Feeds:
Entrades
Comentaris

Archive for the ‘Bibliophily – Bibliophilie’ Category

“Una de les coses més belles i edificants de Barcelona, es la Biblioteca pública del Passeig de Sant Joan. Per palesar-ho, només cal que hi feu una visita. Hivern i estiu, aquest lloc és visitat per tota mena de gent. I no us penseu pas que s’hi vagi a badoquejar i a perdre temps en aquest lloc, no. Hi veureu des del rendista panxacontent que s’embadaleix amb les obres de Campoamor, a l’obrer que aprofita uns moments de lleure per a sadollar-se de tots aquells coneixements que la manca de temps i de posició social no li han permès adquirir. Aquesta Biblioteca consta d’uns centenars de volums triats entre els més corrents i més assequibles al poble. Potser són pocs, i la varietat hi és encara deficient. Alegrem- nos-en, però, i procurem estimular l’edificació de nous llocs com aquest. La disposició i classificació de volums està feta amb traça i enginy, i d’una manera, sobretot, molt fàcil, tant pel llegidor com pel bibliotecari. En uns armaris de pedra, i assenyalats amb unes lletres de l’abecedari estan classificats els llibres. Uns bancs de mosaic a banda i banda. Uns catàlegs penjats damunt de cada un d’ells, on hi cerca el lector l’obra que desitja, ja sigui cercant-la per enumeració de matèries, autors, o d’obres. Quan té el que desitja s’anota el número que porta i la classificació de la lletra al qual pertany. D’aquesta manera l’operació es fa amb una meravellosa senzillesa.

 —Hi ve molta gent a llegir?— preguntàrem al guarda encarregat de la biblioteca.

 —Sí, molta. encara que amb aquests mesos de xafogor se’n ressenti una mica. Si l’horari fos canviat, es a dir, s’allargués més per la part del vespre, molta més n’hi hauria.

 —I aquest horari és?

 —Des de les nou del matí a les cinc de la tarda. A l’hivern, no diré jo que sigui una hora esbarriada, però el que és a l’estiu, no va gaire bé. En primer lloc, perquè la calor en aquestes hores es fa insuportable, i en segon, perquè quan ve l’hora més bona,que són de les cinc en amunt, la biblioteca es tanca.

—I és clar—fem nosaltres—deu passar que amb un horari així els obrers que treballen fins a les sis de la tarda no hi poden venir, quan encara podrien aprofitar un parell d’hores… N’hi vénen alguns ací?

 —Força, sobretot els que tenen les tardes lliures, els convalescents, i els que han sofert algun accident de treball. La biblioteca és un bon esbarjo, i n’hi ha que hi passen el dia sencer. Un nen d’uns deu anys s’atansa tot vergonyós

  -¿Vol fer el favor de donar-me un llibre?

—Quin llibre vols? Que no has mirat el catàleg?— li diu somrient el guarda.

—És que no sé quin triar…

—I bé, quina mena de llibre voldries ?…

 —Un que sigui ben bonic !—diu tot il·lusionat –  Que hi ha força “sants”.

     El guarda obre un departament destinat a llibres d’infants. Treu els «Contes d’Andersen.

 —Té, i no l’espatllis.

     El noi marxa tot content, s’asseu a un banc i comença a fullejar febrosarnent.

 —Per a fer aquesta feina es necessita ésser guarda i mestre de minyons alhora. No saben pas mai el que volen, a vegades fins m’han demanat obres de Balmes

 —Ací, d’un cap de dia a l’altre hi deveu veure desfilar una colla de gent diversa…

 — Sí, la majoria de gent que concorre a la biblioteca és gent jove.

 —I de llibres no en desapareixen ?

 —No, en aixó estem de sort. En contra el que molts opinen de la incivilització actual, el que passa ací és ben al contrari. Tornen els llibres i els saben respectar.

      Hem vist que l’entreteníem massa. Tres lectors s’estan impacientant.

 — Perdoni — ens diu — cal no fer esperar aquesta bona gent.

 —Teniu raó—fem nosaltres—el temps és or.

       En aquest cas, més que mai, el proverbi anglès hi és com l’anell al dit. !

      Article: “El bibliotecari del Passeig de Sant Joan, fa declaracions”. Àngel Pons i Guitart a Imatges, 24 set 1930. ( Fotos de Casas )

XQ     XQ     XQ     XQ     XQ     XQ     XQ

“No todo son libros en la feria de libros barcelonesa. El negocio ha sufrido modificaciones perceptibles y al dictado de la moda, o bien de las exigencias del público, que todo viene a ser la misma cosa, han surgido los vendedores especializados en revistas extranjeras. “Vogue”, “Post”, “Paris Match”, “The Satursay Evening Post”, “Punch”, “Constellation”, “Tout”, “Sport Digest”, “Selecciones del Reader’s Digest” y algunos centenares de títulos más acaparan los maderos y cajas de los mentados especialistas.

Las transacciones más importantes durante los últimoa años se las apuntaron entre nosotros los vendedores de números atrasados de “Reader’s Digest”, la revista más leída del mundo, 15.500.000 ejemplares por mes, en once idiomas se esparraman por nuestro planeta. Ignoro los que hace tres o cuatro añs llegaban a España; empero, sí que podré explicarles con cierto fundamento que el control de ejemplares usados de que hacía gala este mercado fue en todo momento de una discreta importancia. Recuerdo que sorprendió en gran manera la inflexible cotización que regía para la compra de números atrasados. Huelga decir que a mayor retrospectividad de los ejemplares, más cuantiosa se planteaba la tarifa. El precio, con todo, sufría variaciones inusitadas en algunos casos, lo que reforzaba una vez más la vieja creencia de que no hay regla sin excepción. Y comprenderán muy pronto a lo que voy si les explico que algunos números del primer año de la aparición de “Reader’s Digest” – 1941 – se vendieron por poco dinero a consecuencia de ciertas irrupciones del todo imprevistas en el mercado barcelonés. La edición argentina se permitió en más de una ocasión originar turbulentos descalabros, con lo que las listas a màquina de la cotización “oficial” no tuvieron más remedio que acusar el golpe y, maldiciendo al tío Paco, decretar la inminente rebaja.

Conseguir el número uno, correspondiente a diciembre de 1940, que me interesaba para mi colección particular, me dió mucho trabajo y, como el cazador, aguardar sin desfallecer, rondar la pieza y seguir el rastro sirviéndome de auxilios ajenos. Cayó un domingo. La cubierta era de un rosado algo obscuro, orlada en plata. No se trataba de un ejemplar precisamente nuevo, pero bien merecía el título de presentable. Ríase usted si quiere, pero el temblor de mi mano derecha nadie lo detuvo. Sabía que el precio sería fuerte y tal vez por ello pagué en el acto sin chistar. Doscientas cincuenta pesetas. Ni una más ni una menos. Luego, pagándolos a treinta, veinticinco y veinte duros, pude ir reuniendo los primeros números de la colección, que hoy tengo completa.

Bueno. Decíamos que también privan las revistas en la feria de libros y nadie podría ponerlo en duda. Las revistas técnicas, de modas, de plásticos, de química y aeromodelismo cuentan con una clientela importante y adicta. Luego siguen, por escalafón, los que compran según el interés de las fotografías y temas inseridos. Los dibujantes preguntan, con una cara muy grave, cosas por este estilo:

-Hoy busco perros. ¿ Cómo está usted de perros?

Estos libreros de la Ronda, cuyo lema rima sabiamente el loco con el poco, no se inmutan jamás y toleran las peticiones y los encargos más inverosímiles. Siguiendo con otros especialistas es necesario no olvidar a los que trabajan preferentemente los “tebeos”, o sea los papeles infantiles; los que ofrecen un buen surtido de libros franceses; los que a las piezas musicales, métodos de solfeo y biografías de músicos célebres se dedican; los especialistas del libro catalán; los acaparadores de literatura teatral; los acreditados en el comercio de reproducciones y grabados y, finalmente, los puestos que alternan la venta de libros con las postales y los sellos de correos. Se trata de una minoría, pero objetividad obliga dejar constancia de ella.

Las transacciones, los pisotones, la animación, el embarazoso caminar, la curiosidad y la búsqueda constituyen las notas predominantes de esta concurridísima feria. Última vuelta

Los niños tienen también su demarcación en la feria. No son los libros lo que a ellos les interesa, sino el cromeo, o sea la compra, venta y cambio de las colecciones de cromos. Hay los niños que “hacen” “Blanca Nieves, “Escuadras de guerra”, “Las minas del Rey Salomón”, “Album de aviación”, “Érase una vez…”, o bien “Garbancito de la Mancha”… Los cromitos se venden a diez céntimos, a real los más difíciles de obtener, y los cambios se conciertan a razón de tres cromitos viejos por uno de nuevo. Los niños, con serenidad y autoridad magníficas, pagan, cambian, buscan los ejemplares que les faltan y en muy rara ocasión demuestran atolondramiento.

-Cuente. Trece cromos. O sea, una peseta con veinte. Recuerde que le he entregado tres cromos a cambio.

-Sí, sí, guapo, ni hablar…

A partir de la una del mediodía la feria entra en su fase de declive. Menguados visitantes la cortejan. Los libros se apilan verticalmente. Cordeles. Cajas de embalaje. Y, de súbito, esos montones de libros de mi admirado amigo Ramón Gómez de la Serna. Ese es un misterio que no acerté jamás a explicarme. ¿ Qué tendrán los libros del autor de “El Circo” que penetran en las librerías de lance en tan ingentes cantidades? ¡Y qué humorística greguería esa de los flamantes libros de Ramón presumiendo de nuevo precisamente en las librerías de viejo…!

Voy leyendo nombres de autores, agolpados, hojiabiertos, despanzurrados libros. Eça de Queiroz, Amado Nervo, Manuel Machado, Pierre Loti, León Tolstoi, Enrique Fajardo, Antonio Maura, G. Apollinaire, Mark Twain, Luis de Zulueta, Colette, Willy, Juan Valera, Tirso Medina, Azorín, Armando Palacio Valdés, Santiago Rusiñol, André Maurois, Enrique Jardiel Poncela… Plumas que en la vida real tal vez se hubieran combatido con furia irreductible, ahora, entrelazadas sus páginas, parecían querer ventilar sus viejas polémicas y rencillas en un abrazo conciliador.

El viento, un soplo de viento, ha venido a agitar las páginas de un libro en rústica. En sus primeras hojas blancas, sin imprimir, una dedicatoria autógrafa se hace visible. La tinta, puro color algarroba, atestigua, más elocuentemente que la misma fecha del pie, el vertiginoso discurrir de los años que fueron. “A mi dilecto amigo…”. Pensáis: ¿Seguirá viviendo este dilecto amigo? ¿ Continuará llenando cuartillas y dedicando libros este ignorado escritor?

Con los mismos carretones de ruedas chatas y menudas con que llegaron por la mañana, harán el viaje de regreso los volúmenes que no se vendieron en la feria.

Se agolpan los bancos, maderos, caballetes, toldillos, tableros, cuerdas, taburetes y escalerillas. Terminó la feria y reina ahora esa típica tristeza de tendido de plaza de toros pocas horas después de haber sido despachada la corrida.

