
“Aquest nom d’Oliva es conegut y respectat; per això no cal que’l presentem als nostres lectors. Es vulgar el nom d’Oliva, mes quan un diu: «Ho ha fet l’Oliva», «es de l’Oliva», “se’n cuida l’Oliva”, ja tothom sab de qui’s parla: d’aquells homes de Vilanova que no’n fan més que un, com un es el seu cognom, que ells han honorat.
Doncs aquests Oliva han volgut fer lo que ab el seu nom, ab un altre, ab el nom Anuari. Anuari es una paraula d’una eloqüència gran, que ha sigut falsejada, y avui no’ns suggeria altra idea que la de centenars de fulls de paper primet y pesant, relligats en un o dos volums d’ample llom y plens de columnes y més columnes de noms, oficis, professions y anuncis. Les tapes semblen folrades de retalls d’última pàgina de diari fets venir be pera que n’hi càpiguen més.

Anuari, fins ara, era inquietut de cercar, avidesa pera fer llistes, indagació pels afers … tot neguit, impaciència, pressa… Aquells homes que’s diuen Oliva, de Vilanova, ens l’han treta aquesta suggestió de la paraula Anuari; es que han fet un llibre y li han posat Anuari, seguint el mot del nom, Oliva. Oliva ha tornat Anuari a la seva eloqüencia primitiva, fentne un llibre hermós, com sortit de les seves premses, en el que hi han aplegat als homes que fan el nostre any artístic-literari.
Anuari, y Anuari Oliva encara més, suggereix ara idees de l’íntim plaer de la calma de repassar les agradables coses esdevingudes durant l’any, y aquest repas el fa venir l’Anuari Oliva no formalment, sinó per associació d’idees provocades per la lectura y vista de cosa feta de fresc per la gent que ha figurat durant l’any en el món artístic.
Les lletres y les arts catalanes tenen un motiu més d’agraiment envers els Olivas de Vilanova.
Anuari Oliva. Per Ignasi Folch. Futurisme. Revista Catalana, núm.3, juliol 1907.

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Manuel Desantes
“En el museo aerospacial de Washington te dejan tocar la luna. Es un pequeño fragmento de roca selenita, al tacto no se diferencia de cualquier piedra de la calle. En la biblioteca del Colegio de Notarios de Alicante te permiten rozar con las yemas de los dedos un incunable del Quattrocento florentino, una página de la Divina Comedia. Un papel rugoso, nada más. Ni en el Smithsonian ni en esta pequeña estancia alicantina es el tacto lo que conmueve: son la imaginación y la memoria.
Manuel Desantes tiene mil historias que contar. El lector curioso hallará fácilmente su biografía, que aquí nos dejaría sin espacio para exponer su relato. Baste saber que domina el español, el inglés, el francés y el catalán, y lee y comprende el alemán, el italiano y el portugués. Ha vivido en nueve países, conoce todas las librerías de viejo del mundo (¿Todas? “Si no he estado en todas, con todas he hablado por teléfono”). Y padece un mal de difícil curación: le obsesionan los libros antiguos…

