto, merece muchísima más atención que la mayoría de nuestras exposiciones habituales. No nos cuesta confesar que esta declaración por ser tan obvia, es en rigor innecesaria ; se justifica, empero, en el triste reconocimiento de que todavía hay mucho que hacer para que llegue a una saturación normal el interés de nuestro público por estas especialidades anísticas.

“Los artistas del libro” per Juan Teixidor, Destino, núm. 388, 23 desembre 1944.

Read Full Post »

Els llibreters que comercien amb el llibre antic i d’ocasió em van convidar aquest any a pronunciar el pregó dissabte passat.

Ho vaig fer amb molt de gust i vaig assenyalar que Barcelona ha estat una ciutat molt donada a la bibliofília encara que avui els exemplars preciosos siguin tan cars i, malgrat tot, que hi hagi més compradors que llibres rars. Pel que fa al llibre d’ocasió, va ser a finals del segle passat el gran moment d’aquest negoci, almenys pel que fa a la llibreria antiquària. Gloriós temps en què es trobaven llibres a preus que avui ens deixen estupefactes malgrat la inflació de la moneda.

L’amor al llibre ha estat una constant des de l’alta edat mitjana fins als nostres dies. Coexistint amb aquesta civilització del llibre efímer, de la lectura complementària, sempre s’hi mantindrà l’amor. Llegeixo sovint una vella traducció catalana, exquisidament impresa, del “Philobiblion”, tractat que va escriure en llatí i al segle XIV Richard D’Aungervyle, bisbe normand de Durham i gran canceller del rei d’Anglaterra. El títol del llibre està en grec amb un subtítol en llatí que diu: “Tractatus pulcherrimus d’amore librerum”. Aquest pulquèrrim tractat de l’amor als llibres té una ressonància d’actualitat a través dels segles i encara és viu avui. El bisbe bibliòfil vivia al seu palau envoltat de llibres, que omplien taules i cadires: “Libri jacebant sparsi in camara qua dormit”, exclamava admirat, un cronista. Envoltat d’aquests volums va escriure, gotós, però reconfortat, la seva lloa, aquell prelat humanista i bondadós.

Repeteixo una de les seves frases: “Són els llibres dels mestres que ens ensenyen sense fèrules ni assots, sense crits ni renyines, sense vestimentes vanes i sense moneda. Si els agafeu sobtadament no els trobareu mai adormits, si els interrogueu no dissimulen les seves idees. Si us equivoqueu no murmuren, si cometeu una neciesa no es burlaran mai de vosaltres. Oh llibres, únics posseïdors de la llibertat, únics que permeteu gaudir-la! La doneu a qui us la demana i feu sentir-se lliures als qui us són devots”. Són, imagino, unes paraules vàlides a través dels segles.

“La fira dels llibres”, article de Néstor Luján, Destino, n. 1878, p. 13, 29 set 1973.

El Philobiblion Richard de Bury (1344)

XQ       XQ       XQ       XQ       XQ       XQ       XQ

Lluís Millà

      Anticuarios del libro.

Carátulas. A Luis Millà.

Comedia, drama…

Hay un telón azul

Que nunca cae.

Entre el telar y el foso.

La vida al descubierto.

Josep Pi Caparrós

Libro viejo. A los hermanos Pi Caparrós.

¡Qué timidez

Oculta el libro viejo

al prsentarse!

Al mostrar texto y fecha,´¡cómo se enorgullece!

 

Àngel Batlle i Tejedor

 



 

 

Riqueza del espíritu. Para Àngel y Juan Batlle.

Arrinconado

Estaba: roto,sucio.

Unas palabras

Intactes, ¡puras1, diéronle

La más alta riqueza.

 
 
                                          
Josep Balagué

Manuscrito, a José Balagué.

Arco y calleja.

Pluma Antigua en rasgueo.

Velón y atril.

Tinta sobre blancura

Para silencios fieles.

 

Estanterías, a Magí Creus.

Estanterías

Color de barrio gótico.

Sueño de cera.

¡Qué poso de mirades

Guarda el vino del libro!

 

 

 
Joan Balagué

De bibliófilo, a Juan Balagué Pallarés.

Aurora-madre

De la edición primera.

Número y firma.

Sobre el candor del hilo, La letra y su puntada.

Rogeli Dubà

Compañía, a Rogelio Dubá.

Libro, perdòname

Si no alcanzo a leerte.

Sé que lo pides,

Y trato de escucharte…

Tu espera me acompaña.

Plaça Sant Just

 

Plaza de San Justo, a Juan Marca.

 

Fuente. Plazuela.

Palacio. Iglesia. Torre.

Tienda de libros…

Y todo encuadernado

En piel de luz cansada.

 

Del llibre Libros ( Tankas) de Màrius Cabré, Ed. autor, Gráficas El Tinell, Barcelona, 1962.

 

 

Read Full Post »

“El 27 de març de 1903 es presentaren els estatuts de la Societat Catalana de Bibliòfils al Govern Civil per tal de complir la Llei d’Associació. Uns quants dies després, el 20 d’abril, en la sessió corresponent de la Societat es procedí al repartiment del número que cada soci havia de tenir. Aquesta operació es va fer per sorteig i donà el resultat següent tal com consta en l’edició dels estatuts impresos als tallers de L’Avenç, el dia 25 de maig del 1903: 1. D. Isidre Bonsoms; 2. D. Alexandre Cortada: 3. D. Ramon Miquel; 4. D. Alexandre de Riquer; 5. D. Lluís Guarro; 6. D. Jaume Massó Torrents; 7. D. Pau Font de Rubinat; 8. D. Antonio Rubió i Lluch; 9. D. Agustí Casas; 10. D. Emili Cabot; 11. D. Joaquim Casas Carbó; 12. D. Joan Rossell; 13. D. Eusebi Güell i Bacigalupi; 14. D. Joseph Triadó; 15. D. Jaume Andreu; 16. D. Santiago Rusiñol; 17. D. Francesch Matheu; 18. D. Ignasi de Janer; 19. D. Josep M. Thomas; 20. D. Joseph Sala; 21. D. Alfons Bonay; 22. D. Joseph Pin i Soler; 23. D. Frederic de Gomis; 24. D. Lambert Mata; 25. D. Juli Vintró; 26. D. Ernest Moliné i Brasés; 27. D. Rafel Patxot i Jubert; 28. D. Lluís Carles Viada i Lluch; 29. D. Àngel Aguiló; 30. D. Enric Batlló i Batlló; 31. D. Salvador Vilaregut i Martí; 32. D. Manuel Henrich i Girona. Hi havia, doncs, un total de 32 membres. El primer president fou el gran bibliòfil i promotor de l’exlibrisme, Pau Font de Rubinat, de Reus, i el secretari, Ernest Moliné i Brasés, advocat, historiador i editor de textos catalans antics.

L’article primer deia: “La Societat Catalana de Bibliòfils se proposa publicar o reproduir obres catalanes inèdites o rares que tingan interés a Catalunya y als demés reyalmes y territoris de llengua catalana”. En realitat, aquest objectiu era el mateix que uns quants decennis enrere s’havia proposat Marià Aguiló i Fuster ( 1825-1897), un dels prohoms de la Renaixença. Aguiló, amb l’edició de la seva Biblioteca Catalana en dotze volums i l’edició del Cançoner de les obretes en nostre llengua materna més divulgades durant los segles XIV, XV o XVI ( 1873-1900), fou un dels capdavanters del naixement de la bibliofília moderna a Catalunya, un moviment lligat íntimament a la reedició dels clàssics autòctons i al desig dels mateixos col·leccionistes d’esdevenir editors de llurs pròpies biblioteques. Fruit de l’esperit de la Renaixença i producte d’una època d’incipient industrialització, aquest tipus de llibre era conseqüència, d’una banda, de la revalorització del passat medieval i, d’una altra, de la realització força artesanal, que rebutjava la nova mecanització.

L’entitat pel fet de ser catalana podia organitzar les seves sessions arreu de Catalunya: “Cada any, en la darrera sessió, se designarà’l punt de Catalunya o altres territoris  de llengua catalana ahont se celebraran les sessions de l’any següent. Si res s’acorda, se tindràn a Barcelona”. La Societat havia de publicar, si més no, una obra cada any. Entre el 1905 i el 1912 – darrer any de la seva existència – publicà vuit llibres, dins de la tendència mediavalitzant tan preuada aleshores.

Amb tal finalitat, la Societat encarregà a Eudald Canibell (1858-1928) un tipus de lletra per poder editar amb cura i gran qualitat tipogràfica els seus llibres. Canibell, tot seguint el camí iniciat per Marià Aguiló, l’any1891 ja havia projectat un tipus Tortis i una sèrie d’inicials que assoliren un èxit notable. Però el 1904 dissenyà el denominat Gòtic Incunable Canibell, per encàrrec de la Societat Catalana de Bibliòfils.

Canibell va fondre conjuntament amb el gravador Sangenís tres cossos complets de caràcters – del 8, del 12 i del 24 -, que podien combinar-se amb l’anterior Gòtic Tortis, i que eren fruit de l’estudi de diversos caràcters gòtic. A més, Canibell creà també tres sèrie d’inicials gòtiques – monacals, ornamentades i policromes -. Aquestes creacions restaren aplegades en un bell opuscle d’estètica goticista que duia per títol Tipos góticos incunables para impresiones artísticas y ediciones de bibliófilo i que fou editat el mateix 1904 a les premses del taller Oliva de Vilanova, l’artífe principal de les arts plàstiques del començ del segle.

Com ja he remarcat en altres ocasions, la veritable importància d’aquest tipus rau que és l’única creació tipogràfica veritablement autòctona que es dissenya i que es fon al començament de segle a Catalunya, car gairebé la totalitat de material tipogràfic emprat normalment era d’importació, en general de procedència alemanya o francesa. Si bé l’ús d’aquest caràcter en el camp pròpiament del llibre fou molt reduït, en canvi, fou molt difós a través de petits impressors – participacions de casament, de bateig, diplomes, estampes de primera comunió, recordatoris de difunts, etc -, un tipus de treball en què fou utilitzat fins ben entrat el segle XX. De fet, amb aquest tipus la Societat Catalana de Bibliòfils edità només tres de les seves obres Libre de Santa María (1905), Istoria de Jacob Xalabin (1906) i Cançoner dels Comtes d’Urgell ( 1906).