Ahora el sol se ha ido a leer la cartelera de espectáculos en la pared de una esquina.

Hemos entrado en el meridiano del arroz dominical, del postre familiar y de la siesta dilatada. Ha menguado la animación humana en la calle.

Un hombre se pierde en la urbana lejanía, caminando con torpeza, absorto, un libro viejo entre sus manos.

Article:”Feria de libros viejos” de Manuel Amat, Destino, juliol de 1952.

Read Full Post »

“Acaba de tancar-se la Fira de el Llibre d’Ocasió. Situada a la plaça Universitat, ha arribat a la xifra calculada de vendes -dos milions i mig -, ha demostrat que la previsió de qui la va proveir d’un teulat plàstic estava ben fundada, doncs és ben sabut que la venda al carrer de llibres és una invitació al xàfec i al tancar s’han afirmat projectes tan interessants per l’estètica ciutadana, ja que no per l’evocació nostàlgica, com el de renovar les paradetes del mercat de llibres de Santa Mònica.

            Nous i moderns llocs substituiran les desmanegades paradetes de taules que tants records guarden per a moltes generacions d’estudiants i amants del llibre.

            El llibre, aquest “millor amic de l’home” per mor d’aquest mercat i de tants establiments que a Barcelona es dediquen a aquesta especialitat, ha fet, com a tal amic, innombrables favors quan només a ell cabia acudir. Quantes tardes d’alegria estudiantil, quantes entrades de cinema de joves parelles il·lusionades, quantes altres coses que ens van deixar molts agradables records es van realitzar gràcies als pocs duros aconseguits al mercat de llibres d’ocasió a canvi dels llibres de text, o de les edicions de luxe que ens van regalar en els nostres aniversaris … A vegades, la venda tenia característiques de préstec amb garantia: el mateix llibre de text era recuperat pocs dies després mitjançant el pagament d’un mòdic interès.

 -No em vengui aquest llibre, senyor Joan, que d’aquí a quinze dies m’arriba el gir i el recuperaré perquè ho necessito per als exàmens trimestrals. I el senyor Joan el guardava pacient i antieconómicament, i fins i tot el prestava per als exàmens trimestrals si no es podia tornar a recuperar en el temps previst.

I ocasió, en fi, va significar aquest mercat per a moltíssims, situats a l’altra cara de la moneda, que van trobar en els seus polsosos munts, l’edició esgotada, el llibre rar, o aquell que el seu peculi no permetia comprar nou i calia llegir perquè tothom parlava d’ell. Vendes d’ocasió, ocasions de comprar. Entranyables moments de recerca i fins de lectura a la caloreta hivernal, que tan bé sap en aquell racó de la Rambla.

            L’estètica ciutadana exigeix ​​la renovació del mercat, la comoditat dels venedors pot ser que també. Què hi farem? Adéu a les velles cofurnes, híbrids de xurreria i caseta de fira. Nous o vells seguiran servint de lloc de recerca per el curiós i de panacea infal·lible per a les petites necessitats de diners de molts estudiants que faran, ni més ni menys, el que van fer els seus pares i avis, encara que aquests difícilment arribin a confessar l’inefable pecat de canviar llibres per els moments més feliços de la nostra vida. Perquè el llibre, nou o vell, encara que més aviat el nou és en aquestes ocasions, com en moltes altres, «el millor amic de l’home».

Article: “El llibre i l’ocasió”, La Vanguardia 3 d’octubre de 1962.

XQ     XQ     XQ     XQ     XQ     XQ     XQ

“Cada domingo contamos con feria de libros viejos en Barcelona. Se celebra al amparo de la marquesina circundante del edificio del Mercado de San Antonio. De esta forma en las calientes mañanas estivales vendedores y compradores vense resguardados de los ardores del sol. Y en invierno, cuando el frío y la lluvia más desapacibles se muestran, la marquesina cobija y protege el deambular pausado de los que van dando vueltas entorno a esa noria de libros y revistas, de viejos grabados, de ancianos, amarillentos mamotretos.

En montones, revueltos, sobre tableros, podemos contemplarlos. Todos estos libros vulgares representan, por lo menos, un momento en una vida human. Lo que ahora nos parece insignificante, ha animado durante un instante un espíritu. ¿ Qué sabemos las manos que han vuelto las páginas de este pobre libro? Nosotros mismos, en la soledad del campo, sin nuestros libros dilectos, hambrientos de lectura, ¿ no encontraríamos también placer en la lectura de este volumen anodino? En parte, en gran parte, EL LIBRO ES NUESRO MISMO PENSAMIENTO. Muchos de estos libros de la feria nos serán útiles. Acaso, sobre basto papel, con borrosos tipos, veremos estampado un pensamiento sencillo, natural, de un hombre ignorado que un día se puso a escribir sin saber nada. En los pueblecitos de Castilla – como en otras partes – ha habido de estos hombres que escribieron un día y que nadie sabe qué han escrito. En ellos el pensamiento puede quedar expresado en forma afectada y laberíntica – sugestión de grandes autores -; pero puede también estarlo sencilla y limpiamente, con la sencillez y la limpieza de una fuente en la montaña. Una mañana de otoño, curioseando en la feria de los libros, hemos encontrado uno de estos volúmenes”.

El que así escribe y describe es Azorín, en su delicioso libro “Un pueblecito. Riofrio de Ávila”. Como el gran escritor, son muchos los que se afanan en dar con uno de estos volúmenes y este íntimo placer de la búsqueda les aviva la mirada y les impele las manos a hurnear por entre las revuetas pilas de libros.

En la feria no abunda, por lo general, el espíritu selectivo y ordenador y a la venta se ofrecen en abigarrada mescolanza, novelas románticas, tratados de vegetarianismo, pensamientos sublimes, recetas culinarias, procedimientos para jugar con ventaja a la lotería, guías turísticas, tratados de urbanidad, ediciones miniaturizadas infantiles, consejos a los solteros, modo de amenizar una velada familiar, compendios de medicina casera, libros escolares, folletos policíacos, seguros medios para hacerse millonario en poquísimos días, en mucho menos tiempo del que tarda en cantar un gallo…

Toda la anodinidad, toda la grisura, toda la vulgaridad de los libros inútiles – son palabras, como antes de Azorínestá aquí. Es enorme la cantidad de libros absurdos que han sido publicados”.

Junto a los libros absurdos están tambien aquí, apiñadas, las obras maestras de la literatura universal, hermanados unos y otros autores en un destino común.

-¡ A peseta, a peseta! – vocean desde un puesto de la feria.

El público desfila con paso indiferente. ¿Quién se atrevería a hablar ahora de inmortalidad y de siglos de oro, mientras una voz va pregonando a grito pelado: “¡A peseta, a peseta!”…?

Los libros aguardan en formación como un veterano y disciplinado ejército. Sus títulos nos intrigan a veces, en otras excitan a la lectura, en la mayoría de casos nos colman de incertidumbre. Es cuestión de hojearlos y de catar, siquiera brevemente, la índole de su mensaje. Ya está abierto el libro. Se trata de un resumen estadístico de España. Sus autores, don J. Escobar y don A. de Alfaro, nos enteran que la población de España trae su origen de razas en extremo numerosas y diversas, tanto antiguas como de la Edad Media.

Vecino de este diminuto volumen – bien que todo un Almanaque-Enciclopédico – descubrimos los “Sinónimos castellanos”, de Roque Barcia. La introducción del autor termina con esta frase ampulosa y sincera: “ ¿Hombres que ilustráis al mundo hablando y escribiendo en lengua castellana; cenizas que tenéis sepulcro en toda la tierra; sombras que mira con respeto toda la humanidad, recibid el humilde saludo de una gran generación!”.

El tomo séptimo de las obras completas de Federico García Lorca ha venido a dar también en estos polvorientos parajes. Su cubierta azul aparece desvaída y el dorado apagó de tiempo sus fulgores. García Lorca nos habla del Monasterio de Silos: “Cada vez que se miran las arquerías magníficas estalla en el alma un acorde de majestuosidad antigua.. Hay sobre los suelos un empedrado caprichoso y característico. Hay humedades inefables y consoladoras...”

Dejamos al prodigioso García Lorca con la palabra en la pàgina y continuamos deambulando. La feria se ha ido animando. Pasan libreros de nuevo perseguidores afanosos del “hallazgo” de viejo. Su mirar experto les permite atalayar de lejos mientras un fino olfato de cuervos de carne de libro raro les guía certeramente por entre los múltiples y atiborrados puestos de la feria.

Usted posiblemente no se daría cuenta, pero ese público que codea a su lado haría posible una catalogación tanto o más perfecta que la de los mismos libros expuestos a la venta. Coleccionistas, especialistas, bibliófilos, caprichosos y maniáticos de la letra impresa constituyen los personajes típicos del mercado. Cada domingo hacen acto de presencia, efectúan el recorrido, se detienen para preguntar a sus habituales proveedores:

-¿Salió algo?

-No. De todas maneras, está al caer un tomo de numismàtica que creo va a gustarle. Buen asunto. Impreso en Leipzig.

-¿Precio?

-No se alarme. Una viuda que no sabe lo que tiene en libros.

-Pues no me pierda usted de vista a esa viuda amigo.

La mañana se va encandilando, está en su auge. El sol se cuela, burlón, por las rendijas de la feria y en su caprichosa estocada de luz enciende de colorines las guardas de unos tomos franceses de botánica. Del edificio cerrado del mercado llega un vaho molesto, grosero, de carne de ternera. Da lo mismo. Una esbelta mocita, muy seria con una blusita verde caramelo, se acercará al librero para preguntar con finura de voz:

-¿No le queda a usted nada de Pérez y Pérez?

            “Feria de libros viejos”, Manuel Amat, Destino, juliol de 1952.

Read Full Post »

“La Fira del Llibre d’Ocasió Antic i Modern, que se celebra anualment a Barcelona, ​​és considerada com una de les mostres culturals de major arrelament a la ciutat. És la seva vessant popular la que ha convertit un certamen de llibres en un esdeveniment multitudinari. D’aquí el seu èxit que en cada edició augmenta considerablement. El ciutadà aprofita les estones d’oci per a acudir a la Fira i no només s’interessa pel llibre d’ocasió anomenat «modern” sinó també per l’anomenat «antic». Una perfecta conjunció que atreu l’interès de la gent.

 Han sorgit opinions aquests dies passats en el sentit de desdoblar aquesta manifestació literària-comercial en dos sentits: crear un certamen del llibre antic i un altre del llibre modern. Segons els padrins d’aquesta peculiar idea es tracta de dues coses, de dos certàmens, totalment diferents i amb clienteles diferenciades. És possible, si es considera que tota persona té ple dret a mantenir els seus punts de vista sobre els esdeveniments que ens envolten.

En els mitjans assabentats, en els nuclis actius d’aquest certamen, la proposta llançada aquests dies al vent ja haurà estat discutida. Però sens dubte hauran sorgit -i sé suposa- objeccions a tan original proposta que pretén dividir una Fira que fins al moment constituïa un èxit precisament per conservar units, agermanats, el llibre d’ocasió modern i l’antic.