Atles imprès en temps de Felipe II
… Porque esta “biblioteca de los libros felices” -y éste es el relato que nos ha traído hasta aquí- no se ha creado para el disfrute del lector, sino para el bienestar de los libros. Cuenta Desantes que los 4.200 volúmenes -libro arriba, libro abajo- acumulados en cuarenta años de “bibliopatía” (el escalón patológico al que conduce una bibliofilia desbocada) se sentían incómodos en su casa, tristes, abandonados, “se sublevaron”.
Así que decidió buscar un lugar donde ponerlos a disposición del mundo, donde devolverlos al origen para el que fueron creados. Dice Desantes que los libros son seres vivos, compuestos de piel animal, confeccionadas sus hojas de materia vegetal. Y mientras lo dice uno piensa en que alguien que ha cambiado nueve veces de ciudad debía estar harto de tanta mudanza (en el trabajo uno tiende siempre al prosaísmo). “Sí, hacen falta trescientas cajas”, responde, “y no cualquier caja, y no en cualquier orden”. Y se imagina uno la logística, y comprende uno el estrés de los libros, con tanto ir y venir.
Ahora están aquí, en el sobrio y elegante edificio de los notarios alicantinos -quién mejor para custodiar semejante tesoro y hacerse cargo del seguro- y a disposición de quienes deseen, previa cita, visitar a Don Biblio (una estatuilla de madera que ejerce de anfitrión). Ya lo han hecho cientos de personas, y hay reservas hasta el mes de abril, porque no conviene acumular demasiada gente en tan delicado espacio…
… “Fíjate en esto, esto lo ha pintado un antecesor tuyo hace 540 años, y demuestra que Leonardo copia a Vitrubio, Vitrubio a Aristóteles…”, señala con devoción Desantes, inclinados ambos sobre una Física del filósofo. Y admira uno su entusiasmo, y piensa en el efecto contagioso que quizá tenga en algunos -tal vez pocos, seamos realistas- de los estudiantes que silencien por un rato el móvil para ver, oír y tocar estos libros que han recorrido el mundo (“la mayoría los compré en el extranjero”) hasta llegar aquí.
Puede que algún purista sufra porque una biblioteca que contiene dieciséis incunables (editados desde la invención de la imprenta en 1453 hasta el 1500 ) resulte tan accesible. Desantes: “Todos los libros antiguos han sido digitalizados, en 2018 acabó la gran digitalización. Eso está muy bien, y surgió la conciencia de que los libros había que preservarlos, para que sobrevivan al paso de los años. Eso implica que todas las grandes bibliotecas se han llevado a cámaras para preservarlos de los ácaros, la temperatura, la humedad…”

Divina Comèdia del segle XV
Pero para Manuel Desantes estos libros, como una persona de edad avanzada, “quieren que les cuiden, que les acaricien, que les traten como seres vivos”. De modo que este es el relato: “Los libros antiguos están extremadamente tristes en todo el mundo porque los tienen encerrados en cámaras. Por eso decidimos hacer la única biblioteca del mundo donde los libros son felices”.
En visitas organizadas de grupos muy pequeños, los libros “se dejan” acariciar. “Ninguno de los libros se ha deteriorado, al revés, están hiperfelices, mira”, dice incorporándose y tomando con delicadeza uno. “Este es el ejemplar único de la primera edición del primer libro editado en la provincia de Alicante: de 1625, en Orihuela, un encargo eclesiástico al tipógrafo Agustín Martínez, el primer impresor que se instala en la provincia”.
En una vitrina, descansa toda la obra, inmensa, de Cicerón. No resulta extraño que una eminencia del Derecho Internacional como Manuel Desantes admire al jurista y político (“extraordinario jurista y pésimo político”, matiza). Sería buen momento de aprender para quien no pasó de la primera catilinaria, pero no queremos abusar de la paciencia del profesor Desantes, y él no quiere dejar de mostrarnos otra cosa: el libro más maldito de la historia.
“Es el directorio de la Inquisición”, dice mientras toma un grueso volumen de oscuras tapas. “Pero no cualquier directorio”, añade, “el directorio canónico, donde figuran todas las razones para quemar a la gente o para quemar los libros; la razón tiene que estar aquí”. Y el catedrático nos explica que el proceso de la Inquisición no admitía defensa, pero la acusación tenía que estar justificada en algún motivo que figurara en el libro. Estremece comprobar lo extenso del documento, impreso en 1585, el momento álgido de la Inquisición.
La primera edición de la primera historia de España, una Biblia de Gutenberg, una obra de San Juan de La Cruz impresa cuando aún no había sido elevado a los altares, traducciones al francés y al italiano de Santa Teresa editadas apenas cuarenta años después de su muerte, un pequeño atlas a color de la época en que Felipe II gobernaba un vasto imperio, donde media América del Norte aparece en blanco porque aún era terra incógnita… da fe el reportero de que el tiempo se detiene en esta biblioteca y no puede más que invitar al lector a conocerla en cuanto tenga la primera ocasión.
Article: “La insólita biblioteca de libros antiguos que permite acariciar incunables en Alicante”, per Enrique Bolland, La Vanguardia-València, 28 novembre 2021.

