
(Futura Biblioteca Pública de Barcelona?)
No es veu gaire clar que aturar el 2002 les obres de la Biblioteca Pública de Barcelona al Born, per erigir al seu lloc un centre consagrat a algunes ruïnes prèvies al 1714, fos la millor idea del món. Potser, s’ha dit, podien haver-se conservat i alhora edificar sobre elles, com es va fer amb les romanes del Museu de Badalona. No va passar així i avui comptem amb un Centre de Cultura i Memòria del Born desaprofitat i ideològicament esbiaixat, i encara no amb l’espai llibreter impulsat per tres administracions.
Però no hem de plorar per la llet que s’ha vessat. Després del gir de l’any 2002 es van buscar emplaçaments alternatius. Jo recordo haver sentit comentaris il·lusionants al respecte de figures municipals com Ferran Mascarell, Jordi Martí, Jaume Collboni o Xavier Marcé; de responsables bibliotecaris com Assumpta Bailac o Carme Fenoll; de ministres o secretaris d’estat com César Antonio Molina, José María Lassalle o José Guirao; de nou de Mascarell quan va ser conseller i de successius alts càrrecs de la Generalitat. Des del 2011 hi ha un projecte en ferm adjudicat a l’estudi Nitidus. Però la crisi econòmica – i també el procés – van congelar la seva posada en marxa.
En àmbits culturals i gremials s’ha postulat al llarg d’aquests anys que la nova Biblioteca de l’Estat a Barcelona hauria de complir una funció emblemàtica. No ser una més de les diverses desenes, majoritàriament excel·lents tant en l’arquitectònic com en el funcional, que integren el Consorci de Biblioteques. Convindria que el nou espai aportés un valor afegit visibilitzant a Barcelona com la capital editorial i ciutat literària de la Unesco que és. S’ha apuntat que podria desenvolupar ambiciosos programes culturals com la New York Public Library; albergar els arxius editorials de la ciutat, avui dispersos; brindar un museu del llibre com el de la Biblioteca Nacional de Madrid; constituir una referència per al turisme cultural. El projecte de Nitidus, segons el que es va fer públic, no contemplava aquestes funcions complementàries, de manera que potser convingui revisar-lo.
Recentment s’ha parlat de noves ubicacions, com el Banc d’Espanya a plaça Catalunya. Després de vint anys d’espera no són pocs els que pensen: que s’aixequi on sigui, mentre sigui amb rapidesa i aprofitant un compromís definitiu. Però si no se li imprimeix el valor simbòlic i irradiador que la Barcelona del llibre i els temps requereixen, no serà la Gran Biblioteca de la ciutat.
“Un símbol per a la Barcelona del llibre” de Sergio Vila-Sanjuán , La Vanguardia 30 de maig de 2021, p. 53.