 En una afirmació si més no objectiva, cal assenyalar que no resulta viable emprendre dos certàmens excloents. El llibre antic és rara peça que posseeixen en proporcions molt limitades els llibreters: no sembla factible que creixi la Fira única del llibre antic, ja que no posseeix entitat suficient per donar forma a un certamen de les característiques de l’actual. Si arribés a constituir-se, es presentaria desemparat i, a més, mancat d’aquesta calor popular que avui anima la Fira. Un certamen del llibre antic seria propi únicament per a entesos i milionaris, ja que la raresa dels mateixos i l’alt cost dels volums representaria evidents barreres per a les dites gent de carrer.

 És cert que el nucli de visitants de l’actual Fira està format majoritàriament per ciutadans que aspiren a adquirir llibres normals a baix preu i que poques persones van a comprar exemplars del segle XVIII. No només perquè la seva inquietud vela armes molt lluny d’aquestes ambicions, sinó també perquè els seus recursos econòmics els impossibiliten per a tals empreses. Però ocorre que el barceloní que s’arriba a la Fira amb el propòsit d’adquirir un volum per al seu consum literari pot admirar i fins i tot mirar els rars toms antics que allà s’exposen conjuntament amb les restants mostres bibliogràfiques.

 Separar les dues manifestacions seria mortal o de greu risc per a la Fira. L’interessat en un llibre d’ocasió modern acudiria en menor nombre al certamen; aquest es convertiria en alguna cosa sense substància. Per la seva banda, una exposició-venda de llibres antics seria vedat tancat a les inquietuds de la majoria dels visitants d’avui. Tot això, al marge de l’evident segregació cultural i social que això comportaria. La marginació és cosa molt mal vista actualment i Barcelona no s’ha manifestat mai a favor d’ella, tot i que en altres àrees ciutadanes pugui ocórrer al respecte.

 Per tot això sembla ajustat assenyalar que la Fira del Llibre ha de ser respectada en la seva actual estructura. L’afluència de públic, la seva antiguitat i el prestigi ben guanyat en anys difícils, són garantia que s’està en el bon camí. Maldestre seria intentar modificar una realitat que marxa cap endavant recolzada en la calor popular. Quan una manifestació te el consens de la població és senyal evident que ha triomfat.

La Fira del Llibre, Una”. La Vanguardia, 27 set 1972.Redacció.

XQ     XQ     XQ    XQ     XQ     XQ     XQ

“Los rollos de papiro fueron los primeros libros que poblaron la gigantesca biblioteca de Alejandría, capital del bajo Egipto, fundada por Ptolomeo II. En la superficie de tan sutil membrana vegetal extraída de los abundantes tallos que crecían en las orillas del Nilo, el cristianismo de Oriente escribió en griego la Biblia hebraica y la Grecia Inmortal sus primeros poemas.

Simultáneamente se emplea para la escritura el pergamino ( piel de oveja), que perpetúa el nombre de Pergamo, ciudad del Asia Menor, donde se preparó en grande y permitió al rey Eumeno II fundar su célebre biblioteca.

Los césares romanos, a pesar de su crueldad, no dejaron de rendir culto al talento. Su opulencia se envaneció de poseer los mejores códigos ( libros cuadrados), griegos y latinos.

En Bizancio, los Libros Santos, magníficamente miniados en páginas de vitela ( piel de ternera), fueron exaltados con primores de orfebrería. El triunfo de la piedad en ningún momento estimó excesivas ante el altar las ofrendas suntuarias. Las huestes precursoras del arte de San Eloy y sus segidores labraron maravillas en las cubiertas de los Evangelarios.

En la baja Edad Media, los libros de meditación y estudio, reunidos en monasterios donde radicaban las facultades mayores, fueron salvaguardados por recias tablas de cedro; la piel del venado, ásperamente zurrada, fue su regia vestidura; herrajes y cadenas, su protección.

Dignamente ceñidos de oro y plata, esmaltes y piedras preciosas, o enfundados en sus rudimentarios indumentos, los rancios ejemplares – testimonios eternos de la evolución de la mente, del arte y de la fe -, que milagrosamente han llegado a nuestros días, se custodian en el lugar más sagrado de las bibliotecas y museos diocesanos de cada país.

Descubierto en Maguncia el hábil artificio de multiplicar sin límites el pensamiento escrito, se abre el período radiante del libro. Tal acontecimiento se consideró obra del espíritu maligno. Vencidas las contrariedades y terminados los procesos, el arte de Gutenberg triunfó plenamente en todas las grandes ciudades del Continente intelectual. En las portadas, así como en las páginas del libro, se desarrolló pronto una nueva estética sumisa a proporciones arquitectónicas. El arte de la estampa y el arte de la encuadernación se abrazaron al glorioso estandarte de las divinas letras, de las letras humanas y de la poesía. El libro de “pergamino de trapo” – que así se llamó el papel de hilo cuya fabricación introdujeron en Europa los árabes a través de España – conquistó universal efecto.

El prístino vigor de los incunables; los caracteres góticos y los que usaron después impresores ilustres; la incipiente ilustración; la perfecta tipografía; los grabados avant la lettre de los siglos XVIII y XIX, y las robustas encuadernaciones de cordobán, con improntas doradas y mosaicos, poseen un encanto que enamora el alma:

“ ¡ Ven, libro viejo, ven, roto y ajado!

Quiero embriagarme de tu añejo vino”

exclamó Marcelino Menéndez y Pelayo en su “Epístola a Horacio”.

El súbdito francés Louis-Nicolas Robert patentó, en 1798, la primera máquina de fabricar papel continuo, la cual, construïda unos años más tarde, dio ya práctico rendimiento en Francia y en el Reino Unido de la Gran Bretaña. Los maderables bosques del inmenso Canadá y Finlandia, los de Noruega y Suecia ofrecen, sin agotarse jamás, la pasta química elaborada con desechos de madera y serrín. Pasta que, transformada por procedimientos varios en excelentes calidades de papel, proporciona pasto inalterable a la voracidad de ese monstruoso dragón de hierro, con paladar de antimonio y huellas de signos gráficos que, sentado en todos los confines, consume raudales de aceites y grasas, negro de humo y resinas, con el fin de dar a luz ramas interminables de papel impreso.

De esta endiablada conjugación surge el libro moderno que todos codiciamos, trujal constantemente renovado, en el que fermenta el jugo agridulce de las ideas.

El día 23 de abril de cada año, festividad de San Jorge, se celebra en España el “Día del Libro”, como es sabido, con una rosa en el pecho y un recuerdo consagrado al más universal de los grandes escritores españoles.

El libro es objeto, en nuestro agitado siglo, de renovadas cortesías en contraste con la vulgaridad. La xilografía, la talla dulce, el aguafuerte y la litografía – “almas mater” de la ilustración – siguen en pleno vigor. Cada cual a su manera, los nuevos “artistas del libro” de cada país dominan sus técnicas pasando de una a otra con entera libertad y decisión. Los pintores-grabadores de la Escuela de París, ávidos de originalidad interpretan con reflexiva audacia los depurados métodos y recetas que acreditaron los viejos maestros del oficio de los cuales se desdeña la colaboración. Con sus bosquejos de acento primario en los que contrasta el blanco y negro con nítida espontaneidad, se adhieren conscientemente al ímpetu ideológico que invade la razón y la estética contemporáneas, quebrantando el virtuosismo técnico y las académicas convenciones. Desde Bonnard a Rouoult, una heterogénea cohorte de insignes pintores, entre los que figuran brillantemente los de Barcelona, Valencia y Madrid, han puesto al alcance del bibliófilo, por medio de los indicados procedimientos – resaltados a veces en color y al lado de excepcionales manifestaciones de temple clásico -, un extenso repertorio ecléctico de obras geniales que ilustran el libro dentro del marco seductor de un gran papel con barbas nativas y una bella tipografía.

La encuadernación, epílogo suntuoso de la estructura formal del libro bello, ha ostentado en todos los tiempos magnificencias y atributos de regia distinción. Al declinar el primer cuarto del siglo actual los decoradores y dibujantes, incorporados de lleno al arte de encuadernar, se declaran, en la capital de Francia, libres de dogmatismos y tradiciones. Actitud heteróclita que reúne adeptos en todas las regiones del continente europeo, donde hierve el entusiasmo por el libro y su belleza.

El artífice encuadernador-dorador realiza prodigios. Fiel a los originales bocetos de los artistas decoradores, su madeja de hilos de oro describe sobre la fina piel de marroquí o de becerrillo, laberínticas espirales y fantásticas ondulaciones; taraceas de corcho y otras materias insólitas, incrustaciones de latón modelado o estaño derretido vertido gota a gota sobre cauces previstos en la piel son las más recientes elucubraciones.

Este singular tatuaje, sugerente e inalienable, que distingue uno de otro el libro por su originalidad de la encuadernación , anticipa, con sus vibrantes modulaciones de ritmo y de color, presuntas armonías.

La bibliophilie commence à la reliure”. En el reducido mundo donde repercutió esta ardiente frase de Henri Béraldi no fue todo conformidad. Discursos y manifiestos atronaron el aire. Mas, aciertos indiscutibles y saludables rectificaciones han conseguido quebrar la rigidez de fatigados conceptos y preceptos dando paso a una nueva razón.

Reacios andaremos en reconocerlo, pero nuestro esfuerzo de adaptación a las evoluciones del arte y su misterioso influjo es cada día menor. La hoja de acanto, el olivo y el laurel han perdido su virtud, así como el delicioso parloteo romántico del lenguaje de las flores que tantas veces sintetizó sentimientos diversos en el lomo y las tapas de la encuadernación.

El precipitado crecimiento de las artes del libro aturde. Gigantescos interrogantes se levantan.

¿ Se desvanecerá totalmente la sombra de Gutenberg? ¿ Sustituirá la imagen visual o plàstica a la maravillosa significación de la escritura?

Ociosa sería la enumeración de conjeturas…

El libro, al igual que el destino de la humanidad, se encuentra atenazado a los descomunales acontecimientos técnicos y científicos que gobiernan el mundo.

Article;”Evolución del libro y su vestidura” per Brugalla a El Libro Español, nº 137, maig 1969. Extret d’un article a La Vanguardia.

Read Full Post »

“Una vegada més, la ciutat de Barcelona amb la «Fira del Llibre» afirma la seva resolta voluntat de sentir-se lligada a tot el que aquest representa, és a dir, a tenir present tothora uns coneixements efectius dels nostres valors espirituals que facin possible mantenir la fidelitat a la nostra llengua i cultura.

 A través de la nostra recent història, aquest anhel, que és ben natural i simple, sovint no ha estat massa fàcil obtenir-lo, però mai no hem d’oblidar que la nostra fermesa ha fet que, tot seguit o a la llarga, sempre hem aconseguit els nostres propòsits de triomf. Aquest permanent i obstinat combat, per tal que la presència del llibre representi més que un signe de la nostra vida espiritual, vol dir avui, i també el dia de demà, que no podem deixar de persistir en la seva difusió i defensa i que la nostra fe és permanent.

