
“ El col·leccionista de ex-libris á Inglaterra, Alemanya, Belgica y altres paissos, entre’ls que no pot contarshi’l nostre, son molts, y algunas de les Col·leccions verdaderament superbas.
Els principals artistes no se’n donen de menos de fer la marca d’una llibreria particular ó pública, y per lo que pertany al present sigle, gayre bé tots els grans noms han firmat alguna ó algunas d’aquestes jtetas d’art; però n’hi ha entre ells que las hi ha donat un sagell particular y propi, de tal manera que, sense lletras ni epígraf qu’ho precisi, tan sols per son catàcter, se coneix desseguida lo que son.
Robert Anning Bell es sens dubte’l gran mestre dels ex-libris. Ab una gracia fantasiosa, acompanyada d’una admirable precisi´de forma, y ab un concepte altament decoratiu, elegant y sever tot á l’hora, clàssich d’un classicisme grech ab esbojarraments de linias y de topos japonisants, bté un resultat armónich nou y de gust exquisit.
Entre’ls cole·leccionistas, algunas probas especials dels seus ex-libris han arribat á obtenir preus extraordinaris, y las revistas inglesas The Studio, The Artist y altras, els han vulgarisat reproduhintlos.

La mateixa revista The Studiova publicar, ara fa dos anys, un número exclussivament dedicat á la reproducció d’ex-libris ( book-plates). En aquest número hi han reproduccions firmadas per artistas de tan gran valua com Grandwillem Sckan, Statter, Christiansen, Waterouse, y altres tan importants com els anomenats. Actualment veu la llum pública una revista exclussivament dedicada á la reroducció d’ex-libris ( book-plates), la que dona á coneixe las creacions més importants d’aquest género, antigas y modernas. Perque l’ex-libris es tan antich com el llibre. La primera llibreria particular ó pública que’s doná compte de la seva importancia, va adoptar una marca que la particularisés, y aquella passá á ser el primer ex-libris. D’aixó ve qu’algunas coleccions sigan un llibre obert ahont s’hi pot llegir la historia de l’art, desde’ls temps primitius fins avuy dia.
Nosaltres, qu’havém donat á coneixe al nostre públich á Heinrich Vogeler en el número especial de 14 de juny d’aquest any, sentim que l’ausencia de la seva firma en el número extraordinari de The Studio es un buyt, y publiquem avuy ab el seu consentiment la reproducció d’un dels molts ex-libris que t-e fets y que poden sostenir tota mena de comparacions.
El dia que aquí hi hagin coleccionistas d’aquesta mena, no dubtarem qu’en la nostra terra existeixen llibrerias particulars ó publicas, y creurem fundadament qu’aném endavant. Avuy, encara quehi ha guessin coleccionistas, no hi haurian ex-libris, y si’n volguessim de moderns els hauriam de buscar al extranjer.
Article: “Ex-libris”, d’Alexandre de Riquer en el Periódich Catalanista Joventut, de dia 11 d’octubre de l’any 1900. ( català original de l’article).

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“Nuestros libros eran nuestras propias habitaciones con vistas. Ya no teníamos que caminar de la mano de nuestro padre. Incluso ya éramos aquellos descubridores de algunos secretos de nuestros padres que se pretendían ocultar en el apasionante mundo de los libros prohibidos. Entonces ni era raro, ni difícil, estar prohibido. El primer libro que me hizo comprender que mi padre, entre saldos y libros de viejo, entre cuestas, rastros y ferias, lo que de verdad pretendía con aquellos libros era encontrarse con un mundo en que no fueran la prohibición, el control o la desconfianza de tus vecinos, el espacio común de su vida. Al descubrir entre los libros que no estaban a la vista, una edición de los años treinta de “El origen de las especies” de Darwin, comprendí que aquellos libros de viejo estaban contándonos que había otros mundos, que hubo otros tiempos, otras libertades y otros pensamientos que nada tenían que ver con el pensamiento único y domesticado de la vida de un lector en tiempos franquistas.
Pronto entendimos el dulce sabor de la transgresión. Después Borges nos confirmó que desde la juventud había que saber viajar, había que estar preparado para peregrinar en busca de un libro. La lectura de algunos libros ha sido experiencia tan intensa, tan importante como otras grandes emociones de nuestras vidas. Seguir el viaje. Seguir buscando los libros, el libro. Nunca sabremos bien cuál es, ni cuando llegarà. Seguimos navegando, navegar es preciso. De aquel libro de Darwin nos fuimos a los libros eróticos, de los poetas del veintisiete a los narradores del exilio; de las ediciones argentinas a las mexicanas y de los rusos a los parisinos del Ruedo Ibérico. Un viaje detrás del rescate de los libros del pasado que por arte de birlibirloque iban conviviendo en nuestras estanterías. Llegaban de los puestos del Rastro, de librerías de la Cuesta o de trastiendas que nos hacían reconocer y encontrarnos con los nuestros. Con esa ‘masonería’ de los buscadores de libros. Desde hace ya unas décadas, con llegada de primavera, y de otoño, estas librerías viajeras que se instalan cada año en este paseo – que parece diseñado para el diálogo del ejército civil de los rastreadores de libros – hace que nuestros habitantes de la galaxia Gutenberg crezcan en contra de todos los pronósticos del fin de esa Era”.
Pregó de la XXXIV Feria del Libro Antiguo y de Ocasión, Javier Rioyo, Asociación de Libreros de Lance, Madrid, 2010; p. 3-4.