Malauradament, però, la vida d’aquesta societat finí massa aviat, tot i que el seu esperit perviví en alguns editors, estudiosos i bibliòfils que continuaren editant alguns clàssics amb tota cura. El cas més rellevant i gran nom, com veurem al llarg d’aquest text, de la bibliofília catalana del segle XX fou Ramon Miquel y Planas ( 1874-1950).

La Societat Catalana de Bibliòfils”, escrit per Pilar Vélez en el llibre-catàleg Aureum Opus. Cinc segles de llibres il·lustrats, editat pel Museu Frederic Marès en la seva col·lecció Quaderns del Museu Frederic Marès. Exposicions. 5; Barcelona, 2000.

XQ          XQ           XQ          XQ           XQ          XQ           XQ

“ El libro antiguo, además de un objeto de estudio y elemento constitutivo del fondo de las bibliotecas, es también un objeto que se puede comprar y vender, una mercancía, por lo que lógicamente está sujeto a la ley de la oferta y la demanda. Pero el libro antiguo no es un articulo con precio fijo. En este objeto inciden diversas características muy destacables para la perspectiva que se presenta: es escaso, es bello, es difícil encontrarlo en perfecto estado, y, por consiguiente, suele ser también caro. Por esta causa, este mercado tiene algunas peculiaridades que lo aproximan más al mercado de la obra de arte o al de las antigüedades que al comercio del libro moderno, por ejemplo. Esta circunstancia justifica el hecho de que el mercado del libro antiguo difícilmente entra en relación con el mercado del libro nuevo, aunque siempre se pueden encontrar unas notables excepciones a esta regla. Los bibliófilos y las instituciones ( sus bibliotecas, en concreto) son quienes establecen la demanda de este mercado del libro antiguo y se preocupan de su adquisición, aunque, como se verá más adelante, los unos y las otras corresponden a características y perfiles completamente distintos. La bibliofilia como arte pretende la reunión de conjuntos armónicos de ejemplares relacionados por poseer una o más características comunes bien sea desde la perspectiva del contenido del libro, bien sea desde la perspectiva formal o, incluso, material. El fin es, por tanto, la propiedad del ejemplar que mejora sus propias cualidades al formar parte del conjunto. Las instituciones como compradoras de libros presentan perfiles y fines similares, aunque no siempre.

El libro como objeto de comercio tiene un precio y un valor en cuya estimación intervienen un número muy importante de variables. Algunas tiene que ver con la obra, otras con el ejemplar y otras son completamente ajenas al propio objeto. Las circunstancias que intervienen en el valor del libro generalmente inciden en su precio, pero es preciso hacer constatar que valor y precio no siempre son magnitudes equiparables. Establecer el equilibrio entre ambos parámetros es propio de profesionales muy especializados. No se debe olvidar que en el valor de un libro intervienen una serie de factores muy próximos a la subjetividad, mientras que en el precio se deben tener en cuenta esencialmente los factores objetivos.

La oferta profesional, más fiable, proviene esencialmente de las librerías anticuarias y casas de subastas. Este tipo de establecimientos, altamente profesionalizados, son los intermediarios entre el particular que se desprende de un libro antiguo y el particular o institución que lo adquiere. En este tránsito del libro, estos establecimientos intermediarios ofrecen, además de las garantías derivadas del análisis profesional del objeto que pone el mercado, el valor añadido de sus productos ( localización y focalización de la demanda, determinación de la importancia del ejemplar, limpieza, encuadernación y pequeña restauración si se precisa, descripción pormenorizada del mismo…). Se trata de negocios que están sujetos a las mismas exigencias que el resto de los negocios que se dedican a la intermediación. Estos profesionales se reúnen en asociaciones nacionales e internacionales que han establecido los principios morales sobre los que se guían, esto es, unos códigos deontológicos de la profesión. Entre los focos de distribución de libro antiguo son de capital importancia las ferias, ya que se concentran la oferta de la mercancía y producen, por esta causa, la atracción de aquellos que desean adquirir un libro antiguo.

El mercado del libro antiguo”, Manuel José Pedraza Gracia en el llibre El Libro Antiguo, Editorial Síntesis, Madrid, 2003, p. 363. Col·lecció Bibliteconomía y Documentación. Llibre escrit per M.J. Pedraza Gracia, Yolanda Clemente i Fermín de los Reyes.

Read Full Post »

Crec que la qualitat i el nombre d’activitats realitzades per una entitat són una escala vàlida per apreciar-ne l’eficàcia. En aquest sentit, segons la informació continguda en l’assaig titulat Folleto publicat l’any passat per CILENGUA i l’autoria del qual es deu als organitzadors d’aquest curs, Pedro María Cátedra i María Luisa López Vidriero, que incloïa la bibliografia de l’Associació de Bibliòfils de Barcelona dels seus primers 65 anys d’existència -actualment, any 2015, hem superat els 70 anys-, aquesta entitat ha participat, d’una manera o altra, en l’edició d’unes nou-centes publicacions: 32 bàsiques, 161 complementàries, 60 tesis, 615 felicitacions de Nadal i 27 publicacions més.

            A la seva activitat editorial cal afegir les visites institucionals realitzades a un gran nombre de biblioteques, arxius, museus i exposicions, tant nacionals com internacionals; la promoció i organització d’exposicions relacionades amb la bibliofília; l’assistència i organització de congressos, conferències, taules rodones, presentacions de llibres i moltes altres activitats, sempre relacionades amb el llibre.

            L’Associació de Bibliòfils de Barcelona, ​​en el marc de la seva tasca de difusió de les diferents disciplines del llibre, es considera actualment un referent qualificat en temes relacionats amb la bibliofília.

Extret de la conferència: “Bibliofília catalana contemporània”, que Jordi Estruga va donar al Monestir de Sant Pere de le Puel·les el 7 de març de 2015.

( cont.)

Sant Pere de les Puel·les, un referent en la restauració de llibres

XQ          XQ          XQ          XQ          XQ          XQ          XQ

 

 

 “La Feria del Libro por antonomasia es la de Madrid. Dicha feria consiste en llenar el bonito parque del Retiro de un sinfín de casetas, llenas a su vez de libros y de personas que intentarán venderle a usted alguno de esos libros. El diseño, contenido y paisanaje de dichas casetas puede constituir por sí solo un espectáculo.

El primer objetivo de la Feria consiste básicamente en intentar convencer a los madrileños de lo fundamental que es para sus vidas ir a aguantar varias horas de empujones y un sol de justicia con el fin de comprar unos libros que, en el noventa por ciento de los casos, pueden encontrar todo el año en la librería de debajo de su casa. También pueden hacerse firmar dicho libro, tras la preceptiva cola, por el autor del mismo ( o de otro, que se dan casos). Seguramente si a la mañana siguiente coinciden con el mismo autor objeto de sus deseos en el metro, cojo y con muletas, lo que imposibilitaría su huida ante tan gran fan, lo máximo que harán será correr para intentar quitarle el asiento. Pero, qué diablos, ¡ es sábado, son las cinco de la tarde y es la feria !

Al final del evento las diferentes editoriales entrarán en el rifirrafe habitual sobre cuál ha contado con la obra más vendida y cuál con el mayor firmante de libros. Polémica que todo el mundo sabe falsa pues, en realidad, otro año, el libro más vendido ha sido Mortadelo y Filemón y quien más ejemplares ha dedicado, sin posible parangín, el gran Francisco Ibáñez.

En el resto de España, los libreros suspiran, simplemente, por poderse quejar del exceso de trabajo del que reniegan sus compañeros de Madrid y Barcelona, y sueñan con algún acontecimiento que les haga acercarse, remotamente, a esas cifras de venta,

La Feria del Libro” en el llibre Soldados de cerca de un tal Salamina. Grandezas y miserias en la galaxia librería, d’Eduardo Fernández, Ed.Comanegra, Barcelona, 2008. Pàg. 45-46.

Read Full Post »

L’avatar1 que faig servir quan demanen que el posi en algun lloc és un “colporteur”, i també el faig servir en el meu vlok.

El motiu no el tinc clar, sembla que em vaig sentir identificat quan va aparèixer a la meva vida, potser és l’ofici que m’agradaria tenir en una altra vida, si es pot dir ofici a fer el que a un li agrada, llegir i facilitar llegir a altres i ja posat, escriure una mica.

I escric “colporteur”2 (d’ara endavant sense cometes) perquè altres noms per aquest ofici no m’acaben d’agradar, com per exemple: venedor ambulant, que és la traducció oficial, o firaire, com a personatge assidu a les fires per vendre qualsevol  cosa, entre les quals els llibres, llibrets, auques, goigs i tota mena d’escrits i pamflets per informar i donar notícies a tothom.

També podria ser baladrer, que potser s’usava despectivament amb aquells que cridaven massa, però que també s’aplica als venedors de tota mena d’andròmines, menjars i begudes, i mercaderies vàries, i potser més aplicat a gent que practicava oficis , anant de poble en poble, de ciutat en ciutat, on aplicaven les seves “arts” i es posaven a disposició dels ciutadans per fer una mica de tot (adobacadires, serrallers, afiladors, aiguaders, perruquers, venedores de maduixes, afiladors, i un llarg i variat etcètera).

O robavellaires i drapaires que eren les persones que compraven i venien roba, requincalla i altres estris ja usats. Hereus del firandant medieval.

William Shakespeare – The Winter’s Tale Lyrics and Tracklist

A la Viquipèdia no hi ha gaire cosa, una mica d’història dels venedors ambulants, quan diu: “Els seus orígens es perden a la boira del temps, ja que antigament no hi havia botigues permanents als pobles agrícoles i, per tant, per al subministrament, calia anar a les fires que es realitzaven periòdicament. Per fer front a les necessitats de la població rural, hi havia les figures dels venedors ambulants, els orígens dels quals poden estar relacionats amb la relativa seguretat dels viatges després de l’any 1000, sense excloure la seva existència en temps més antics. Moltes vegades a la part posterior d’un ase, potser amb un carro, passaven per tots els carrers, portant tota mena de productes que podrien servir.”