 Es per això que el llibre no l’hem mai de menysprear, tot el contrari, doncs; si algunes vegades no el trobem tan interessant com voldríem o el considerem superficial, hem de pensar que sovint ens passa com amb el vi novell, al qual el temps dóna un sabor i una solidesa que el fan inoblidable.

 No sóc pas jo qui us ha de parlar del que és i representa el llibre, però sí que em permeto remarcar —encara que ja ho sabeu— que els pobles que coneixen bé el pes de la seva història, que li són fidels i que tenen grans ambicions de futur, són aquells en què la cultura s’ha sedimentat fent possible el seu triomf i deixant al món un exemple a seguir. El llibre sempre n’és un clar i evident testimoniatge.

 Podeu ben creure que en la meva llarga i sovint atzarosa vida, hauria estat ben trist de no tenir llibres al meu costat, almenys un que fos, com deia Montaigne, de bona fe i que nosaltres diríem que a més ens aportés pensaments dels quals poguéssim treure la saba que enfortís i eixamplés els nostres coneixements per tal que la nostra acció pogués ser més compresa i volguda.

 Al meu entendre, tots els llibres, vinguin d’on vinguin, diguin el que diguin, ben expressats o mal escrits, han de merèixer sempre el nostre respecte. No s’ha de menysprear mai un llibre, car tots ells són fruit d’una voluntat, sovint plena de fe i d’un anhel de superació, per fer veure o comprendre nous horitzons o bé per fer-nos enriquir amb els coneixements i experiències d’un passat que, bo o dolent, cal tenir en compte si volem ésser sincers amb nosaltres mateixos.

 Els llibres són útils i han d’ésser estimats perquè són un aliment espiritual i a la vegada una lliçó constant que ens encamina en la nostra vida i obre nous horitzons en el quefer de la nostra existència. Ells donen forma a la nostra manera de parlar i de pensar i una cosa i l’altra formen el nostre pensament i futur.

¿Qui no recorda els llibres de la seva adolescència que tantes i tantes il·lusions i generoses ambicions arrelaren en nosaltres i que ens han acompanyat i ens han donat fruits saborosos? Perquè els recordem, constatem avui la necessitat de no separar-nos-en mai, ja que els coneixements que ens varen donar han estat ben sovint un gran remei en els moments de vicissitud i un consol en les decepcions de la nostra vida espiritual.

 Un llibre ha estat, és i serà sempre un refugi i una obligació de meditar que tot seguit ens farà trobar la serenitat necessària per a millor comprendre quin és el nostre camí. Potser no us sembli així, però crec que tot llibre comporta el deure de meditar, i això en aquest món esvalotat cada cop és més necessari.

 Es evident, per exemple, que un bon llibre d’assaig o de poesia ens donarà una serenitat i ens obligarà a unes reflexions insospitades que serviran per a evitar raonaments confusos o paraules sobreres que ens enterboleixen els principis i els fonaments d’una idea o d’un pensament. Una llarga experiència en el món de les més compromeses decisions ens duu a la lectura perquè, després d’haver pres feixugues responsabilitats, llegir és un suport que ens permet mesurar el valor, l’encert o l’error de la nostra acció i que ens obliga a valorar més justament el futur i a la vegada el present.

 Gràcies, en part, als llibres, aconseguirem que la continuïtat en tots els ordres de la nostra vida sigui l’empenta que mai no deixi de recordar-nos el que hem estat i el que desitgem per a la nostra millor glòria i la del nostre país.

            Pregó :“El llibre, un refugi” de Josep Tarradellas, AVUI 20 set 1983.

XQ    XQ    XQ    XQ    XQ    XQ   XQ

Bar La Pansa

“Mi querido amigo:

¿ El bar “La Pansa” le era conocido? ¿ Puso, alguna vez, los pies en él? Se lo pregunto pensando en la sorpresa de tomo y lomo que se llevará usted de acercarse allí un día de éstos, al ver el antiguo bar transformado en librería, inmensa librería. “Es la primera victoria lograda por los libros sobre la bebida”, sugiero a José Pi Caparrós ( supongo ya consolado del naufragio de sus cándidas ilusiones de candidato a concejal) y a Lluís Millà, directivos del gremio que reúne a los comerciantes en maltrechos volúmenes.

No es que “La Pansa” haya cerrado ahora. Lo hizo hará como un par de años. Era uno de los bares más pintorescos de la ciudad, foro de la gitanería de Hostafranchs y de Sants, lonja de los chalanes del vecino Matadero. A veces pienso qué se habrá hecho de la pianola de “La Pansa”… Testimonio de la animación de aquel establecimiento famoso son los limpiabotas que, sentados sobre sus cajones, permanecen aún alineados en la acera, cual si no se hubieran dado cuenta de que les han escamoteado el bar.

Con Santiago Olives, delegado en Barcelona del Instituto Nacional del Libro, en el acto de inauguración de esta Feria del Libro de Ocasión santsense, evocamos el pretérito turbulento y popular de su escenario. “Son demasiado jóvenes, para saberlo”, me dice Olives, aludiendo a nuestros interlocutores. La plaza de España era un foco de agitación. Cuando en cualquier punto de la topografía ciudadana era detenido un individuo portador de armas o bombas, al interrogarle acerca de la procedencia de su insólita carga, la respuesta era infalible: “Me las dio un desconocido en la plaza de España”. Anguera de Sojo, siendo gobernador, penetró una vez personalmente en “La Pansa” para su registro a fondo.

Los pertrechos de la antigua y extinguida “Pansa” son estos días bastante inocuos. Libros, muchos libros. Aunque la confusión perdure, si bien de diferente orden. El señor Olives comenta: “Esto se ve claro. Será necesario establecer una distinción entre el libro viejo y el libro de saldo. Quizá se impongan un par de ferias, distintas. De seguir como hasta ahora, no hacemos sino desorientar al público”. Ilustrando su opinión, y al alcance de la mano, en uno de los puestos elevábase una columna de libros nuevos, flamantes, salidos de la editorial, con la vida de un popular escritor narrada con filial pluma. Los saldaban a cinco duros, mientras las librerías de nuevo los venden a ciento sesenta pesetas el ejemplar…

Cartas de Sempronio, Destino ,14 nov 1970.

Plaça España, 1966

Read Full Post »

“Els nostres primers bibliòfils podrien ésser aparellats per llur bona fe als nostres llibreters de vell. Començant per Rius i Marià Aguiló, que no van aconseguir el segle XX, els comptadíssims enamorats del llibre de la primeria de segle van fer una tasca que hauria estat més fecunda si hagués sabut ultrapassar la vanitat o la dèria del col·leccionista. Per això un d’ells, Miquel i Planas, pogué acusar 1a Diputació de distreure els diners de beneficència i carreteres per a comprar manuscrits i tots s’entretenien sovint a reeditar rareses o a publicar en edicions de luxe desfogaments personals. Fou l’any 1903 que, a iniciativa de Pau Font de Rubinat, van aplegar-se no més enllà d’una dotzena en la Societat Catalana de Bibliòfils per a editar, diu Miquel i Planas, llibres al seu gust. Qui eren aquells pioners de la nostra bibliofília que els bibliofílics d’avui obliden massa? Hem donat ja els noms de Font de Rubinat i Miquel i Planas. Els devien fer companyia A. Bu1bena i TuselI, Eduard Toda, Lluis Faraudo, Isidre Bonsoms, Pin i Soler, E. Moliné i Brases, i si no els en feien mereixen ésser recordats entre els bibliòfils de primer

 rengle. Lluis Faraudo i Font de Rubinat encara vivien quan vam traçar el primer esborrall d’aquest volum l’any 1947. Quan el posem en net l’any 1949 el segon ja es mort desprès d’haver aconseguit els noranta anys i ha deixat una biblioteca de 30.000 volums amb la millor col·lecció d’incunables de Catalunya. Font de Rubinat, bibliòfil prototípic, havia après pel seu compte l’art difícil de restaurar llibres vells, art que ell va ensenyar al seu íntim amic Eduard Toda i que aquest després va professar a l’Escola de Bibliotecàries on deixà algunes deixebles distingides. D’Eduard Toda hem vist i anirem veient com es va anar desprenent del tresor dels seus llibres traient-los amb generoses donacions del fons dipòsit al castell d’Escornalbou restaurat per ell. Els trets de generositat del senyor Toda son tan excepcionals que freguen amb el llegendari. El senyor Duran i Sanpere ens digué que havent-lo anat a veure per a demanar-li els volums que parlessin de Barcelona dels quals el senyor Toda anant pel mon havia fet una bona col·lecció, aquest es va limitar a dir-li: vosté mateix va seguint la secció aquesta (una vasta llibreria amb una enormitat de volums) i els llibres que li interessin els posa de costat. Al cap d’un moment de regirar, el senyor Duran s’adreça al senyor Toda i li diu «renuncio a la tria perquè no li vull fer malbé aquest

Escola de Bibliotecàries

magnífic conjunt». «Esta bé, feu el senyor Toda. Aleshores serà millor que el conjunt vagi tot sencer a l’Arxiu.» I així va ésser fet. En la mateixa entrevista, havent vist el senyor Duran la magnífica col·lecció d’elzevirs holandesos dels quals el senyor Toda havia aplegat uns tres-cents, li va dir que la Biblioteca de Catalunya escassament en tenia una dotzena. «Ja se’ls pot endur tots i els pot donar.» EI senyor Duran se’n va carregar la motxilla, puix havia fet la visita en pla d’excursió i els va dur amb el goig que es pot concebre al seu amic Jordi Rubió. Aquests primers benemèrits van tardar, però, a tenir una vasta successió i per això, com veurem aviat, el llibre de gran luxe va costar d’arrancar. R. Miquel i Planas i els successors de l’Oliva de Vilanova, Demetri i Victor Oliva, traslladats a Barcelona al carrer de Casanova, van ésser els qui més hi van maldar, no sempre amb prou èxit. L’editor que els va seguir de prop en aquella noble tasca (en castellà, però), fou Gustau Gili, ell mateix bon col·leccionista de llibres i posseidor d’una magnífica biblioteca. Rafael Patxot amb les seves fundacions fou també un gran estimulador del llibre ben presentat i de bibliòfil. De mica en mica, doncs, sense crèixer massa de pressa, els bibliòfils van anar augmentant.

Història de les institucions i del moviment cultural a Catalunya, 1900-1936. Llibre XIII. Biblioteques generals tècniques i especialitzades. Bibliografia i Bibliofília, Alexandre Galí. Fundació Alexandre Galí, Barcelona, 1978-1986; p.93-95.

XQ      XQ     XQ    XQ    XQ    XQ    XQ

Seamus Heaney, Nobel Literatura 1995

“ Un buen libro es un azar, una fortuna. Y toda librería, una suerte de mina abandonada que esconde en algún rincón una pepita. Pero no siempre se comprende esta pasión exploradora. En cierta ocasión pregunté por una de estas pepitas. Y la senyora que me atendía me espetó con sonrisa aviesa. “¡ Ah ! Usted debe ser uno de esos raritos….”.