(Futura Biblioteca Pública de Barcelona?)
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Dos tipos hay de libros que no suelen asomar a la crítica literaria de nuestras publicaciones periódicas: los llamados libros técnicos y las ediciones de bibliófilo; los unos en razón de su acusada especialización (¡qué decir cuando por radio hemos oído reseñar un tratado de terapéutica urológica!): los segundos, porque ni llegan a las mesas de las Redacciones ni, en razón de su elevado precio, acostumbran a estar al alcance del bolsillo del crítico. No es común, por otra parte, que esos libros —especialmente los de lujo— aparezcan en los escaparates, pues se colocan a domicilio; con lo que el público de mediana cultura: el público que compra libros, generalmente ignora lo que se produce en esas dos ramas.
Sin embargo, se da el contrasentido de que precisamente en esos dos capítulos es en los que nuestra industria editorial ocupa un lugar destacado. Que en las ediciones de bibliófilo y en las grandes obras técnicas se cifra la mayor ganancia de las editoriales y que precisamente este tipo de libros —singularmente los segundos— constituyen el capítulo principal, si no el único, de nuestra exportación editorial.
No tocaremos aquí la cuestión de los títulos técnicos, que requiere conocimientos especializados; pero si queremos tratar de algunos de los libros de lujo aparecidos últimamente, de los pocos que han podido llegar a nuestras manos. En un pasado reciente, muy reciente, las ediciones de «La Cometa», preparadas por el patriarca de nuestros editores, se cotizaban en el mercado de París entre las más cuidadas producciones de Francia. La colección «Armiño», salida de las mismas manos, si no está a la altura de aquellas, sigue dejando bien plantado el pabellón de España. Las dificultades actuales en materia de papeles de lujo; la carencia de buenas matrices: el nivel intelectual subsiguiente a nuestra guerra, no permiten sacar mayor partido. Otras ediciones de altura dirige Ramón de Capmany, con especial preferencia por los clásicos españoles: aunque no siempre las ilustraciones correspondan a lo que el respectivo texto requiriría. Ediciones de bibliófilo nos han venido, también, en los últimos tiempos de Valencia y tampoco hay que echar en olvido las que van dando la Junta de Relaciones Culturales de nuestro Ministerio de Estado y las diversas sociedades provinciales de bibliófilos, aunque por lo común más se trate de ediciones numeradas que de verdaderas ediciones de lujo. Pudiéramos añadir a la lista, un Colón a doce tintas que salió recientemente de las Prensas barcelonesas, y algún intento más. Mas por hoy vamos a limitamos a tres libros aparecidos en nuestra ciudad y que tenemos a la vista. Es el primero, la edición de «El Diablo Cojuelo», ilustrada con bojes de Ricart e impresa por Oliva de Vilanova, buen impresor del país, si los hay . Cada uno de los diez “trancos” de que se compone la novelita, lleva hasta media docena de grabados del maestro vilanovense. entonados, perfectos en la ejecución, amén de los que decoran portadas, portadillas e índiees. La impresión, nitidísima y cuidada; acaso cupiera discutir la escasez de márgenes que se ha dado a las ilustraciones, cuando iban en el cuerpo del texto, y el tonillo verdoso del frontispicio: pero son minucias que nada desvirtúan los plácemes que merece la impresión. Fernando Gutiérrez ha puesto un atinado prólogo a la obra maestra de Vélez de Guevara; y con cuarenta páginas de glosario y notas, no sólo ha disipado las sombras de lectura, sino que encuentra modo de traer para nuestra delicia cancioncillas, refranes y costumbres de aquella época.

En este mismo tipo de libros basados fundamentalmente en la riqueza de las ilustraciones, cabe citar «La historia del muy valiente y esforzado cavallero Clamades y de la linda Clarmonda», novela caballeresca del XVI que, ilustrada por Joan d’Ivorí. publica la nueva editorial Mons Floris. El libro lleva un sucinto proemio de don Juan Givanel y Mas. a quien se debe también la revisión del texto. La impresión, con ser cuidada no alcanza la bondad de la de «El Diablo Cojudo» ; las ilustraciones, en vez de ser tiradas a prensa se han hecho por el procedimiento del grabado de línea, ulteriormente coloreado a mano por el ilustrador. Precisamente en estas ilustraciones estriba el mayor mérito de la obra. Joan d’Ivori ha hecho algo magnífico dentro de su estilo peculiar. Sobre todo, los ejemplares pintados a mano a todo color y con oro fino constituyen algo de lo más hermoso que hayamos visto en libros recientes.

A otro tipo de obras, es decir al de las inéditas —y no reediciones de clásicos— que se presentan decorosamente y en edición limitada, cabe asignar el poema «Via Aurea» de César González-Ruano, con que inicia sus tareas editoriales el grupo de «Entregas de Poesía» . El libro, bien impreso, en buenas calidades de papel, va avalado por una serie de dibujos de Miró, Sisquella, Pruna, Grau Sala, Jean Cocteau y el escultor García Condoy. Pero, aparte el interés intrínseco de esas colaboraciones, ofrece el del texto: un largo poema en que el brillante escritor reverdece un aspecto — el de su poesía — que teníamos demasiado olvidado. Su reciente «Balada de Cherche-Midi», nos daba la medida de sus preocupaciones de hoy; «Via Aurea» , en cambio, es un poema estructurado, con su argumento, su variedad de metros y las incidencias que obligan al autor a tocar todos los registros de su mundo poético. El poema, especie de sinfonía, coge a un muchacho marinero en quien se despierta la sed del oro; le lleva a la tentación de la ciudad, al robo y asesinato, a esconder su tesoro, a poner término violento a sus días. Toda la última parte — la de la transfiguración y salvación del héroe — está tratada con un aliento del mejor corte elegíaco, muy próximo al amplio respiro de la referida Balada. Un libro, en suma, que marca una etapa en la carrera ascendente de Ruano.
“La vida de los libros” per Andrónico. Destino, n.359, 3 juny 1944.