El venedor ambulant de llibres d’Anibal Carracci, Grigniani, Roma, 1646.

A França i altres països se’ls hi ha donat molta més importància. Per exemple a la Wikipédia francesa explicant moltes més coses començant per explicar l’etimologia del mot colporteur: “prové del llatí “comportare”, en francès “transportar”, que és semblant al verb “coltiner”: portar una càrrega pesada al coll, les espatlles, amb el cap protegit per un “coltin” que és un tocat allargat per una peça de cuir que protegeix el coll i les espatlles”, en referència als senyors que s’hi dedicaven en el segle XIV, quant a l’Anglaterra del segle XIII, aquest tipus de venedor s’anomenava “peddle”: el terme prové de la paraula francesa “pied” (llatí: pes, pedis). D’altra banda, durant el regnat d’Enric VIII, la paraula “colporteur” estava en ús a través de diversos edictes i reglaments.

A França un reial edicte de 1723 exigia que els venedors ambulants sabessin llegir i escriure, que estiguessin inscrits en un registre de la generalitat del lloc i que portessin una placa distintiva; però la majoria dels venedors ambulants, tant analfabets com reticents a pagar els impostos associats a la seva professió, estan inscrits com a “traficants” en documents notarials i parroquials.

Però a mi m’agraden els llibres i tot el que els envolta, per la qual cosa voldria dedicar aquestes línies als colporteurs dedicats a vendre papers, plecs, diaris, llibres i tota mena de productes relacionats amb el llibre i l’escriptura, com els “baladrers de tinta fina”.

Le Colporteur (De Marskramer, avant 1516), per Jèrôme Bosch ( Museu Boijmans Van Beuningen)     

He mirat i rebuscat informació sobre la història, els costums, els llocs i qualsevol cosa que estigui relacionada amb els colporteurs, però és una mica difícil trobar coses específiques dedicades a ells, més a Catalunya, doncs a altres llocs hi ha bastants coses escrites sobre el tema.

Voldria aclarir que el que escric aquí té a veure amb els coporteurs que hi havia ja fa anys, els venedors ambulants d’avui dia mereixen uns altres escrits, i quan dic avui dia em refereixo per exemple als venedors anomenats Top manta, els dedicats a la venda de mà a mà, als venedors de fires i mercats setmanals i des de la perspectiva literària als personatges que fan la funció que feien els colporteurs d’abans, com els anomenats biblioburros, bibliolanxes, bibliocamells, bibliocavalls, bibliocicletes, etc. Deixant de banda també els bibliobusos, que podriem dir que són “colporteurs gegants”, però que només deixen el que porten sense cobrar.

Torno a la Wikipédia francesa, doncs expliquen molt bé la relació dels colporteurs amb el món llibreter i parla del que venien, de les lleis que els governaven, de les prohibicions i dels permisos que se n’anaven produint al llarg del temps quan l’activitat del “colportage” estava molt organitzada i feia falta, perquè les desavinences entre els colporteurs i els venedors sedentaris, els que tenien tendes, sovintejaven. Fins i tot ens diu que cap a l’any 1611 hi havia 46 colporteurs autoritzats i molts més sense cap autorització, i això portava a fer més lleis, moltes de prohibició, com una de 1669 que prohibia vendre cap llençol o pancarta sense el permís del lloctinent de policia local, i el 1680 es reiteraven les mateixes prohibicions pel que fa a cartells.

Gilhofer und Ranschburg Antiquariatskatalog 1925

I en el regnat de Lluís XIV els colporteurs tenien prohibit vendre per la ciutat obres i mercaderies reservades als mestres dels oficis establerts i agremiats, sota pena de desamortització i multa.

A França, la Biblioteca Blava , una forma primitiva de literatura de venda ambulant que va aparèixer a principis del segle XVII i el Chapbook  a Anglaterra, confiaven en els colporteurs que asseguraven la distribució per tot el territori. L’any 1727, els colporteurs de diaris havien de saber llegir i escriure. L’any 1757, un edicte els castigava amb la pena de mort si distribuïen clandestinament llibres que no havien rebut cap privilegi o que estaven subjectes a prohibicions. L’any 1840 va marcar progressivament la fi dels colporteurs de llibres. Les lleis de 1849 i 1852 imposaven tres condicions per a la venda ambulant de publicacions; l’examen previ de l’obra per una comissió, la col·locació d’un segell a cada exemplar ofert a la venda i portar un passaport especial per part de tots els venedors, que corresponia a una “patent”.

The American Chap-Book, color zincograph on paper de William H. Bradley (1868-1962)

De Catalunya he llegit unes poques coses, alguns articles, pocs, i sense aprofundir gaire.

En Joan Amades va escriure molt acuradament sobre els baladrers i els oficis dels quals parlava més amunt en el llibre dedicat a les rajoles dels oficis3, però el tema llibre, impremta, escriptura, enquadernació no surt gaire. En altres llibres4 d’Amades en parla molt sobre el llibre, però els colporteurs no hi apareixen gaire.     

Algunes coses surten aquí i allà, com un article al Butlletí dels Museus d’Art de Barcelona5: “Notes sobre iconografia popular”, on diuen: “De la venda forana tenien cura el marxant transhumant d’imatgeria que amb canyes i cordills improvisava les seves parades, i el “colporteur” o venedor ambulant, qui, a més de les estampes, portava petites manufactures útils a les actives menageres o adients a l’agençament de les fadrines i els jocs dels infants.”

Colporteur, huile sur toile, XVII s. Anonyme (école française), conservé au musée du Louvre à Paris.

A L’Esquella de la Torratxa surten uns quants acudits i en algun article citen els venedors ambulants, per exemple, en un article de Lluís Capdevila6: “Un concepte de la honradesa”, diu: “De tant en tant, arriba un venedor ambulant, blanc de pols de la carretera, suat i estripat que fa llàstima. Aquest venedor es deixa caure defallit en el primer clap d’ombra que troba. Immediatament, presentint el nòmada, el volten les mosques, les formigues, els porcs, les oques, les criatures i altres bèsties molestes. Aquest venedor – de paper i sobres, d’espanta-mosques, de qui sap quina altra baratura – llança el seu pregó, agut, lent, trist, pels carrers solitaris del poble. Per què sempre tenen aquesta tristesa els pregons dels venedors ambulants?”

I en El Baix Penedès: setmanari autonomista, signat per N., diu: “Passo distret per una de les vies més cèntriques de la ciutat y una veu estrident, penetrant, qu’em fereix els tímpans, me tréu bruscament de la meva abstracció: “La cogida de Vicente Pastor”, “la lista de la lotería”, crida, esgargamellantse, el venedor ambulant de periòdics, y la gent s’hi aboca amb avidesa, arrebassántloshi atropelladament…”

A Young Woman Book-Peddler. Artist Torii Kiyonobu I (Japanese, 1664–1729) .1720s

Tres cites que ja diuen alguna cosa de qui eren els colporteurs, però eren molt més i miro d’esbrinar més coses.

En un article-entrevista7 de 1993, Roger Chartier8 ens diu: “La ciutat de l’Antic Règim és un univers en el qual els textos són presents, visibles. Hi ha una gran diferència amb el món rural on el text no és present més que sota la forma del manuscrit, controlat pel clergat o pel notari. El colportage de llibres és fonamentalment un fet urbà. La diferència entre llibreter i “colporteur” està lligada a la naturalesa dels objectes escrits i impresos difosos. Els colporteurs difonen objectes definits estrictament per reglamentacions (han de correspondre a tal o tal altre gènere, no han de sobrepassar tantes pàgines…) No és més que progressivament, almenys a França (primer el N., després el NE. I continuació el Midi) que el “colportage” va difondre el llibre imprès.”

The broadsheet vendor, ascribed to Jost Amman, 1589 (NYPL)
 

Sortosament, he trobat un article9 de Ricard Expósito i Amagat que també ajuda a saber una mica més sobre els colporteurs, diu: “Certament, Roch Soler10 estava informat tant de les notícies de la terra com de l’“actualitat internacional”. Però com era possible des de les remotes valls de Llémena i d’Hostoles? La resposta ofereix-la “premsa” de l’època. El que convertia en especial aquest pagès era que consumia les noves impreses. El 20 de juliol de 1616 – segons consta en anotació manuscrita – havia adquirit un fulletó versificat sobre bandolerisme, mentre que el 1627 indubtablement feu el mateix amb una “relació tipus gaseta” sobre els successos ocorreguts a l’estranger durant l’any anterior. El plec noticiós més antic fou comprat a Barcelona, mentre que la procedència del segon és desconeguda: potser l’obtingué a la mateixa ciutat o, tal vegada, en algun lloc concorregut (una plaça, un mercat) o de mans d’algun venedor ambulant que recorria la diòcesi gironina. En tot cas, els horitzons del seu món no s’acabaven a l’era del seu mas, als camps o al campanar parroquial sinó que, en certa manera, abraçaven la major part de l’Europa moderna i, marginalment, les Índies Occidentals; és a dir, que un pagès de la Garrotxa també tenia experiència de la diversitat. I tot això gràcies als papers públics estampats als tallers barcelonins i perpinyanesos; uns fullets en català i en castellà, en vers i en prosa, que expandiren notablement la coneixença i fins i tot la percepció dels esdeveniments extra-locals.