Otra vez el bibliófilo, más que minero o cazador, es un arqueólogo. Su afición es el libro viejo, el cual busca con el mismo celo que si se tratara de la tumba de un faraón. Mi bibliofilia, en cambio, es más utilitaria. Me cuesta adquirir libros por su aspecto o por su título. Y no sabría leer sin “contestar” al autor. De ahí que no tenga libros lujosos y que la mayoría estén muy sobados, subrayados, cansados, diría yo, de tanto uso. Pero comprendo a quien le atrae el libro como objeto y ama el título del mismo, su diseño o su aspecto exterior. Lo cual abunda en la idea de que, a diferencia de otros tiempos más venerables, la posesión del libro es hoy más importante que su lectura. O como dice Humberto [sic]Eco, el mundo está lleno de libros preciosos que nadie lee.

Puede ser, el Marketing tiene un gran peso específico en la industria cultural. Y quizá por eso también hay pocos libros que duran. El deseo de publicar es una pasión que comparten por igual el escritor y el editor. Y el resultado es, me atrevería a decir, la demasía. Cada año se publican en nuestra lengua alrededor de 60 mil títulos, pero sólo unos pocos cientos sobreviven. Los sobrantes se destruyen o reciclan. De modo que, muy al contrario de lo que el escritor sueña, un libro suele ser un producto efímero. Basta leer una lista de best-séllers de hace un año. La mayoría de sus títulos ya no están en las librerías. ¿ Y qué decit de los premios¿ ¿ Recuerda el lector, por ejemplo, el nombre del Nobel de literatura del 95? Yo tampoco. Sólo los clásicos son actuales, sólo ellos no envejecen.

Con todo y eso, uno no deja de comprar libros, leerlos y amontonarlos en la biblioteca. Tal vez la culpa sea de nuestra curiosidad, la cual, lejos de calmarse con los años, se acentúa. Uno quisiera leerlo todo, tener una pampa de libros. Es una meta y… un mito. Y es la utopía del conocimiento, ese viejo camaleón, siempre cambiante y vivaz. De ahí que, aun sabiendo que el saber es más largo que la vida, uno vuelva a esa patria, a ese cobijo, a esa tertulia con sabor a café recién hecho que es toda librería para, una vez allí, volver a sentir el placer casi carnal de tomar un libro nuevo, acariciarlo, abrirlo, enamorarse de él y leerlo hasta su último suspiro”. Del llibre El vuelo del faisán herido, capítol “Bibliofilia”, de Fco. Pérez de Antón ( Artemis Edinter, Guatemala, 2000).

Read Full Post »

Venda de llibres vell a Santa Madrona

“L’any passat, les vint parades -deu per costat- de llibres, del Portal de Santa Mònica van complir mig segle de la seva instal·lació. No creiem que ningú, o gairebé ningú, es cuidés de recordar aquesta modesta, però simpàtica efemèrides ciutadana.    Algunes d’aquestes parades -sempre s’escriu «en trànsit de desaparèixer» – la usufructuen autèntics amants del bon llibre, gent de moral purificada, que abans es deixarien tallar una mà que vendre un llibre obscè i pornogràfic.

A un d’aquests coneixedors del llibre vell –d’ocasió- li hem preguntat pels orígens d’aquestes parades, que pesen ja sobre les seves febles teulades d’uralita – abans eren de zinc- mig segle de vida.

             -Començarem per l’any 1902. Si ens remuntéssim a dates més antigues hauríem d’escriure un llibre perquè crec que des dels dies de Gutenberg -i perdoni la irreverència-Barcelona ja caminava ficada en això de la compra i venda de llibres d’ocasió , vells, rars i curiosos.

Venda de llibres vells  a Santa Madrona

 -El 1902

             -Sí, és clar: el 1902 es va organitzar una fira extraordinària al carrer de Corts, entre el passeig de Gràcia i el de Sant Joan. Tots els llibreters van voler lluir-se – «quedar Bé» – i van exposar el millor que tenien. Allò va constituir una veritable festa major per als nostres bibliòfils.

             Després d’aquesta fira, i al veure que el negoci podria realitzar-se tots els dies, els llibreters van acordar instal·lar-se en un lloc permanent, i després de buscar un lloc cèntric i convenient al seu comerç, l’Ajuntament, amb motiu de les festes de la Mercè d’aquell any de gràcia, va accedir a que s’instal·lessin aquí on em veuen vostès ara, al “Portal de Santa Madrona“.

            -Són els mateixos barracons?

             -Idèntics. Es mantenen en peu gràcies als llibres de l’interior, que apuntalen les seves febles parets de fusta. La mercaderia ens sosté.

             -Els veig en plena decadència. A què es deu?

             -Deixo de banda la socorreguda resposta que no es llegeix o es llegeix poc. Els factors de la decadència que en realitat existeixen es deuen al fet que el barri ha canviat. Ara és més «barri xinès» que mai. Han desertat els parroquians al desaparèixer les casernes, les Empreses duaneres que aquí abundaven, al produir-se, en fi, el fenomen de la ciutat emigrant cap a la part alta i abandonant comerços i empreses els llocs clàssics, castissos i tradicionals de la urbs.

            -Però vostès tenen història …

            -Història, sí, senyor, història i historieta. Per aquest lloc han passat diverses generacions de llibreters, que després han ampliat el negoci i han obert establiments -i aquest és un altre dels motius de la nostra actual decadència- en altres llocs de la capital. Durant  molts anys aquest lloc va constituir el punt de reunió de bibliòfils i literats. Es detenia la majoria d’ells a la parada d’en Medina. Entre els contertulians recordo al senyor Ramon Miquel y Planas, com bibliòfil-escriptor, don Pío Baroja, com a escriptor-bibliòfil. Acudien a la tertúlia dos generals. L’un tenia la millor col·lecció d’obres sobre Rabelais; l’altre la més important sèrie de llibres de cuina coneguda a Espanya. Aquí també es deixava caure -la frase en aquest cas és exacta – el bohemi José María Codolosa. L’home va arribar a establir-se en una portalada del carrer de l’Hospital. Com la seva clientela era escassa i el que és pitjor encara , molt pobre, Codolosa -poeta satíric- va col·locar un rètol a la porta de l’escala amb aquests versos:

«El propietari d’aquest portal

fa un negoci segur

compra els llibres a dur

i després els ven a real.

Què tal !. ‘ »

 -Per fi els traslladen a vostès de Santa Mònica?

             -Fa molts anys que ens diuen que van a canviar-nos de lloc; encara dedueixo que no ho hauran trobat.

             -Quin lloc triaria vostè?

            El llibreter arronsa les espatlles, i una mica descoratjat i sense gaire convicció replica:

            -La Plaça de Medinaceli, la de Castella, la de Madrid o, millor encara, davant de l’Hospital Clínic, allà on s’eixampla el carrer de Casanovas.

             -Què demanen aquí els compradors?

             -Molt llibre de text. Diccionaris i gramàtiques per aprendre idiomes estrangers. A la gent, encara que de vegades no arribi a semblar-ho, li agrada estudiar.

             -Novel·les?

            -Estrangers. Premis literaris nacionals … i tres autors: Baroja, Galdós i Blasco Ibáñez. En això el públic segueix sent molt tradicional.

             -¿Organitzen aquest any novament la Fira del Llibre d’ocasió, davant de la Universitat, en els dies de les festes de la Mercè?

            – A l’ igual que l’any passat. «Pararem» ja el dia 20 i aquest cop tots amb els millors llibres que tinguem. L’hi asseguro.

Article: “Llibres al carrer. Efemèrides sense commemorar “, Destino, 12 set 1953.

Read Full Post »

“ Fugint de la pluja, em refugio sota la coberta de la Fira del Llibre d’Ocasió.

            -Aquí estaràs bé – em saluda Àngel Millà -. El sostre ens costa setanta mil pessetes, però són ben aprofitades.

            Millà és un dels llibreters de vell amb major solera. El seu avi, Melcior, va ser prestidigitador i llibreter; el seu pare, Lluís, autor teatral i llibreter … Àngel té també la mania de l’escriptura, manifestada entre altres coses, en un llibret on recull la silueta dels llibreters i bibliòfils barcelonins del passat segle XIX.

            -Ingressem diners, sí; però aquí a la plaça de la Universitat patim molt – es lamenta Emili Eroles, un altre venedor de llibres amb personalitat, ja que és autor d’una col·lecció d’anècdotes professionals -. L’únic que la gaudeix de debò és Millà, ja que porta les fires a la sang.

            A la tertúlia s’ha unit Antonio Monràs, amb la seva pipa oriental, la seva calba i el seu bigoti de foca. I Millà recorda succeïts de quan la fira de llibres vells s’instal·lava a la mateixa plaça de la Universitat, però a la vorera del “alma mater”.

            -¡Bufava un vent de deu mil diables, que se’ns portava les paradetes! I el vell Dubá semblava el capità d’un veler capejant el temporal. Cridava: “Arria!”; cinc minuts després: “Issa!”

            L’anècdota porta a Eroles a evocar una altra fira a l’aire lliure, a la Rambla, on en plena tempesta, quan un llibreter recollia apressadament les andrònimes, se li va ocórrer a un comprador demanar-li si tenia Els nàufregs, de Prudenci Bertrana.

Què no et demana la gent? En aquesta mateixa fira d’ara, un cavaller que portava a la mà, embolicada, una barra de pa, va demanar: “No tan sols de pa viu l’home”, prenent per títol d’un llibre la llegenda que figura en el cartell anunciador de la Fira dibuixat per Roca.

            -La confusió és ja graciosa de si, però feta per un individu que porta un pa a la mà, resulta grotesca.

            Entre realitats  i bromes, Millà, Eroles i Monràs, llibreters castissos, parlen de la necessitat que Barcelona disposi d’una fira permanent del llibre vell. Els barracons de Santa Madrona resulten un anacronisme ja insostenible.

Mercat de llibres vells a Santa Madrona

-Ara bé, on instal·lar-la? – es pregunten tots tres.

            La plaça de la Universitat, com la Fira de la Mercè demostra, és un punt estratègic, un lloc de primer ordre. Vendre permanentment llibres vells allà, és un bell somni.

            Els llibreters de vell somien sempre. Millà em mena al seu lloc, per mostrar-me, misteriosament, una pintura que ha comprat aquesta mateixa matí als drapaires de les Glòries.

            -Un Urgell – afirma -, un dels comptats Urgells que no són de tema fúnebre.

Diu que l’hi han donat per cinc duros. Realment, és home de fires.

Article: “Conferència de les tres pipes, sota el sostre dels llibres d’ocasió i la vista al futur“, Sempronio, Destino, 1959.