Le marchand d’images italien entre le maréchal de La Feuillade et un homme qui se bouche les oreilles

En el mateix article ens parla de la importància, no pas petita, dels fulletons, cartes, avisos, etc. , que corrien amunt i avall, moltes vegades en mans dels colporteurs. En paraules d’ell: “Ara bé, no s’hauria d’oblidar que, malgrat la progressiva consolidació de les publicacions periòdiques, els papers públics irregulars perduraren dins dels horitzons informatius del Principat fins més enllà de la Guerra del Francès, interaccionant amb les gasetes, els periòdics literaris i els diaris. No debades, els fulletons subordinats als esdeveniments foren hegemònics en el decurs del període alt modern: a més de les relacions, es publicaren una munió de cartes i còpies epistolars i, en menys mesura, avisos i noves. Tots aquests humils i fràgils fulletons, majoritàriament en 4t i en llengua castellana, cobriren temes prou heterogenis com foren encontres militars, festes monàrquiques i d’altres dignitats, assumptes religiosos, fets extraordinaris – de tipus natural, sobrenatural i inusual –, entre “otras cosas dignas de ser sabidas”. Consumits dins i fora de Catalunya, contribuïren al sosteniment quotidià de les impremtes catalanes o, més exactament, de les perpinyaneses i, sobretot, barcelonines, com els tallers de Gabriel Graells i Giraldo Dotil, el dels Mathevat o el d’Esteve Liberòs: entre 1500 i 1630 s’estamparen 334 fulletons noticiosos al Principat, una petita part d’un total desconegut que, lamentablement, no ha sobreviscut als estralls del temps.”

Però el millor lloc, fins ara, per trobar informació és la Tesi Doctoral11 del mateix Ricard Expósito, que dedica unes 7 pàgines al tema, i on citant l’anàlisi de la francesa Michèle Fogell2 sobre l’Antic Règim on explica la importància dels “Juré-criers”13, els “Juré-trompettes”14 i els Te Deum per a les monarquies europees que els utilitzaven  per a fer saber als súbdits dels espais urbans –i al camp–, els edictes (i textos de naturalesa semblant) així com tota mena d’informacions, no es descuida de la importància dels colporteurs, doncs eren peces fonamentals per aconseguir el ressò informatiu desitjat, malgrat que moltes vegades les notícies i esdeveniments podien ser canviats o alterats.

Couverture d’un almanach de 1831, intitulé Messager boiteux de la Moselle.
 

Així doncs, Ricard Expósito dedica uns quants fulls a les vies de transmissió considerades menors, però que, com diu, han atret l’interès dels estudiosos.

De la tesi podria posar moltes coses, totes interessants, però crec que si a algú li ha entrat el desig de saber més, una bona ullada a la Tesi li valdrà la pena. Sí que vull posar, però, unes línies de les pàgines 41-42 on parla o defineix què o qui és el colporteur: “A França el fenomen de la venda ambulant, que es coneix amb el nom de “colportage”, compta amb una tradició historiogràfica sòlida, especialment des de la publicació de l’inventari i estudi de la “Bibliothèque bleue de Troyes” per part de Robert Mandrou15 l’any 1964.

 Si bé és cert que els aspectes “literaris” dels segles XVI al XIX són els que han atret més atenció, el vessant comercial també és prou ben coneguda; i, a més a més, els venedors que es dedicaren a aquesta mena de comerç constitueixen una imatge familiar en la història de l’art. Els “colporteurs” (també “marchands” o “mercerots”) recorrien els camins del regne i transportaven –dins de cistells, farcells o armariets–, desenes o centenars de peces de literatura i d’actualitat que venien al(s) públic(s) de les ciutats i del camp: llibres i llibrets de devoció catòlica, històries heroiques o llegendàries, almanacs, beceroles (“livrets d’Abécé”), cançons, etc. I, també, premsa (“occasionnels”, alguns “canards”, i gasetes –incloent la de Renaudot–) i altres textos afins com ara pamflets polítics i edictes. A París, l’any 1616, hi treballaven una dotzena de “colporteurs” reconeguts per la Universitat i pels professionals de l’imprès (llibreters, estampers i enquadernadors) i un nombre indeterminat, molt més gran, sense llicència… Resumint, els “colporteurs” foren uns dels principals agents transmissors dels productes d’estampa informatius (i literaris o piadosos) que eixien dels obradors tipogràfics i de les llibreries de dins i fora del regne francès i s’escampaven arreu del territori. Com també ho foren, de distribuïdors d’informació i de literatura, els seus homòlegs europeus, que es dedicaren a aquest comerç de l’imprès amb o sense l’aprovació explícita o tàcita de les autoritats.”

Les 7 pàgines citades donen molta informació sobre aquest món i ens fa saber de la importància que van tenir els colporteurs, podria posar més coses extretes de la tesi, però crec que amb l’aquí exposat n’hi ha prou per tenir idea, per saber una mica més sobre aquests senyors, a vegades estrafolaris, a vegades mal vestits, de vegades tot el contrari i moltes vegades mal vistos per la gent corrent.

Potser m’he allargat una mica, però semblava que el tema no donaria per gaire i ha resultat tot el contrari, malgrat que tenim, en l’àmbit local, no massa informació, poca bibliografia, m’ha servit per treure una mica l’aigua clara d’un ofici crec que molt desconegut i fins i tot deixat de la mà de Déu.

Venedors de canya i cordill, Barcelona, 1850

Però tinc ara a les mans un llibre de Joan Amades, Apunts d’imatgeria popular16, que també aclareix una mica aquest món dels colporteurs. I no em puc estar d’afegir unes quantes coses de les quals relata Amades, quan parla dels imatgers que des del segle XIV han tret a la llum tota mena de literatura, anomenada menor, però de gran importància en segles passats. Van començar amb els naips, consta en un escrit d’Eudald Canibell, l’any 1303 a Barcelona, i van seguir anys després les estampes, com la més vella coneguda, en talla dolça que representa el Príncep de Viana de 1461-62, i venen seguidament els romanços, els goigs, les auques, els ventalls i moltes coses més (cobertes de paper de fumar, felicitacions i dècimes nadalenques, cartes de soldat, jocs, etc., etc.)

Ens diu Amades que els imatgers catalans trametien llurs productes a les principals poblacions espanyoles i arribaven al públic d’aquí venen des dels seus establiments i molta part els venien als que podem anomenar colporteurs, que posaven les seves parades a l’aire lliure, dedicades exclusivament a la venda d’imatgeria i literatura populars, situant-se prop dels mercats, de les esglésies i dels llocs per on transitava la gent; crec que per acabar unes línies d’Amades no estan de més, diuen: “Solien estar arrambades [les parades] a una paret on clavaven dues rengleres de claus en sentit vertical; damunt d’aquests claus lligaven tot de cordills que travessaven la paret formant algunes línies paral·leles i dels quals penjaven els romanços, auques, estampes, ventalls i altres menudeses i els fixaven al cordill per mitjà d’una petita canyeta oberta per un tall. D’ací el nom de parades de fil i canya o de canya i cordill, el qual nom s’ha fet extensiu al tipus de literatura que s’hi venia.”

De fet, encara avui existeix el que es diu canya i cordill. Ens explica també que els venedors eren, uns quants, sedentaris, doncs s’establien cada dia o uns quants a la setmana al mateix lloc i altres, els colporteurs, que seguien les fires i mercats i els aplecs d’ermites importants amb un farcell al coll o una caixa dins la qual portaven la mercaderia i n’hi havia que fins i tot, tocaven algun instrument, com el violí, quan explicaven els romanços que duien.

D’un tema que no esperava gaire bibliografia, al final van apareixent més i més coses. Un exemple d’això és el llibre de Francisco Mendoza Díaz-Maroto: Panorama de la Literatura de Cordel Española17, on parla de les “Aleluyas” (auques), romanços, plecs, calendaris, almanacs, etc., i on hi ha molta bibliografia (uns 90 autors+Catàlegs+Plecs) amb uns quants autors catalans: Amades, Batlle, Bohigas, Busquets Molas, Miquel y Planas, Palau y Dulcet, però és una bibliografia molt encaminada a parlar de “literatura menor” espanyola, i dels plecs solts, molts dels quals eren venuts per la Hermandad (Cofradía) de Pobres Ciegos de Madrid18 des de finals del segle XVI fins a l’inici del XIX.

Una cosa que m’ha semblat, almenys, curiosa, és el fet que Joan Amades quasi no apareix a la Viquipèdia on parla d’Auques, goigs, romanços, naips, literatura de canya i cordill, estampes, etc. Només he trobat dues cites i un exemple d’això que dic el trobem a Literatura de canya i cordill, on diuen que Julio Caro Baroja va parlar dels plecs de cordill l’any 1947 i de Joan Amades que ja en parlava deu anys abans no diuen res. Només en l’apartat sobre Rondalles surt una mica més. Crec que un senyor que ha escrit més de 150 llibres i tants o més articles i col·laboracions sobre aquests temes i molts altres hauria de ser tingut més en compte quan es parla de “literatura menor”.

Acabo, dient que un bon llibre que hauria de llegir complet, és el de Laurence Fontaine: Histoire du colportage en Europe (XVe-XIXe siècle)19, Paris, Albi Michel, 1993. De fet a França llibres editats sobre colporteurs i “colportage” n’hi ha un munt.

Em faltava alguna cosa, que no és res més que un vídeo de la Bibliotheque Bleue de Troyes, en el que expliquen el necessari per entrar i saber una mica més d’aquest món i unes quantes coses sobre impremta.

Hauré de llegir una mica més i si s’escau faré un altre article.

Parada brasilenya de canya i cordill, anys 8020
  1. Personatge virtual definit amb els trets individuals escollits per un usuari perquè el representi en un entorn digital. O en un altre.
  2. Diccionario de Bibliología y ciencias afines de José Martínez de Sousa, Ed. Trea, Gijón, 2004 (3ª ed.). Colporteur: (voz francesa de uso internacional); vendedor ambulante; i. Colporteur, book hawker). Vendedor ambulante de libros. Colportage: (voz francesa de uso internacional): venta ambulante; i, colportage, book peddling) Comercio ambulante de libros.
  3. Les rajoles dels oficis de Joan Amades, La Neotípia, Barcelona, 1937. També l’edició facsímil, editada per José J. de Olañeta, Palma de Mallorca, 1987. Col. Arxiu de Tradicions populars, 45.
  4. El llibre segons el poble de Joan Amades, Neotípia, Barcelona, 1938.
  5. Butlletí dels Museus d’Art de Barcelona, núm., 73, juny , 1937, a la pàg. 166. (Article molt interessant). 
  6. “Un concepte de la honradesa” de Lluís Capdevila a La Esquella de la Torratxa, núm. 2506, juliol 1927.
  7. “Representacions i pràctiques culturals en l’Europa moderna. Conversació amb Roger Chartier, Manuscrits, núm. 11, gener 1993, pàg. 29-40.
  8. Roger Chartier: És un historiador i historiògraf francès que forma part de l’escola dels Annales. Treballa en la història del llibre, l’edició i la lectura. 
  9. ““Successos d’Europa” a la Catalunya rural de l’època moderna” de Ricard Expósito i Amagat, Pedralbes, 28 (2008), pp. 611-621.
  10. Roch Soler: un pagès natural de les Encies, població del terme municipal de Les Planes d’Hostoles, a la comarca de la Garrotxa.
  11. Informació i persuasió: en els orígens de la premsa catalana (c. 1500-1720), Tesi Doctoral de Ricard Expósito i Amagat, Dpt. Història i Història de l’Art-Universitat de Girona, Girona, 2014. Molta informació i molta bibliografia. 
  12. Michèle Fogel, Les cérémonies de linformation dans la France du XVIe au milieu du XVIIIe siècle, [Paris], 1989.
  1. Jurer-crier, o simplement Crier, es deia antigament de certs funcionaris encarregats de passar per la ciutat per fer anuncis en nom de particulars, convidar a la gent als funerals i proporcionar les penjades per a les cerimònies fúnebres, etc.
  2. Jurat-pregoner, també dit de certs oficials que publicaven edictes, etc., al so de les trompetes.
  1. R. Mandrou, De la culture populaire aux XVIIe et XVIIIe siècles. La Bibliothèque bleue de Troyes. Paris, Stock, 1964. Amb una interessant ressenya d’aquest llibre de Serge Thion a Communications, 6, 1965.
  1. Apunts d’imatgeria popular de Joan Amades, Ed. José J. De Olañeta, Palma de Mallorca, 1983. Col. Arxiu de Tradicions populars, 44.
  2. Panorama de la Literatura de Cordel Española de Fco. Mendoza Díaz-Maroto , Ollero & Ramos, Madrid, 2001.
  3. Les aveugles colporteurs d’imprimés en Espagne” de Jean-François Botrel, Mélanges de la Casa de Velázquez, 9 (1973), pàg. 417-482. Hermandad (Cofradía de Madrid fundada l’any 1581. A València hi havia la Confraria de cecs des de l’any 1329 i a Barcelona des de l’any 1339.
  4. Una interessant ressenya a Economic History Blog,
  5. .Imatge trobada en l’article “La literatura de cordel” de Clelia Pisa, en El Correo de la Unesco (1986, p.26.
          (Si us plau, si veieu algun error m’ho dieu i el corregiré. Moltes gràcies)

Read Full Post »

L’altre dia vaig anar al Mercat Medieval de Vic, abarrotat, mitja Catalunya era allà, vam menjar molt bé a l’Insòlit amb un molt bon servei.

Bé, el cas és que vaig aprofitar l’ocasió per anar a veure a un llibreter de vell i vam xerrar quatre coses. Entre les coses de les quals vam parlar va sortir la Fira del Llibre d’Ocasió Antic i Modern, em va dir que en alguns llocs, alguns llibreters, em coneixien, més que pel fet que he comprat uns quants llibres a llibreries i a la Fira, per algunes entrades en el vlok que sembla que a alguns no els han agradat.

Fa tres o quatre anys que no escric sobre la Fira ni escric sobre el tema llibreries i fires del llibre vell. Alguna cosa, curta, he posat, però crec que l’última cosa posada van ser unes estadístiques, no gaire bones, del nombre de llibreters presents a la Fira.

Em va dir que la culpa no era dels llibreters, la culpa és que no hi ha clients com anys enrere; potser tenia raó, jo noto que no es veu gaire moviment a les llibreries i crec que gent jove poques vegades, malgrat que quan parlava amb ell van entrar almenys 6 o 7 possibles clients, tots joves, per la qual cosa no vam parlar gaire.

El que em va dir m’ha fet pensar que tenia raó, no tota la culpa és dels llibreters.

Crec que les llibreries de vell pròpiament dites tenen molta competència, hi ha molts llocs que venen llibres de tota mena, usats, nous i relativament vells i per internet hi ha un munt de llocs per comprar llibres.

A Catalunya hi ha moltes llibreries de vell, més de 500, moltes d’elles, moltes, només venen “online”, jo he comprat algun llibre d’aquesta manera, no gaires, prefereixo veure’ls abans de comprar-los i m’agrada molt, encara que només sigui, mirar i remenar una mica, cosa que a alguns llibreters no els agrada massa.

Tantes llibreries i tan poques agremiades (36), potser és que hi ha molts venedors de llibres que no consten com a tals.

Els del Gremi de Llibreters de Vell, que darrerament ha millorat molt el seu vlok, crec que fan el que poden i més, són molt pocs i a TV3 i als diaris no se’ls hi dona la importància que tenen, els dies de la Fira del llibre de cada any tot just apareixen algun dia com de casualitat, per omplir algun dia fluix en altres notícies considerades més importants; la Setmana del Llibre en català en dates semblants, una mica abans potser i menys dies, surten als TN’s quasi cada dia de la Setmana. La (mal)dita ciutat de la Literatura els hi dona l’esquena. I aprofito l’ocasió per recordar a l’Ajuntament i a la Generalitat que, entre altres coses, és vergonyós que a Barcelona no tinguem un Museu del Llibre i les Arts Gràfiques, com ja teníem i que ves a saber on para. El Disseny Hub Barcelona ( bonic nom) hauria de fer aquesta funció, però no la fa, ens mostren quatre cartells, papers i caixes i tan contents. Anys enrere crec que es parlava que el que quedava de l’antic museu al Poble Espanyol i al Palau de Pedralbes passaria al HUB, però allà no tenen res o no ho ensenyen a ningú. Fa anys vaig anar a una visita organitzada per veure les interioritats del HUB i de tipografia i art gràfic res de res.

 En els darrers anys han tancat unes quantes llibreries de vell i potser se n’han obert algunes de noves, no gaires. L’enyorada Canuda, per exemple, era un lloc que no es podia deixar de, almenys, mirar i rebuscar, però d’ella van sortir dues llibreries, una és la Kepos amb un llibreter jove que crec que sap molt bé el que es fa i dona un bon servei; l’altre que va sortir és més petita i només hi he anat una vegada, és molt petita, no tant com la Palau, però quasi, encara que fa uns anys n’hi havia una més petita (Duet), crec que no arribava als 4 m², al costat mateix de la Rambla amb una senyora que tenia bons llibres. I també hi ha llibreries una mica més grans, no gaire, en les que no pots moure’t i quasi no pots veure el que hi ha de tant atapeït que està tot.

Han tancat (físicament) unes quantes, jo recordo Millà, Batlle, Costa (de Barcelona), Marca, La Ploma (de Vilanova i la Geltrú), etc. etc.; les dues primeres crec que estan ara a Todocoleccion.

 I una cosa que també ha canviat és la ubicació, algunes han marxat de Barcelona ciutat per anar a llocs més tranquils, com Balagué, Gabernet, Llibreria dels Angels, etc.

 A molts clients els agrada mirar, remirar i xafardejar per tota la llibreria; a vegades busquen una cosa determinada, però la major part de les vegades surten amb més coses de les que es pensaven i sense la que realment volien, però satisfets i contents.

            També hi ha una casa de subhastes en la que els preus, almenys de sortida, són alguns molt baixos i es poden aconseguir llibres a uns preus molt més barats que en les llibreries de vell.

            Avui, totes o quasi totes les llibreries estan a internet (Iberlibro, Uniliber, Todocoleccion, etc.) des d’on crec que fan molta feina i més vendes que en la llibreria física, de carrer, o de pis que també n’hi ha.

            Volia escriure quatre coses, de moment en van cinc, i crec que ja n’hi ha prou. I mirant enrere he rellegit un escrit de l’any 2011: “Bibliòfils cagués” on parlo d’aquestes coses, de llibreters, de preus astronòmics i algunes coses més que en sembla que després de tretze anys estan més o menys iguals. I bé, només desitjar al llibreter de vell de Vic i als seus col·legues que venguin molts llibres, vells i bells, antics i usats, grans i petits, barats i cars, sense oblidar els efímers.

Read Full Post »

“Una de les coses més belles i edificants de Barcelona, es la Biblioteca pública del Passeig de Sant Joan. Per palesar-ho, només cal que hi feu una visita. Hivern i estiu, aquest lloc és visitat per tota mena de gent. I no us penseu pas que s’hi vagi a badoquejar i a perdre temps en aquest lloc, no. Hi veureu des del rendista panxacontent que s’embadaleix amb les obres de Campoamor, a l’obrer que aprofita uns moments de lleure per a sadollar-se de tots aquells coneixements que la manca de temps i de posició social no li han permès adquirir. Aquesta Biblioteca consta d’uns centenars de volums triats entre els més corrents i més assequibles al poble. Potser són pocs, i la varietat hi és encara deficient. Alegrem- nos-en, però, i procurem estimular l’edificació de nous llocs com aquest. La disposició i classificació de volums està feta amb traça i enginy, i d’una manera, sobretot, molt fàcil, tant pel llegidor com pel bibliotecari. En uns armaris de pedra, i assenyalats amb unes lletres de l’abecedari estan classificats els llibres. Uns bancs de mosaic a banda i banda. Uns catàlegs penjats damunt de cada un d’ells, on hi cerca el lector l’obra que desitja, ja sigui cercant-la per enumeració de matèries, autors, o d’obres. Quan té el que desitja s’anota el número que porta i la classificació de la lletra al qual pertany. D’aquesta manera l’operació es fa amb una meravellosa senzillesa.

 —Hi ve molta gent a llegir?— preguntàrem al guarda encarregat de la biblioteca.

 —Sí, molta. encara que amb aquests mesos de xafogor se’n ressenti una mica. Si l’horari fos canviat, es a dir, s’allargués més per la part del vespre, molta més n’hi hauria.

 —I aquest horari és?

 —Des de les nou del matí a les cinc de la tarda. A l’hivern, no diré jo que sigui una hora esbarriada, però el que és a l’estiu, no va gaire bé. En primer lloc, perquè la calor en aquestes hores es fa insuportable, i en segon, perquè quan ve l’hora més bona,que són de les cinc en amunt, la biblioteca es tanca.