XQ    XQ   XQ   XQ    XQ   XQ   XQ

“Para el libro de ocasión, toda ocasión es buena. En Barcelona hay miles de buscadores de hallazgos librescos, de gentes que gustan de revolver volúmenes tras el descubrimiento feliz que pondrà en sus manos ávidas trémolos de emoción. El gremio de libreros de viejo es importante en la Ciudad. Y es ilustre su condición. Cuenta con muchos eruditor el gremio. Hombres que aman el libro, que lo guardan y cuidan con infinito respeto, con honda y grave veneración. Recogen y catalogan ejemplares raros y curiosos; rastrean en su historia secreta, perquisan en sus buenas y malas andanzas, siguen sus avatares. Y nos lo ofrecen con un punto de emoción que quiere hallar íntima correspondencia, pues si no comprueba en el cliente la misma valoración ilusionada, el comerciante se resistirà a entregar tesoros que son orgulla y prez de su honrado negocio, negocio en cosas espirituales que no deben ser tocadas sin poner en el trato aquella delicada espiritualidad que salve de profanación y simonía las legítimas transacciones comerciales, pues si el libro se ofrece con respeto y se recibe con amor para todos será honroso el provecho.

Barcelona tiene muchas y buenas librerías de lance para lances de la poesía y el saber. Hay calles dilectas para el bibliófilo. Archs, Tallers, Aribau, Muntaner, Canuda, de la Paja… Muchas generaciones de curiosos lectores compraron sus primeros libros de recreación literaria en la viejas barracas de Santa Madrona, que hubiesen sido gratas a Anatolio France y a Menéndez y Pelayo, como lo fueron para Pío Baroja y Azorín.            

Allí acudieron los chicos del Instituto para buscar en los libros de imaginación alivio y descanso de los libros de texto. Luego, el mercado dominical de San Antonio, donde coinciden ricos y pobres, el que ansía saber y el que se conforma con pasatiempos y en donde no faltan la pareja de novios que tiene espacio para la cultura en el paseo mañanero y sentimental, ni el buen padre de familia que lleva, ilusionado, a sus hijos para aprender en ellos su mismo inextinguible amor al libro y su misma insaciable curiosidad intelectual.

            Con motivo de las Fiestas de la Merced, celebróse, en la plaza de la Universidad, la III Feria del Libro de Ocasión. Libros, no por humildes, menos insignes, frente al gran centro de cultura que alberga, muy doctoralmente, doctos libros; tenderetes sencillos bajo una lona de entoldado ferial mostrando su fragilidad ante la recia fábrica universitaria. Ni un incunable. Mas ¿ cuántas posibilidades de un hallazgo feliz? Los que sólo compran libros nuevos no conocen esa sabrosa y dulce emoción del hallazgo ocasional e insospechado, ese placer maravilloso de la sorpresa, esa gozosa alegría de descubrir, de pronto, lo que hemos estabo buscando años y años. ¡Libros de lance! Lance es la palabra que se relaciona con la pesca, con la aventura, con el juego, con la vida heroica y azarosa, con todo lo que da un poco de encanto y de emoción a la existencia humana.

            Un hallazgo, y aunque sólo sea el placer de encontrar lo que será recreo para nuestro espíritu, bien justifica la visita a esta Feria del Libro.

Article: “Glosa a la feria del libro de ocasión”, Luis Marsillach, Gaseta Municipal de Barcelona, setembre de 1954.

Read Full Post »

A Barcelona teníem un Museu del Llibre i les Arts gràfiques, però ja no existeix. Sembla que moltes coses estan guardades en alguns llocs (?), algunes deixades a altres museus i altres ves a saber on paren.
Crec que a la dita Ciutat de la Literatura li caldria tornar a tenir un museu d’aquesta mena, però de moment ningú en vol saber res.
A qui en poso uns quants de tot el món perquè pugueu gaudir del que tenen, del que fan i del que ensenyen a petits i grans, i si aneu de vacances i us interessen els podeu visitar. No hi són tots, però, de moment, per anar fent crec que ja són prou. A Twitter en poso un cada dia des de fa temps, però crec que d’aquesta manera si algú en té ganes es pot baixar un llistat o tenir-lo guardat tot complet per consultar-lo.

Universitat Amsterdam

Museu Alzamora Group a Sant Joan Les Fonts  

Atelier du livre a Mariemont 

Basler papiermühle  ( Suïssa) 

Biblioteca Wittockiana  a Bruxelles  

Atelier Typographique a Saran  

Bibliothèque Humaniste de Sèlestat  

Book Art Museum a Lodz  

Deutsche National Bibliothek   a Leipzig i Frankfurt Deutsche National Bibliothek   a Leipzig i Frankfurt

Calcografía Nacional (RABA) a Madrid  

Casa da Xilogravura a Campos do Jordao  

Grafish Museum a Groningen  

Gutenberg Museum a Mainz 

Imprenta Municipal Artes del Libro a Madrid  

Deutsches Zeitungmuseum   

Historische Buchdruckerei

Drukkunstmuseum a Maastricht

Fondation Bodmer a Cologny (Genève) 

 Estonian Printing Museum 

Encre&Plomb   Ghavannes-près.Renens    

Offizin Parnasia a Vättis   

Museu Tipografia a Chania  

Historical Museum of Krakowa

 John Jarrod Printing Museum Norwich   

Kner Nyomdaipari  Hungria Múzeum   

Izba Drukarstwa Lublinie  

La maison de l’imprimerie a Thuin  

 HUIS van HETBOEK  Museun Der Haag  

Le Cadratin Atelier Typographique (CH)  

 Melbourne museum of print  

 La Papeterie de Vaux a Payzac 

Vingaards Officin (Viborg-Dinamarca)  

 Museumsgesellschaft 

The Excelsior Press a Frenchtown (USA) 

 Osterreichisches Papiermachermuseum  

Muzeum drukarstka Poland  

 Suho Memorial Paper Museum – Taipei  

Landes&Museum Darmstadt Type Founding   

Mousée Aristide Bergés Moulin à papier de Lorp-Sentaraille (F) 

MIAT, Ghent, Belgium   

Nederlands Drukkerij Museum   

 Tipoteca Italiana a Cornuda    

Tokyo Printing Museum   

Museu Bodoniano Parma   

Tennessee Newspaper and Printing Museum   

 Museu Plantin-Moretus    

Llibre Museu Matenadaran (Armènia)

Louis Jou al seu taller a Baux-de-Provence  

Moulin du got 

 Musée de l’imprimerie de Nantes  

Typorama (CH)  

 Buchdruck Museum  Zschopau (D) 

 Colophon  a Grignan (F)             

Hamilton wood Type& Printing Museum  a Two Rivers 

 Musée des Imprimés a Redu 

Winterthur Museum  

 The Printing Museum a Houston (Texas)

 Drukkerijmuseum  a Meppel  

Queanbeyan Printing Museum   

 Musee de l’imprimerie du Québec  

 The Robert C. Williams Museum of Papermaking (Atlanta, EEUU) 

 Patrick Goosens Collection (Antwerpen)  

Sta. Maria del Puig, València  

Paper Museum Tokyo 

Centre de la gravure et de l’Image a La Louvière (B) 

Mizuno Printing Museum a Tokyo    

Museo della Stampa a Remondini 

 National Museum van de Speelkaart 

 Chalcographie du Louvre  

Typographie&Commication Reading Univ.

Musée le livre et la lettre Montcabrier  

Grafisch Museum in den Groningen  

 Museo Internazionale della Stampa a Urbino   

 Musée des papeteries Canson et Montglofier  

 Rosenlöfs Tryckerimuseum a Kungsgarden (Sweden)  

 Museo della Scuola e del libro per l’Infanzia  

 Crandall Historical Printing Museum a Provo (Utah)  

Papier Artisanal –  Moulin à Papier de la Rouzique                                         

Stichting lettergieten  Westzaand(Nederland)  

Museu da imprensa a Porto    

 Penrith Museum of Printing (Aus)  

Museo Civico della Stampa a Mondoví   

Musée de l’imprimerie et de la communication graphique, Lyon.

Museu Castell de Peralada   

 Nederlands Steendrukmuseum, Valkenswaard, Netherlands   

 Museu del Llibre a Montolieu (FR) 

 Museu della Stampa e della Stampa d’arte a Lodi (I)  

 Graphos Buchdruckmuseummuseum (CH)  

Typoart a  Fresnes sur Escaut 

Museu Gràfiques Montserrat  

The printing museum Paraparaumu NZ 

 Cheongju Early Printing Museum (Korea S)

Kulturhuef Museum a Grevenmacher a Luxembourg 

 Treasures of the British Library    

Helsingborg printing museum Sweden   

Museum of Paper a Losiny Czech   

Museo della carta e la filigrana a Fabriano   

Museum Stamparia a Strada (CH)  

St. Petersburg Museum of Printing  

Museum für druckkunst Leipzig  

Musée du cartonnage a Valréas    

New Zealand Printing Museum   

 St. Bride Foundation   

Museu della Stampa a Socino (I)

[i]stvc a Nicosia      

Arabako Fournier Karta Museoa  

Archives et Musées de la Littérature

Associazione italiana musei della stampa e della carta  

Atelier du Livre d’Art et de l’Estampe

Atelier du livre Ferney     

Atelier Typo de la Cité a Lausanne

Baku’s Miniature Book Museum

Beinecke Rare Books a Yale

Bernstein. The Memory of Paper

Bibliothèque Nationale Paris Incunables

Bibliotheca Wittockiana

Bodoni Berlin

Boekdruk Museum Dordrecht

Bogtrykmuseet i Esbjerg ( Dk)

Book Museum (Dresden)

Briar Press

British Printing Museum a Mablethorpe (UK.)

Burg Wissem Bilderbuchmuseum

C. C. Stern Type Foundry, Portland

Cary Graphic Arts Collection a Rochester (NY)

Center of Book Arts NY

Chester Beatty Library Dublin

China Printing Museum

Cincinnati Museum Center

Cincinnati Type & Print Museum

CNEAI Paris

Danish Poster Museum

Design Museum Dedel (NL)

Deustches Technikmuseum a Berlin

Druckgrafisches Museum Weimar, Pavillon Presse

Druckwerk Print and Art a Basel

Edinburgh City of Print

El molí paperer de la Farga d’Aram

El Museo de Papel (Fund. Joaquín Díaz)

Espace Européen Gutenberg

Frogmore Paper Mill a Apsley

Georgia Weekly Newspaper Museum

German Museum of Books and Writing

Grafiska Museet Gamla Linköping     

GRAMUS Consell de Cooperació de Museus Gràfics de Suècia

Gray’s Printing Press, Strabane, UK

Harry Ransom Center

Hatch Showprint Museum, Nashville

Heritage Press Museum, Lancaster, (PA-USA)

Hessisches Landesmuseum Darmstadt

Historischedrukkerij Museum (Be)

Historische Boekdrukkerij De Arend Doesburg

Homeprint ( New Zealand)

Howard Iron Works, Oakville, Ontario, Canada

International Printing Museum(Carson, USA)

KBR Museum (Brussels)

Klingspor-Museum a Offenbach

Kunstprentverket-The Art printworks (Norway)

La Cité internationale de la bande dessinée et de l’image a Angoulême

Le Moulin a Papier de la Tourne

Le Musée de l’image a Épinal (F)

Le Signe Centre Nationale du graphisme a Chaumont (F)

Letter-kunde a Antwerpen

Litografiska Museet a Huddinge (Sweden)

Mackenzie Printery a Queenston 

Maison de l’imprimerie à Rebais

Mario Derra Gallery and Training Museum, Gernsheim, Germany

Massey College, Toronto, Ontario, Canada

Media Museum and Archives Merkki a Helsinki

Minnesota Center for Book Arts

Miró Mallorca

Museu Modernisme CAT

MNAC    

Molí Paperer Capellades

Moulin Richard de Bas (Ambert)

Mundaneum     

Musée de l’Imprimerie a Limoux

Musée de l’imprimerie typographique   

Musée des Lettres et Manuscrits

Musée du dessin et de l’estampe originale a Gravelines (F)

Musée du Livre et des Lettres Henri Pollès

Musée Ducal a Bouillon

Musée Médars. Livre et Patrimonie Écrit a Lunèl (F)

Musée Typographique de Saint-Lô (F)

Musée-atelier de la Typographie – Tours

Museo ABC (Madrid)

Museo da imprenta a Mondoñedo

Museo de Artes Gráficas – Imprenta Nacional Bogotá

Museo de la BNE

Museo del Libro Antiguo ( Guatemala)

Museu del Llibre Frederic Marès, Biblioteca de Catalunya . Una petita mostra del museu que Marès va acordar amb la BC, però que de moment no és com ell el volia.