—I és clar—fem nosaltres—deu passar que amb un horari així els obrers que treballen fins a les sis de la tarda no hi poden venir, quan encara podrien aprofitar un parell d’hores… N’hi vénen alguns ací?

 —Força, sobretot els que tenen les tardes lliures, els convalescents, i els que han sofert algun accident de treball. La biblioteca és un bon esbarjo, i n’hi ha que hi passen el dia sencer. Un nen d’uns deu anys s’atansa tot vergonyós

  -¿Vol fer el favor de donar-me un llibre?

—Quin llibre vols? Que no has mirat el catàleg?— li diu somrient el guarda.

—És que no sé quin triar…

—I bé, quina mena de llibre voldries ?…

 —Un que sigui ben bonic !—diu tot il·lusionat –  Que hi ha força “sants”.

     El guarda obre un departament destinat a llibres d’infants. Treu els «Contes d’Andersen.

 —Té, i no l’espatllis.

     El noi marxa tot content, s’asseu a un banc i comença a fullejar febrosarnent.

 —Per a fer aquesta feina es necessita ésser guarda i mestre de minyons alhora. No saben pas mai el que volen, a vegades fins m’han demanat obres de Balmes

 —Ací, d’un cap de dia a l’altre hi deveu veure desfilar una colla de gent diversa…

 — Sí, la majoria de gent que concorre a la biblioteca és gent jove.

 —I de llibres no en desapareixen ?

 —No, en aixó estem de sort. En contra el que molts opinen de la incivilització actual, el que passa ací és ben al contrari. Tornen els llibres i els saben respectar.

      Hem vist que l’entreteníem massa. Tres lectors s’estan impacientant.

 — Perdoni — ens diu — cal no fer esperar aquesta bona gent.

 —Teniu raó—fem nosaltres—el temps és or.

       En aquest cas, més que mai, el proverbi anglès hi és com l’anell al dit. !

      Article: “El bibliotecari del Passeig de Sant Joan, fa declaracions”. Àngel Pons i Guitart a Imatges, 24 set 1930. ( Fotos de Casas )

XQ     XQ     XQ     XQ     XQ     XQ     XQ

“No todo son libros en la feria de libros barcelonesa. El negocio ha sufrido modificaciones perceptibles y al dictado de la moda, o bien de las exigencias del público, que todo viene a ser la misma cosa, han surgido los vendedores especializados en revistas extranjeras. “Vogue”, “Post”, “Paris Match”, “The Satursay Evening Post”, “Punch”, “Constellation”, “Tout”, “Sport Digest”, “Selecciones del Reader’s Digest” y algunos centenares de títulos más acaparan los maderos y cajas de los mentados especialistas.

Las transacciones más importantes durante los últimoa años se las apuntaron entre nosotros los vendedores de números atrasados de “Reader’s Digest”, la revista más leída del mundo, 15.500.000 ejemplares por mes, en once idiomas se esparraman por nuestro planeta. Ignoro los que hace tres o cuatro añs llegaban a España; empero, sí que podré explicarles con cierto fundamento que el control de ejemplares usados de que hacía gala este mercado fue en todo momento de una discreta importancia. Recuerdo que sorprendió en gran manera la inflexible cotización que regía para la compra de números atrasados. Huelga decir que a mayor retrospectividad de los ejemplares, más cuantiosa se planteaba la tarifa. El precio, con todo, sufría variaciones inusitadas en algunos casos, lo que reforzaba una vez más la vieja creencia de que no hay regla sin excepción. Y comprenderán muy pronto a lo que voy si les explico que algunos números del primer año de la aparición de “Reader’s Digest” – 1941 – se vendieron por poco dinero a consecuencia de ciertas irrupciones del todo imprevistas en el mercado barcelonés. La edición argentina se permitió en más de una ocasión originar turbulentos descalabros, con lo que las listas a màquina de la cotización “oficial” no tuvieron más remedio que acusar el golpe y, maldiciendo al tío Paco, decretar la inminente rebaja.

Conseguir el número uno, correspondiente a diciembre de 1940, que me interesaba para mi colección particular, me dió mucho trabajo y, como el cazador, aguardar sin desfallecer, rondar la pieza y seguir el rastro sirviéndome de auxilios ajenos. Cayó un domingo. La cubierta era de un rosado algo obscuro, orlada en plata. No se trataba de un ejemplar precisamente nuevo, pero bien merecía el título de presentable. Ríase usted si quiere, pero el temblor de mi mano derecha nadie lo detuvo. Sabía que el precio sería fuerte y tal vez por ello pagué en el acto sin chistar. Doscientas cincuenta pesetas. Ni una más ni una menos. Luego, pagándolos a treinta, veinticinco y veinte duros, pude ir reuniendo los primeros números de la colección, que hoy tengo completa.

Bueno. Decíamos que también privan las revistas en la feria de libros y nadie podría ponerlo en duda. Las revistas técnicas, de modas, de plásticos, de química y aeromodelismo cuentan con una clientela importante y adicta. Luego siguen, por escalafón, los que compran según el interés de las fotografías y temas inseridos. Los dibujantes preguntan, con una cara muy grave, cosas por este estilo:

-Hoy busco perros. ¿ Cómo está usted de perros?

Estos libreros de la Ronda, cuyo lema rima sabiamente el loco con el poco, no se inmutan jamás y toleran las peticiones y los encargos más inverosímiles. Siguiendo con otros especialistas es necesario no olvidar a los que trabajan preferentemente los “tebeos”, o sea los papeles infantiles; los que ofrecen un buen surtido de libros franceses; los que a las piezas musicales, métodos de solfeo y biografías de músicos célebres se dedican; los especialistas del libro catalán; los acaparadores de literatura teatral; los acreditados en el comercio de reproducciones y grabados y, finalmente, los puestos que alternan la venta de libros con las postales y los sellos de correos. Se trata de una minoría, pero objetividad obliga dejar constancia de ella.

Las transacciones, los pisotones, la animación, el embarazoso caminar, la curiosidad y la búsqueda constituyen las notas predominantes de esta concurridísima feria. Última vuelta

Los niños tienen también su demarcación en la feria. No son los libros lo que a ellos les interesa, sino el cromeo, o sea la compra, venta y cambio de las colecciones de cromos. Hay los niños que “hacen” “Blanca Nieves, “Escuadras de guerra”, “Las minas del Rey Salomón”, “Album de aviación”, “Érase una vez…”, o bien “Garbancito de la Mancha”… Los cromitos se venden a diez céntimos, a real los más difíciles de obtener, y los cambios se conciertan a razón de tres cromitos viejos por uno de nuevo. Los niños, con serenidad y autoridad magníficas, pagan, cambian, buscan los ejemplares que les faltan y en muy rara ocasión demuestran atolondramiento.

-Cuente. Trece cromos. O sea, una peseta con veinte. Recuerde que le he entregado tres cromos a cambio.

-Sí, sí, guapo, ni hablar…

A partir de la una del mediodía la feria entra en su fase de declive. Menguados visitantes la cortejan. Los libros se apilan verticalmente. Cordeles. Cajas de embalaje. Y, de súbito, esos montones de libros de mi admirado amigo Ramón Gómez de la Serna. Ese es un misterio que no acerté jamás a explicarme. ¿ Qué tendrán los libros del autor de “El Circo” que penetran en las librerías de lance en tan ingentes cantidades? ¡Y qué humorística greguería esa de los flamantes libros de Ramón presumiendo de nuevo precisamente en las librerías de viejo…!

Voy leyendo nombres de autores, agolpados, hojiabiertos, despanzurrados libros. Eça de Queiroz, Amado Nervo, Manuel Machado, Pierre Loti, León Tolstoi, Enrique Fajardo, Antonio Maura, G. Apollinaire, Mark Twain, Luis de Zulueta, Colette, Willy, Juan Valera, Tirso Medina, Azorín, Armando Palacio Valdés, Santiago Rusiñol, André Maurois, Enrique Jardiel Poncela… Plumas que en la vida real tal vez se hubieran combatido con furia irreductible, ahora, entrelazadas sus páginas, parecían querer ventilar sus viejas polémicas y rencillas en un abrazo conciliador.

El viento, un soplo de viento, ha venido a agitar las páginas de un libro en rústica. En sus primeras hojas blancas, sin imprimir, una dedicatoria autógrafa se hace visible. La tinta, puro color algarroba, atestigua, más elocuentemente que la misma fecha del pie, el vertiginoso discurrir de los años que fueron. “A mi dilecto amigo…”. Pensáis: ¿Seguirá viviendo este dilecto amigo? ¿ Continuará llenando cuartillas y dedicando libros este ignorado escritor?

Con los mismos carretones de ruedas chatas y menudas con que llegaron por la mañana, harán el viaje de regreso los volúmenes que no se vendieron en la feria.

Se agolpan los bancos, maderos, caballetes, toldillos, tableros, cuerdas, taburetes y escalerillas. Terminó la feria y reina ahora esa típica tristeza de tendido de plaza de toros pocas horas después de haber sido despachada la corrida.

Ahora el sol se ha ido a leer la cartelera de espectáculos en la pared de una esquina.

Hemos entrado en el meridiano del arroz dominical, del postre familiar y de la siesta dilatada. Ha menguado la animación humana en la calle.

Un hombre se pierde en la urbana lejanía, caminando con torpeza, absorto, un libro viejo entre sus manos.

Article:”Feria de libros viejos” de Manuel Amat, Destino, juliol de 1952.

Read Full Post »

“Acaba de tancar-se la Fira de el Llibre d’Ocasió. Situada a la plaça Universitat, ha arribat a la xifra calculada de vendes -dos milions i mig -, ha demostrat que la previsió de qui la va proveir d’un teulat plàstic estava ben fundada, doncs és ben sabut que la venda al carrer de llibres és una invitació al xàfec i al tancar s’han afirmat projectes tan interessants per l’estètica ciutadana, ja que no per l’evocació nostàlgica, com el de renovar les paradetes del mercat de llibres de Santa Mònica.

            Nous i moderns llocs substituiran les desmanegades paradetes de taules que tants records guarden per a moltes generacions d’estudiants i amants del llibre.