Museo del Libro y de la Lengua (Buenos Aires)

Museo del Papiro

Museo della Carta di Mele

Museo della Carta di Pescia

Museo della Carta di Toscolano Maderno

Museo della Stampa a Soncino (I)

Museo della Stampa “Jacopo da Fivizzano”

Museo della Stampa Città di Lecce

Museo della Stampa Remondini

Museo delle Attivita Cartarie e della Stampa La Rocca di Subiaco (I)

Museo delle Scriture “Aldo Manuzio” a Bassiano (I)

Museo Didattico del Libro Antico a Roma

Museo Taller Litográfico de Cádiz

Museu Cartoixa de Valldemosa

Museu de Cultures del Món

Museu de l’Estampació de Premià de Mar

Museu de l’Impremta Antiga de Marçà

Museu Disseny Barcelona Un dels museus del món amb més escales i espais buits que espais per exposicions.

Museu Marítim de Barcelona

Museu Novoprint a Sant Andreu de la Barca

Museu Secret del Poble9

Museu Valencià del paper a Banyeres de Mariola

Museum Joure , Joure, Netherlands

Museum of Book and Printing of Ukraine a Kyiv

Museum of Miniatur Books a Baku

Museum of Papermaking (Atlanta-USA)

Museum of Printing a Haverhill (Massachusetts)

Museum of Printing in St. Petersburg

Museum of Printing Press Istanbul

Museum of the American Printing House for the Blind

Museum Pismiennictwa-Grebocin

Museumdrukkerij IJzer & Lood a Grootegast (NL)

Muzeum Papier (Pol)

National Museum Library CZ

National Printing Museum.(Dublin)

Norsk grafisk museum

Old Mill House Gallery (Florida)

Papiermachermuseum    

Papyrus Museum

Peace paper project a Potsman (NY)

Plantin Instituut voor Typografie

Platen Press Museum (Illinois)

Poster Museum

Prima Scoala Romaneasca

Printing Museum Tokyo (Morisawa)

Printing Works, Senj, Croatia

Sala Temàtica d’Arts Gràfiques Lleida

Saxon State and University Library Dresden

Scriptorium Foroiuliense a San Daniele del Friuli (I)

Songpa Book Museum a Seül

Stablimento Tipografico Pliniana a Selci-Lama (I)

The Book of Kells Trinity College

The Comana Paper Mill a Comana (Romania)

The Fjeld-Ljom Newspaper Museum a Røros ( Norway)

The J. Paul Getty Museum

The Living Museum of Letterpress Printing

The Morgan Library&Museum          

The Museum of Industry a Ghent

The Museum of Printing (Massachussetts)

The Museum of Printing and Old Romanian Book

The Museum of Printing at Neram (Aus)

The Palace Press of the Governors, Santa Fe, New Mexic

The Printing Historical Society a London

The Rosenbach

The Royal Press, Malacca City, Malacca, Malaysia

The Type Archive London

The Western Slovakian Museum

Tombstone Epitaph

TYPA Printing and Paper Art Centrea Samelini (Estonia)

Typeflow a Rijeka ( Croàcia)

Urdla. Centre international estampe & livre a Villeurbanne (F)

Weiss und Schwartzkunst a Hochdorf (CH)

Western New York Book Arts Center, Buffalo, New York

William Morris Gallery

Working Printing Museum a Sibiu (Romania)

Museu del Llibre i les Arts Gràfiques. En teníem un, però ves a saber on para.

Read Full Post »

“Segons alguns inventaris exhumats pel savi arqueòleg Mn. Josep Gudiol, ja a principis del segle XV foren gravades a Catalunya diverses estampes, en qual cosa dóna a entendre que fou entre nosaltres on primer es manifestà aquesta mena de gravat; el procediment emprat pel gravador o gravadors que les feren resta inconegut; però com que se sap que fra Francesc Domènech, qui gravà en 1488 una Verge del Rosari i un Sant Antoni, ho feu a l’aiguafort, és de creure que els primers desconeguts gravadors catalans també feren sos gravats a l’aiguafort, que és el procediment més fàcil.

Al Museu de Berlín es conserven el rei, cavall i sota d’oros, corresponents a unes cartes catalanes de darrers del segle XV. El rei figura amb un oro en la mà que representa un segell de cera semblant als que usaven els reis de la monarquia catalano-aragonesa; les altres figures representen escuts de Catalunya dintre un rombe coronat amb la llegenda Valénsia. Sembla que a poc d’haver-se descobert la impremta, s’instal·laren a Barcelona impressors alemanys que es dedicaren a publicar llibres i a gravar amb cisell sobre planxes de coure.

Un gravador valencià, Francesc Ribalta, firmà un Sacrifici d’Isaac a últims del segle XVI; i són també de 1606 i 1608 uns gravats de Diego Astor, deixeble del Greco, reproduint algunes obres d’aquest pintor genial.

En el segle XVIII hi ha en varis indrets de Catalunya gravadors d’ofici, els quals, degut a l’ncrement que han anat prenent els gravats al boix, es dediquen pacienment a fer-los per a les estampes, per als goigs i per a la il·lustració de devocionaris i d’altres llibres. Entre aquests gravadors, que els podríem nomenar de comarca, hi ha Antoni Sabater, a Ripoll; Josep Pey, a Olot; Vicens Victòria, a Dènia i Pere Pascual, a Barcelona, aquest amb tals especials condicions, que la Junta de Comerç de la ciutat comtal el subvencionà per a que aprengués amb el cèlebre gravador Dupuy, de París.

A mitjans del segle XVIII l’Acadèmia de Sant Carles va instituir a València l’ensenyament del gravat i, com a deixebles dels mestres d’aquest temps, sortiren després un estol de bons gravadors, entre ells Francesc Montaner, E. Boix, E. Monfort, J.S. Fabregat, M. Brandi ( gravador d’una remarcable perfecció) i el valencià Antoni Vàzquez.

A últims del segle XVIII, hi hagué molta activitat entre els editors, que publicaven generalment les obres il·lustrades amb gravats. Navarro, Peleguer, Dordal, Gascó i d’altres, col·laboraren en la primera edició de la Bíblia traduïda pel P. Scío, il·lustrada amb 200 làmines i publicada per primera vegada a València per J. i T. d’Orga, en 1791.

Los bibliófilos de Marià Fortuny

Entre els aiguafortistes sobresortiren Baye a Madrid i Tramulles a Barcelona. Pot considerar-se tambe com a tal el formidable Goya; i més darrerament, també el reusenc Marià Fortuny, que resultà digna de parió del gran pintor aragonès.

Paral·lelament a aquests mestres hi hagué a Catalunya molts aficionats, el mateix en l’art de gravar el boix que en l’aiguafort.

En el primer, alguns impressors es feien, per pura afició, les imatges dels goigs que imprimien, els culs de llàntia, els gerros decoratius, inclús petites vinyetes.

Per això parlem d’aquesta manifestació del gravat que tingué a Catalunya molt caràcter d’art popular, i no parlem dels gravadors litògrafs, car l’art de la litografia esdevingué, a partir dels seus primers temps, un ver ofici. No és possible en ell el dilettantisme, que és el que fa l’aficionat i el que dóna caràcter popular en moltes arts.

Seria altament lloable aplegar, en un Museu o sala especial, les belles mostres del gravat a Catalunya. Això serviria per a establir els fonaments de la història de les arts gràfiques a les nostres comarques, i segurament per a esbrinar bé el procés de la imatgeria gràfica a Catalunya. El resultat fóra, probablement, la certesa de qué en aquest art ens pertoca un lloc ben preeminent entre tots els pobles d’Europa; el mateix per la prioritat amb que aquí es publicaren estampes i goigs, que per la perfecció amb qué s’arribaren a estampar.

El gravat” a Art Popular i de la Llar a Catalunya, Joaquim Pla Cargol, Dalmau Carles, Pla, S.A. –Editors, Girona, MCMXXXI.

XQ     XQ    XQ    XQ    XQ    XQ    XQ

“ Todoslos años, por el mes de Septiembre, los transeuntes madrileños ven alzarse alte las verjas del Jardín Botánico, unos inmundos barracones de madera, sin pintar ni cubrir de tela alguna, que, al ocaso, cuando el azul del cielo se descompone en fastuosas gamas, son una nota sórdida entre la pulvurencia dorada del ambiente, bajo las copas de los árboles, que empiezan a teñirse con los oros de otoño. A pesar de su aspecto mísero, esos recintos están muy concurridos por personas de todas las categorías sociales, desde el hombre de mundo bien portado, hasta el humilde obrero inteligente; porque, eso sí, para frecuentar tales barracones hace falta, por lo pronto, que el individuo no sea analfabeto y, luego, que no se halle desprovisto de cualquier inquietud cultural. Creo habréis comprendido que se trata de la feria de los libros viejos.

¡Los libros viejos!… Hay en ellos un encanto agridulce que es el encanto de lo desconocido, puesto que han pasado por otras manos antes que por las nuestras y han conmovido antes que a las nuestras a otras almas; tienen para nosotros la atracción de mujeres que se nos entregaran después de haber amado y de cuyas historias anteriores nada supiéramos jamás, acicate perverso de la imaginación. Las librerías de nuevo no nos pueden sorprender, porque, al entrar en ellas, vamos buscando ya una obra determinada que se encuentra o se debe encontrar allí – ¡ay!, no siempre se encuentra, no siempre están muy bien surtidos los libreros españoles -; pero esos puestos o tenduchos donde, sobre montones polvorientos, se amontonan los libros usados, nos reservan deleites indecibles. Allá no vamos a buscar nada, pues bastaría que persiguiéramos un título definido para que, por lo mismo, no se encontrara allá, y vamos a buscarlo todo. ¿Cuántas sorpresas gratas hemos recibido en esos paraísos de lance! Un día, es el libro que anhelábamos hacía años, que incluso habíamos encargado al Extranjero, por no existir aquí, y que tampoco se nos había servido por estar agotado; otra vez, es un ejemplar roñoso de una obra antigua, anotado preciosamente por un sutil comentarista anónimo; cuando menos lo esperamos, es un volumen nuestro dedicado a un amigo y vendido por él sin arrancar , siquiera, la dedicatoria, lo cual puede ilustrarnos mucho acerca de su amistad y de la admiración que siente por nosotros.

Anatole France, que es un formidable bouquineur, ha escrito en su Pierre Noziere páginas deliciosas acerca de los célebres puestos y tiendas de bouquins del Pont-Neuf parisiense y sus alrededores. Y es que los establecimientos de esa clase constituyen un verdadero acervo de emociones para quien sabe extraer lo que de inefable encierran las pequeñeces de la vida. ¿Suele ser tan asequible lo inefable y logra uno emocionarse a tan poca costa!

Entre la heterogénea clientela del librero de viejo no predominan los literatos, como a primera vista pudiera presumirse. Esto tiene, hasta cierto punto nada más, explicación: muchos profesionales no disponen de tiempo para invertirlo en esa tarea de rebusca, que no es fácil ni corta; otros desdeñan, claro está que injustamente, el libro usado y no lo compran sino nuevo; otros, la mayoría, no lo compran ni nuevo ni usado, porque no quieren parecerse al benaventiano príncipe, y aseguran que “leen en la vida”, aunque hacen sospechar que no leen en ninguna parte y que, además, viven lo mismo que dentro de un baúl; otros, en fin, tampoco compran libros usados ni nuevos, pero, en cambio, venden los que se les regalan, cosa que no deja de ser una compensación.

De los escasos escritores españoles que compran con frecuencia volúmenes de lance, Baroja y Azorín se cuentan entre los más significados. Nuestros chamarileros de la librería los conocen muy bien y los adoran, porque ninguno de ambos regatean nunca. Y ved cómo, por ello, se pierden ambos el mayor placer de la bouquinerie, el placer de pagar cincuenta céntimos por el libro que, nuevo, vale diez pesetas o más, y por el que nos pedía cuatro el librero, que acababa de adquirirlo en dos perros gordos. A veces se queda uno así con una obra que no ha de leer y que no sirve para nada; pero resulta tan barata, que no se va a dejar para otro semejante ganga pudiendo aprovecharse de ella.

Article: “El encanto de los libros viejos” de Germán Gómez de la Mata, a La Esfera: ilustración mundial, núm. 302, Madrid, ocubre de 1919.




Read Full Post »

Com parla el llibre al lector:

 1.-No m’ obris per simple curiositat.

 2.-No humitegis la gemma dels dits per voltar-me els fulls. No tussis ni esternudis sobre les meves pàgines. No em toquis sinó amb les mans netes. Medita què, doncs podem trobar-nos novament, et desagradaria de veurem envellit, tacat o trencat. Així, procura conservar-me net i el millor que et sigui possible. En canvi, jo pagaré el teu bon tractament ajudant-te a ser feliç i proporcionant algunes armes per a la lluita per la vida.

 3.-No facis cap senyal o anotació a les meves pàgines ni amb la ploma ni amb el llapis. Escriu les teves anotacions en un quadern ben portat.

 4.-No m’ aixequis en alt prenent-me per alguna de les meves tapes; i quan em llegeixis, no et recolzis en mi amb els colzes ni amb els braços.

 5.-No em llegeixis ficat al llit amb el cap sobre el coixí.

 6.-No em deixis obert ni tornat de l’inrevés, besant amb les meves pàgines la taula o pupitre. No col·loquis mai entre els meus fulls una portaplomes, un llapis ni un altre objecte que sigui més gruixut que un full de paper. Si quan suspenguis la lectura tems no recordar la pàgina, no pleguis el full ni dobleguis els seus angles. Fes servir com a registre una cinta o una tira de paper, que són senyals inofensives.

 7.-Si em prens d’una biblioteca circulant, pensa que no he de acompanyar-te sinó el temps estrictament indispensable, ja que sol·liciten la meva companyia i el meu consell altres lectors. Si em compres, no m’amaguis, com amaga el seu tresor un avar; dóna’m en préstec als que no em coneguin o no em puguin adquirir, o propaga el bo que hagis trobat a les meves pàgines.

 8.-Recorda que sóc el mestre que instrueix sense paraules dures i sense còlera. Si em preguntes, res que sàpiga t’amagaré. I fins i tot si em desconeixes, mai em queixaré.

 9 – Llegeix-me lentament i rellegeix-me, sempre amb el llapis a la mà. Discuteix amb mi procurant posar-te en el meu mateix pla mental, sense que el teu esperit estigui unilateralitzat, ni previngut intel·lectual o afectivament per sistema, i, sobretot, que raonis per esbrinar la veritat, no per a triomfar sobre mi o sobre els que et combatin, ni perquè te n’enfotis per trobar-me defectes i errades.

 10.-Quan em vegis en una vitrina i no sàpigues qui és el meu autor perquè no està precedit de fama, no em menyspreïs. Compram i llegeix-me.

H. Maxon.

XQ     XQ    XQ    XQ    XQ    XQ   XQ

El ratón de biblioteca de Carl Spitzweg, 1850

“Bibliofilia es una palabra que se utiliza para describir el gran amor que algunas personas sienten por los libros. A diferencia del término “bibliomanía”, que describe una obsesión patológica, la bibliofilia no es considerada como un problema psicológico ni trae ningún tipo de problema a las personas que la tienen.

La palabra “bibliófilo” se utiliza a menudo para describir a aquellas personas apasionadas por la lectura. En general, este rasgo correlaciona con la introversión; es decir, con un tipo de personalidad que se caracteriza por la preferencia por situaciones en las que se está a solas. Sin embargo, algunas personas extrovertidas también pueden tener bibliofilia.

Una de las principales diferencias entre la bibliofilia y la bibliomanía es que las personas con la primera característica adoran los libros principalmente debido a su contenido. Por el contrario, un bibliómano quiere acumular una gran cantidad de libros debido a su forma, sin importarle el contenido de los mismos o si tiene varios ejemplares de uno en concreto.

El término “bibliófilo” a menudo también se emplea como eufemismo de otros más peyorativos, como podría ser “ratón de biblioteca”. Sin embargo, describe una realidad que no tiene por qué ser negativa en absoluto. En este artículo te contamos todo lo que tienes que saber sobre la bibliofilia

La bibliofilia, al no ser considerada en absoluto un trastorno psiquiátrico, no tiene síntomas propiamente dichos. Sin embargo, sí que es posible hablar de las características más comunes de las personas con este rasgo de personalidad. A continuación veremos cuáles son las más importantes

La característica principal de la bibliofilia es un gran interés por los libros, mucho más intenso de lo normal. Este interés puede estar relacionado tanto con el contenido de los volúmenes, como por su forma. En el primer caso estaríamos hablando de amantes de la lectura, mientras que en el segundo nos referiríamos a coleccionistas de libros.

El término “bibliófilo” se utiliza normalmente para referirse a una persona con un interés mucho mayor de lo habitual en la lectura. Sin embargo, en épocas como el Renacimiento y la Ilustración, se consideraba que presentaban rasgos de bibliofilia aquellos individuos que coleccionaban libros simplemente por su valor estético y económico.

Los libros se consideraban símbolos de estatus en épocas pasadas, debido a la dificultad que entrañaba conseguirlos. Así, la bibliofilia en el sentido de coleccionismo era habitual entre personas de clase alta, como la nobleza o los mercaderas más acaudalados.

Hoy en día, sin embargo, la facilidad para conseguir libros en cualquier lugar hace que el término se utilice principalmente para describir a aquellos que disfrutan en gran medida con la lectura.



Aunque no sea un requisito imprescindible para decir que alguien es un bibliófilo, lo cierto es que la mayoría de personas con esta característica comparten una serie de rasgos de personalidad y psicológicos concretos

Uno de los más importantes es la introversión. Los individuos con esta característica prefieren realizar actividades en solitario antes que estar con otras personas, siendo la lectura generalmente una de sus preferidas. Esto no implica que no puedan relacionarse de manera adecuada, sino simplemente que se inclinan por no hacerlo.

Por otra parte, los individuos con un amor mayor de lo habitual por la lectura suelen tener una inteligencia superior a la media. Leer se considera una actividad psicológicamente demandante, por lo que en general solo aquellos individuos más inteligentes de lo normal pueden acabar desarrollando un gran interés por este pasatiempo.

Por último, otro rasgo muy común entre las personas con bibliofilia es la curiosidad. La lectura es una de las mejores maneras que existen de aprender, de entender cómo funciona el mundo que nos rodea y de exponerse a nuevas ideas. Este es uno de los principales motivos que llevan a los bibliófilos a admirar tanto los libros.

¿Qué lleva a una persona a desarrollar un interés fuera de lo normal por los libros y la lectura? Como es habitual en la mayoría de temas relacionados con la psicología, no existe una respuesta sencilla a esta pregunta. Normalmente se considera que el amor a la lectura se desarrolla debido tanto a factores genéticos como a las experiencias vividas.

Hoy en día, aún no se ha identificado un “gen de la lectura”. Sin embargo, diversas investigaciones sobre personalidad en niños apuntan a que existe una cierta predisposición innata a disfrutar con la lectura y a mostrar un interés fuera de lo normal en esta actividad.

Els Bibliòfils de Tito Lessi

De hecho, la bibliofilia podría estar relacionada con otros factores predominantemente genéticos como la introversión, la curiosidad o la inteligencia, como ya hemos visto anteriormente. Aun así, también parece que ciertos factores del desarrollo de la persona juegan un papel importante en la aparición de esta característica.

El más importante es el fomento de la lectura por parte de la familia del niño. Si desde la escuela o por parte de los padres se va introduciendo esta actividad poco a poco, es mucho más probable que una persona acabe desarrollando un gran interés en este pasatiempo.

En principio, la inmensa mayoría de las consecuencias de la bibliofilia son positivas. La lectura es una de las actividades que más pueden enriquecer a una persona; y como tal, no solo no es necesario preocuparse si alguien de nuestro entorno muestra un gra interés en los libros, sino que sería bueno fomentarlo

Sin embargo, en algunas ocasiones el amor desmedido por la lectura puede traer ciertas consecuencias negativas. En casos muy aislados, podría desembocar en bibliomanía, que es una forma de trastorno obsesivo compulsivo relacionada con el coleccionismo de libros.

En otros casos, la elección de la lectura sobre cualquier otro tipo de actividad podría ser un indicador de algún problema de tipo social o personal, como por ejemplo una timidez extrema.

Aun así, esto no es lo más habitual, y solo sería necesario preocuparse si el amor por los libros afecta de manera negativa a otras áreas de la vida.

¿Hace falta tratamiento?

Como ya hemos visto, en la mayoría de los casos la bibliofilia no tiene ninguna consecuencia negativa. Aun así, en las ocasiones en las que sí que produce problemas, puede ser útil enseñarle a la persona estrategias que le permitan compatibilizar su amor por la lectura con el desarrollo de una vida plena y satisfactoria.

Bibliofilia síntomas, causas, consecuencias, tratamiento” d’Alejandro Rodríguez Puerta.

Read Full Post »

« Newer Posts - Older Posts »