            El llibre, aquest “millor amic de l’home” per mor d’aquest mercat i de tants establiments que a Barcelona es dediquen a aquesta especialitat, ha fet, com a tal amic, innombrables favors quan només a ell cabia acudir. Quantes tardes d’alegria estudiantil, quantes entrades de cinema de joves parelles il·lusionades, quantes altres coses que ens van deixar molts agradables records es van realitzar gràcies als pocs duros aconseguits al mercat de llibres d’ocasió a canvi dels llibres de text, o de les edicions de luxe que ens van regalar en els nostres aniversaris … A vegades, la venda tenia característiques de préstec amb garantia: el mateix llibre de text era recuperat pocs dies després mitjançant el pagament d’un mòdic interès.

 -No em vengui aquest llibre, senyor Joan, que d’aquí a quinze dies m’arriba el gir i el recuperaré perquè ho necessito per als exàmens trimestrals. I el senyor Joan el guardava pacient i antieconómicament, i fins i tot el prestava per als exàmens trimestrals si no es podia tornar a recuperar en el temps previst.

I ocasió, en fi, va significar aquest mercat per a moltíssims, situats a l’altra cara de la moneda, que van trobar en els seus polsosos munts, l’edició esgotada, el llibre rar, o aquell que el seu peculi no permetia comprar nou i calia llegir perquè tothom parlava d’ell. Vendes d’ocasió, ocasions de comprar. Entranyables moments de recerca i fins de lectura a la caloreta hivernal, que tan bé sap en aquell racó de la Rambla.

            L’estètica ciutadana exigeix ​​la renovació del mercat, la comoditat dels venedors pot ser que també. Què hi farem? Adéu a les velles cofurnes, híbrids de xurreria i caseta de fira. Nous o vells seguiran servint de lloc de recerca per el curiós i de panacea infal·lible per a les petites necessitats de diners de molts estudiants que faran, ni més ni menys, el que van fer els seus pares i avis, encara que aquests difícilment arribin a confessar l’inefable pecat de canviar llibres per els moments més feliços de la nostra vida. Perquè el llibre, nou o vell, encara que més aviat el nou és en aquestes ocasions, com en moltes altres, «el millor amic de l’home».

Article: “El llibre i l’ocasió”, La Vanguardia 3 d’octubre de 1962.

XQ     XQ     XQ     XQ     XQ     XQ     XQ

“Cada domingo contamos con feria de libros viejos en Barcelona. Se celebra al amparo de la marquesina circundante del edificio del Mercado de San Antonio. De esta forma en las calientes mañanas estivales vendedores y compradores vense resguardados de los ardores del sol. Y en invierno, cuando el frío y la lluvia más desapacibles se muestran, la marquesina cobija y protege el deambular pausado de los que van dando vueltas entorno a esa noria de libros y revistas, de viejos grabados, de ancianos, amarillentos mamotretos.

En montones, revueltos, sobre tableros, podemos contemplarlos. Todos estos libros vulgares representan, por lo menos, un momento en una vida human. Lo que ahora nos parece insignificante, ha animado durante un instante un espíritu. ¿ Qué sabemos las manos que han vuelto las páginas de este pobre libro? Nosotros mismos, en la soledad del campo, sin nuestros libros dilectos, hambrientos de lectura, ¿ no encontraríamos también placer en la lectura de este volumen anodino? En parte, en gran parte, EL LIBRO ES NUESRO MISMO PENSAMIENTO. Muchos de estos libros de la feria nos serán útiles. Acaso, sobre basto papel, con borrosos tipos, veremos estampado un pensamiento sencillo, natural, de un hombre ignorado que un día se puso a escribir sin saber nada. En los pueblecitos de Castilla – como en otras partes – ha habido de estos hombres que escribieron un día y que nadie sabe qué han escrito. En ellos el pensamiento puede quedar expresado en forma afectada y laberíntica – sugestión de grandes autores -; pero puede también estarlo sencilla y limpiamente, con la sencillez y la limpieza de una fuente en la montaña. Una mañana de otoño, curioseando en la feria de los libros, hemos encontrado uno de estos volúmenes”.

El que así escribe y describe es Azorín, en su delicioso libro “Un pueblecito. Riofrio de Ávila”. Como el gran escritor, son muchos los que se afanan en dar con uno de estos volúmenes y este íntimo placer de la búsqueda les aviva la mirada y les impele las manos a hurnear por entre las revuetas pilas de libros.

En la feria no abunda, por lo general, el espíritu selectivo y ordenador y a la venta se ofrecen en abigarrada mescolanza, novelas románticas, tratados de vegetarianismo, pensamientos sublimes, recetas culinarias, procedimientos para jugar con ventaja a la lotería, guías turísticas, tratados de urbanidad, ediciones miniaturizadas infantiles, consejos a los solteros, modo de amenizar una velada familiar, compendios de medicina casera, libros escolares, folletos policíacos, seguros medios para hacerse millonario en poquísimos días, en mucho menos tiempo del que tarda en cantar un gallo…

Toda la anodinidad, toda la grisura, toda la vulgaridad de los libros inútiles – son palabras, como antes de Azorínestá aquí. Es enorme la cantidad de libros absurdos que han sido publicados”.

Junto a los libros absurdos están tambien aquí, apiñadas, las obras maestras de la literatura universal, hermanados unos y otros autores en un destino común.

-¡ A peseta, a peseta! – vocean desde un puesto de la feria.

El público desfila con paso indiferente. ¿Quién se atrevería a hablar ahora de inmortalidad y de siglos de oro, mientras una voz va pregonando a grito pelado: “¡A peseta, a peseta!”…?

Los libros aguardan en formación como un veterano y disciplinado ejército. Sus títulos nos intrigan a veces, en otras excitan a la lectura, en la mayoría de casos nos colman de incertidumbre. Es cuestión de hojearlos y de catar, siquiera brevemente, la índole de su mensaje. Ya está abierto el libro. Se trata de un resumen estadístico de España. Sus autores, don J. Escobar y don A. de Alfaro, nos enteran que la población de España trae su origen de razas en extremo numerosas y diversas, tanto antiguas como de la Edad Media.

Vecino de este diminuto volumen – bien que todo un Almanaque-Enciclopédico – descubrimos los “Sinónimos castellanos”, de Roque Barcia. La introducción del autor termina con esta frase ampulosa y sincera: “ ¿Hombres que ilustráis al mundo hablando y escribiendo en lengua castellana; cenizas que tenéis sepulcro en toda la tierra; sombras que mira con respeto toda la humanidad, recibid el humilde saludo de una gran generación!”.

El tomo séptimo de las obras completas de Federico García Lorca ha venido a dar también en estos polvorientos parajes. Su cubierta azul aparece desvaída y el dorado apagó de tiempo sus fulgores. García Lorca nos habla del Monasterio de Silos: “Cada vez que se miran las arquerías magníficas estalla en el alma un acorde de majestuosidad antigua.. Hay sobre los suelos un empedrado caprichoso y característico. Hay humedades inefables y consoladoras...”

Dejamos al prodigioso García Lorca con la palabra en la pàgina y continuamos deambulando. La feria se ha ido animando. Pasan libreros de nuevo perseguidores afanosos del “hallazgo” de viejo. Su mirar experto les permite atalayar de lejos mientras un fino olfato de cuervos de carne de libro raro les guía certeramente por entre los múltiples y atiborrados puestos de la feria.

Usted posiblemente no se daría cuenta, pero ese público que codea a su lado haría posible una catalogación tanto o más perfecta que la de los mismos libros expuestos a la venta. Coleccionistas, especialistas, bibliófilos, caprichosos y maniáticos de la letra impresa constituyen los personajes típicos del mercado. Cada domingo hacen acto de presencia, efectúan el recorrido, se detienen para preguntar a sus habituales proveedores:

-¿Salió algo?

-No. De todas maneras, está al caer un tomo de numismàtica que creo va a gustarle. Buen asunto. Impreso en Leipzig.

-¿Precio?

-No se alarme. Una viuda que no sabe lo que tiene en libros.

-Pues no me pierda usted de vista a esa viuda amigo.

La mañana se va encandilando, está en su auge. El sol se cuela, burlón, por las rendijas de la feria y en su caprichosa estocada de luz enciende de colorines las guardas de unos tomos franceses de botánica. Del edificio cerrado del mercado llega un vaho molesto, grosero, de carne de ternera. Da lo mismo. Una esbelta mocita, muy seria con una blusita verde caramelo, se acercará al librero para preguntar con finura de voz:

-¿No le queda a usted nada de Pérez y Pérez?

            “Feria de libros viejos”, Manuel Amat, Destino, juliol de 1952.

Read Full Post »

“La Fira del Llibre d’Ocasió Antic i Modern, que se celebra anualment a Barcelona, ​​és considerada com una de les mostres culturals de major arrelament a la ciutat. És la seva vessant popular la que ha convertit un certamen de llibres en un esdeveniment multitudinari. D’aquí el seu èxit que en cada edició augmenta considerablement. El ciutadà aprofita les estones d’oci per a acudir a la Fira i no només s’interessa pel llibre d’ocasió anomenat «modern” sinó també per l’anomenat «antic». Una perfecta conjunció que atreu l’interès de la gent.

 Han sorgit opinions aquests dies passats en el sentit de desdoblar aquesta manifestació literària-comercial en dos sentits: crear un certamen del llibre antic i un altre del llibre modern. Segons els padrins d’aquesta peculiar idea es tracta de dues coses, de dos certàmens, totalment diferents i amb clienteles diferenciades. És possible, si es considera que tota persona té ple dret a mantenir els seus punts de vista sobre els esdeveniments que ens envolten.

En els mitjans assabentats, en els nuclis actius d’aquest certamen, la proposta llançada aquests dies al vent ja haurà estat discutida. Però sens dubte hauran sorgit -i sé suposa- objeccions a tan original proposta que pretén dividir una Fira que fins al moment constituïa un èxit precisament per conservar units, agermanats, el llibre d’ocasió modern i l’antic.

 En una afirmació si més no objectiva, cal assenyalar que no resulta viable emprendre dos certàmens excloents. El llibre antic és rara peça que posseeixen en proporcions molt limitades els llibreters: no sembla factible que creixi la Fira única del llibre antic, ja que no posseeix entitat suficient per donar forma a un certamen de les característiques de l’actual. Si arribés a constituir-se, es presentaria desemparat i, a més, mancat d’aquesta calor popular que avui anima la Fira. Un certamen del llibre antic seria propi únicament per a entesos i milionaris, ja que la raresa dels mateixos i l’alt cost dels volums representaria evidents barreres per a les dites gent de carrer.

 És cert que el nucli de visitants de l’actual Fira està format majoritàriament per ciutadans que aspiren a adquirir llibres normals a baix preu i que poques persones van a comprar exemplars del segle XVIII. No només perquè la seva inquietud vela armes molt lluny d’aquestes ambicions, sinó també perquè els seus recursos econòmics els impossibiliten per a tals empreses. Però ocorre que el barceloní que s’arriba a la Fira amb el propòsit d’adquirir un volum per al seu consum literari pot admirar i fins i tot mirar els rars toms antics que allà s’exposen conjuntament amb les restants mostres bibliogràfiques.

 Separar les dues manifestacions seria mortal o de greu risc per a la Fira. L’interessat en un llibre d’ocasió modern acudiria en menor nombre al certamen; aquest es convertiria en alguna cosa sense substància. Per la seva banda, una exposició-venda de llibres antics seria vedat tancat a les inquietuds de la majoria dels visitants d’avui. Tot això, al marge de l’evident segregació cultural i social que això comportaria. La marginació és cosa molt mal vista actualment i Barcelona no s’ha manifestat mai a favor d’ella, tot i que en altres àrees ciutadanes pugui ocórrer al respecte.

 Per tot això sembla ajustat assenyalar que la Fira del Llibre ha de ser respectada en la seva actual estructura. L’afluència de públic, la seva antiguitat i el prestigi ben guanyat en anys difícils, són garantia que s’està en el bon camí. Maldestre seria intentar modificar una realitat que marxa cap endavant recolzada en la calor popular. Quan una manifestació te el consens de la població és senyal evident que ha triomfat.

La Fira del Llibre, Una”. La Vanguardia, 27 set 1972.Redacció.

XQ     XQ     XQ    XQ     XQ     XQ     XQ

“Los rollos de papiro fueron los primeros libros que poblaron la gigantesca biblioteca de Alejandría, capital del bajo Egipto, fundada por Ptolomeo II. En la superficie de tan sutil membrana vegetal extraída de los abundantes tallos que crecían en las orillas del Nilo, el cristianismo de Oriente escribió en griego la Biblia hebraica y la Grecia Inmortal sus primeros poemas.

Simultáneamente se emplea para la escritura el pergamino ( piel de oveja), que perpetúa el nombre de Pergamo, ciudad del Asia Menor, donde se preparó en grande y permitió al rey Eumeno II fundar su célebre biblioteca.

Los césares romanos, a pesar de su crueldad, no dejaron de rendir culto al talento. Su opulencia se envaneció de poseer los mejores códigos ( libros cuadrados), griegos y latinos.

En Bizancio, los Libros Santos, magníficamente miniados en páginas de vitela ( piel de ternera), fueron exaltados con primores de orfebrería. El triunfo de la piedad en ningún momento estimó excesivas ante el altar las ofrendas suntuarias. Las huestes precursoras del arte de San Eloy y sus segidores labraron maravillas en las cubiertas de los Evangelarios.

En la baja Edad Media, los libros de meditación y estudio, reunidos en monasterios donde radicaban las facultades mayores, fueron salvaguardados por recias tablas de cedro; la piel del venado, ásperamente zurrada, fue su regia vestidura; herrajes y cadenas, su protección.

Dignamente ceñidos de oro y plata, esmaltes y piedras preciosas, o enfundados en sus rudimentarios indumentos, los rancios ejemplares – testimonios eternos de la evolución de la mente, del arte y de la fe -, que milagrosamente han llegado a nuestros días, se custodian en el lugar más sagrado de las bibliotecas y museos diocesanos de cada país.

Descubierto en Maguncia el hábil artificio de multiplicar sin límites el pensamiento escrito, se abre el período radiante del libro. Tal acontecimiento se consideró obra del espíritu maligno. Vencidas las contrariedades y terminados los procesos, el arte de Gutenberg triunfó plenamente en todas las grandes ciudades del Continente intelectual. En las portadas, así como en las páginas del libro, se desarrolló pronto una nueva estética sumisa a proporciones arquitectónicas. El arte de la estampa y el arte de la encuadernación se abrazaron al glorioso estandarte de las divinas letras, de las letras humanas y de la poesía. El libro de “pergamino de trapo” – que así se llamó el papel de hilo cuya fabricación introdujeron en Europa los árabes a través de España – conquistó universal efecto.

El prístino vigor de los incunables; los caracteres góticos y los que usaron después impresores ilustres; la incipiente ilustración; la perfecta tipografía; los grabados avant la lettre de los siglos XVIII y XIX, y las robustas encuadernaciones de cordobán, con improntas doradas y mosaicos, poseen un encanto que enamora el alma:

“ ¡ Ven, libro viejo, ven, roto y ajado!

Quiero embriagarme de tu añejo vino”

exclamó Marcelino Menéndez y Pelayo en su “Epístola a Horacio”.

El súbdito francés Louis-Nicolas Robert patentó, en 1798, la primera máquina de fabricar papel continuo, la cual, construïda unos años más tarde, dio ya práctico rendimiento en Francia y en el Reino Unido de la Gran Bretaña. Los maderables bosques del inmenso Canadá y Finlandia, los de Noruega y Suecia ofrecen, sin agotarse jamás, la pasta química elaborada con desechos de madera y serrín. Pasta que, transformada por procedimientos varios en excelentes calidades de papel, proporciona pasto inalterable a la voracidad de ese monstruoso dragón de hierro, con paladar de antimonio y huellas de signos gráficos que, sentado en todos los confines, consume raudales de aceites y grasas, negro de humo y resinas, con el fin de dar a luz ramas interminables de papel impreso.

De esta endiablada conjugación surge el libro moderno que todos codiciamos, trujal constantemente renovado, en el que fermenta el jugo agridulce de las ideas.

El día 23 de abril de cada año, festividad de San Jorge, se celebra en España el “Día del Libro”, como es sabido, con una rosa en el pecho y un recuerdo consagrado al más universal de los grandes escritores españoles.

El libro es objeto, en nuestro agitado siglo, de renovadas cortesías en contraste con la vulgaridad. La xilografía, la talla dulce, el aguafuerte y la litografía – “almas mater” de la ilustración – siguen en pleno vigor. Cada cual a su manera, los nuevos “artistas del libro” de cada país dominan sus técnicas pasando de una a otra con entera libertad y decisión. Los pintores-grabadores de la Escuela de París, ávidos de originalidad interpretan con reflexiva audacia los depurados métodos y recetas que acreditaron los viejos maestros del oficio de los cuales se desdeña la colaboración. Con sus bosquejos de acento primario en los que contrasta el blanco y negro con nítida espontaneidad, se adhieren conscientemente al ímpetu ideológico que invade la razón y la estética contemporáneas, quebrantando el virtuosismo técnico y las académicas convenciones. Desde Bonnard a Rouoult, una heterogénea cohorte de insignes pintores, entre los que figuran brillantemente los de Barcelona, Valencia y Madrid, han puesto al alcance del bibliófilo, por medio de los indicados procedimientos – resaltados a veces en color y al lado de excepcionales manifestaciones de temple clásico -, un extenso repertorio ecléctico de obras geniales que ilustran el libro dentro del marco seductor de un gran papel con barbas nativas y una bella tipografía.

La encuadernación, epílogo suntuoso de la estructura formal del libro bello, ha ostentado en todos los tiempos magnificencias y atributos de regia distinción. Al declinar el primer cuarto del siglo actual los decoradores y dibujantes, incorporados de lleno al arte de encuadernar, se declaran, en la capital de Francia, libres de dogmatismos y tradiciones. Actitud heteróclita que reúne adeptos en todas las regiones del continente europeo, donde hierve el entusiasmo por el libro y su belleza.

El artífice encuadernador-dorador realiza prodigios. Fiel a los originales bocetos de los artistas decoradores, su madeja de hilos de oro describe sobre la fina piel de marroquí o de becerrillo, laberínticas espirales y fantásticas ondulaciones; taraceas de corcho y otras materias insólitas, incrustaciones de latón modelado o estaño derretido vertido gota a gota sobre cauces previstos en la piel son las más recientes elucubraciones.

Este singular tatuaje, sugerente e inalienable, que distingue uno de otro el libro por su originalidad de la encuadernación , anticipa, con sus vibrantes modulaciones de ritmo y de color, presuntas armonías.

La bibliophilie commence à la reliure”. En el reducido mundo donde repercutió esta ardiente frase de Henri Béraldi no fue todo conformidad. Discursos y manifiestos atronaron el aire. Mas, aciertos indiscutibles y saludables rectificaciones han conseguido quebrar la rigidez de fatigados conceptos y preceptos dando paso a una nueva razón.

Reacios andaremos en reconocerlo, pero nuestro esfuerzo de adaptación a las evoluciones del arte y su misterioso influjo es cada día menor. La hoja de acanto, el olivo y el laurel han perdido su virtud, así como el delicioso parloteo romántico del lenguaje de las flores que tantas veces sintetizó sentimientos diversos en el lomo y las tapas de la encuadernación.

El precipitado crecimiento de las artes del libro aturde. Gigantescos interrogantes se levantan.

¿ Se desvanecerá totalmente la sombra de Gutenberg? ¿ Sustituirá la imagen visual o plàstica a la maravillosa significación de la escritura?

Ociosa sería la enumeración de conjeturas…

El libro, al igual que el destino de la humanidad, se encuentra atenazado a los descomunales acontecimientos técnicos y científicos que gobiernan el mundo.

Article;”Evolución del libro y su vestidura” per Brugalla a El Libro Español, nº 137, maig 1969. Extret d’un article a La Vanguardia.

Read Full Post »

« Newer Posts - Older Posts »